Por Alan Ojeda

Crédito de la foto Celeste Diéguez

(de izq. a der.) Gonzalo Aguirre, Paula Oyarzábal, Khatarnak & Khabandar,

Luisa Freschi, Romina Freschi, Reynaldo Jiménez y Juan Salzano.

Presentación de la colección Incandescencias FILBA

 

 

 

Sobre la colección Incandescencias (2017)

 

 

El calor no se comunica, se transmite. La incandescencia es el resultado de la transmisión del calor sobre (en) la materia. Esa relación íntima del contacto directo, de la fricción en el encuentro de dos elementos o más que se tensionan hasta el borde de la destrucción, y desbordan en forma de luz, es el hilo principal de la colección Incandescencias de la editorial Hekht.

Es posible afirmar sin vacilación alguna que Hekht siempre ha ofrecido a sus lectores una propuesta diferente en extremo. Lejos de la academia, lejos de la poesía descremada, lejos de la filosofía para la tribuna, cada uno de sus libros implica un riesgo que, usualmente, no se ve correspondido por el deseo de los procesadores sinápticos del gran público, que están más pendientes de la estabilidad, la referencia y la comodidad, que de pensar -proceso diametralmente opuesto a la comodidad-. Sin embargo, esta decisión es el indicio ético más grande de la editorial. En sintonía fina con propuestas políticas y culturales como las de Tiqqun y Comité invisible -traducidos y editados por el sello-, Hekht no busca desperdigar sus libros por el mundo, ni inundar los estantes de las librerías porteñas o argentinas. Por el contrario, la decisión estratégica es la de la alianza -pneumática, cardíaca, afectiva- que permita que los libros lleguen a las manos que deben llegar. Un libro que no llega a las manos adecuadas, es un libro muerto; en cambio, un libro que llega a las manos adecuadas se transforma en un incrementador de la potencia -como lo concebirían Espinoza y Deleuze-, es decir como el manual de perfeccionamiento de un plan de acción.  Cachorro. Breve tratado de filosofía paterna, de Agustín J. Valle; En casa. Una odisea del espacio doméstico, de Mona Chollet, La sublevación, de Franco «Bifo» Berardi; Teoría de la jovencita seguido de Hombre-máquina Modos de empleo, de Tiqqun; Documentos de la escuela nocturna, de Las señoras del Arco Iris y Nuca, de Reynaldo Jiménez son sólo alguno de los libros que actualmente sólo podrían encontrarse en la industria del libro nacional por manos de Hekht.

 

¡Santas incubaciones!, de Khatarnak & Khabandar

 

“Yo es otro(s)”. Khatarnak & Khabandar, Nakh ab ra, naKaZar: proliferación. Variación, función conmutativa de la lengua anomal: su magia. El trabajo heteronímico en la literatura es un ejercicio de deconstrucción, de alquimia. En este caso el orden de los factores altera el producto, como en los hechizos o en el folklore puritano musical que nos rumiaba al oído la posibilidad de convocar al diablo escuchando vinilos al revés. Sin embargo, no hablamos sólo del doble o la producción binaria, ni del simple revés, como si del otro lado estuviera la verdad. Hablamos de la rizomatización del ser a partir de su “grado 0” o “ceridad”. Descomponer un elemento, una respiración, un no(ho)mbre para aprovechar así todas las potencias posibles. Dirigirse y digerirse en todas las direcciones.

“Aserejé” o “a-ser-hereje-de-uno-mismo”¡Santas incubaciones! Es el ejemplo de que la primera razón para escapar de la fatalidad del “yo”, es que no haya “yo” al que volver o, mejor aún, desestabilizar la ficción de la firmeza del “estar”. Khatarnak & Khabandar, al igual que Girondo, podría decir: “Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad”.

Is there anybody going to listen to my story? Los no-relatos que constituyen ¡Santas incubaciones! no buscan tejer una trama. Como decía Sánchez, la literatura es eso que no se puede contar por teléfono. Al igual que en su poemario Zoor, lo que se pone en juego es un campo semántico y un mundo simbólico que sobrevuela y se hunde en esoterismo, la mitología y lo arcano, proponiéndole al lector un acercamiento sensible que apela a la agudeza de la aguja intuitiva. ¿Qué estoy leyendo? ¿Una narración o un tratado de magia? ¿Una historia o la descripción de una praxis teúrgica? ¿Qué es esa mutación de los personajes? ¿A qué responde? La pregunta ya no es ¿De qué está hablando? sino ¿Desde dónde? Después de eso sólo resta preguntarse si se está dispuesto a cruzar la frontera de la inter-zona burroughsiana donde “también nosotros probaremos la vida en los huecos, eso que los místicos llamaban las entrañas, y el rostro de la amada que se dibuja en ellas”.

Atlaer Olegrip. Litarle Apgroe. Regrol Eliptar. Ogreat Plerela.  ¡Alerta Peligro!

 

incandescentes analítica

 

Analítica de la crueldad, de Gonzalo Aguirre

 

Tres son los puntos que, desde la introducción, nos preparan para la exploración del libro. Tres son los puntos que condensan y tensan el pensamiento de este libro de síntesis conceptual. La “Crueldad” es algo más que la representación llana de lo “cruel”: “la respuesta emocional de obtención de placer en el sufrimiento y dolor de otros o la acción que innecesariamente causa tal sufrimiento o dolor”. Por el contrario, hablamos de una crueldad teúrgica, la crueldad a la que se sometió, por ejemplo, René Daumal cuando dijo:

No hablaré de las otras guerras -de aquellas que sufrimos-. Si hablara de ellas, sería literatura común, un sustituto, un a-falta-de, una excusa, así como me ocurrió emplear la palabra “terrible” cuando aún no tenía la carne de gallina.

Así como usé la palabra “reventar de hambre” cuando aún no había llegado a robar en los escaparates.

Así como hablé de locura antes de haber intentado mirar el infinito por el ojo de la cerradura; así como hable de muerte, antes de que mi lengua hubiese probado el gusto de la sal y de lo irreparable. Así como algunos que siempre se consideraron superiores al cerdo doméstico hablan de pureza. Así como quienes adoran y repintan sus cadenas hablan de libertad, y algunos que sólo aman a la sombra de si mismos hablan de amor, o de sacrificio quienes no serían capaces de cortarse el dedo más chiquito. O de conocimiento quienes se disfrazan ante sus propios ojos. Así como nuestra gran enfermedad es hablar para no ver nada.

Sería un sustituto impotente, como los viejos y los enfermos, que hablan con gusto de los golpes que dan o reciben los jóvenes elegantes.

¿Tengo derecho, entonces, a hablar de la otra guerra -de aquella que no se sufre solamente- cuando tal vez no esté irremediablemente encendida en mí, cuando todavía estoy en las escaramuzas? Si, tal vez no tenga derecho. Pero “tal vez no tenga derecho” también quiere decir “a veces el deber”, y sobre todo, la “necesidad”, porque nunca tendré demasiados aliados.

La crueldad de Daumal, su flecha conceptual es “La guerra santa”. Su crueldad es la de martillarse esa guerra, que no es más que la guerra consigo mismo. ¿Cuál es el producto de esa guerra sin cuartel? La poesía.

A esta crueldad se accede por vía inmanencial, es por esa razón que el libro lleva por subtítulo “Una geología política”. No hablamos de profundidad ni trascendencia, hablamos de los aspectos del ser donde las placas tectónicas que lo conforman friccionan, se sedimentan y erosionan. En otras palabras: flujos de intensidades.

Los tres puntos principales para la comprensión del ensayo son los siguientes:

1- “Cuando una palabra se transforma en la cuerda que nos vibra, entonces está lista la flecha conceptual. Así la crueldad

La primera indagación: no hay crueldad sin sensibilidad. El primer aspecto de la crueldad implica el reconocimiento de una frecuencia. Se hinca el dedo, se empuja la punta de la flecha en la herida. La herida ya no es, a esta altura, sólo dolor, es el goce de haber encontrado un germen de vida y emanación desde el cual construir. El concepto que decanta del ejercicio de la crueldad es una parte íntima de nosotros, el sagrado corazón expuesto en la mano. Vulnerarse como arma de conocimiento y producción.

2- “Crueldad es su explotación”

Alcanzado el concepto, encontrado el yacimiento. Cuando los geólogos encuentran la veta o el filón, proceden a su explotación. Esa exploración es política. La decisión de extraer esas riquezas o no es política. La intención de buscarla, de herir la superficie, de emprender el trabajo, es política. Es el compromiso fundamental sin el cual nada puede cimentarse. ¿Cómo construir sin conocer el terreno? Es sabido que los materiales más resistentes se encuentran a cierta profundidad, y han sido sometidos a altos niveles de presión. La crueldad es el proceso de construcción de la mina del ser.

3- “Lentamente. Rebalsar el cansancio, agotarlo.
(Escribir es la metamorfosis.)
crueldad es lo que se precisa.”

¿Qué es Una temporada en el infierno en Rimbaud? ¿Qué el álgebra verbal de Pizarnik? ¿Y el agua y los caballos en Viel Temperley? Ejercicio de crueldad, “Guerra Santa”, destilación de la profundidad, penetración en la nigredo donde descansa el oro: “La tarea de saber lo que le conviene más al cuerpo es un trabajo de las crueldades. Tarea cruel, ilimitada, pero no infinitamente, recomenzada…”. Pelarse, cambiar la piel, llegar al hueso y sembrar diamante.

 

 

incandescentes hiper colibrí

 

Hipercolibrí, de Juan Salzano

 

“Despedazar ancestros quizá sea/ nuestro secreto oficio involuntario. / Mezclarlos y licuarlos sin querer/ hasta que no quede sino un caldo/ que ya no imponga nostalgia y así/ en el cenit de una noche ni antigua/ ni moderna beberlo hasta saciarse/ y pasar como si todo como si nada/ elegantemente a otra cosa.” Estos son los versos del primer poema que encabeza el libro. Antes hay una invocación “¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”. El primer poema funciona como una declaración de principios o, aún mejor, el descubrimiento de un principio: lo que está fuera del tiempo. Incluso podríamos ir más hacia adelante (o hacia el fondo). Salzano declara, antes que el anacronismo, la simultaneidad, elementos que están a-la-par-en-el-tiempo, es decir, “lo contemporáneo”. En su ensayo “¿Qué es lo contemporáneo?” Agamben dice: Ello significa que el contemporáneo no es solamente aquel que, percibiendo la oscuridad del presente aferra la inamovible luz; es también aquel que, dividiendo e interpolando el tiempo, está en grado de transformarlo y de ponerlo en relación con los otros tiempos, de leer de modo inédito la historia, de “citarla” según una necesidad que no proviene en algún modo de su arbitrio, sino de una exigencia a la cual no puede no responder. Es como si aquella invisible luz que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra sobre el pasado y éste, tocado por ese haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora.

El poema es un odre o una olla o un barril de maceración. Sin embargo, no basta con licuar y generar un caldo homogéneo: sabemos que la suma de todos los colores es igual a gris. Mezclar, pero no mermar las diferencias ni las texturas. “Niñá”, así, en un sustantivo devenido verbo sobrevive en el libro la sonoridad del guaraní. De esta manera Salzano produce monstruos (¿mitosonoros?) como lo pensaran alguna vez Deleuze y Guattari: no como un collage de partes, sino una des-composición de los límites de la forma, lo indiscernible, lo innombrable lovecraftiano. Pero no hay que confundirse. No entramos, a través de estos poemas, por el mundo del horror. Lo monstruoso como sinónimo de “feo” y “malo” es un resabio de la moralina que debemos desempolvar. Por el contrario, estamos en el campo de una praxis soterológica pagana. Si la soterología es la “doctrina referente a la salvación en el sentido de la religión cristiana”, Hipercolibrí busca la salvación en la materia, en la vivificación de los misterios del devenir de la naturaleza: “Todo altar es cuásar. Todo esto es/ cuasi azar. / Todo aquello se alza vivo/para el paria de la estepa. El que ingiere/ los luceros: remolinos de la pasta/ luminosa del cocuyo. Cada hoja es nuestra hostia, / nuestro cero, en la misa natural.” El arte como geomorfismo, como los pájaros que decoran su nido, la gota que suena contra la piedra, la composición de algas, corales y piedras en la coraza del “cangrejo decorador”, mientras el aire se mece bajo las alas de un pájaro que es flecha y alguien, con los ojos extasiados se pregunta por su moral.

 

incandescencias

Sobre la colección Incandescencias

 

Pleromática o las mareaciones de Elsinor, de Gabriel Catren

 

Si bien Catren se resiste a establecer una relación directa entre sus dos campos de investigación (física teórica y filosofía), podemos pensar que Pleromática o las mareaciones de Elsinor y la Teoría de Supercuerdas tienen en común mucho más de lo que se podría percibir a simple vista. Mientras la Teoría de super cuerdas determina, a grandes rasgos, que todas las partículas elementales están formadas por el mismo tipo de filamento energético, pero con vibración diferente (una teoría del todo), Pleromática funciona como un sistema metafísico equivalente que, a través de la idea de “Pleroma”, concepto gnóstico similar a la plenitud divina del Tao del que todo emana y emerge, nos habilita el acceso a una nueva experiencia del absoluto.

Hace unos años se publicó en castellano Après la finitude (Después de la finitud) de Quentin Meillassoux, texto con el que Catrén dialoga, inevitablemente. Ambos autores buscan una salida viable para la filosofía post-kantiana y el “correlacionismo”, cuya principal consecuencia implica que sólo es posible conocer la correlación entre pensamiento y ser, y nunca cualquiera de los términos de forma independiente. Como diría Wittgenstein en el Tractatus: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”. Esto implica que, fuera de toda posibilidad de pensamiento, está “la-cosa-en-si”, “lo real”, mientras nosotros, de este lado del lenguaje, fatigando hipótesis porque “la imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo, no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que estos son provisorios” (Borges). El hombre de un lado, el mundo en el otro. En el medio: el lenguaje, esa distancia invisible en la que habitamos. Contra esa concepción post-kantiana escriben Meillassoux y Catrén. Sin embargo, mientras Meillassoux propone un modelo neo-racionalista que posiciona a la matemática como método de acceso privilegiado al mundo (el afuera, lo impensable), Catren va más allá, mucho más allá, proponiendo un “perspectivismo trascendental”. La radicalidad de la hipótesis de Catren radica en vivir nuestra condición no como una condena, sino como un proceso: “El absoluto fenoudélico no es una sustancia muerta o inerte sino una sustancia viva, campo experiencial infinito e impersonal suceptible de auto-afectarse, de expreienciarse por medio de la institución de modos subjetivos locales dotados de estructuras trascendentales particulares, de estructuras capaces de abrir horizontes trascendentes de experiencia -mundos de la revelación- en el seno mismo de la inmanencia experiencial.” Esto implica que: “Al cambiar su estado en el espacio y en el tiempo, y al integrar la multiplicidad de experiencias resultantes, un sujeto abre una profundidad, aumenta el numero de sus dimensiones”.  Así Catren dictamina el fin la claustrofobia de estar encerrados de este lado del mundo, fuera-del-afuera. La adquisición de “estructuras trascendentales” nuevas, de nuevos sistemas de pensamiento, a lo largo el devenir de una vida y su proceso de individuación continuo, le permiten al sujeto multiplicar sus dimensiones perspectivas, captar “lo exterior” desde diferentes ángulos: “En la medida en que los recursos “trascendentales” (perceptivos, motrices, afectivos, neurológicos, lingüísticos, etc.) de un sujeto son más sofisticados este puede abrir zonas del campo experiencial cada vez más profundas”. Es decir: “En lugar de mistificar sibilinalmente lo que excede al lenguaje, podemos trabajar –poética, filosófica, formalmente- para extender pacientemente los límites del mismo”.

De esta manera, gracias a Catren, el pensamiento y toda su producción se transforman en “dispositivos chamánicos” de acceso a nuevas dimensiones, saberes y campos de la experiencia. El pensamiento es capaz de invocar un sistema metafísico y hacerlo carne, modificando así nuestro todos nuestro mecanismos perceptibles. ¿No es acaso eso lo que sucede, por ejemplo, con la máquina-Burroughs, con el “desarreglo razonado de los sentidos”, con la experiencia mística? Cada posición en el espacio pleromático implica, en términos mallarmeanos, una tirada de dados específica, lo que no implica, bajo ningún aspecto, el agotamiento del pensamiento. Lo trascendental son sólo las estructuras, pero no hay que olvidar que todos compartimos un mismo espacio a-subjetivo: la inmanencia, una vida.

No estamos fuera del mundo, ni corremos a la par disparándole palabras como arpones que no se clavan. El exterior no es el Moby Dick del pensamiento, el monstruo inalcanzable. Nosotros somos los ojos del mundo (como alguna vez pensó Emerson) a través de los cuales el mundo se conoce y se subjetiva infinitamente, en su proceso de producción sin límites. ¿A cuántos ojos daremos hogar?

 

incandescentes cuerdas

 

Todas cuerdas, de Romina Freschi

 

La imaginación científica como dispositivo poético. ¿Ciencia ficción? No. Pensemos: una única cuerda -o cuerdas- que tejen un todo en pleno campo de materia indiferenciada. Ahora, esas cuerdas comienzan a vibrar, y la vibración moldea un tipo de materia, un stimmung particular. Así, como del caldo primigenio, nacen Eva, Dafne, María, Romina, la poesía. Todas cuerdas explora la unidad primigenia, no homogénea, pero si armónica.

Cada una de las cuerdas (Eva, Dafne, María, Romina, la poesía) constituye una actividad creadora específica. La poiesis de cada cuerda es la producción de una identidad. Romina explora las voces de cada una de esas cuerdas como ecos y resonancias. Los fragmentos que constituyen cada poema se entrelazan –se tejen- entre sí, pero también a través de todo el poemario, con las otras cuerdas: Todas las cuerdas, la cuerda. Cada voz remite a otra, como un eco en la historia, que golpea en otra fibra, y en otra, y en otra, construyendo una suerte de acorde con reverb.

Todas cuerdas es una experimentación feminista de la poesía, que no consiste en el desarrollo lugares comunes (axiomas, terminologías, doxa) de la “literatura militante”: decir lucha, decir revolución, decir sometimiento, decir libertad, decir capitalismo heteropatriarcal. No, porque esas palabras, por si solas, poco dicen si no se ha creado una lengua que habitar.  Romina sabe que la primera revolución es la de la lengua y la apropiación de la historia. La evolución del poemario, de cada una de las identidades puestas en juego implica una relectura continua del pasado. Al igual que Cristo opera sobre la historia y el Antiguo Testamento para lograr lograr la identificación con la idea del Mesias, para mostrar como en cada profeta de las Sagradas Escrituras se prefigura su aparición, Romina sabe que para llegar a decir yo, para hablar de ella, para comprenderse, antes necesita decir Dafne, Eva, María –o que María, Eva y Dafne digan-. De nada sirve la deixis, el señalar con el dedo. Eso que está allá afuera y eso que está adentro ya no son saberes distintos, se llega a la indistinción –Lo que es arriba, como es abajo. Lo que es adentro, como es afuera-. Como señala Tiqqun en Llamamiento:

¿Dónde están las palabras, la casa, mis antepasados,
dónde están mis amores, mis amigos?
No existen, mi niño.
Todo está por construir.
Debes construir la lengua que habitarás,
construir la casa donde no vivas solo
y encontrar los antepasados que te hagan más libre.
Y debes construir la educación sentimental
con la que amarás de nuevo.
Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general,
porque los que despiertan son la pesadilla de los que aún duermen.

 

Romina Freschi escucha el llamado. Entiende que para poder habitar un nuevo mundo hay que construirlo, y que para eso es necesario descentrarse, encontrarse afuera. Armar la comunidad que viene con los fundamentos de lo que todavía-no, pero aun-si puede ser. El pasado está plagado de ruinas, pero también de salvación.

 

 

 

 

 

*(1991). Poeta. Licenciado en Letras por la UBA (Argentina), Técnico superior en periodismo por la TEA (Argentina) y estudiante de la maestría en Estudios Literarios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Tres de Febrero. Se desempeña como docente de escuela media, periodista e investigador. Coordina los ciclos de poesía y música Noche Equis y miniMOOG. Es editor de los portales www.nocheequis.com y Código y Frontera (www.codigoyfrontera.space). Ha publicado en poesía Ciudad Límite (2014), El señor de la guerra (2016) y Devociones (2017).

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