Vallejo & Co. reproduce el texto leído por el escritor y psicoanalista Julio Hevia con motivo de la presentación de la novela Interruptus (2018), del narrador Leonardo Aguirre.

 

 

Por Julio Hevia*

Crédito de la foto: (izq.) Presencia Cultural /

(der.) Ed. Planeta

 

Sobre Interruptus (2018),

de Leonardo Aguirre**

 

 

Se diría que el narrador, a vista y paciencia de sus pares protagónicos, aplica, funka, opera, factura. Sin embargo, no la tiene fácil, pues todo ocurre entre dos voces: la que narra y encarna, y la que anota y acota e incluso increpa y reclama. Tal dualismo nos remite, en el plano ensayístico, al texto de Bennington y Derrida, a propósito del reparto de los protagonismos escriturales y la evidente diferencia entre el tamaño de las letras empleadas, lo que posibilita una clara oscilación entre la versión oficial que el documento extiende y otra, si se quiere, marginal o complementaria. En cuanto al texto de Leonardo, habría una legibilidad puesta en duda una y otra vez, en virtud del sistemático y persecutorio afán correctivo que la propia obra incluye. Intérprete del lector e interpretadora del narrador, todo indica que esa voz alternativa pretende evitar, en clave tutelar o policíaca, que las letras devengan letrinas.

De cualquier modo se evidencia la tensión entre una entidad masculina desbordante y callejera, afirmada en una suerte de post-adolescencia esquiva, caprichosa o juguetona que, no en vano, baraja episodios sexuales y recrea objetos eróticos por doquier; y una feminidad que, de acuerdo a la labor castrante en ella proyectada, perturba, suspende y manifiesta, en el trabajo de elaboración recreado en el texto, una especie de “última palabra”, de disconformidad insatisfecha. Tal mecánica, por cierto, da pie a un fraseo siempre interrumpido y siempre reiniciado. Quizá el calificativo plural de madrujas o de brujeres da cuenta de esa entidad continuamente escamoteada en un escrito que se resiste a los cambios planteados o que hace de ellos el mejor pretexto para sortear una interrupción que, lo sabemos, tampoco puede ignorar del todo. Escenificación, pues, de una lucha en la que la voz femenina aludida tiende a encarnar un superyo ideológico o un régimen discursivo que demanda, imperativo y autoritario, más información política y menos regodeo figurativo.

 

Presentación de "Interruptus" (2018) por Julio Hevias, a su derecha Leonardo Aguirre y Fortunata Barrios.

Presentación de “Interruptus” (2018) por Julio Hevia, a su derecha Leonardo Aguirre y Fortunata Barrios.

 

Por los estilemas y despliegues retóricos de los que el escrito hace gala, haciendo del abuso la celebración del uso coloquial, o de los excesos manifestados, reglas que se arreglan, se diría que Aguirre reconfigura una cierta gramática del desorden, de interruptus coloquial, homenajeando, a la distancia, las obras de Guillermo Cabrera Infante, de Julio Cortázar o de Severo Sarduy. Trabajando sobre esa suerte de imperio de los sentidos linguísticos limeños, el relato informa, deforma y transforma, coqueteando también en su musicalidad con la dimensión del fenotexto tal cual lo formula la Kristeva. En esa realidad segunda de la lengua, acelga es hacer, Oquendo es OK; Jaime, Olaya y Holanda valen para presentar nuestro saludo; y cuando todo ya fuego, el baigón releva al bye o al chaufa o al vidrios más típicos.

Igualmente, el texto recupera el modo con que la jerga hace suyas las coordenadas espaciales y las decisiones corporales, desplazando el adelante y el atrás por un Adela y un Atari, mientras que los recorridos mayores remiten, obvios, al lejía; por último, cuando del propio desplazamiento se trata, vamos de fruna o de Freddy hasta al Fonzie y, de ser necesario, más pallares. Dependiendo de las lucas, los ferros o los cocos, ergo, de las fichas con que contemos para la anhelada pantalla, hay un teletón más carey y otro más tobara.

 

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¿Qué karaoke pondrá el lector? ¿Dirá, al lado de la correctora, que la obra aún está muy Susuki? ¿Con qué carátula recibirá este desenfado literatoso? ¿Acaso se verá al borde de un Cuasi-muero Ulloa o se mantendrá impertérrito, vale decir, Xanax? ¿Habrá de lamentarse con un tamales o, declinando en el intento, se las verá con Pikachú? Desconcertado por la propuesta, dirá, ciego y prejuicioso, que se la pasa por el Kool-laid y por su propio Asterix. Una cosa es cierta: antes de que los usuarios de las redes electrónicas optaran, económicos y minimalistas, por un cortar-pegar mil veces denunciado y materia de toda suerte de quejudeces, el habla-nuestra-de-cada-día siempre se ejercitó en ello. De allí que, al saturar el mundo de un continuo verborreico, nuestro personaje-narrador esconde al Bobby y le da chamba al cocodrilo; apela, de ser necesario, al celulitis, pega un fonavi y espera un Alondra; o, más cereal, lo ve todo claxon y, entre un fayer y varios vinilos, suelta el mocasín admitiendo que no hay nimier. 

Si de proponer títulos alternativos a este dos veces contenido Interruptus, tanto por lo que allí es detenido como por todo lo que se hace capaz de contener, quizá apelaríamos a un barthesiano Fragmentos de un discurso morboso o, con la pluma de Joyce, al Retrato de un artista anal-docente. Agarra, pues, esa flor, lector; agarra a este Aguirre que de tan loro resulta ser, en vez de alcanfor, un verdadero alcanfloro.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú). Psicólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), Magíster en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil) y psicoanalista de la Escuela Freudiana de Lima (Perú). Se desempeña como catedrático de las facultades de Comunicación y de Psicología de la Universidad de Lima (Perú). Ha publicado El limeño como estereotipo (1988), Pantallas, frecuencias y escenarios (1994), Lenguas y devenires en pugna (2002), ¡Habla, jugador!: gajes y oficios de la jerga peruana (2008) y Del dicho al hecho (2016).

 

 

**(Lima-Perú). Narrador y periodista. Cursó Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Firmó crónicas y reseñas en “El Dominical” del diario El Comercio, una columna de opinión en La República y una sección de crítica en la revista Dedomedio. Ha publicado en narrativa Manual para cazar plumíferos (2005), La musa travestida (2007), El Conde de San Germán (2008), Karaoke (2010), Asociación ilícita (2015), Interruptus (2018) y Spunkitsch (2018).

 

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