Por Úrsula Alvarado*

Crédito de la foto (izq.) Editorial Bisonte /

(der.) la autora

 

 

Matemáticas son las revelaciones.

Sobre Hombre Fractal (2018), de Luis Cruz

 

 

El físico alemán Albert Einstein dijo alguna vez que “lo más bello que podemos experimentar es lo misterioso, aquel que no conoce esta emoción de asombrarse es como si estuviera muerto”. Uno de los versos más interesantes de este libro dice “el cuerpo que está lejos sigue siendo el gran misterio”.

 

Pienso en la palabra fractal como una invitación al inevitable asombro que produce el misterio de sus formas: una estructura irregular que va repitiéndose a diferentes escalas, infinitamente. Pero ¿un hombre fractal? Esta imagen que bien en un inicio podría parecer irreal o sacado de una película de ciencia ficción, en realidad, no podría reflejar con mayor exactitud el entorno que nos rodea.

Los relieves irregulares de la superficie de los planetas, la forma de las montañas, los copos de nieve, las formas caprichosas de las nubes, los pétalos de las flores, los surcos generados por la sequía, los meandros de los ríos y hasta los chorros de magma que expulsa un volcán… La naturaleza, el universo en sí, está compuesto por miles de estructuras fractales que no hacen sino darle una utilidad real a las matemáticas que durante miles de años han tratado de encontrar respuestas a las grandes interrogantes que se ha planteado el hombre: calcular lo desconocido, descifrar lo misterioso, el “cuerpo que está lejos”.

Reconozco al hombre en los poemas de este libro. Un hombre lúdico (como se titula la primera sección del poemario) que se ocupa de sucesos tan diversos como el descubrimiento de un dinosaurio de cuatro cuernos o el atrevimiento de los astros que se meten por las ventanas y hablan o sonríen; pero que también va observando y aprendiendo del mundo mientras juega, tal como indica en el poema Ludopatía: “las canicas chocan entre sí/imitando al universo/Las canicas/vuelven a chocar/y se hace la luz.”

 

El poeta Luis Cruz.

 

Este hombre no solo observa, no solo aprende. Anota tanto los descubrimientos como también las dudas, es un hombre que se pregunta. En el poema titulado “Hace 77 millones de años” dice “me lleno de dudas, las piernas desfallecen con ese peso adicional, siento que la vida se agota”. Más adelante, en el mismo poema añade “hago espacio para otra pregunta (aun el cuerpo puede soportar una más)”, advierto entonces que estas interrogantes no son poca cosa, pesan y van mellando la capacidad del cuerpo.

El primer verso del poema “Lapsus” es la confirmación del lenguaje cósmico de las revelaciones. Cito al poeta “Todo lo he querido contener en una oración

Una oración que lo diga todo tácitamente es una oración madre, aquella que contiene las respuestas y resuelva los acertijos. ¿Acaso el yo poético persigue el descubrimiento de una oración que satisfaga al hombre como a los matemáticos los teoremas y ecuaciones?

Es interesante el poder que de pronto el poeta otorga a la palabra. Repito la cita y la amplío “Todo lo he querido contener en una oración. No, mejor en una palabra/ y no sé, si esta escritura/es un simple ejercicio de anatomía/fibras, músculos y tendones expuestos”. Lo que me lleva a pensar que la búsqueda de esta ecuación/oración no escatima desgarros en pos de la anhelada respuesta.

Cada vez se hace más evidente la curiosidad, el misterio del devenir del mundo, este hombre recapacita sobre lo efímero, el tiempo que pasa y el lenguaje que cambia, más las interrogantes permanecen. El yo poético es un ser que busca -consciente o no- descifrar los misterios a través del lenguaje de las matemáticas.

Esta es otra característica del libro: el lenguaje. En sus poemas están presentes la geometría, la progresión, las simetrías, los hexágonos, esferas y reflejos. El hombre fractal que nos habla a través de estos poemas conoce algo que se cuida bien de decir. El matemático británico Michael F. Barnsley decía que “la geometría fractal cambiará a fondo nuestra visión de las cosas. Seguir leyendo es peligroso, nos arriesgamos a perder definitivamente la imagen inofensiva que tenemos de los bosques, las nubes, las flores…”

¿Qué es aquello que se cuida de decirnos el poeta?

En la segunda y última sección del libro, titulada propiamente “Hombre fractal”, la cartografía aparece como una sutil presencia. El primer poema que lleva por título “El mapa desconocido” comienza con un verso contundente que cito a continuación: “La Habana desde este punto es un hexágono irregular. Sí, las ciudades son reflejos de nuestro interior.”

Este hombre fractal ya no solo observa el exterior, sino que además se vierte al exterior. Se transforma en ciudades, dimensiones geométricas difíciles de medir, un ser de dimensiones infinitas. Este punto es bastante interesante considerando que gracias al descubrimiento de la “geometría fractal” el hombre tuvo más herramientas para medir lo que antes era casi imposible como los relieves de las ciudades y los litorales. En el poema “Animales nocturnos” el poeta dice “un hombre es un exilio/y en ese estado hilvana sus costados/ hace costuras de su piel gastada” lo que podría hacer referencia a los límites que como un hombre-ciudad va delimitando.

 

 

En otro poema titulado Almudena, el yo poético habla de la “Puerta del Sol”, un lugar importante en Madrid pues es el llamado Km 0 del sistema vial madrileño. En otras palabras, el punto desde donde se comienzan a contar los kilómetros de adentro hacia afuera, expandiéndose. Considero que la elección de este punto no fue fortuita, como tampoco parece serlo que el último verso del libro mencione a Ítaca, un puerto con una carga simbólica tan potente. No hay ciudad que represente mejor la vida y la sabiduría, tan conveniente para descifrar los acertijos y encontrar las respuestas.

Me queda, entonces, la sensación que este poemario que defiende tácitamente el bastión de las matemáticas desdeña la casualidad. Esta sensación adquiere más fuerza frente al poema “Mártir”. Cito nuevamente: “tus ojos se movían/ según las ecuaciones/ que había calculado/nada se deja al azar.

El matemático que descubrió los fractales (Benoît Mandelbrot) y que fue el primero en usar el término “fractal” afirmaba que desde los átomos hasta las galaxias se rigen por una estructura fractal. Lo que en otras palabras quiere decir que por más irregular que parezcan los grandes misterios, estos pueden finalmente calcularse.

Esto no quiere decir que el mundo sea totalmente predecible, pero considero que el mayor aporte que me deja leer el libro de Luis Alonso Cruz es la certeza de que gran parte de lo que acontece a nuestro alrededor es el resultado de una sumatoria de factores, llamémosle el efecto mariposa, relación de causa/efecto o geometría fractal.

No sé si finalmente llegó el hombre fractal a encontrar esa “oración” que lo contenga todo, pero estoy segura que encontró un lenguaje a través del cual nos comparte sus descubrimientos. Estos hablan del valor inconmensurable del tiempo, de la vida que se ha de aprovechar y de la certeza que no viaja el hombre a la deriva en el misterio insondable del universo.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1979). Poeta, gestora cultural e ilustradora. Administradora de Turismo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). En la actualidad, dirige “Poesía en la ciudad”, proyecto con el que organiza recitales, conversatorios y encuentros literarios estableciendo conexiones entre la poesía y la ciudad de Lima. A su vez, prepara la publicación de su primer poemario y escribe un ensayo sobre el patrimonio literario con miras al posicionamiento de Lima como una ciudad literaria. Ha publicado en poesía la plaqueta Metamorfosis Inversa (2015).

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