Tras una charla reciente con Leonardo Aguirre en el restaurante La Bóveda de la plaza de armas de Arequipa, el poeta, periodista, crítico y catedrático de la UNSA José Gabriel Valdivia dedica esta reseña/crónica/ensayo al último libro de Aguirre Asociación ilícita (2016). Una versión reducida del artículo apareció en el diario Correo, edición de Arequipa, el 17/12/2016.

 

 

Por José Gabriel Valdivia*

Crédito de foto (izq.) Kattya Lázaro/

(der.) Ed. Animal de Invierno

 

 

Asociación Ilícita: Memorial del olvido

 

 

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En el cenicero varias colillas muertas en menos de dos horas. Sobre la mesa dos cocacolas anestesiadas por sendos cubos de hielo en dos vasos de vidrio y dos cafés negrísimos bajo el cielo tiznado de la blanca ciudad, moran como testigos de una larga conversa con el joven escritor, rebelde e iconoclasta, que ha publicado un truculento memorial de la vida doméstica de varios escritores peruanos.

 

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El título, Asociación ílícita, viene del Derecho contemporáneo y Leonardo Aguirre (Lima, 1975) lo ha utilizado paródicamente para entregarnos un incitante y provocativo relato  que trae, además, algunas advertencias al lector: el subtítulo, breve historia de la literatura peruana, la etiqueta no ficción, donde el adverbio de negación aparece tachado con un aspa y la  referencia tomo II, cuando el tomo I no existe.

El termino “historia” está en cursiva como sugiriendo que  no es un tratado crítico sino un guiño a los estudios literarios, y lo de “no ficción” es también otro guiño a la creación literaria en la que se confunden realidad real y realidad verbal (imaginación). Lo del “tomo II” refiere en las notas a un “tomo I”, citado pero inexistente, y como anticipo del tomo III que jamás se escribirá, esto en claro sarcasmo contra la historia que se presenta en volúmenes. Estos detalles son un atractivo desvío que llama la atención del lector y ayudan a definir la intención narrativa de Aguirre que tiene una fuerte dosis de experimento.

La recepción de la crítica limeña, en la pluma de Ricardo Gonzales Vigil (revista Caretas) y de Julio Ortega (solapa del libro), ha destacado varias virtudes de la obra con términos elogiosos. Algunos escritores, aunque menos osados, también  han sumado simpáticos comentarios, adjetivando el extenso relato de 312 páginas, como polémico, delictuoso, vitriólico, insidioso y perverso, o como una prolija recolección de las “malas” vidas civiles de algunos escritores peruanos.

A estos se suma, una opinión paródica, ambigua y tremendista del escritor vinculado con Arequipa y autor de Bombardero, César Guitiérrez, quien califica el libro de Aguirre como un “prontuario de delitos” (plagios, traiciones, infidelidades, pederastias, etc.) perpetrados por afamados y reconocidos escritores peruanos. No faltaron los malhadados  plumíferos que fungen de críticos en espacios electrónicos que le negaron calidad literaria por ciertas alusiones en sus acápites a “compadritos”, “amigotes” y “amiguitos”.

No me uno a los escritores ni a los malhadados blogueros sino a los críticos sensatos, que han encontrado en las páginas de Asociación ilícita un talante narrativo, divertido, sugestivo y provocativo, que promete valiosos trabajos futuros y exige una lectura incitadora por los motivos estéticos y las razones técnicas puestas a rodar entre estas dos líneas férreas de lo verdadero y lo falso, de lo bueno y lo malo, de lo bello y lo feo, que la cotidianeidad postmoderna ha relativizado absolutamente.

 

Asociación Ilícita

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Dada la circunstancia, me he de referir al acápite 8, titulado huevos podridos, que va de la página 103-109 y está dedicado al célebre poeta vanguardista y consagrado libelista, nacido en Arequipa en mayo de 1967 y muerto en Buenos Aires en 1967, Alberto Hidalgo Lobato. Allí están su genio y figura propicios para la prosa de Aguirre. El perfil y las apostillas biográficas sirven para desentrañar el estilo de esta breve ruta civil y literaria, de quien se ganó el apodo de “Mono Loco” en nuestra ciudad.

El boceto del personaje que Aguirre muestra es para el lego lector un ególatra que llena de insultos a cualquiera y más aún a quien no le muestra el más mínimo aprecio literario.

El insulto (contra Haya de la Torre, Ricardo y Clemente Palma, Riva Agüero o Valdelomar) es la característica más resaltante del personaje Alberto Hidalgo y fue una marca de su paso por la vida y la literatura. Los motivos y las circunstancias suelen ser literarios, políticos o muy personales, de quien -al fin y al cabo- fue víctima de su propia pluma panfletaria que también destiló, sin ninguna duda, un halo sombrío sobre su notable obra poética.

El que sabe algo del asunto o conoce la biografía del autor y se remite a las citas al pie de página, va a comprobar que casi todo lo escrito está contenido en las fuentes mencionadas por la guía del autor, quien ha seleccionado ciertos datos para configurar la imagen inventada del personaje.

Las demás pinceladas, breves y divertidas, con la misma intención y particular estilo, tratan de escritores clásicos de la literatura peruana, como Chocano, Clemente Palma, Valdelomar, Bryce, incluyendo a otros actuales y contemporáneos de menor nombradía, pero de igual interés para los montajes de su prosa marcada por el hilo biográfico y el tratamiento documental.

Estos bien llamados perfiles biográficos son meros pretextos para tratar subrepticiamente y también de frente, la comedia de los consagrados literatos peruanos que no está exenta de convivir en el chisme,  la broma barata y la petulancia agresiva, que Aguirre disimula con citas al pie de página o frases entrecomilladas, como para hacernos creer que es un relato objetivo, de corte documental y producto de una investigación literaria organizada no en capítulos sino en acápites.

 

 

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La comprensión de un texto, es decir su recepción, implica nociones fundamentales que el lector tiene de la literatura. Existe una percepción reducida de la literatura y otra amplia. En esta última, se entiende lo literario como el efecto especial que produce un texto, gracias a su condición retórica, en cualquier lector.

En este sentido, el trabajo literario de Aguirre en Asociación Ilícita es subversivo, respecto de la noción restringida de literatura, porque ha hilado estos perfiles biográficos con textos propios y ajenos, en una especie de montaje o collage, con la sana intención de corroer el sentido de la vida de un literato, encontrada  en otros tantos diferentes textos que han producido otros escritores vinculados al personaje que trata.

Esta labor de investigador y hurgador de revistas, periódicos, libros, hasta recintos electrónicos inventados o reales, le sirve para encontrar “destapes” y luego subirlos a su texto con un afán artístico que linda con lo abyecto y lo lúdico. Esta subversión del género novela es parte de esa virtud experimental que posee el autor y que va ínsita a todo escritor de raza.

Los que están acostumbrados a la tradicional forma de contar y estructurar una novela se verán sorprendidos, porque los personajes y la propia historia principal contraponen la línea argumental que busca no solo un complemento con las 1215 citas al pie de página, como dando seriedad al asunto que se relata y dejando abierta una inmensa duda terrena acerca de las borrascosas conexiones entre la vida y la literatura, corroyendo ese  imaginario que sostiene la comunidad o institución literaria capitalina.

La ficción sirve para evidenciar ese modo de vida, esa forma de ser de la sociedad literaria limeña, como lo precisa Fernando Ampuero. Por eso, subyace una perniciosa intención crítica de esa cofradía que es tan humana como la gente de cualquier barrio de la capital peruana.

No van los escritores entre la pluma y la espada, o el arte y la revolución, sino marchan como hombres cotidianos entre el pan común y la letra ilustrada, bajo un canon estético de lo réprobo y la iconoclasia desmitificante. Dos pedestales maculados de “pura leche”, que sostienen las vidas paralelas -literaria y civil- ficcionadas por Leonardo Aguirre.

 

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El narrador y periodista Leonardo Aguirre.

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La vida y la obra de un autor pueden contener miserias humanas, sean estas, sórdidas, horribles o grotescas, y se encuentren ocultas muy lejos del alcance de las “bellas letras” que nos han legado. En este libro, la vida majestuosa es la protagonista principal, ese registro vital velado que vuelve a la luz, no para ensombrecer los logros y méritos literarios, tampoco para mostrar la verdad ni ejercer un juzgamiento moral, sino para el libre ejercicio de la fantasía, la fina sátira y la ironía que Leonardo Aguirre despliega -sin ambages ni tapujos- por todas las páginas de su obra a fin de presentar nuestra escena literaria.

Asociación Ilícita es una “novela” de la que hay mucho más por decir y que -por ahora- cierro en esta línea.

 

 

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Entre las sombras sonoras y los sueños evanescentes, las quimeras verbales construyen un nuevo proyecto literario: escribir al estilo del cubano Guillermo Cabrera Infante, con frases y oraciones aglutinadas, sin separación de palabras ni espacios en blanco, tratando de reflejar el habla prosaica de la urbanidad limeña de los últimos años y -de paso- copiar su jerga citadina que ya viene registrando y estudiando. Toda esta urgencia del decir, atravesado por la violencia verbal de las nuevas calles limenses.

Un fuerte apretón de manos, luego un poderoso abrazo. Ojalá no te vayan a denunciar por chismorrero o desentierramuertos. Hasta tu próximo libro, plumífero.

 

 

 

 

 

*Actualmente se desempeña como columnista en el diario Correo, edición de Arequipa; como profesor en la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor (Arequipa); y como director de la oficina universitaria de Promoción y Desarrollo Cultural de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Ha publicado los poemarios Grafía (1984), Versolínea (1985), Flor de cactus y otras espinas (1989), Funesta trova (reunión de su poesía de los años 80, 2003), Postales (2008) y Canto Traverso (2013); y en ensayo Mariano Melgar, 200 años: crítica, nación e independencia.

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