Por: Enrique Solinas

Crédito de la foto: la autora

 

 

«Seducir al lector, hacerle sentir amor,

Ardor, inquietud, ternura».

Entrevista con Griselda García

 

 

García Básico

Griselda García (Buenos Aires, 1979). Es escritora, traductora y editora. Publicó hasta la fecha los poemarios Alucinaciones en la alfalfa (2000 y en Usa, Hallucinations in the Alfalfa and other poems  2010), El arte de caer (2001), La ruta de las arañas (2005), El ojo del que mira  (2009), Mi pequeño acto privado (2015, volumen que reúne los cuatro anteriores) y Ahora (2016). En narrativa publicó La madre del universo (relatos, 2012). Su obra forma parte de antologías nacionales e internacionales, siendo traducida al inglés y al italiano.

Gran agitadora cultural, formó parte de las revistas literarias La Guacha y Omero, condujo un programa de radio, llevó adelante junto a otros, una biblioteca virtual de poesía. En 2012 se estrenó su cortometraje Las grandes aguas, basado en un poema suyo y en 2013 se filmó Blanco, una adaptación de un relato de su autoría que participó del Festival de Cine de Venecia.

En la actualidad se dedica al dictado de talleres de escritura creativa y dirige la colección de poesía La verdad se mueve que pertenece a Ediciones del Dock.

 

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Entrevista

 

¿Cuál fue el origen de  tu escritura?

Escribí, primero por necesidad, y después por deseo. Cada tanto algo se abre paso, quiere salir. Si es lo suficientemente insistente recién ahí pienso en publicar. Busco seducir al lector, hacerle sentir amor, ardor, inquietud, ternura.

 

¿Por qué hay que escribir? ¿Para qué, para quién?

El porqué, no lo sé. Tampoco siento que haya que escribir. El para qué, para quién: siempre para otro, la obra la completa la mirada del otro.

 

Tu poesía tiene la fuerza propia de lo masculino, pero sin perder su femineidad. A veces, al leerte, da la sensación de que un hombre está detrás de esa pluma, pero también hay marcas en tus poemas que delatan el género. ¿El género para vos es importante a la hora de escribir? ¿Cómo lográs ese equilibrio tan delicado entre energías tan dispares y cómo sentís que los otros recepcionan tu obra?

No me doy cuenta de que pasa eso en mi escritura. No tengo idea cómo se logra ese equilibrio, pero creo que tiene que ver con dejar que aparezca la propia voz en lugar de imponerme un procedimiento. Escribir como se habla, podría ser por ahí. Y no hacerse el canchero con palabras raras. ¿Quién no lo hizo alguna vez? Gri, me digo en diálogo interno, ¿cómo vas a poner “heliotropo” en un poema? ¿Hay necesidad? En 1917, un Hemingway de 18 años entraba a trabajar en el diario Kansas City Star. En los escritorios de los periodistas, el jefe de redacción había escrito: “Escriba con frases claras y concisas. No se haga el artista.” Creo en eso.

 

¿Qué es lo que te interesa mostrar a la hora de escribir?

Que hay trabajo con la materia del lenguaje y que hay vida vivida. Una forma de mirar, un detalle que me armó mundo, una sensación que quien lee también tuvo alguna vez.

 

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¿Traducir poetas de lengua inglesa influyó sobre tu universo poético?

 Traducir a poetas de lengua inglesa expande el universo poético propio, sí, y también lo enrarece con otras voces. Es quedarse horas en silencio y soledad, eso también influye en lo personal, no sólo en lo poético. Traducir es caerse dentro de la mente de otro, ver el mundo desde sus ojos e intentar trasladar a la lengua de llegada ese eco de la respiración del original (dice Benjamin). Traducir es deslizarse por una tabla ouija.

 

Sos editora en Ediciones del Dock, una casa editorial con trayectoria, difusión y prestigio. ¿La editora convive con la escritora? O, por el contrario, ¿es difícil armonizar ambos roles? Como editora, ¿Cuál es tu visión sobre la nueva poesía argentina?

La editora convive con la escritora, no le queda otra opción. Ahora cómo es esa convivencia… con negociaciones, digamos. El principal cambio entre ambos roles tiene que ver con el modo de leer: el de la editora es más investigativo que fascinado. Es como ir a un museo: si ninguna de las obras me asalta el ojo, me voy. Uno como lector es implacable, y resulta que como autor a veces se da demasiados permisos. Si el texto no hace un esfuerzo por impactar, el lector se va. No da otra oportunidad, no dice: voy a avanzar otras cien páginas a ver si dice algo.

La nueva poesía argentina: se está escribiendo y publicando muchísimo en todo el país. Quizás hace falta ampliar las lecturas, eso noto. No olvidar que antes de uno hubo otros. A los más jóvenes les diría: leé a tus viejos queridos. A los oldies but goldies: leé a los chicos nuevos.

Cada vez hay más editoriales independientes, algunas de ellas artesanales y bellísimas, con editores jóvenes y ya muy profesionalizados a quienes la burocracia editorial aún no les mató la pasión. Diseñan, imprimen, cosen, pegan… es un trabajo artesanal que además, muchos de ellos, enseñan a realizar a otros. Si eso no es amor, no sé. Tienen, además, confianza en un modo posible de hacer las cosas. Nos vamos encontrando en ferias de editoriales, en festivales, en lecturas de poesía… celebro esa explosión. Creo en el hacer y hay muchos que hacen y muy bien.

 

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Dentro de poco saldrá tu libro de poemas, Ahora, y con él se afianzará aún más tu poesía y tu presencia en el medio literario. ¿Qué temas te interesó abordar aquí y qué expectativas te trae esta nueva publicación?

Bueno, creo que dejé costurones a la vista, esta vez. Venía con el zurcido invisible y se me dio por lo rústico. No sé por qué. Los temas se repiten: la poética del resentimiento, lo perdido (que es nuestro para siempre), la belleza del cuerpo masculino, el mundito literario porteño, y además voces nuevas que quieren contar sus cosas.

 

De aquí en más, ¿cuáles son tus nuevos proyectos?

Seguir con las traducciones (estoy trabajando con Walt Whitman y Anne Sexton) y presentar mis libros Ahora (Del Dock) y Mi pequeño acto privado (Barnacle ediciones).

 

Por último, ¿qué te gustaría hacer que todavía no hiciste?  

Cuando quiero hacer algo, trato de que suceda a la brevedad. Para mí, todo es ahora.

 

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Así escribe Griselda García

 

                 Cinco poemas

 

El dique

 

En las últimas vacaciones Papá

construyó un dique en el río.

Le llevó toda la mañana.

Cuando terminó, el sol

había bronceado su espalda.

El agua nos llegaba a los tobillos

nos metíamos en zapatillas

para que los pies no dolieran.

 

En ese mismo río esparcimos

sus cenizas pocos años después.

 

Mamá llevó flores y una botella de vino.

No había nadie ese día

solo un hombre acostado en la arena

que al ver la botella gritó de satisfacción.

 

A Papá le hubiera gustado, pensé

y entrando al agua rompí el dique.

(de Ahora, 2016)

 

 

El negro del mar

 

Una madrugada fui a la playa

me saqué la ropa y me metí al agua

empecé a nadar y nadar.

Me debo haber adormecido, no sé cuánto tiempo pasó.

Cuando reaccioné estaba muy lejos de la orilla

me había envuelto una corriente

sentía oleadas de agua más fría, más caliente.

 

Nunca le conté a nadie esto, no me creerían.

 

Comencé a percibir manchas negras

más negras que el negro del mar

se movían lento, venían hacia mí.

Era un grupo de ballenas jorobadas

en viaje migratorio hacia el sur.

Sentí terror y supe que iba a morir.

Imaginé que una abría la boca y me succionaba

en una muerte lenta como en los cuentos infantiles.

 

A su paso el mar se inflaba y me elevaba

al bajar, se hacía un hueco en mi estómago.

Paralizado, sin poder decidir, empecé a llorar.

La ballena es mi mamífero preferido.

De chico soñaba que me agarraba de su cola

y paseábamos y conocíamos mundos nuevos.

Pero entre bufidos y cantos extraños

pasaron a mi lado como si yo no estuviera ahí.

 

Se fueron alejando y el agua quedó en calma.

Cuando pienso que estuve entre ellas

siento que nunca viví algo más terrorífico.

 

Así son los sueños, llegan en forma inesperada.

 

Nunca le conté a nadie esto, no lo creerían

pero vos sí, ¿no?

(de Ahora, 2016)

 

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Nene, ¿no te basta con tu novia?

 

Mis amigas me habían advertido:

ya te vas a ver rodeada de hombres jóvenes

como los pájaros que sobrevuelan a San Francisco.

Ahora, las nuevas generaciones me buscan

ese momento en que no sos joven ni vieja

y ellos son curiosos, quieren saber.

 

Me aplaudís cuando termino de leer

decís que te gusto, que escribo bien

me presentás a tu novia, estudia Letras.

Cuando ella se va me decís un piropo.

No sé si cambiaron los códigos

o te tomaste una licencia poética.

 

Nene, ¿no te basta con tu novia?

Te agradezco, pero se trata de

habitar el instante, el presente

la vida son tres días y ya pasaron dos.

 

Las novias de esa generación

son aniñadas, se visten tipo Sarah Key

busco incluirlas en las charlas pero no hay forma

tienen ojos tristes y me miran como a La Otra.

 

A ellos los ciega su carga vital, el ansia de poseer

no saben dar, solo pedir

nunca nadie les regaló nada

quieren cobrarle a todo el mundo

se tiran encima como animalitos

son, eso sí, émbolos perfectos.

 

Como dijo Dios, que es mujer:

veo que he creado muchos tipos

pero muy pocos hombres.

(de Ahora, 2016)

 

 

Dijo la loba

 

Vos, lobito mío

sos una de las crías

que no alcancé a devorar

(¿me sacaste el hambre

o llegaste cuando estaba saciada?).

 

Ya sabés erizar el pelaje

más tarde te enseñaré

a orientarte en el bosque

a esperar el momento

de distracción de la presa.

 

Vos, lobito mío

disfrutá las caricias

aprendé a ignorar las uñas.

 

Ahora te nutro

tu avidez rodea el pezón cargado

te hartás de leche dulce.

Muerta también seré tu alimento.

 

Seremos, en el final

carne vuelta a la carne.

 

(de Mi pequeño acto privado, 2015?

 

Ama de cría

 

Ávidos del pezón

los gemelos abren sus bocas.

Envuelta en la pesadez de la leche

me dejo adorar.

No quieren que me lave

cuantos más días pasen mejor, dicen

y bufan y resoplan.

 

Luego de la maceración

se disputarán mis desechos.

Quien gane desatará

su cortejo tardío

su celo de macho joven.

Lo sucio será su alimento.

 

Ahora hundo los dedos

en la espesura dorada

embriaga el olor

a manteca rancia.

 

Engendro sólo hijos varones

doy a luz un ejército voraz.

Serán vigías en mi vejez.

 

 (de Mi pequeño acto privado, 2015)

 

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