Por: Gabriel Canessa

Crédito de la foto: Editorial Peso Pluma

 

 

Roger Santiváñez: “Sentía que los versos iban creando

un mundo poli-semántico”

 

Entrevista al poeta Roger Santiváñez* por la reedición de Symbol (1991)

 

Roger, se reedita tu poemario casi 25 años después de su publicación. La editorial Pesopluma ha emprendido la tarea de reeditar las obras iniciáticas de varios autores, y tu poemario va a engrosar su catálogo. Cuéntame, ¿cuál es tu perspectiva de lo escrito? y ¿te considerabas en el momento de la publicación de Symbol un escritor “peso pluma”?

Claro, aun sería un peso pluma, porque yo nunca me considero un “consagrado”; es decir, siempre me siento como un poeta que empieza a escribir, o sea peso pluma en ese sentido, la perspectiva que tengo es la del tiempo que llevo entregado a la poesía nomás.

 

La particularidad de Symbol como artefacto poético es su concepción, en la estructura, a partir de un esquema gráfico y aritmético. ¿Cuál era el imperativo que te motivó a darle esa construcción?

Quería trabajar con una estructura fija, cosa que no había hecho antes. Había estado leyendo La Divina Comedia y cosas sobre ella, entonces se me ocurrió crear una estructura previa. Así concebí esa estructura numérica, quería crear una simetría.

 

¿Por qué la medianoche? ¿Por qué el lumpen? ¿Por qué esa mujer que se confunde con la ciudad y por qué las palabras quechuas migrando hasta el poema?

En ese tiempo yo vivía a salto de mata. Sobrevivía con mis colaboraciones periodísticas. Vivía una bohemia salvaje que incluía la pasta básica de cocaína, por eso la medianoche. Además me interesaba el lenguaje del lumpen como opción radical del “poetry is speech”, ‘poesía es habla’ de Pound. Y esa mujer, la musa que inspiró Symbol, era una jovencita con la que mantenía una extraña relación, sin ella, sin esa pasión, no habría escrito jamás el libro. Por otro lado, en el lenguaje de la calle estaba incluido el quechua de la gente mezclado con el castellano, y el uso del quechua era para mí una opción étnica también.

 

Otra particularidad de Symbol es su rompimiento con el lenguaje. Figuran versos fracturados, que no se completan sino hasta la siguiente línea, ausencia de puntuación que le da una doble vida al verso, una doble lectura entre línea y línea, y el lector puede elegir dónde poner las pausas.

Sí, así es, porque yo me deje llevar por la corriente pura del habla, del lenguaje de los sonidos que se iban enhebrando prácticamente solos; estaba como en una especie de iluminación y yo sentía que los versos iban solitariamente creando un mundo poli-semántico.

 

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Presentación de «Symbol» (2015) en El Virrey, Lima-Perú.
Mesa: Victoria Guerrero, Roger Santiváñez y Francisco Ángeles
Crédito de la foto: Facebook de Ed. Peso Pluma

 

Palabras como pukto o chukcha obedecen entonces a una necesidad de énfasis fonético en el verso o a una estética de lo impreso.

Ambos, quería romper también, es decir, usar ese tipo de palabras, sacarles poesía digamos, y por supuesto la cuestión fonética estaba allí también.

 

Al hablar sobre Symbol dijiste alguna vez que fue tu refugio poético, “cuyo lenguaje está atravesado de aquella violencia [80’s y primeros 90’s] a pesar de que es un libro de amor erótico”.

Claro, estaba refugiado en mi cuarto y con la poesía, en medio de los apagones, el rastrillo y los atentados. Y con esa pasión erótica que te mencioné, yo vivía en poesía, o sea, no hacía nada sino vivir en poesía y escribir poesía. Esa era mi vida. Era una opción que había tomado. Entonces hay una relación entre poesía y vida totalmente; frente a un mundo que se deshacía en pedazos yo opté por refugiarme en la poesía y así fue la creación de Symbol.

 

¿Qué tan alejado estaba Symbol de tu etapa en Kloaka?

Bastante por un lado, es decir, ya había pasado tiempo, pero por otro pienso que sin Kloaka, sin la experiencia Kloaka, jamás hubiera podido llegar a una concepción poética como la de Symbol. Yo estaba ya totalmente solo, una soledad absoluta y Kloaka fue un colectivo, pero sin la vida de Kloaka no habría llegado al lenguaje callejero de Symbol. En y con Kloaka es que yo me separo y alejo de lo académico y nos vamos a las calles porque pensábamos que allí estaba el sonido —el lenguaje— de la nueva poesía.

 

Symbol, es entonces un hijo bastardo y a la vez emancipado de Kloaka… ¿La búsqueda de una voz más personal fuera del espíritu colectivo?

Supongo que sí, claro ya cada quién había tomado su camino personal pero siempre llevaremos la impronta del MK [Movimiento Kloaka].

 

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«Symbol» (2015) de Roger Santiváñez
Crédito de la foto: Facebook de Ed. Peso Pluma

 

Los poemas de Symbol están salpicados de versos que son a la vez manifiestos de arte poética: “La poesía es un texto contra el mundo”, “Y si redacta internos documentos aprende otra experiencia”, “Un momento fanzine escoge tus palabras y las ama”, “No debes contar, pero te saca la vuelta el lenguaje”…

Son los versos —la música— que iban brotando, pero es verdad que son pequeñas artes poéticas y recurrentes en el libro, porque en realidad ese es uno de los temas principales: la propia poesía, es una defensa y reivindicación de la poesía.

 

Las estrofas tienden a la autodestrucción en el sentido de que, aparentemente, quisieran escapar a la belleza estética per se y tuvieran un afán de rozar lo sublime, hallando en lo grotesco su estética natural. Un ejemplo: “Si tu amor me es negado ya Dios vengará / La sabiduría de tu malditez desnuda en las paredes / O igualito te subes a los micros a dejarte arrechar” ¿Es acertada esta intuición o mera coincidencia?

Acertada, es exactamente lo que pasaba por mi mente y mi corazón. En esos terribles momentos esa era la propuesta que albergaba. Era el resultado de varias cosas, desde mi lectura de Baudelaire andaba en la nota de lo sublime y lo grotesco juntos, la autodestrucción era el signo de mis días en ese tiempo y el cuestionamiento a la belleza, entendida en términos estándar; había que buscar otra belleza, aun en lo más oscuro, terrible, incluso abyecto.

 

En ese entonces la Guerra Fría estaba terminando de entibiarse y subsistía una conciencia (un poco descreída) de los ideales revolucionarios, en Symbol hay sutiles referencias como en los versos: “Te acercas al país del ‘Nunca Jamás’ bajo la dictadura del / Proletariado, aproximándote al ocaso del nuevo atardecer” o “Abriendo las tres ventanas de Tampu-tokto / Los caminos se bifurcan como en la sierra maestra”, etc. ¿Ya habías perdido la fe en un cambio social radical para el Perú?

Sinceramente estaba en el último tramo de mis pasiones políticas radicales de la juventud, todavía las tenía, me parece, pero intuía que eran utopías y por eso se percibe ese aire de lo que ya se está yendo, de lo que muere, era como el canto de cisne que en nombre de mi generación (que creyó en el cambio revolucionario) quise elevar como una oración para los jóvenes que vendrían después.

 

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Presentación de «Symbol» (2015) en El Virrey, Lima-Perú.
Roger Santiváñez firmando ejemplares.
Crédito de la foto: Facebook de Ed. Peso Pluma

¿Qué hace ahora Roger Santiváñez, hace tanto tiempo lejos de Lima, La Horrible?

Soy profesor en Temple University, Filadelfia, y me dedico íntegramente a la contemplación y al estudio de los lenguajes de la poesía. Esa es mi vida, pero necesito ir a Lima para empaparme del Perú y por eso trato de ir todos los years.

 

 

 

 

 

*(Piura-Perú, 1956). Siguió Artes Liberales y Ciencias de la Información en la Universidad de Piura. Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y doctor por Temple University (USA). Ha publicado los siguientes libros de poesía: Antes de la muerte (1979), Homenaje para iniciados (1984), El chico que se declaraba con la mirada (1988), Symbol (1991), Cor cordium (1995), Santa María (2002), Eucaristía (2004), Dolores Morales de Santiváñez (Selección de poesía 1975 – 2005), Amastris (2007), Labranda (2008), Amaranth (2010), Roberts Pool Crepúsculos (2011), Virtú (2013), New Port (2015) y Sylva (2015). Y en prosa poética narrativa la nouvelle Santísima Trinidad (1997) reeditada en 2015, Historia francórum (2000), y el libro de relatos El Corazón Zanahoria (2002). Formó parte de los colectivos La Sagrada Familia (1977-79), Hora Zero (1980-1981), Movimiento Kloaka (1982-1984) y Comité Killka (1989-1990). Actualmente trabaja en Temple University-Filadelfia, USA.

 

 

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