Por: Paolo de Lima

Crédito de la foto: Javier Calvelo

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“Le dije a Paolo que estar en Buenos Aires y ser poeta quiere decir verte de todos modos a ti, maestro”, le comentó Róger Santiváñez a Reynaldo Jiménez en la presentación vía email que nos hizo el pasado mes de julio. Y es así que a los pocos días (y alrededor de las fechas patrias peruanas) ambos nos encontrábamos charlando e intercambiándonos libros en un bar ubicado en la plazoleta Julio Cortázar de Honduras y Serrano, en Palermo Viejo, en el que me citó. De Reynaldo sabemos que nació en Lima en 1959 y que vive en la capital argentina desde 1963, pero yo les debo transmitir que se trata de una extraordinaria persona, pero sobre todo de un autor de primer nivel, en todas sus facetas (como poeta, ensayista, editor, traductor). La siguiente es una relación brevemente anotada de obras suyas que, o bien me obsequió, o que pude encontrar en las librerías bonaerenses. Se trata de un informe-catálogo circunscrito exclusivamente a la apreciación paratextual de sus libros. En ese sentido, estas palabras quieren ser, básicamente, una ventana entre el autor y tú, lector.

 

POESÍA:

 

Eléctrico y despojo. Buenos Aires: Trocadero, 1984, 63 págs.

Segundo poemario de Reynaldo Jiménez (el primero es Tatuajes, de 1981) conformado por veintiocho poemas, siete de ellos dedicados a diversos autores como Javier Sologuren, Alfonso Cisneros Cox o Diana Bellessi. Leo este libro y recuerdo la siguiente cita de Eduardo Milán en su muestrario Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos (1950-1965) (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2007): “Un poema que en su tránsito encuentra su tema: esto en algo alude a la poética –o a una de ellas: la más recurrente- de Reynaldo Jiménez. Pero un poema que también ha escapado de una cierta preceptiva del hacer poesía en cuanto a tratamiento lingüístico-temático, a resolución, a desarrollo. En esta poesía nada es necesario salvo que se haga poesía en un sentido del presente estricto: que la poesía esté sucediendo ahí, en el texto” (33). Incluyo este breve poema en prosa: “sendero // en un punto luminoso como el pecho de las aves entre la lluvia breve selva de la frente sálvame donde se escapa el cielo que silencia el cielo en un punto luminoso” (09).

 

Ruido incidental / El té. Buenos Aires: Ediciones Último Reino y Editorial Rinzai, 1990, 219 págs.

Dos poemarios reunidos en un solo volumen (previamente, en 1987, el autor publicó Las miniaturas). Cada poema de Ruido incidental está fechado: desde marzo de 1987 hasta el 14 de abril de 1988. Mientras que al final de El té se lee que fue escrito en su conjunto “entre septiembre de 1988 y octubre de 1989”. La sintaxis, la semántica se sienten borbotear en estos poemas. Precisamente, cuatro textos de El té están incluidos en Medusario (México: FCE, 1996), el volumen canonizador del neobarroco latinoamericano confeccionado por Roberto Echavarren, José Kozer y Jacobo Sefamí. Ahí señalan, tomando de ejemplo a Ruido incidental / El té, que “una de las nociones (y de las palabras) que más se repiten en esta poesía es la del pliegue. A Jiménez le interesan las superficies que se multiplican en su interior; los laberintos porosos, rugosos, esponjosos, que derivan en infinitos microscópicos; o, por igual, las galaxias indeterminadas y múltiples del cosmos” (404).

 

Sangrado. Buenos Aires: Editorial Bajo la Luna, 2006, 143 págs.

Libro de acusada dicción neobarroca dividido en tres secciones, cada una con cuatro, cinco y cuatro acápites respectivamente. Una nota final nos informa que “la mayoría de los poemas incluidos en este libro han sido publicados anteriormente, y casi siempre en versiones preliminares” en diversas revistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, España, Estados Unidos, México y Perú. Escuchen estos versos: “La compañía del abejorro en la ipomea, / cantárida en la campánula del acto en que libar / imprime otro sentido a la mañana, a la liviana / masticación en la luz hecha de llagas, de algas / casi húmedas, de labios despegándose, heridas / en el aire de la disolvencia, vínculo de los unos, / reconciliación quizá por un segundo sin nadie” (90).

 

Ganga. Buenos Aires: Editorial Limón, 2006, 111 págs.

Se trata de una selección de poemas del autor a cargo de Mariela Lupi y Andrés Kurfirst, que va desde Eléctrico y despojo (1984) hasta La indefensión (2001). Mario Arteca escribe una nota introductoria, “Silabario reticular”, en la que señala que la poesía de Jiménez es “exploratoria, múltiple en cuanto a los trazos que inscribe y profundiza, como si tocase en maniobras desconocidas el corazón bifronte de la lengua en estado de perplejidad” (5). En la parte final se incluye una entrevista al autor, en la que afirma: “Por lo general soy cauteloso ante las afirmaciones de Claridad, provengan de donde provengan (aun en nombre de Sencillez o de Comunicación). Descreo de aquellos iluminados que, no siéndolo en verdad para sí, pretenden iluminarnos y convencernos, no sin intolerancia, de alguna Verdad inobjetable y descontrastada. Sobre todo me irrita que pretendan convencernos de que la obscuridad no existe o que hay que luchar contra algún tipo de demonio en ella encerrado o contenido, como si tuviéramos que entablar una guerra perpetua contra por lo menos la mitad de la naturaleza, y, con ella, de eso que suele denominarse naturaleza humana” (103).

 

Plexo. México: Libros Magenta, 2009, 157 págs.

Ofrecido como “un replanteamiento de los postulados retóricos y expresivos del neobarroco latinoamericano”, según expresión del escritor mexicano Gabriel Bernal Granados en la nota de la contracarátula, Plexo incluye ensayos de KabRa, José Ignacio Padilla y Felipe Cussen sobre esta obra del autor. “La poesía de Jiménez se asume tanto en la perplejidad de los asignificadores que bien puede pasar por neobarroca (hay que despachar por aduana) cuando es sobre todo una liebre equislalia de salterio panespérmico, puesta a saltar junto a las fuerzas elásticas del entendimiento anterior, hoy. Aquí es donde, entre otras ramas, la poesía de Reynaldo se entiende, sin pancartas, con la de Perlongher” (144), escribe KabRa. Por su parte, Padilla sostiene lo siguiente: “No es difícil entrar en la poesía de RJ, basta con leerla en voz alta, concentrándose en sus ecos, aliteraciones, paranomasias. Lo difícil es construir sentidos a partir de su frase oscura. Si nuestra época afirma la legibilidad del mundo y la posibilidad de una u otra hermenéutica, cierta poesía, en contraste, se afirma contra la legibilidad. […] Es difícil no caer en nuevas formas de alienación al intentar enfrentar la alienación radical en que vivimos. RJ propone una frase oscura, con numerosas aristas a las que atender. Su poética y su política toman forma en diferentes instancias: poesía, ensayos (esponja), entrevistas; y también en una editorial y una revista. Entonces: la oscuridad no es gratuita” (147). “Como cualquier experiencia intensa de lectura, Plexo me obligó a ajustar el cuerpo a una disposición particular, y pronto tuve que entender que, si no quería hundirme, debía preparar mis ojos para una especial velocidad. Constantemente tenía la sensación de intentar equilibrarme sobre un chorro de palabras, en el que ninguna de ellas alcanzaba a fijar sus pretensiones porque las demás ya las estaban empujando hacia adelante” (153), afirma por su parte Cussen.

 

ENSAYO:

 

Reflexión esponja. Buenos Aires: Editorial Tsé-tsé, 2001, 204 págs.

La mirada y la imagen son dos de los temas en torno a los cuales gira la “prosa escuchada” (como se lee en la contracarátula) de Jiménez. Un ejemplo: “Mirada, abismo del otro. Abismo de lo otro, que nos enciende o nos apaga en su inescrutable conciencia: es imposible saber a ciencia cierta qué es lo que mira una mirada (qué es lo que la hace mirada). Lo que la mirada le dice a la mirada –esta mirada a aquélla- es lo que le hace: la mirada es el otro, incógnita que no se pregunta. Un enamorado diría: La mirada eres tú. La mirada es la incógnita: nadie retiene en su retina el aura fugacísima (secreta permanencia) de lo mirado. Cuando la mirada se mira, deja de afirmarse como retiniana red para arrojarse al vacío plenamente: entonces queda impregnada por el enigma poderoso que el ojo absorbe en su desnudez. Enigma que no está fuera del ojo: incógnita abarcante. Lo que se mira es lo que se ignora” (22-23). El libro incluye el texto “Teatro de sombras” (179-199) del poeta cubano (residente en Caracas) Octavio Armand (1946), de quien Jiménez me recomendó Horizontes de juguete (Buenos Aires: Editorial Tsé-tsé, 2008, 207 págs.), libro de ensayos del cual destaco su acercamiento digamos grafológico sobre Rimbaud (85-113). Poemas de Armand pueden encontrarse en la antología Prístina y última piedra. Antología de poesía hispanoamericana presente (México: Editorial Aldus, 1999) compilada por Eduardo Milán y Ernesto Lumbreras.

 

El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos. Buenos Aires: Editorial Descierto, 2012, 367 págs.

Jiménez retoma de José Carlos Mariátegui “la acepción superrealismo, por anticuada que pueda parecer, para diferenciar las posibilidades de una poética múltiple del acartonamiento hiperdigerido y simplificado, sellado al vacío, homogeneizado, que suele entenderse como surrealismo” (164). Jiménez observa, a su vez, que es a Mariátegui a quien “se debe, en Lima, la primera mirada al surrealismo” (231). Libro dividido en cuatro partes, la primera, casi un libro en sí mismo, gira principalmente en torno a la obra del poeta argentino Aldo Pellegrini (1903-1973). Destaco el pie de página (50-51) dedicado a César Moro a propósito de su poema “Abajo el trabajo”, de 1928. La segunda parte se enfoca preferentemente en poetas peruanos como Moro, Westphalen, Rafael Méndez Dorich, Fernando Quíspez Asín y Rodolfo Milla (de quien se documenta su célebre “asalto a la ANEA”). La tercera parte estudia a Alberto Hidalgo y Aquí viene el anticristo (1957), Gamaliel Churata y El pez de oro (1957) y Francisco Bendezú y El piano del deseo (1983). La cuarta parte final está dedicada a la obra del poeta argentino Miguel Ángel Bustos, nacido en 1932 y secuestrado el domingo 30 de mayo de 1976 por un grupo paramilitar de la dictadura de Videla (Bustos es hasta el día de hoy un desaparecido). Es gracias a la recomendación de Jiménez que cuento ahora con la obra de este autor. Tanto Visión de los hijos del mal. Poesía completa (Buenos Aires; Editorial Argonauta, 2008, 463 págs.) como Prosa 1960-1976 (Buenos Aires: Ediciones CCC, 2007, 461 págs.).

 

ANTOLOGÍA:

 

Poesía mayor. Poetas del surrealismo. Selección y prólogo de RJ. Buenos Aires: Editorial Leviatán, 2005, 96 págs.

El surrealismo, hoy por hoy, “mantiene intacta su apelación a la verdadera experiencia: lo incondicionado, lo desconocido, la vida misma en su cualidad reveladora” (7), señala Jiménez en el prólogo. El libro incluye poemas de, entre otros, Bretón, Éluard, Péret, Prévert, Aragon, Ernst, Artaud, Picabia, Duchamp, Desnos, Tzara, De Chirico, Picasso, Arp, Queneau y César Moro. Entre los traductores encontramos a Octavio Paz, Salvador Elizondo, Xavier Villaurrutia, Alejandra Pizarnik, Aldo Pellegrini, César Moro, Sologuren, Armando Rojas, Belli y Luis Loayza. El libro concluye con una “Lista incompleta de otros artistas vinculados al surrealismo”.

 

El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú. Edición, selección, prólogo, notas y bibliografía de RJ. Buenos Aires: Editorial Tsé-tsé, 2005, 596 págs.

Se trata de un volumen que revisita y amplía una primera selección de “catorce-poetas-nacidos-en-el-Perú” confeccionada por Jiménez en 1988 para la editorial Último reino. La selección actual incluye a poetas surgidos en la primera mitad del siglo XX, y su ordenación empieza por autores pertenecientes a la denominada generación del 50 (Chariarse, Bendezú, Guevara y Edgar Guzmán) y concluye con los fundacionales Eguren y Vallejo. La lista comprende además de dichos nombres a Américo Ferrari, Juan Gonzalo Rose, Carlos Germán Belli, Fernando Quíspez Asín, Romualdo, Blanca Varela, Julia Ferrer, Augusto Lunel, Sebastián Salazar Bondy, Raúl Deustua, Eielson, Sologuren, Vicente Azar, Manuel Moreno Jimeno, Arguedas, Luis Valle Goicochea, Westphalen, Luis Fabio Xammar, José Alfredo Hernández, Martín Adán, Xavier Abril, Oquendo de Amat, Enrique Peña Barrenechea, Rafael Méndez Dorich, César Moro, Adalberto Varallanos, Juan Luis Velásquez, Alejandro Peralta, Gamaliel Churata, Alberto Hidalgo y Enrique Bustamante y Ballivián. Tal y como señala Jiménez en el prólogo: “Los poemas elegidos verbalizan disensiones de la sensibilidad, no siempre ni necesariamente en forma explícita, al interior de la lengua mayestática de la utilidad mercantil y del control social. Aquí donde la realidad no cierra nunca del todo, señalar estas poéticas quiere aportar a un florecimiento de la escritura lírica, tan menospreciada en nuestros días. Hablar de lirismo no promovería una nueva justificación de vetustos y perimidos recursos y repertorios tópicos, ni la entronización del poeta como intérprete del pueblo, oráculo o cosa semejante. Más bien: transformación cantante de los significados. Otrosí: exploración orgánica de los signos en su devenir (cuando la materia verbal es el enigma que la participación precisa)” (7-8).

 

TRADUCCIÓN:

 

Haroldo de Campos. Galaxias. Traducción y notas de RJ. México: Libros Magenta, 2011, 141 págs.

“En nuestra lengua, hasta ahora solo habían aparecido traducciones parciales del libro” (139), nos informa Jiménez en su “Nota bibliográfica”. Y en el prólogo, firmado por Gabriel Bernal Granados, se lee: “Galaxias es un poema conformado por cincuenta cantos. Su espíritu melódico e iconográfico se encuentra, en gran medida, contenido y contemplado en los Cantares de Pound, mientras que factores como la ausencia de puntuación o la creación de neologismos a partir de una acumulación de vocablos es un recursos constante al Ulises y al Finnegans Wake de Joyce. Como el propio Haroldo lo dejó en claro en las notas que escribió sobre su libro, Galaxias no es prosa ni poema en un sentido estricto, sino un compuesto basado en las posibilidades longitudinales y sonoras de ambos géneros. Cada canto es un comienzo y una reelaboración del canto anterior, pero desde una perspectiva distinta” (8).

 

BONUS TRACK:

 

Evita vive y otros relatos (Buenos Aires: Santiago Arcos Editor, 2009, 95 págs.) de Néstor Perlongher está dedicado a “Roberto Echavarren y Reynaldo Jiménez”. La Poesía completa (Buenos Aires: La Flauta Mágica, 2012, 375 págs.) de Perlongher incluye un ensayo de Jiménez, “Templar” (337-340), a propósito de su poemario Aguas aéreas (1990). Por último, Perfórmatas “X” Alógenos (Buenos Aires: Allox Editorial, 2013, 240 págs.) es una compilación de textos sobre el performance realizada por Denakmar Nakhabra, encabezados por uno de Echavarren, y que incluye el testimonio “Enredaderas tseicas en la constelación alógena” (205-227) de Jiménez sobre Estación Alógena, espacio cultural bonaerense dedicado a la difusión de esta acción artística. “Si la performance constituye un género apto para nuevas inserciones del artista en una sistematización de la experiencia creativa, vuelta manipulable, el devenir sensible en tanto gen perfórmata no remeda el espectáculo en ningún sentido. Ni inicio, desarrollo y conclusión, ni ‘público’ al cual convencer o sacudir o conmover, ni compromisos con la experiencia confirmatoria Arte-Sociedad-Nación. La performancia (y ya no la performance) en su primordio pulsional y en cierto modo deleznable (en la acepción de quebradizo y resbaloso) de happening, lo-que-está-sucediendo, puede suceder y sucede sin otra pretensión que seguir un impulso de confluencia, en alguna medida y siempre fuera de escala” (218-219), sostiene Reynaldo Jiménez.

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