Por Eliana Fry García-Pacheco

Crédito de la foto: Espacio Libre

 

 

Radiografía a Lima

Los funerales de Doña Arcadia es la nueva puesta en escena de Espacio Libre y la figura de Sebastián Salazar Bondy es su factótum. El punto de partida es Lima, la horrible. Desde ahí cuatro actores interpretamos numerosos y heterogéneos personajes donde usted, querido lector, es uno de ellos. Una obra que se plantea también como un ensayo, como un juego, donde la lógica en sí misma no existe mientras usted como espectador no la genere. Esta no es una crónica sobre un proceso teatral de infatigables horas de ensayo. No. Esta es una hoja de ruta para que llegue a nuestro teatro. Invitado está.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de modernidad en una ciudad capital?, ¿de grandes ingresos de dinero?, ¿de un éxodo de turistas?, ¿del vertical crecimiento arquitectónico?, ¿de más colegios particulares?, ¿del elevado índice de consumo per cápita?, ¿de la nueva puesta en valor de nuestro pasado? En efecto, para el ciudadano promedio, esta palabra está fuertemente vinculada a cambios de orden económicos tangibles. ¿Es culpable por ello? No. Los mass media han hecho correctamente su labor, logrando introducir en el imaginario primario estos conceptos gracias a un sinnúmero de cifras correctamente expuestas en digeribles ―y coloridas― infografías. Ya Jürgen Habermas describía el modernismo como una tendencia “dominante pero muerta” puesto que ahora representa a la cultura oficial, la tendencia a seguir. Válido (aunque cuestionable) hasta este punto porque ¿cuál es entonces el lugar que ocupamos como individuos protagonistas de esta vorágine?, ¿o es que preferimos la ficción como estilo de vida? Ante esta interrogante, Lima, la horrible, el célebre pero no menos olvidado texto de Sebastián Salazar Bondy (SSB) regresa a nuestras manos con una vigencia que amedrenta a ¡50! años de su publicación. Y es desde la teatralidad, desde el juego, desde un caminar conjunto con el otro donde nos permitimos increpar al público para obligarlo a pensarse concretamente sobre esta Lima panza de burro y cuánto nos dejamos atravesar por ella, ¿o es que la ciudad ya nos tiene dominados?

 

Funerales

Crédito de la foto: Alicia Vargas

 

Todo punto de quiebre necesita un deicidio

En nuestro grupo siempre nos ponemos como punto de partida un disparador no dramático (es decir, un texto que no esté concebido como obra de teatro) sobre el cual empezar a desarrollar un discurso. En el 2012 trabajamos con La casa de cartón de Martín Adán que es un larguísimo poema o una novela corta pues sobre ello ni los teóricos literarios se ponen de acuerdo. Como ven, trabajamos con textos peruanos poco difundidos pero sobre los que se hace urgente una nueva revisión. Es aquí donde la mano de Diego La Hoz, nuestro director, empieza su labor.

Conversando en los ensayos me dice que “cuando pienso en darle otra mirada a un material escénico siempre surge una contradicción épica: o tomar como punto de partida el mapa original o deconstruir el recorrido para darle un nuevo universo a la obra. Sea cual sea la decisión siempre hay un flujo rítmico que permanece incorruptible que es la voz puesta en común. Los Funerales de Doña Arcadia fue revisada para darle más potencia a esa voz puesto que la de SSB es clara y no se oculta. Apela a la memoria y más allá de la memoria. Apela a una vieja figura de la que parece no querer despedirnos”. Y es aquí cuando comprendo que nuestra intención no es adaptar el texto original a la escena sino brindarle ―brindarnos― una relectura.

En este sentido la presencia de la actriz Aurora Colina fue fundamental. No solo porque se enamoró de nuestro texto mucho antes de pensar siquiera en volver a montarla, reorganizando su agenda de actividades para venir desde Londres con el fin único de llevar acabo nuestro proyecto; sino también porque fue amiga cercana del flaco.

“Fue en el año 1956 que tuve la suerte de leer la primera critica a mi debut teatral en el Teatro de la Universidad de San Marcos. Salió publicada en La Prensa y la firmaba “Juan Eye”, seudónimo de SSB. A este joven escritor lo había conocido en el Patio de Letras de la UNMSM al igual que a Manuel Scorza, Washington Delgado y otros escritores, y de quien luego supe que había sido cofundador del Club de Teatro de Lima junto con Reynaldo D´Amore. Desde entonces nos hicimos muy cercanos”, recuerda Aurora con intimidante precisión. Pero es gracias a su evocación que hemos podido respetar la ruta ideológica que SSB dejó en su ensayo.

 

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Crédito de la foto: Alicia Vargas

 

Cuerpo condimentado

Un funeral es lo que se celebra en nuestro teatro. Un velorio multitudinario en donde todos tenemos algo por lo que llorar, ¿o festejar? ¡La arcadia colonial ha muerto! ¿Pero cómo es esto posible? Si la arcadia colonial no tiene cuerpo, está dentro de todos nosotros. Ah, entonces, ¿a quién velaremos en cada función?

Nuestras tertulias entre ensayos fueron tan intensas como el mismo trabajo físico. Incluso ahora, en plena temporada, es imposible no juntarnos para seguir revisando las lecturas que subyacen de la obra ante cada confrontación con  el público. “Era necesario no dejar impune un pensamiento que se pasea por puentes y alamedas con olor a piel podrida. Disfraces. Estereotipos. Castas. Sueño edénico para aliviar la culpa y bailar con el pasado. Lima, la horrible nos eligió a nosotros. Y nosotros nos pusimos el reto de trasladar aquel histórico ensayo literario a una acción escénica que reflejara ―en alguna medida― nuestra Lima de hoy y mantuviera además su carácter original crítico/reflexivo”, explica Diego al culminar una de las funciones.

Y es que si algo viene caracterizándonos respecto al resto de grupos independientes es que tras cada función nos parece importante cerrar el hecho teatral desde un diálogo con el público. Pues ellos ya escucharon nuestra voz desde el escenario imaginado. Ahora queremos escucharlos. Y las impresiones que sobre ellos calan me sorprenden día a día porque reafirman una interiorización de lo sucedido en la obra, reafirman que nuestro trabajado está siendo escuchado y que, sobre todo, cuestionan nuestro discurso.

Es hermoso ver al público reconocerse en nuestros personajes, saber que sobrepasaron el juego onírico propuesto como actores, que entraron con nosotros al juego surreal, al disparate y que desde esa confusión reconocen a su ciudad: un espacio en construcción, de capas mixtas, un llamado de atención sobre nuestro comportamiento como ciudadanos, un enfrentamiento de caretas e hipocresías, la comunión diaria de nueve millones de personas en un mismo espacio físico, un ritual alegórico que, afortunadamente, deja esperanzas.

Estos son solo algunos de los comentarios dejados por una inmensa variedad de espectadores que en estas cuatro semanas visitaron nuestra sala. Desde adolecentes hasta adultos mayores, desde extranjeros hasta conocidos de SSB, desde teatreros hasta estudiantes de literatura.

“Quienes lo admiramos y seguimos haciendo teatro en la hoy “globalizada” Lima, sabemos que cualitativamente nuestra ciudad no ha cambiado mucho, por eso todo intento para revalorizar su obra es válido, su voz crítica resuena en toda su vigencia”, cuenta al público Aurora en uno de nuestro diálogos con el público.

Pero como dice uno de los personajes: “Lima es bonita. Medio rara, sí. Pero tiene muchas calles, muchas casas, muchas tiendas, muchos cines, mucha fruta, mucho mar, muchos juguetes, muchas comidas y mucho ‘mucho’. ¡Ya! Tanto hablan de Lima, ¿qué es Lima para ustedes?”. Es deber de cada quien responderse. Bienvenidos.

 

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Crédito de la foto: Alicia Vargas

 

 

Ficha técnica

  • Dirige: Diego La Hoz
  • Actúan: Aurora Colina, Natalio Díaz, Eliana Fry, Karlos López.
  • La entrada es libre y la salida solidaria.
  • La sala es pequeña, reserve sitio al 247 6346.

 

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