Por José Aníbal Campos

Crédito de la foto www.swr.de

 

Punto y coma:

nueva antología de la poesía de Ernst Jandl

 

 

A pesar de la frecuencia con la que se emplea la expresión “acontecimiento editorial” en los medios culturales españoles (tanto en la cada vez más errática prensa cultural oficial como en blogs, foros de libreros y lectores o zalameros perfiles de Facebook), son raras las veces en las que tenemos la dicha de asistir a uno verdadero.

La publicación de esta selección de poemas del austriaco Ernst Jandl (Viena, 1925-2000) es una de esas ocasiones. Con el delicioso subtitulo de Si no puede hacer nada por su cabeza, al menos arréglese la gorra (versión libre, pero inmejorable, del epígrafe que encabezaba un poemario de Jandl en 1978, die bearbeitung der mütze, y que en original dice: “kann der kopf nicht weiter bearbeitet / werden, dann immer noch die mütze”), esta muestra de 68 poemas trae a España, por fin, una selección algo más amplia de la obra de un poeta imprescindible del siglo XX, en una continuación de la labor iniciada en la península ibérica por el espléndido Felipe Bosso con sus 21 poetas alemanes (Visor, 1980). De la mano de Sandra Santana (Madrid, 1978), que figura como compiladora y traductora —y quien, a juzgar por sus más bien esporádicas, pero certeras ediciones dedicadas a aspectos poco tratados o conocidos del pensamiento y la literatura de los países germanohablantes, está llamada a convertirse en una de las divulgadoras más inteligentes y profesionales de esas culturas en España, mullido diván de tanto diletante gozoso—, asistimos aquí al genuino segundo natalicio —algo tardío, pero en ningún caso inoportuno— de Jandl para las letras españolas. ¿Por qué el segundo? Porque en algo se equivoca la editorial Arrebato Libros en su nota de contracubierta y en algunos de los postings promocionales de esta excelente antología cuando dice que es “la primera vez” que una amplia muestra de la producción de Jandl aparece en castellano. Ya en el año 2007, un poeta y traductor cubano, Francisco Díaz Solar (a quien, dicho sea de paso, Sandra Santana hace referencia en su prólogo, en un elegante gesto que mucho la honra y que no suele ser demasiado obvio ni habitual en el entorno de alborozado y pelusero cainismo en el que desarrolla su labor, donde campan por sus fueros, impunes, los plagiadores de bufandas estilosas), dio a conocer en la colección Torre de Letras (proyecto editorial alentado por la poeta cubana Reina María Rodríguez) una muestra algo más amplia que esta (89 poemas) titulada igualmente a partir de un verso de Jandl: Para hacer un poema. Antes de esa fecha, en 1998, Díaz (a quien, por cierto, la televisión austriaca le dedicó un magnífico documental sobre su relación con la obra del poeta vienés) había pulicado ya una selección de poemas de Jandl en el número especial que la revista cubana Unión dedicó a las letras austriacas contemporáneas, y en el año 2001 apareció en la también cubana revista Diáspora(s) la excelente serie de desacralizadores poemas que Jandl dedicó a Rilke.

 

 

Máquina que inventó Rousselot para grabar el lenguaje.

 

La antología de Sandra Santana, sin embargo, viene a ser un espléndido complemento de aquellas otras selecciones que, por fatalidad geográfica y política, han contado con muchas menos oportunidades de circular por los canales internacionales de distribución de libros. Aunque son varios los poemas que se repiten en ambas antologías, la muestra de Arrebato Libros incluye varios ejemplos de poesía concreta (vertiente importante en la producción del austriaco, pero a la que Francisco Díaz renunció de manera consciente en su selección, con el propósito de dar mayor espacio a poemas representativos de lo que, a mi juicio, constituye la esencia y la radical originalidad de Ernst Jandl en el poliédrico panorama de la poesía experimental). Como dice Díaz Solar en su ensayo preliminar: “La asombrosa variedad de este poeta no se basa en la abundancia o sutileza de matices, sino en radicales tensiones entre polos opuestos. Humor y gravedad, percepción de lo individual y lo social, rotura libertaria de la lógica y experiencia paralizante de la depresión, mediados por una visión de lo feo y lo grotesco y por técnicas de destrucción, recombinación y movimiento de los materiales del lenguaje hacia la esfera de lo agramatical, hacia la exploración de unidades lingüísticas mínimas como portadoras de la carga poética y hacia lo que [el propio poeta] llamó lengua reducida” (En: Para hacer un poema, “Introducción”, La Habana 2007, pág. 6. El subrayado es mío).

Sandra Santana, por su parte, ha querido destacar en su selección ese otro aspecto igual de relevante en la obra de Jandl: la variedad y, a la vez, su humilde minimalismo. Su prólogo se inicia con una cita del austriaco en la que, de manera lapidaria, se nos advierte: “Mi escritorio está servido para todos”. Y la propia traductora comenta: “Ampliar los márgenes de la poesía de modo que hubiera, como en un banquete abundante, suficiente para alimentar a quienes se acercan con hambre. La escritura de Ernst Jandl es el registro de un esfuerzo continuo para convertir en literatura cualquier cosa que se tenga a mano: ir a la compra, respirar, abrir la puerta de casa, esperar turno en la consulta del médico o salir a pasear al perro” (págs. 9-10). Y más adelante, con sensibilidad verdaderamente conmovedora, añade: “[Jandl] [q]uiso abrir la lengua de la poesía al niño, al extranjero, al idiota que todos llevamos dentro para, con lo más simple (el trazo de un lápiz, unas pocas hojas con letra impresa), entregarnos la máxima recompensa: el rastro de otro que, como nosotros, también sufre porque la vida a veces es una carga pesada que dan ganas de abandonar. Y porque a veces revolotea tan ligera que, sabiendo que se desvanecerá irremediablemente, uno querría que durara para siempre” (pág. 10).

Y es que con Jandl estamos ante un fenómeno casi único no solo en las letras alemanas: un poeta experimental y vanguardista; un poeta, además, con una obra combativa y de alto contenido social que, sin haber tenido nunca una página de Facebook, llevando más bien una vida pública modesta y discreta como profesor de inglés en un instituto, alcanzó una popularidad enorme no solamente por sus performáticas lecturas y su esporádica colaboración con jazzistas, sino gracias también a esa combinación singular de sencillez y hondura, con poemas que son el resultado inmediato de una profunda reflexión sobre la materialidad del lenguaje, expuesta del modo más leve; una reflexión que, sin estridencias ni poses de “vanguardia”, sin fatuas apelaciones a manidos recovecos del alma ni suspirantes evocaciones de la luz, alude con un gran sentido del humor a las tragedias elementales del hombre. (Valga decir que la oportunidad de la aparición de un poemario como este en España reside también en la lección poética implícita para tanto epigonalismo aturdido y autosatisfecho, en su objeción tácita a un despilfarro de impostados cantos a la luz que, de poder acumularse todos y transformarse en electricidad, podrían abastecer con megavatios de energía limpia a varias ciudades de tamaño medio.)

 

 

Un ejemplo de esa honda sencillez lo encontramos en un poema que se repite en ambas antologías, “1944-1945”, el cual emplea la violencia fonética contenida en la sonoridad de la palabra “guerra” (krieg), que, repetida doces veces (como los meses del primer año evocado en el título del poema), se ve interrumpida por la esperanzadora exhalación física a la que obliga la pronunciación de la suave voz “mayo” (mai) a la altura del quinto verso de la columna siguiente. Otro de los grandes poemas fonéticos de Jandl, “trnchnbrmm” (en alemán: schtzngrmm)este sí solo recogido en la antología cubana— fue compuesto con el material consonántico de las palabras “trinchera” y “bomba” y, al decir de Francisco Díaz, “recrea la atmósfera sonora que envuelve a un soldado atrincherado, en un texto antibelicista donde evoca con singular humor las imitaciones en juegos infantiles de las armas de fuego para culminar con una metáfora fónica de la muerte” (Op. cit., pág. 7).

Si menciono expresamente esos poemas es porque ambos son el ejemplo más radical, si se quiere, de un aspecto tenido en cuenta por los dos compiladores y muy bien señalado por Sandra Santana en su prólogo: “Pocos se han dedicado tan disciplinadamente como él a reinventar la lengua alemana. […] En el caso de Jandl, esto supone, sin embargo, no encumbrar la lengua, sino, en cierto modo, rebajarla, haciéndole evidenciar así lo más profundo y básico de su belleza” (pág. 14).

Cabe destacar de esta antología la encomiable labor de traducción de Sandra Santana ante un corpus de poemas que, en algunos casos, rozan lo intraducible. Basta leer el resultado de una pieza tan compleja como “viena: plaza de los héroes” (pág. 55) —poema en el que Jandl emplea múltiples neologismos creados a partir de la fusión de palabras de diversos ámbitos, con el fin de recrear la atmósfera de histeria colectiva reinante aquel 15 de marzo de 1938, cuando Hitler, desde el balcón del Palacio Imperial vienés, anunció la anexión de Austria al Reich alemán— para saber que estamos ante una traductora muy sagaz que no se arredra ante los riesgos.

 

Dibujo del poeta incluido en el libro.

 

La edición de Arrebato Libros es, por lo demás, exquisita. Lleva en portada, sobre fondo amarillo, la célebre foto tomada a Jandl por George Oliver el 6 de mayo de 1978, durante su lectura en el festival “Internacional Sound Poetry” de Glasgow, y, a modo de bonus track, nos regala en portadilla un transparente con un dibujo realizado por el propio Jandl en 1974, tomado de su poemario der versteckte hirte, de 1975.

coma – punto, así titula Klaus Siblewski (durante muchos años el editor de la obra de Ernst Jandl en Luchterhand) la fabulosa biografía fotográfica del poeta, aparecida en el 2000, año de la muerte de Jandl. Como un punto y coma en el aún inacabado párrafo de la divulgación de Ernst Jandl en castellano deberíamos acoger esta nueva muestra de su obra en nuestra lengua. Cabe esperar que la siguiente frase en ese párrafo quede en manos otra vez de colegas tan competentes como Francisco Díaz o Sandra Santana. Ellos intuyen la existencia de unos cuantos lectores que, sin hacer alharacas de amistad, se lo agradecemos. Y se lo agradecemos a sabiendas.

 

Düsseldorf, octubre de 2019

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