Por Reynaldo Jiménez

Crédito de la foto el autor

 

 

Precisa zona indecisa.

Cinco libros transfronterizos

 

 

Llegan a casa, casi todos juntos, los que conforman mucho más que un manojo de libros. Mejor diría un racimo, por el rédito embriagante del conjunto, de la lectura en el conjunto. Del hilo conductor de este parte de aun más amplia movida, lo da la clave el poeta transnacional Douglas Diegues, implicante en su testimonio de fervor, en pro de un portuñol posible, cuando no una lengua cuando menos trífida si se incluye —entre el portugués de los surestes brasileros y el castellano de los nortes y desnorteos argento-uruguayos— al guaraní, lengua la cual, de tan aglutinante, continúa moviéndose tras los usos más acá de las legitimadoras garantías gramaticales. U otras.

Se apronta este sueño de invención tras la estela de una escritura mutante, capaz de poner en jaque desde dentro, es decir desde la resonancia materializadora de efectos directamente neuronales a partir de un simple desencantamiento, consistente en correr la imagen mental ya introyectada en la noción de frontera en cráneo propio del aventurado lector, que de pronto ya no sabe qué cosa hace con/en su sesera ni qué consistencias alternas le aporta la tal materia verbalescente a la súbita comprensión de sí mismo, amén de los abiertos desenlaces contradictorios que todo corrimiento de los límites produce en tanto descompresión identitarias y, por qué no, incluso, de las ideas fijas. Porque hay una desideologización en la proposición alerta del interterritorio, suscitando escrituras, a veces sin más voluntad de convergencia —de unívoco neorégimen portuñolesco evidentemente, no se trataría— que la de abrir los respectivos campos siempre minados del prejuicio.

 

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No sería poco. Y más bien la plena empresa poética: en tanto agitador de los cursillos más evidentes realzando el gesto difusor, proliferante, el propio Diegues, quien, deslumbrado por las potencias generativas de un Jorge Kanese o/y un Wilson Bueno las expande —escribiendo, editando— a su maniera, apasionado asimismo por la recuperación del soma precristiano, del cuerpo neoarcaico e impredecible —y como tal aborigen— de las tradiciones que se recrean de continuo en la intermitencia, si no el hiato entre dos (o tres) significandos, o dos (o tres) predicandos, etc., sin sumarse a los controles de simetría testicular probatoria de orígenes netos y cauta regulación ni, a fin de cuentas, de las infames síntesis, placebos de los veros desplazamientos seminales en que la vida dizque actual consigue momentáneamente reunirse, en tanto verbo alterno, con el cuerpo entero y hasta precario de misterio. Pues para nada, excepto si no el desmadre, la anarcovoluntad de este retruque propositivo de inscribir la poética en aras de la disidencia receptiva, si bien sinuosa, a cambio de la erección separativa y en firme de los muros y demás bloqueos nocionales que “reposan”, y “maceran” el síntoma, precisamente, en la sacra, gernalmente incuestionada obsesión por la frontera.

Cuando la susodicha queda traspasada, al obviar la falsedad o al menos la relatividad de su pasarnos-la-vida ahí, de pronto el escritofrenda ya no es parte del espectáculo sino vagabundeo o aventura del entre en que mapa o territorio, nación o patria, quedan relevados por un momento en suspensiones verbalescentes que no podrían sino ser alegres, en el sentido primal de celebratorias, aun si esto fuese en cuanto al festejo corrosivo al interior a veces desvalido o incólume de ciertos humores.

Asuntos así de peliagudos se constatan en la variedad de objetivos a dinamitar expuestos desde una diversidad de roces de voces a lo largo de la antología de “poesía paraguayensis del siglo XXI” con desbordante título: Ya estamos caminando por esta tierra reluzente perfumada (Vox, Bahía Blanca, 2016). No es una antología de la poesía paraguaya en general, sino un recorte cuasi fundacional plantado en la experimentación de lo más sofisticado en tren de indagación intrasemántica a lo más crudo y signado por el hazlo tú mismo de neto filo punkista.

 

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En el arco que Diegues tiende entre los poetas selváticos del atemporal, que configuran la primera y más breve sección del libro, y los urbanitas de la estricta contemporaneidad, segunda y última y más extensa sección, se halla el inenarrable agujero o hiato que produce como incógnita agregada, asimismo cicatriz en movimiento y por ende hiperactual, residual efecto de las extensas tiranías, los sostenidos feudales de toda ley.

Abre la segunda parte el mentado Kanese, cuyo obrar está a un tris de sobrepasar el tajo fronterizo que ha venido invaginándolo a cierta restricción local, para volver a dislocarse, esperemos, apenas algún avezado editor latinoamericano se dé cuenta del valor pregnante de inquietaciones de esta maniera power de inscripción que Kanese viene cultivando desde hace décadas en plan de plenificado cursor, más que de precursor:

 

Ñane authentical way-lo-life

 

¿ha mba’e he’ita anga ha’ekuera?

¿ha mbaupei ñandé ñapenata ijehegui?

upeva katu iproblemaité

que escuche el que tiene dientes

y escupa el que perdió la voz

ñande javivita tranquilopá

taguató-pytanguy portetujape

ymatiempopeguareicha

¿ñapemandu’ai-pikó lo-mitä kuñá mita’i?

¿ajepa pene indio pene kaigué pene dejado-atyra?

estoy diciendo que los muertos tenemos un idioma

mínimo-minimorum michimi

ñamba’apokena lo-mitä

japensá jakalkulá jafilosofá ha jameditákena

jakonsientisákena ñaneprójimo proletario

ñanerapichá imembvyvéa imboriahuvéa iñinutilvéa

melodías poco convencionales

y poco condimento: lo que nadie pensó

oid mortales: suena simpático

sin sentido y sin fondo terminan las desgracias

y el circo sacrificial

ñamba’apota oré roganata

ha upeicharö oré roganata

oré roimponeta ore pensamiento

ore authentical-way-of-life

 

 

Aunque en casi cada uno de los seleccionados por Diegues se pueden encontrar rastros de una similar diseminación, aun en distinto grado de radicalidad transfronteriza, marcas de origen transformadas en tatuajes y acaso talismanes para ejercer, desde diversos ángulos o granangulares, su crítica cantante al interior de la sintáctica-semántica. Se incorpora el trastorno, la espesa contradicción estructural cuya exposición al contraluz poético revela no menos incandescentes valores micropolíticos.[1]

De su labor como editor, al frente del sello Yayí Yambó Cartonera —aun si en conversación privada Diegues comente su sensación, que ratifico, de haber ya entrado en una etapa “post-cartonera”, en cuanto a la incorporación de cierto goce-en-artesanato en la terminación de cada ejemplar publicado— recibo de sus manos tres sorpresas con aires curitibanos en común: el primer libro escrito en castellano de Josely Vianna Baptista, poeta cuya poesía en portugués vengo traduciendo desde hace años y que mantenía este pequeño gran secreto de las letras encendidas, publicado por la Yiyí (Asunción-Ponta Porã) en convergencia productiva con Muamba Cartonera (São Paulo). Son poemas que Josely destinara en principio a su hijo “y para todos los niños que están descubriendo la magia del lenguaje y su xadrez de estrelas”.

 

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El cruce portuñolesco se gradúa de otra forma en Universos paralelos (2014) ya que la probablemente más avezada traductora de la literatura latinoamericana al portugués de Brasil arriesga la impronta de una sapiente imperfección que afina de oído. Así es cómo aparecen los detalles —lo intraducible— de una tercera lengua que se intenta, si bien inclinada en este caso hacia la recreación de un idioma no-materno que se conoce en profundidad desde la lectura y la traducción, oscila sin embargo el fraseo, en ciertos lugares aparición puntual de términos o giros maternos. La posibilidad de una desimportancia, en el sentido de buscarse estos poemas en la resonancia del infante, hacen del libro una pieza preciosa, evento de poesía que trasciende los límites conforme al hábito y hace aflorar niños desde el recinto esponjoso con que el lector recibe, como si nada, el don preciso de la resonancia. Por aquí traza Josely y sorprende en un eterno retorno sin vuelta:

 

Los tesoros de la bisabuela

 

Hay un poema de ella para el niño,

sombrío, sí, para su corta edad,

pero que hacia el futuro, con cariño,

ayer le dedicó, con su verdad.

 

Eso que le escribió, quizá en tercetos,

— con una pluma embebida en tinta china

y a la luz de un trémulo candil —

tal vez sea el mayor de sus secretos

(como un tesoro sin mapa de la mina).

 

Sólo que nadie sabe en qué valija

la bisabuela encerró ese mensaje:

si duerme junto a sus guantes de encaje,

si se enredó en las sedas y bordados

del mantón de Manila o del traje

que usó, en otro siglo, en sus bodas.

 

El que tenga la llave que se presente,

el que tenga la llave que se presente,

o que se calle, o que se halle, o que se calle

para siempre.

 

La segunda alegría curitibana que aporta la Yiyí de Diegues & Cía. es Mandrágora, breve suite de Ricardo Corona, otro autor, perfórmata y coeditor de fundamentales revistas, bajo la forma de un encantamiento que se ejerce como —en palabras del poeta— dialéctica potlatch. La cruza de elegido mestizar remixa situaciones del fraseo donde el portugués arma lingua franca con el guaraní, el cual inserta flechazos y jabalinazos de lo desconocido mismo, como en otra minuciosa operación de deshechizamiento, todo lo contrario a las hipnosis de la manipulación discursiva. Todo el poema es la partitura de un ritual que se propone a la invención según las capacidades receptivo-resonadoras del lector, pero en cualquier caso ese ritual “para un pueblo que no existe” conlleva un deseo de abolición de restricciones de toda índole. Óigase el rap del entrecortado arcaico de Corona en la primera mitad de su cantar “I tib”:

 

Antes que o Senhor Geômetra realoque suas vigas verticais

e ângulos de sombra sem ânus e insufle o Super Significado

,

Antes que o texto lacrimeje vírgulas debelando a poesia

das tribos

,

Ué Cuñá Ñe’èasî atravessará em sacrifício

carpe hora sagrada

, mínima, ínfima, infra

 

Neste

poema

totem

 

Marâ oyabo pânga ace yapo hey rae

 

Acedendo à hora sem sombra e pulsando no informe

que arde na urbe ante a aparição de Ué Cuñá Ñe’êasî

e Eu Chemembîcuñá

 

Sol pictórico

Hora sem sombra

Êêê

 

Ué Cuñá Ñe’êasî

Tornada sol

— Um totem!

 

Oh Ué uñá Ñe’êasî sabe do tigre que se ateou no fogo entre

deuses astecas

Chamuscado de manchas pretas

, O tigre virou livro feroz em idioma infra

 

Ué Cuñá Ñe’êasî canta com Eu Chemembîcuñá

Ambas sabem que estão envolvidas em um feitiço ñe’èyopará

: Inventa-línguas

 

Ué C uñá Ñe’êasî cavouca no impermeável soterramento

dialética potlatch

 

Montar a palavra mágica no idioma jaguar

Miríade de mundos na memória aguiyê

 

(…)

 

Un tercer impacto curitibano de belleza recibido a manos del sello editorial de Douglas es la aparición de la primera de las Novelas Marafas que el siempre recordado y tan querido Wilson Bueno dejara inéditas, siguiendo la zaga inaugural —en cuanto a ese cruce interlingüístico al que propende— de la piedra fumable de toque titulada Mar paraguayo, libro que ha barajado hasta ahora una secuencia de pequeñas e históricas ediciones en Brasil, Chile, Argentina —que aportamos— y México. Se trataría de su por muchos esperada “continuación”, en el sentido de expandir todavía más los alcances portuñolesco-guaranizantes, flor de contraconquista y otra vez deshechizo con la potencia conjural de una conjuración que permea las reciprocidades ahí donde decir frontera es renovar disolvencia y desviación.

 

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No hay cómo salir indemne o indiferente a la escritura de Wilson Bueno y es Mascate. Pî’aitteguivé (2014) la punta sorpresiva y poliprecisa de una obra que nos replica justo al nivel del tercer oído. Apenas una probadita fractal de este acontecimiento en devenir:

 

“Aquella mañana, amanecí con vontade de llorar. Lembrê-me de todo o que esta vida fui poniendo sobre mis ombros e las cuchilladas bien en el centro del corazón. Como posso vivir? Como puedo prosseeguir en esto intento de olvidarlo enteramente, olvidar a esto Mohamed Faissal que de tan feliz retornô a su casa y su comida, a su quarta, tercera ô segunda epôssa, a sua Súrya estrellada? Quiso que me llevasse con el, esperneê hecho una galina etrangulada por las cocineras de domingo, dice-lo que no vivería sin el, sin su bigote negro e el pêlo peludo de su pecho arabioso. Todavía con su más concentrado ar-en-sêrio, no digo que estuviera feliz, aún todo el era solo una alegría extremada, rechaçava-me el enterniecido Mohamed Aharam Munir Saade Kaluf el-Rachid diciéndome que volvería, que así como deixara todo para vivir su vida mascatêra en esto perdido epaço de tierra y polvo en pó, Pontaporã, Dorados, Eldorado del Paraná, no le sería difícil deixar en el Oriente, otra vez, su orientôssa Súrya, para volver a tener-me en la vida y en las sábanas acetinadas del putero de Eldorado del Paraná.

Mas, claro, no podería jamás creer en nesto, creer que volvería solamente porque se tornara un hombre feliz, Don Felício Mohamed, e a cavalo de su felicidad todo haría possible, incluso volver a estas perdida ciudades al fondo del fundo del fondo de mi derruído país. No, solo uno ser triste vive acá en nestos perdidos y derrocados, demorando-se en las siestas calcinadas la severa angústia e esto conflictado pecho donde late — y yo ni sé como segue latindo — los ladridos del corazón”.

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Y, last but not least, el libro “personal” del propio Douglas Diegues, Triple Frontera Dreams, flamante edición (Interzona, Buenos Aires, 2017) cuyo lanzamiento lo ha atraído hasta la última Feria del Libro porteña. El portuñol selvagem de Diegues se arracima y vulnera la lógica del bloque-hablante —atraviesa como se diría el parlante identitario— con un giroscopar de fraseos que disparan un haz de descentramientos. Véase in toto el canto que cierra el libro:

 

El sentido de la vida según las yiyis guaraní & nivaklé

 

Venimos a este mundo

para ser feliz.

Venimos a este mundo

para nos maravilhar.

Eso me ensinaron

hace un par de meses

las hermosas yiyis guaranies

y las hermsosas yiyis nivaklés también,

indias del Paraguay

que tienen las sonrisas perfectas

y las tetas hermosas

y kantan hermosamente

numa grabación

que un amigo antropólogo de Asunción

me hizo escuchar:

Venimos este mundo

para curtir las delicias.

Venimos a este mundo

para curtir las maravillas.

Venimos a este mundo

para curtir las delicias.

Venimos a este mundo

para curtir las maravillas.

Qualquer índio como yo

se puede dar cuenta

que eso es cierto

y que también es hermoso.

Non venimos a este mundo

para ficar com uma feroz kara de kulo

y después morrer de tédio

entre hermosos árboles gigantes

llenos de cigarras.

 

Es poéticamente que la conciencia y el tan golpeado oído sudacas se estiran, se elongan, contrahechizo tupacamaro, en diversas y movilizantes direcciones. Quizá recién estemos comenzando a aprender a leer.

 

 

junio 2017

 

 

 

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[1] Los poetas “de las citys” incluidos en Ya estamos caminando por esta tierra reluzente perfumada son Jorge Kanese, Joaquim Morales, Juan Manuel Marcos, Montserrat Álvarez, Cristino Bogado, Damián Cabrera, Christian Kent, Maggie Torres, Lorena Fernández, Fredi Casco, Edgar Pou, Marta Mondrian, Venuza Krauter, Santiago Ros, Gabriel Ever, Sergio Alvarenga, Carla Fabri, Miguelángel Meza, Giselle Caputo, Hugo Duarte y Luis León Bareiro.

 

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