Por: Cristóbal Zapata

Crédito de la foto: Izq. www.ccbenjamincarrion.com

Der. www.elparquedelospoetas.blogspot.com

 

 

Los contracantos de Kelver Ax

 

 
Lo primero que uno estaría tentado a decir, a la hora de comentar este poemario de  Kelver Ax es que no parece estar escrito sobre la página, sino más bien sobre la pantalla de un ordenador, de una Tablet o de un smart phone, es decir ya no es el resultado de un trabajo manual que despliega el papel y el lápiz como útiles de la escritura sino que es más bien el fruto de la interacción o del intercambio con la tecnología informática y cibernética; me refiero por supuesto no solo a un uso fáctico de las herramientas digitales, sino que el poeta integra sus códigos como soporte textual y conceptual de su programa poético, o mejor aún: mitopoético.

Ya el título, Pop-up, como muy comedidamente se encarga de empezar señalando el poeta, “denomina a las ventanas que emergen automáticamente (sin que el usuario lo solicite)” y su objetivo generalmente es “mostrar un aviso publicitario de manera intrusiva”. En esta definición de glosario electrónico, el libro empieza a perfilar su sentido, pues una posible definición del poema podría ser la de un artefacto verbal que irrumpe en el horizonte del lector, “produciendo –según la definición de arte propuesta por Ticio Escobar– una interferencia en la significación ordinaria de las cosas” y una de cuyas consecuencias es la de “intensificar nuestra experiencia del mundo”.

Así las tres entradas o anuncios que conforman este poemario son términos muy conocidos del argot informático: “Loading…” (con los respectivos puntos suspensivos), que conforma el cuerpo central del libro, pues es su médula, todo aquello que el poeta descarga a partir de sus conciencia, de su subjetividad, de su memoria, “Low battery”, que funciona como una suerte de epílogo, donde el poeta finge un diálogo en/con Bluetooth (dispositivo que posibilita la transmisión de voz y datos por redes inalámbricas), y al fin nos encontramos con un recuadro negro, como una suerte de micropantalla, sobre el que leemos la locución “Out battery” donde parece haber sucedido ese black-out propio de “las experiencias místicas, alcohólicas o sicotrópicas”, como ha dicho Juan José Rodinás, pero que en principio nos remite al apagón, al final del trayecto, cuando el poeta una vez que ha liberado su voz, actuando simultáneamente como testigo de cargo y de descargo de sí mismo, ha quedado descargado, ha agotado su ergon (es decir, aquella energía fruto del trabajo interior, hacia adentro, como lo entendían los griegos).

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            Tres son también los grandes temas que alcanzo a aislar o identificar en el corpus electro-acústico de Pop-up: la revisión crítica –antes que recuperación nostálgica– de la memoria familiar (particularmente de la madre y la infancia), la crítica de la poesía y del estatus del poeta –tal cual lo anotó ya Andrés Villalba en su comentario del libro–, y finalmente –y de un modo más soterrado u oblicuo–, el motivo de la muerte. Veamos brevemente cómo se acerca a estos temas.

Pero antes hay que que tener presente el tenor antilírico, antisentimental del conjunto, una tonalidad característica de las poesía transtextual en la que se inscribe la propuesta de Kelver Ax. Ese tono adquiere la cualidad de un contracanto, de una pseudo o contra-epopeya cuando se ocupa de su memoria, no en vano en algún texto invoca la figura de Calíope, que es precisamente la musa de la poesía épica. Escuchemos el texto inaugural:

 

                 a sus 5 años ? mi madre bautizó un ternero del abuelo

                 con mi nombre ? después de adornarlo con sus amigas ?

                 lo llevaron al parque ? a la escuela ? al estadio ? a la

                 iglesia ? todo porque presentía mi nacimiento ? me llamaría

                 kelver ? y golpearía la piedra para reconstruirla ?

 

                 mi padre ? también niño ? refutó por mi nombre ? así se

                 llaman los reptiles dijo ? llorando mi madre sacó de su

                 petaquita algunas fotos deterioradas donde sus ancestros

                 aparecían dispersos y distraídos ? todos como reptiles ?

 

                 mis padres decidieron que mi nombre sería noche es decir

                 kleber ? y no kelver porque el sentido de los padres

                 está en contradecir a sus hijos ?????????????

 

Como podemos ver en el génesis el libro lo que se narra con un tono irónico, socarrón es la genealogía del nombre, diríamos que en el principio del libro y de la vida del autor está el verbo, el logos, es decir, la palabra en cuanto “razonamiento”, “argumentación”, “habla” o “discurso”. De modo que mientras cuenta con ese gesto prosaico la accidentada historia de su nombre, el poeta está elaborando por debajo una reflexión sobre el lenguaje, sobre la arbitrariedad del signo lingüístico, sobre su capacidad para designar el mundo.

En otro momento retomará está asociación con los reptiles, está filiación familiar con el mundo de los batracios, con la imagen de la matriz asociada a lo cenagoso, al barro, al fango (difícil no pensar en “la madre-cloaca” de Sábato):

                 cuando era anfibio

                 vivía en un sarcófago

                 el cual por entonces era mi madre

                 quien a su vez vivía en un enorme pantano

                 que por entonces era su madre

 

Y en uno de los pasajes estelares del libro y de su historia familiar, dice:

 

                 nací el día en que cumplí 150 años de estar muerto

                 con todas las probabilidades

                 prácticamente agotadas

                 después que múltiples mujeres

                 se negaron a ser progenitoras

                 hasta que un día

                 cuando junto a la vacas pastaba

                 un coleóptero llamado sol

                 se posó en una flor dorada

                 que no era flor sino niña que no era niña sino un charco lleno de renacuajos

                 yo le dije si quería ser mi madre

 

                 claro por qué no

                 dijo el coleóptero mientras emprendía el vuelo

 

El poeta reescribe su biografía desde un devenir animal, desde un devenir insignificante. Estamos ante una actitud completamente desidealizada del origen donde el líquido amniótico se ha mutado en un charco turbio. Esta percepción desublimada del mundo es propia de las escrituras recientes, y tiene la función de soslayar el riesgo o la tentación de la sensiblería. Pues cómo volver a escribir sobre la madre, como refrendar el pacto edípico con quien constituye “el primer universo” –según reza la dedicatoria de este libro–, sino desde una suerte de rebajamiento o reconversión simbólica por las que la madre lejos de ser el objeto de una idolatría fofa adquiere la dimensión de un elemento vital en el concierto cósmico: un charco pero vivo, un microcosmos donde se gesta la existencia animal.

El otro tema recurrente en este libro, como dijimos ya, es de orden metapoético y entraña un cuestionamiento sobre el poeta como entidad hasta cierto punto sujeta a sospecha, motivo al que dedica algunos de sus más punzantes e inquietantes aforismos: “la palabra transita en bosques mientras son quemados”; “para qué escribir si el tachón supera al poema”; “a la poesía hay que matarla para evitar que muera”, y el más feliz y brillante de todos: “no llames a las cosas por su nombre/nunca vendrán”, una frase que instaura por sí sola un ars poética, pues comenta el papel de la poesía como un acto simultáneo de desnominación y de rebautización del mundo, exactamente lo que hace el poeta cuando decide llamarse “kelver” en contra del designio paterno ( que lo ha llamado “kleber”), restituyendo para así el nombre original, el nombre dado por la madre; dando a la madre la razón, la palabra.

Finalmente está el tema de la muerte que en Kelver aparece también desde el comienzo de los tiempos, desde la vida intrauterina, prenatal del poeta. Recordemos que “cuando era anfibio / vivía en un sarcófago”, y que nació cuando cumplía “150 años de estar muerto”. Pero su forma de nombrar la muerte es sobre todo metonímica, a través de dos vocablos semánticamente coligados que se repiten en varias ocasiones a lo largo del libro: “esqueleto”, y “huesos”, palabras actúan dentro del poema como el memento mori, como las calaveras en las vanitas o bodegones barrocos, donde funcionan como un recuerdo de nuestra condición efímera  y mortal.

 

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Kelver Ax
Crédito de la foto: http://poesiasub25.wp.pe/2015/02/10/top-20-de-los-libros-del-siglo-xxi/

 

                 Alz

                 lavaba su esqueleto en la corriente del río Enipeo

                 y lo tendía a secar sobre rocas

                 …

 

                 mi esqueleto camina en contra mío

                 mata y se alimenta de los caballos que domestico

                 …

 

                 Enterrar y desenterrar huesos

                 AHÍ LA HISTORIA COMPLETA DE LA HUMANIDAD

 

Al fin y al cabo para este poeta “escribir es algo así como morir”, y este ingrediente moral, esta meditación trascendente y metafísica, inusual entre sus compañeros de ruta y de generación, es uno de los elementos que da este libro una singularidad y un matiz especial en el contexto de la actual poesía ecuatoriana y latinoamericana. El otro es su rapport íntimo con un mundo remoto y ya casi en extinción que es el orbe rural –del que proceden algunos elementos claves de su imaginería. Pero cuidado: Kelver Ax revisita el pago, la geografía natal sin hacer neocostumbrismo: no escribe “a orillas del Zamora” (como reza el pasillo insignia de la lojanidad), sino desde los bordes del río Enipeo. Es decir confiere al río natal una dimensión mítica, universal.

Por último Kelver Ax, a diferencia de sus coetáneos que suelen extraviarse en la locuacidad y la palabrería, ha optado por formas expresivas más concisas y eficaces, como el aforismo y el epigrama, lo cual no solo da cuenta de su sabia sencillez sino de esa lúcida  desconfianza en el poder totalizador del lenguaje que está en el fondo de su poesía, y que ha acompañado a todos los grandes cultores de las formas breves y fragmentarias, llámense Heráclito, Sócrates, Meister Eckhart, Nietzsche, Wittgenstein, Cioran o ese entrañable aforista italo-argentino casi desconocido que fue Antonio Porchia, a quien Kelver nombra y tributa en uno de sus textos.

Que nadie se engañe por el título, Pop-up no es la elevación ni la apología de un mundo o una cultura popular precisamente, se erige más bien como una interrupción, como una perturbación en la interfaz de nuestra comunicación. Y ahí reside su pertinencia, su carácter de libro necesario.

 

 

 

            Cuenca, marzo, 2015

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