Por: Niels Hav

Traducción: Mario Pera

(basado en la traducción del danés al inglés por Per K. Brask)

Crédito de la foto: https://www.flickr.com/photos/dgaken/5827171189/

 

 

Parece que Dios ha escogido a unos pocos cientos o, a lo sumo, a un par de miles en cada nación para la compra de poemarios. La poesía es publicada en pequeños tirajes y, los estantes que se ocupan de ella, no ocupan mucho espacio en las librerías. Así sucede en Dinamarca y en la mayoría de países ―incluso en China, con una población de 1.4 billones, es extraño que un poemario se convierta en un bestseller.

Cuando viajas por el mundo y pasas el tiempo en los aeropuertos te confrontas, simplemente, con estos hechos, que son invariables. Siempre hay una librería en los aeropuertos pero, muy frecuentemente, los estantes no tienen nada de poesía, sea lo que sea. En el frente del mostrador hay novelas de misterio y bestsellers actuales con portadas llamativas. Más modestamente ubicados, puedes encontrar una sección de clásicos, ¡pero no poesía! Encuentro ello muy poco ambicioso, pues la poesía tiene dimensiones estéticas que no se pueden encontrar en la prosa. Evoca emociones de manera más directa y centrada en temas que son de importancia para todos.

Recientemente tuve que hacer un trasbordo de avión en Heathrow, y estuve en tránsito allí por unas cuantas horas. Fui a la librería y me enfrenté con un hecho sombrío: no había poesía. ¡Asombroso! El Reino Unido tiene una antigua cultura con una tradición que se enorgullece de su poesía. Los poetas británicos han escrito mucha de la más excepcional y emblemática poesía. ¿No sería lo apropiado para todas las librerías de ese país tener a Blake, Yeats, Pound, Auden, Eliot o Ted Hughes, Sylvia Plath y Seamus Heaney? Con el fin de encontrar una solución al misterio, me acerqué al joven y amable vendedor. “Disculpe”, respondió sin ninguna vergüenza, “la poesía no vende”.

Podrías recibir la misma respuesta en una librería de Copenhague, y somos muy conscientes de ello. Las fuerzas del mercado manejan la vida en nuestro planeta. Sin embargo, el problema es que si la poesía no se encuentra en una librería, nunca tendrá la oportunidad de demostrar su viabilidad. Si los lectores solo se alimentan de novelas de misterio o de bestsellers, nos volveremos más estúpidos, nuestros cerebros se marchitarán y nuestras almas perderán sus alas. Debería haber poesía en las estanterías de cada librería, ello como un sentido de orgullo profesional y de respeto por sí mismas.

Realmente, no creo que la situación actual entre los libreros muestre una fotografía real de la estima que sienten los lectores por la poesía. La poesía vive, lo hace bien y florece como nunca antes. Sigue sus propios canales para conectarse con los lectores. Los festivales y lecturas reúnen a muchos entusiastas que disfrutan escuchando poesía, quienes comprarían uno o dos poemarios al mismo tiempo. Y eso tiene sentido, porque la poesía se originó en la plaza de los mercados y en el bazar, es ahí en donde los poetas han recitado desde la antigüedad.

Entre los poetas daneses, Inger Christensen era única. Una gran artista y una insigne poeta. Cuando murió, hace pocos años, The Guardian la llamó “una de las más importantes poetas europeas del siglo XX”, y afirmó con el mismo aliento que “ella era danesa y es una desgracia para cualquier gran escritor estar limitado a una lengua con pocos lectores”. Puede que sea cierto, pero Inger Christensen cruzó la barrera del lenguaje con Alfabeto ―un poema largo lleno de asombro ante el mundo y la naturaleza, y profundamente consciente de nuestras amenazas a estos― y con Valle de las mariposas, un réquiem en la forma de un ciclo de sonetos de belleza arrolladora y con una profunda visión existencial.

Uno de los más importantes poetas daneses es Henrik Nordbrandt. En cada libro se reta a sí mismo y a la lengua danesa y, de una forma milagrosa, parece que se hace más juvenil y juguetón con el paso de los años.  Peter Poulsen y Thomas Boberg también deben contarse entre los más distinguidos poetas, tal como Pia Juul y su poesía amorosa llena de crueldad y magia.

Es como es: la poesía es el aliento necesario y el oxígeno del lenguaje. Hay varias razones para el optimismo y para sentirse bien por el estado de las cosas. La poesía no debe aparecer en la fachada de las librerías y, muy rara veces, llega a la cima de las listas de los bestsellers. En lugar de ello, la buena poesía tendrá una larga vida. Como los poetas chinos clásicos, Li Bai (701-762) anota en un fragmento:

“Los poemas perfectos

Son los únicos edificios

Que siempre están de pie”.

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Poetry in Copenhagen

 

It seems that God has chosen a few hundred, or at the very most a couple of thousand, in each nation for the buying of poetry collections. Poetry is published in small print runs and the shelves of poetry doesn’t take up much space at the bookstore. That’s how it is in Denmark and in most other countries – even in China with a population of 1.4 billion it is rare that a poetry collection becomes a bestseller.

When travelling the world and spending time in airports, you are plainly confronted with these unshakeable facts. There is always a bookstore in the airport, but too often the shelves hold no poetry whatsoever. At the front of the counter are mysteries and current bestsellers with flashy covers. More modestly placed you may find a section of classics, but no poetry! I find that rather unambitious – poetry has aesthetic dimensions you cannot find in prose. It evokes emotions in a more direct manner and focus on themes of importance for everyone.

Recently I had to change planes at Heathrow and was in transit there a few hours. I went into the bookstore and was presented with the gloomy fact: No poetry. Astonishing! The UK is an old national culture with proud traditions in poetry. British poets have written so much exceptional and emblematic poetry. Would it not be appropriate for every bookstore in the country to carry Blake, Yeats, Pound, Auden, Elliot or Ted Hughes, Sylvia Plath and Seamus Heaney? In order to find a solution to the mystery I approached the friendly young clerk. “Sorry,” he said without shame, “Poetry doesn’t sell.”

You could receive the same answer in a bookstore in Copenhagen. And we are very well aware of it; the market forces drive life on our planet. However, the problem is that if poetry isn’t to be found in a bookstore it will never get the chance to prove its viability. If readers are only fed mysteries and bestsellers we will all become more stupid, our brains will wither and our souls lose their wings. There ought to be poetry on the shelves of every bookstore with a sense of professional pride and self-respect.

I actually don’t think that the current situation among booksellers gives a true picture of the esteem of poetry among readers. Poetry lives, is doing well and flourishes like never before. It follows its own channels to connect with readers.  Festivals and readings gather many enthusiasts who enjoy listening to poetry and who may buy a book or two at the same time. And that makes sense because poetry originated in the market square and in the bazar, where poets have recited since antiquity.

Among Danish poets Inger Christensen was unique. A great performer and an eminent poet. When she died a few years ago The Guardian called her “one of the most significant European poets of the 20th Century” – and states in the same breath that “She was Danish, and it is a misfortune for any great writer to be confined to a language with few readers.” That may be true, but Inger Christensen crossed the language barrier with Alphabet – a long poem full of wonder at the world and nature, and keenly aware of our threats to them – and Butterfly Valley, a requiem in the form of a cycle of sonnets of overwhelming beauty and deep existential insight.

One of the most important Danish poets is Henrik Nordbrandt. In book upon book he challenges himself and the Danish language and in some miraculous way he almost seems to grow younger and more playful with the years. Peter Poulsen and Thomas Boberg should also be counted among distinguished Danish poets, like Pia Juul and her fairytale poetry full of cruelty and magic.

That’s how it is: poetry is the necessary breath and oxygen of language. There is every reason for optimism and to feel good about the state of things. Poetry may not be displayed at the front of the bookstore and it rarely reaches the top of the bestseller lists. Instead good poetry is long-lived. As the classical Chinese poets Li Bai (701 – 762) notes in a fragment:

Perfect poems

Are the only buildings

That always stay standing

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