Por: Cecilia Medo

 

Patti Smith, es un curiosísimo espécimen que logró por un breve lapso de tiempo, brillar en el firmamento punk y en el mundillo literario y bohemio de Nueva York -y otras latitudes- al mismo tiempo. Entender a esta poeta-compositora punk no es tarea fácil, pero sí apasionante.

 

 

Patti nació en 1946, en el seno de una familia bastante humilde y por ende, de bajos recursos económicos. Su padre era un obrero que amaba la lectura y su madre una empeñosa testigo de Jeová. Patti Y sus hermanos crecieron en un ambiente austero pero amoroso, llenos de los preceptos de la religión materna, asistiendo a la Escuela Bíblica los sábados por la mañana. Sin embargo, Patti había nacido para volar en otros cielos, bastante menos predecibles o convencionales.

Ser pobre empezó a ser un problema cuando, tras una infancia y adolescencia enfermizas, Patti queda embarazada a los 19 años. No tenía medios, su familia tampoco, así es que, valientemente, decide tener al niño y entregarlo en adopción. Tras este hecho biológica y emocionalmente cruento, Patti decide que no quiere seguir los pasos de otras chicas de su pueblo, que trabajan en una fábrica local por poco dinero y nada de expectativas. Reconoce en sí misma la necesidad de crear y se propone intentar lo que parece imposible: ir a Nueva York y convertirse en una poeta, como sus amados Rimbaud y Baudelaire, a quienes había conocido gracias a su padre, el obrero ratón de biblioteca.

Un caso rarísimo… Incluso en esos años, era muy inusual que una chica americana promedio se interesara en la literatura y –peor aún- en literatura europea. Pero Patti había nacido diferente y eso iba a jugar, a partir de ahora, muy a su favor.

 

Homeless

Desde que Patti arribó a esta legendaria megalópolis, supo que tendría que luchar por sobrevivir, en el sentido más riguroso del término. Y lo hizo. Luchó por un plato de lentejas y supo lo que era dormir en la calle, no en una vivienda precaria, sino en la propia calle.

Pero era joven y tozuda como pocos, así que terminó por encontrar pequeños trabajos y, eventualmente, algún sórdido techo que la reparara de la hostil urbe. Pero la mano de la providencia se hizo patente cuando de la forma más casual, el que iba a ser el gran fotógrafo Robert Mapplethorpe irrumpió en su vida, cuando era apenas un anónimo muchachito  desorientado.

Ella estaba tras el mostrador de una tienda y él llegó para comprar alguna baratija. Ese fue el primer flechazo.

¿Qué podría haberlos atraído con tal fuerza?

Ella era muy alta y escandalosamente flaca. Su rostro no era delicado, tenía facciones muy marcadas y bastante andróginas. Él era más delicado que ella, guapito, sensible, ambiguo. ¡Bingo! Eran absolutamente la una para el otro.

Se perdieron de vista pronto. Pero más pronto aún, se volverían a encontrar y esa vez sería la definitiva.

Efectivamente, la siguiente vez que el azar los puso frente a frente, se mudaron a vivir juntos esa misma noche y sin más trámites.

La presencia de Mapplethorpe en la vida de Smith es crucial. Es seguro que ninguno de ellos hubiera sido lo que fue  tiempo después si no se hubiesen conocido y amado tanto.

Ambos estaban en las antípodas de alcanzar sus sueños de jóvenes artistas en ciernes, es más, ninguno de ellos tenía claro qué quería realmente hacer. Este fue el inicio de un camino individual que se inició de a dos, y por supuesto, ninguno de ellos tenía cómo saber que sus nombres quedarían entrelazados –e inmortalizados- por siempre.

 

De paseo por el lado salvaje

Los primeros tiempos de esta inusual pareja fueron como suelen ser para la mayoría de humanos enamorados, felices e ingenuos.

Patti, endurecida por la lucha por la supervivencia diaria, seguía siendo una chica buena; Robert podía confiar plenamente en ella, que era transparente y fuerte, y maníacamente consecuente con sus principios, por estrafalarios que pudieran ser.

Robert, quien había huido de su pudiente y católica familia para no seguir los pasos de su padre, era algo más complejo que ella. Su ambigüedad sexual se fue acentuando con el paso del tiempo y, como Robert no era disciplinado, y no duraba en los trabajos de poca monta que Patti le ayudaba a conseguir, empezó a salir por las noches en busca del sustento y a retornar, para sorpresa de la Smith, bien cargado de dólares.

No hizo falta mucho tiempo para que le confesara que se prostituía con otros hombres. Patti pudo asimilar esto. Lo que le complicó -y mucho- su relación con Robert fue cuando este le contó que lo disfrutaba.

Pese a todo siguieron adelante. Así Patti vivió ese lado salvaje cantado por Lou Reed, de hecho Mapplethorpe parecía uno de los personajes de las canciones de este príncipe de las alcantarillas.

Sexo, drogas -que ella nunca quiso probar- y poco rock and roll; Jimi Hendrix, Janice Joplin y Jim Morrison morían y con ellos muchos sueños y utopías americanas. Patti y Robert se mecían en un Nueva York que brillaba en el auge de su decadencia, poblada de personajes de novela, como el mismísimo Warhol o William Burroughs y Allen Ginsberg. Todos brillaban, luminarias del mundo intelectual, músicos y prostitutas, cafichos, artistas, modelos y dealers, todos resplandecientes bajos la intensa luz del ocaso.

Parte de ese escenario era el famosísimo hotel Chelsea, donde bohemios, actores y escritores se refugiaban para, por lo general, continuar con algún largo y estrepitoso proceso autodestructivo –recordemos a Sid Vicious y Nancy Spungen y el asesinato de ésta en el Chelsea-, emparentado con el abuso del alcohol y drogas. Patti y Robert se mudaron aquí apenas sus magros bolsillos se los permitieron.

 

Arte y música en NY

Sobrellevando una relación amorosa que felizmente mutaba a una amistad incondicional, una hermandad, sobre todo debido a la ya abierta homosexualidad de Mapplethorpe, Patti y Robert fueron descubriendo sus pasiones y talentos artísticos: ambos adoraban  pasar horas dibujando, creando instalaciones, creando joyas con restos del basurero. Robert empezó a tomar fotos compulsivamente por entonces. Ella sería su modelo exclusiva durante sus tímidos inicios. La portada del primer disco de la Smith es una genial foto de Robert, ella con la camisa blanca y la chaqueta echada al hombro, una chica-chico.

 

La escena artístico cultural alternativa de New York estaba generando un interesante conglomerado de visionarios y psicópatas entre los que poetas, actores, músicos y toda clase de dementes empezaron a darle forma a algo que, por paradojas de la historia, recibiría el bautizo y partida de nacimiento poco después, en Londres, para más señas: sí, el movimiento punk.

Porque Patti Smith le debe su existencia como compositora, poeta y autora al punk y a Robert Mapplethorpe.

Estamos llegando al momento cumbre, Patti ya no es la mujer de Robert pero lo quiere desesperadamente y es su incondicional, ambos ya tienen otros amantes/amores. Ella se interesa por un cierto tipo de teatro e incluso participa en un montaje bastante experimenta, “Cowboy Mouth”, con Sam Shepard, con quien sostuvo una importante relación amorosa. El mundillo contracultural neoyorquino no podía creer que esta mujer que parecía un chico desgarbado no fuese lesbiana, alcohólica ni drogadicta. Robert le insistía: “Patti,debes cantar”. Recordemos que desde el CBGB, los Ramones ya estaban demostrando que cualquiera podía hacerlo, así que, tras formar el Patti Smith Group, Patti migró –temporalmente- desde su poesía hacia la música.

Tenía casi treinta años, era algo mayor para iniciarse en el showbiz rockero. Pero lo consiguió, sin buscarlo –quizás exactamente por eso-. Su disco de debut se tituló “Horses” (1975, producido nada menos que por John Cale) y es una pieza indispensable para todo melómano que se respete.

 

Sus presentaciones se volvieron legendarias. Patti entra en trances chamánicos al interpretar sus incendiarias composiciones. El punk estaba ya en el aire y el público estaba preparado para algo como esto, así que Patti gritó “Jesucristo murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”*.la alternativa perfecta al aplastante y anodino mundo de la disco music. Sin duda se trataba de una perfecta sucesión de aspectos favorables. Patti comenzó a saborear la fama, el éxito y la fortuna. Su carrera acababa de empezar y todo indicaba que lo mejor estaba por acontecer.

Durante un concierto en Estados Unidos, en 1977, la vida y carrera de Patti sufrieron –literalmente- un duro golpe: cayó al foso para la orquesta y se fracturó varias vértebras. Casi quedó quadrapléjica. Debió ponerle un alto a todo y luchar por volver a caminar. El receso fue prolongado. Regresó con Easter, en 1978, dos canciones se volvieron grandes éxitos: Because the night escrita a dúo ¡con Bruce Springsteen!). Un par de años más tarde se casó con Fred “Sonic” Smith, de MC5, la legendaria e incendiaria agrupación de Detroit. Patti jamás ocultó que le gustaba ser una buena chica, que siempre había mimado a sus amantes y creía que estaba muy bien que una mujer le lavara los calzoncillos a su hombre, así que este matrimonio la laejó por un buen tiempo de los estudios de grabación, Patti y Fred tuvieron dos hijos y tras un retorno a la música en 1988 con el single People have the power, tuvo que ver partir a Robert, ya convertido en un exitoso y reputadísimo fotógrafo – terriblemente controvertido por la temática abiertamente homoerótica de sus fotos- a causa del Sida; esto ocurrió en 1989.

Sin embargo no se desconectó del todo de la música ni del arte. Entregada al cuidado de su marido e hijos, siguió componiendo y presentándose aunque con grandes intervalos de tiempo.

Hacia 1994, la vida le tenía preparadas unas  muy desagradables sorpresas: muere su marido Fred, y poco después, su hermano y colaborador, Todd. Tras un período difícil, de luto y tristeza, insistentemente animada por amigos músicos, la Smith retorna a la música para quedarse. Hace tres años publicó sus memorias de su relación con Robert y sus años juntos, el libro se llama “Just Kids” y ha sido aclamado por la crítica. Su más reciente disco se titula “Banga” y, según la prensa especializada, es su mejor obra.

Pues sí, Patti Smith a sus 66 años está viva, trabajando y cantando, dibujando y escribiendo, cuidando de sus gatos y sus amorosos fantasmas, tomando fotos, viviendo en NY y luchando como puede en aquello en lo que cree; pero principalmente, Patti es el testimonio vivo de lo que fue Nueva York antes de Sex and the city, lo que fueron algunos de los genios de la cultura y arte estadounidense de fines del siglo XX, una guardiana de los sonidos, palabras e imágenes de otro tiempo, otro mundo.

Larga vida a Patti Smith.

 

 

 

*Esta es una afirmación típica de un Testigo de Jeová, quienes no aceptan la divinidad de Jesucristo.

 

POEMAS

SÉPTIMO CIELO

 

Oh Rafael. Ángel de la guarda. En el amor y en el crimen

todo gira en torno al siete. siete compartimentos

en el corazón. las siete elaboradas tentaciones.

siete demonios modelados a partir de María Magdalena puta

de Cristo. Los siete viajes maravillosos de Simbad

pecado / malo. Y el número siete marcado para siempre en

la frente de Caín. El primer hombre tocado por la gracia divina.

El padre del deseo y del asesinato. Pero no fue el suyo

el primer éxtasis. Tengamos en cuenta a su madre.

 

De Eva fue el crimen de la curiosidad. Como dice el

refrán: mató al gato. La manzana podrida que echó a perder

el resto. Pero seguro que no era una manzana. La

manzana parece un culo. Es fruta de maricas.

Debió de haber sido un tomate.

O mejor aún. Un mango.

Lo mordió. ¿Debemos culparla? ¿Insultarla?

dulce perra desgraciada. quizá la historia vaya más allá.

imaginemos a Satán como a un semental.

tal vez ella tuviera las piernas abiertas

satán se mete entre ellas como una serpiente.

se abren más

se sube por los muslos

se frota contra el clítoris un rato

algo más que el árbol de la sabiduría estaba a punto

de ser engullido. ella se sacude el primer escalofrío

jardín del placer del placer

¿se arrepintió?

¿somos niñas alguna vez?

el sexo ¿estuvo bien?

sólo dios lo sabe.

 

 

 

DIGNO EL CORDERO SACRIFICADO PARA NOSOTROS

 

Al borde de un prado entre un desorden de piedras,

oscurecida por la hierba crecida y el amaranto,

hendida y dibujada la huella del horror.

Tenía un bello nombre: libertad.

Bonita chuletilla. No comerciable, suave el

balido de vida nueva.

 

Él amaba su boca, sus pequeños pies rodeados de pliegues.

Mientras escuchaba cómo gritaba, lo cogió por el tallo

de la garganta con sus gruesos brazos brillantes de rocío.

Y él, alma serena, de anchas espaldas

y ojos como los de Blake, lamentó quién te crió, quién te mimó

sobre prados y flores, mientras los descuartizaba.

 

El establo ardía como un infierno indiferente,

envolviendo a las pequeñas doncellas con sus rizados mantos.

El campo y el pellejo yacían vacíos como el corazón.

Llamó a su dios jadeando,

abandonamos las granjas que habíamos sacrificado,

cortamos el cordón, incineramos a nuestros pequeños.

 

Lo hicimos por amor lo hicimos por el hombre,

el espino y el cuco,

los senderos de Cumbria.

Lo hicimos por un bello nombre.

libertad, bée, bée, bée.

nada por lo que jugarse el cuello.

 

 

 

DESIERTO

 

¿Los animales emiten un chillido humano

cuando su amado se tambalea

abatido como un pájaro arrastrado

por la corriente de un río veteado de azul?

 

¿La hembra solloza

imitando el sufrimiento del lobo?

¿Los lirios gritan a los cuatro vientos cuando al cachorro

lo despellejan para cuero y madejas?

 

¿Los animales gritan como los humanos

como yo cuando te perdí

aullé desfallecí

me enrollé como un ovillo?

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