Por Samir Delgado*

Crédito de la fotografía Jon Kessler,

The last birdrunner, 1994, revista Parkett, n° 79.

 

 

 

Parkett, 7 tesis para una poética tardía

sobre el objeto artístico

 

 

Este ensayo está inspirado en la prestigiosa colección internacional de arte contemporáneo de la revista suiza Parkett (1984-2017)

 

 

I

 

El valor de la huella en el símbolo. Lo único repetible hace de la obra de arte un trasmundo solicitante: la mirada sobre el objeto como un acercamiento vital. El entorno prolongado del objeto de arte que se mira como inútil en su devenir cotidiano nutre los cauces reales y posibles de un auratismo poliético trascendental. Como dijo Walter Benjamin la cotización de la experiencia se ha derrumbado.

 

 

 

II

                                                       

La relación artística con el mundo es una ceremonia virtual entre el tiempo de lo mirado y el sentido de ese otro espacio para quien mira. La obra contemplada es una síntesis poetizable cuyo destino único es la producción social de demanda sensible. Lo mirado aparece bajo el estímulo de un marco visual que libera potencialidades para una subjetividad de hoy asfixiada entre los obstáculos de la hipertrofia generalizada por la repetición espectacular del mundo.

No estaba lejos Régis Debray al afirmar que el futuro del bosque preocupa y el de los cuadros también. Cada obra es aquello realizado: núcleos, lindes y diagramas que entre sí focalizan un estado floreciente de lo real. El pospaisaje queda ubicado más allá de lo normativo real que ha subyugado los otros mundos emergentes.

La posibilidad de consumación entre el objeto mirado y su escritura poética instaura nuevas graduaciones de sensibilidad: el poder-ser de la interlocución creativa para la edificación crítica de todo aquello inédito viable.

 

 

 

III

 

La imagen como una necesidad total. La cofundación de lo real multiforme para una historia constituyente del estarse (verse-ver) ante el objeto artístico creado. La evocatividad de toda representación amplifica los márgenes de vivencia y la presencia objetual contemplada posibilita nuevas sinergias de creatividad y juegos de interrelación abiertos hacia lo sagrado.

Un mercado de lo bello transfronterizo: la mirada y el objeto artístico conjugan a la par su condición de existencia mediante intervalos temporales de inmanencia estética socialmente devenida: su magia es una misma luz en el infinito de posibles. Siguiendo de cerca a George Didi-Huberman, en cualquier orden de la planetización de la imagen sólo de nosotros depende la supervivencia de las luciérnagas.

 

 

 

IV

                         

El viaje como dilema de la mirada. Su recorrido previo para la conformación del mundo antes de lo por mirar.

El antes y un después interconectado resuelve a posteriori el máximo común denominador del objeto artístico cuya trayectoria es liberadora de un espacio genuino para lo visible. La mirada genera una variada intensidad de tormentas electródicas, las visitas oculares a la obra de arte implantan una duración consagrante del yo a los transcursos visuales, a las derivas suspensivas, a las otras detenciones del ojo que demarcan una equidistancia temporalizada respecto a lo mercantil hiperturístico dominante.

La interiorización plural del mundo recreado fuera de las coordenadas consumistas de la pantalla global amplifica las constantes biocéntricas de toda operación subjetivadora del mirar a la vida. El coleccionismo íntimo de arte instituye nuevos valores históricos al imaginario de lo poetizable.

 

 

 

V

 

Paul Klee afirmaba que la génesis como movimiento formal es lo esencial en la obra de arte. De tal modo el objeto como movimiento-otro en la realidad configura los estadios de la creación democratizadora del estar. Todavía hoy bajo la hecatombe del simulacro la aportación del artista es donación pura hacia lo desconocido.

La invisibilidad del receptor, sin rostro y sin biografía, desparticularizado de sí, expone cada obra de arte a su única infinitud posible: una humanidad deseable. La preciación monetaria siempre escinde su materialidad mejor.

Una historia de idas y vueltas del mundo hacia su conciencia global transparenta unas coordenadas visibles por medio de la objetualidad artística y sus terminaciones poliéticas permeadas a través del choque, trasvase y conflicto de poder.

Las autorías visitantes incrementan los niveles de concurrencia simbólica, las influencias constructivas y los cuestionamientos introspectivos para cada tipo de EXIT personal: la escritura poemática de lo mirado vuelca sobre el objeto una densificación retroalimentaria que alcanza a conciliar el potencial plenario mutuo.

Cada obra de arte encontrada en la memoria de un lugar visto establece una sugestividad ideal de otros imposibles tangibles: la eclessía del museo.

 

 

 

VI

 

La inercia móvil del punto sobre lo mirado. Virtualidad circular, dialéctica, óptico-céntrica de la gramática de lo real expuesto. La obra de arte aparece ante el ojo bajo pátinas de solemnidad relativa, una vía accesible para el alejamiento continuo de las miserias uniformes del tardocapitalismo.

Círculos, energías, líneas de cruce en la rotación esencial del encuadre cero de toda mirada en su origen. El tiempo de vida de la pertenencia artística del objeto sucede desde lo mirable: las interdependencias democráticas, las dicotomías retinales, las bifurcaciones manifestantes de lo bello puesto en liza. El centro ascendente de la mirada se asemeja a un welcome process, la intuición de los sentidos de la luz hacia su emancipación.

Estenopos: la posibilidad de un nuevo iluminismo postdigital.

 

 

 

VII

 

Las nocturnidades constitutivas del objeto artístico ofrecen una entrevisión creativa a deshoras: desde el boceto original en los estados primarios hasta su viaje oculto en la caja contenedora de la obra de arte final. Su exposición permanente habilita una seducción de lo múltiple para la otra fiesta ocular bajo el régimen dictatorial del píxel.

Perdurabilidad lunar. La mirada entroniza su objetivo bajo la estela dinámica de fases sucesivas y aleatorias. Cada momento de vida compartida entre quien mira y lo mirado es una duración extemporánea de sujetos participados en el anochecer de lo bello oculto.  Un acontecer selenográfico sobre la dialéctica de la obra ―el poema y su objeto― transfiere luz debeladora sobre la penumbra de la vida extrovertida al vacío.

 

2015-2019

 

 

 

 

 

*(Las Palmas de Gran Canaria-España, 1978). Escritor y poeta. Reside en Durango (México). Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna (España) y Magíster de Investigación en Prácticas Artísticas y Visuales por la Universidad de Castilla-La Mancha (España). Se desempeña como gestor cultural de festivales internacionales y como profesor en el Instituto Autónomo de Artes Modernas (INAAM) de Durango (México), así como Coordinador del Aula de Literatura de la Universidad Juárez (México). Fue becario de las Colecciones y Archivos de Arte Contemporáneo de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca (España). Fue, además, codirector de la revista La salamandra ebria (2010-2012). En la actualidad, gestiona el blog Purpuraria. Ha recibido el XXIV Premio de Poesía Emeterio Gutiérrez Albelo (2010), el XV Premio Internacional de Poesía Luis Feria de la Universidad de La Laguna (2014), el IV Premio Umbral de Poesía de Valladolid, Bicentenario José Zorrilla (2017), entre otros. Ha publicado en ensayo De Guajara a Tafira. Travesías del movimiento estudiantil canario (2005) y Una casa mal amueblada (2010); y en poesía Última postal desde Canarias (2006), Poema global de la ciudad turística (2007), Un libro contra el fuego (2009), Tratado del Carnaval en Niza (2011), Cuando Venecia y el mar (2014), entre otros.

 

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