(PARÉN)TESIS. «Paren: 20 cazas de Casas»

 

 

Por: Pablo Brescia

Crédito de la foto: Izq. http://www.cuspide.com/9789500435710/

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Der. http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/

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Sobre el libro: La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún. Buenos Aires: Emecé, 2013.

 
 
1. Fabián Casas publicó su segundo libro de ensayos, La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, el año pasado. El primero había sido Ensayos bonsái del 2007.

2. Como en el libro del 2007, La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún es una miscelánea, es decir, en apariencia no hay integración en los textos que lo componen salvo las tapas del libro que los contienen.

3. Eso es lo que quiere decir tuntún, ¿no?: al voleo, digamos.

4. No le creamos al autor o a la editorial. Uno cuando lee busca la unidad, inclusive en la diversidad. Hay en estos ensayos ciertas marcas que hablan de un “estilo” Casas, mal que le pese a él. O quizá no le pese.

5. Por un lado, la voz. Es una voz natural, que habla desde un yo informal, sin rigideces, que se permite tocar en apariencia una multitud de temas (diríamos, antaño, que mezcla la cultura “baja” con la “alta”), que le dice al lector: eres como yo, o casi. Por eso, “Un día en la cancha” comienza con una referencia al grupo de rock Queen. Un ensayo sobre uno de los próceres musicales argentinos, Luis Alberto Spinetta, inicia: “Tomá, Luis, mañana es navidad” (29). O quedémonos con el artículo sobre su perra, “Lovely Rita”, que empieza así: “Todos los problemas surgen cuando uno tiene que abandonar su habitación, escribió Pascal” (105).

6. Por otro lado, los temas. Las piezas de La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, breves y potentes casi todas, testimonian las obsesiones de Casas: el fútbol, el karate, tal vez el boxeo; la música, principalmente el rock; el cine; la familia; la política; la literatura, en sus variadas formas, que en este libro se llaman Naipaul, Coetzee, Borges, Tolstoi, Zambra, Salvador Benesdra, Lem, Bradbury.

7. Y así, se forma el estilo Casas.

8. En “La supremacía Tolstoi”, por ejemplo, uno de los textos más largos del libro, el escritor argentino discute las ideas de Adorno sobre la música (extrapolables a la literatura), y dice: “argumentaba que un director de orquesta no podía repetir la obra como había sido ejecutada en el momento de su creación. En cambio, proponía, el director de orquesta debía mediar entre pasado y presente, transformando la obra con su propia obra interna. Es decir que para ser fiel a su material, para extraerle el significado, paradójicamente, el director debe transformar ese material alterando su tiempo, su articulación y su expresión. Adorno, parece, estaba hablando de hacer un cover” (180).

9. En ese giro, ese desliz entre el desarrollo extenso de una idea —que termina con la palabra “expresión”— y el comienzo de un registro diferente, que sobresalta lo anterior, que lo dinamita para construir otra cosa, en otro plano —el comienzo de la oración “Adorno”— Casas se juega la vida, metafóricamente hablando.

10. Y, metafóricamente, también preguntémonos si no podría verse la frase anterior como una teoría sobre la producción y la recepción del texto literario.

 

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E poeta, narrador y ensayista argentino Fabián Casas
Crédito de la foto: http://www.larazon.com.ar/show/Facebook-peores-inventos-existen_0_213000041.html

 

11. Hay que decir que la edición no está todo lo cuidada que debería. Hay algunos fallos, varias repeticiones. No hay pulido. Esto, desde el punto de vista que venimos manejando, podría ir a tono con la idea de “naturalidad” del estilo. Pero por otro lado puede verse como resultado tal vez de alguna premura, de juntar los artículos y ponerles tapas. Me inclino por la segunda alternativa.

12. Así escribe Casas sobre fútbol: “Parecíamos un dibujito de Escher, cada cuerpo era la continuidad del otro” (13). Esa crónica es de las mejores cosas que le he leído a un escritor sobre este deporte. Así escribe sobre literatura: “Naipaul es de derecha, como la naturaleza: los débiles deben morir para que surjan los más fuertes y la especie se mantenga sana” (25). Este es un gran ensayo sobre las biografías.

13. Así escribe Casas sobre su fascinación por el karate, mezclando vida y obra: “Yo fui a karate para que mi mente no se me escape, para no estar pensando constantemente en una larga vida y terminar en la ignominia, para parar el diálogo, la máquina de pensar en Gladys y para lograr ser humilde, aprender un nuevo idioma, empobrecerme y habituarme a estar en estado de eterno principiante” (66-67). Así escribe sobre la familia: “En la vida nos tocan seres oscuros y luminosos, aprendemos de los dos” (75). En estos dos ensayos, nuevamente se busca una empatía con el lector, pero sobre todo se articula una poética personal que no rehúye la idea de homologar vida y literatura como actividades donde la ética está en primer lugar; para Casas, la noción del maestro y del aprendizaje (karate-familia-literatura) es fundamental y se resume en una máxima de cabecera del Sensei Funakoshi: “Idee en todo momento, idee siempre” (68).

14. Como toda miscelánea, hay cosas prescindibles: “La venganza de Palito” e “Hijo de Dios” prueban a ser graciosos, pero no salen muy bien que digamos.

15. Así escribe Casas sobre música: “Marcus y Reynolds son periodistas que empezaron reseñando discos de rock y a través de lecturas cruzadas se ‘desespecializaron’: Derrida, Barthes, Deleuze, Kristeva, Benjamin hacen mosh con Johnny Rotten, el postpunk, los Beatles, la cultura rave o Bob Dylan” (152). Le gustan los cruces y ve todo horizontal.

16. Casas vuelve una y otra vez a la obra de Salvador Benesdra, un “personaje literario” como pocos: hablaba siete idiomas, era nadador y bailarín de salsa, y tuvo graves brotes de psicosis, entre otros, la pesadilla de una invasión extraterrestre que pretendía robarse el Obelisco de Buenos Aires (¿un nuevo Eternauta?). Se mató tirándose de un décimo piso. Casas no se aprovecha de estas circunstancias: sólo habla de sus novelas, El traductor y El camino total como textos valientes, transformadores. Aquí, nuevamente está el enlace entre la poética-ética, el karate, Benesdra: “Como todos los grandes escritores, Salvador Benesdra escribía en contra de su habilidad” (161-162).

17. Así escribe Casas sobre la política. Dice a propósito de la apropiación de una agrupación política de la conocida figura del cómic argentino El Eternauta, insertando al ex presidente Néstor Kichner en el reconocido traje espacial del personaje: “El kirchnerismo vacía de contenido todo, es una épica de juguete para una época oscura” (172-173).

18. A Casas le importa la vida. Y la literatura, Por eso, cuando lee a Tolstoi dice que las preguntas que se hacen los personajes de Ana Karenina siguen vigentes: ¿Para qué seguir si la muerte se lo lleva todo? ¿Hay algo trascendente? ¿Controlar o alimentar los apetitos?

19. Me parece que hay que empezar a relevar a los escritores nacidos en los sesenta que han pensado su época, sus trabajos y sus días. Han ensayado.

20. Por eso. Paremos, paren: lean, leamos a Casas. Leamos las cazas de Casas.

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