Nota introductoria por Leopoldo Castilla*

Poemas por Claudio Archubi**

Crédito de la foto (izq.) Valparaiso Ed./

(der.) el autor

 

 

Palabras para Arca rota jardín de nadie (2018),

de Claudio Archubi

 

 

Estamos ante un libro originalísimo en su propuesta, incesante en sus finísimas percepciones.

Los poemas se estructuran a partir del diálogo de dos personajes. El coloquio opera con una sucesión de flashes, claros pero extraños, donde late una instantánea eternidad. Cada texto de este libro es una suerte de caja negra en la que el futuro y el presente se perpetúan simultáneamente. A veces pareciera representar la conversación de un hombre con su imagen reflejada en un espejo, otras, de alguien que habla con su invisible.

Tocando un teclado, donde vibran simultáneas una alta poesía y una reveladora metafísica, varía y desvaría el mundo con estas pequeñas cataratas de voltajes.

¿Poesía y teatro? O la poesía del teatro.  O todo un mundo como teatro de la poesía. El caso es que este libro impar en cada verso abre una ventana desde donde atisbar los subrepticios universos que laten, imperceptibles, entre nosotros.

Con un bisturí profundo y maravillado, Claudio Archubi extrae las luces de esa materia oscura.

 

claarcu

 

Muestra de poemas de Arca rota jardín de nadie (2018),

de Claudio Archubi

 

 

(Se levanta el telón del mundo. Las palabras eran las manos que aún no se erguían de su juguete roto, acariciándolo como a un trozo de hielo.)

 

 

 

(Esposo y esposa)

 

–Había –dijo él.

–Había –dijo ella.

–Lo vi escribir sobre nosotros –dijo él.

–Lo vi escribir sobre los otros –dijo ella.

–El yo es un árbol –dijo él.

–El yo es un árbol –dijo ella.

–Y nosotros sus hojas –dijo él.

–Y nosotros sus raíces –dijo ella.

–El árbol es de papel –dijo él.

–El charco es un espejo –dijo ella.

–Había un jardín y un árbol, frente a un espejo –dijo él.

–Nos miramos en el espejo –dijo ella.

–Pero sólo vimos su rostro –dijo él.

–Se miró en el espejo –dijo ella.

–Y sólo vio nuestros rostros –dijo él.

–Un árbol frente a un espejo –dijo ella–, un espejo del futuro.

–Y nosotros sus raíces –dijo él.

–Y nosotros sus hojas –dijo ella–, en el jardín vacío.

 

 

 

(Niño y niña)

 

–Hemos creado un muñeco de barro.

–Lo hemos escuchado hacer silencio.

–Pusimos palabras en su oído:

–Semillas, fósforos, frío, ceniza.

–Lo acariciamos al viento.

–Él puso en nosotros silencio.

–Bailamos a su alrededor.

–Él no supo más que hacer silencio.

–Le mostramos el cielo.

–Le mostramos la tierra.

–Le mostramos el día y la noche.

–Él nos dio sólo silencio.

–¿Qué otra cosa tienes?, le preguntamos.

–Día y noche esperamos la respuesta.

–Estamos cansados de jugar contigo.

–Estamos cansados, ¿qué otra cosa tienes?

–Lo abandonamos al viento.

–Lo dejamos en la lluvia.

–Lo abrazamos por última vez.

–Semillas, fósforos, frío, ceniza –repetimos.

–Él se deshizo en silencio

–y el silencio se deshizo en él

–para crecer con nosotros

–como crecen las respuestas, como crece la espera.

 

 

 

(Padre e hijo)

 

–He visto a mi caracol trepar por la pared blanca.

–El cuerpo es la pared blanca.

–Lo he visto subir insistente durante todo un día.

–El tiempo es la pared blanca.

–Quemado por el sol ascendía a ninguna parte.

–El amor es la pared blanca.

–Escuchaba el mar iba a ninguna parte.

–El sentido es la pared blanca.

–¿La pared es un espejo?

–Te separa del futuro.

–La cruza el mar, la cruza el viento, la cruzan el día y la noche.

–Rumoroso es el futuro.

–Durante tanto tiempo lo cuidé en la oscuridad: debía descender.

–Debía subir, siempre.

 

El poeta Claudio Archubi

El poeta Claudio Archubi

 

(Madre e hija)

 

–Dame esa flor.

–Si me enseñas su nombre.

–Si te miras en ella.

–¿En cada pétalo?

–En cada espina.

 

–¿Cuando el jardín sea mío?

–Cuando el agua la rodee.

–¿Cuando ya no estés?

–Cuando el agua la alimente: será tu espejo.

–¿Un espejo del futuro?

 

–Mira cómo crece.

–¿En el jardín vacío?

–Porque sopla el viento.

–Está sola y crece.

–Día y noche sopla el viento.

–¿En cada pétalo?

–En cada espina.

 

–¿Está mi jardín vacío?

–Has arrancado la flor.

–Quería arrancar la espina.

–La espina era la flor.

–¿Dónde está ahora la espina?

–Florece sobre nosotras.

–Porque sopla el viento.

 

 

 

(Anciano y anciana)

 

–Tenías

–Temía.

–pocas cosas en la mano, pocas cosas.

–Semillas, fósforos, frío, ceniza.

–Este árbol cabía en tu mano, crecía en tu mano, daba sombra.

–Era tu mano creciendo en la mía a la espera del invierno.

–Crecí sola en ella como una costumbre una planta al viento.

–Pronunciaste la palabra casa y fuiste casa.

–Pronuncié la palabra espera y fui ceniza.

–¿Escuchas?

–Escucho.

–Otras manos crecen en nosotros.

–Iguales de viejas y cansadas.

–Mecen nuestros cuerpos hasta gastarlos.

–Ocultas como niños tristes.

–Mecen nuestros pensamientos hasta borrarlos.

–Son pacientes y logran lo que quieren.

 

 

 

(Padre e hija)

 

–Has acunado a tu muñeca toda la noche.

–Temía el muro.

–¿Por qué la tiraste?

–Vi el muro en ella cuando cerraste los ojos.

–El muro está por todas partes.

–Me has acunado en la silla toda la noche.

–Para protegerte del muro.

–¿Adónde vamos?

–Nos guía el muro.

–¿Y tu mano?

–Toca el muro como la tuya.

–¿Podemos escribir nuestros nombres?

–Ya están escritos.

–¿Qué hay más allá del muro?

–Tú y yo.

–Todo se pierde por culpa del muro.

–No si apoyas el oído en él.

–¿Y cómo se llama el muro?

–Se llama Padre, se llama Tiempo, se llama Historia.

–Me susurra un nombre para mi muñeca rota.

–¿Te dice dónde está?

–En todas partes.

–¿Y cómo se llama tu muñeca rota?

–Se llama: Muro. Y está llena de tristeza.

 

 

 

(Madre e hijo)

 

–En un jardín olvidado había una flor.

–Sólo pude ver una sombra.

–Una flor olvidada bajo un cielo olvidado.

–¿La sombra era olvido?

–La sombra era el mundo: ahí crecía la flor.

–¿La sombra una flor?

–La sombra era el lecho: ahí yacía el rumor.

–¿Sombra de piedra de tierra de agua?

–Sombra de cielo de noche sombra de flor.

–¿De miedo de dolor?

–La memoria era la flor.

–¿De cara al cielo?

–De tallo en tierra (me acosté para escuchar).

–¿Así te habló?

–Así naciste.

–¿Del miedo del dolor?

–Del rumor de la sombra de la flor de la espina del amor.

–Oigo en la tierra en la noche el giro de los años.

–Es tu padre es el viento es la niebla es la flor.

–¿Y la tierra? ¿Y la sombra?

–La tierra–sombra: soy yo.

 

 

(Amanece: una mano ha creado la luz, otra el silencio. Una mano sostiene la llama, otra la pared. Quieren abrirse a la mañana, pero dan vida a la sombra. Una mano atrapa el sol, otra muestra que es de plástico. No hay sombras bajo un sol de plástico. Una mano crea las sombras, otra las distancias del mediodía.

Cuán cortas las distancias, pero cuán pronto atardece: una mano crea la quietud, otra la línea de la espera.)

 

 

 

 

 

*(Salta-Argentina, 1947). Poeta, narrador y ensayista. Obtuvo el Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires 1998-1999 y el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes del año 2000. Ha publicado en poesía El espejo de fuego (1968), La lámpara en la lluvia (1971), Generación terrestre (1974), Versión de la materia (1982), Campo de prueba (1985), Teorema natural (1991, 2008), Baniano (1995), Nunca (2001), Libro de Egipto (2002), Bambú (2004) y El Amanecido (2005, 2007); en narrativa: Odilón (1975), La luz naranja (1984), Diario en la Perestroika (1990), El árbol de la copla (1999), La canción del Ausente (2006); y en ensayo Nueva poesía argentina (1987) y Poesía argentina actual (1988), entre otros.
 

 

**(Mar del Plata-Argentina, 1971). Poeta, narrador y doctor en Física. En la actualidad trabaja en el IAFE (Instituto de Astronomía y Física del Espacio) y es docente de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es columnista de poesía en el programa Moebius de la FM: www.arinfo.com.ar. Obtuvo una mención única de honor en el concurso de poesía de la editorial Ruinas Circulares (2012) y menciones en cuento y poesía (2014). Ha publicado en narrativa La forma del agua (2010); en poesía Siete maneras de decir tristeza (2011), Sísifo en el Norte (2012), La casa sin sombra (2014, publicado en la antología bilingüe Literatura experimental: África vs Latinoamérica. Vol. 1), La ciudad vacía (2015), La Máquina de las alegorías (2016) y Arca rota jardín de nadie (2018); y en ensayo Del caos a la intensidad: vigencia del poema en prosa en Sudamérica (2017).
e-mail: archubi yahoo.com.ar
web: www.carchubi.wix.com/claudio-archubi

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