Por Robin Myers*

Crédito de la foto (izq.) Marcelo Di Rienzo /

(der.) Ed. Caleta Olivia

 

 

Notas sobre Hoy llueve en el mundo (2019),

por Robin Myers

 

 

El clima complica la empatía. Rodeados de un paisaje nevado, nos cuesta trabajo recordar qué se sentía al estar sumergidos en cosas verdes, en el calor del sol. Sintiendo el alivio visceral de la primavera, con su promesa de ligereza y conexión, ¿cómo identificarnos plenamente con algún otro que está en otro lado, batallando todavía para salir de la cama en la mañana y enfrentar una vez más el reto del frío?

El clima es distancia, y la distancia, entre otros temas, es lo que explora Paula Giglio** en Hoy llueve en el mundo. En la primera parte, “Correspondencia”, conocemos a una “ella” y a un “él”: ella en Buenos Aires, él en París. Entre ellos hay algo de historia compartida, hay un vínculo que buscan sostener desde dos continentes distintos. Hay teléfonos, cartas: herramientas que se usan para decir algo, pero nunca todo. Hay distancia, claro está. Se cuentan cosas. Él más: le cuenta a ella de lo que ve y piensa y bebe, de sus ambiciones y revisiones (“Vine porque si triunfaba en París/ habría triunfado en el mundo./ Luego, fui aprendiendo/ que yo también importo”), de sus reflexiones con respecto a lo que los une y lo que no. Ella se muestra más cautelosa, o se permite más silencio. Deja que la separación geográfica y emocional se registre en ella, se deja sentir tanto añoranza como rencor. “Definitivamente, esta ciudad/ no es para cualquiera”, le dice él por teléfono: “Vos no sos para cualquiera”, responde ella.

 

La poeta Paula Giglio

 

En “Bitácora”, la segunda parte del libro, ella viaja a París, hacia él, a vivir la distancia más de cerca, o al menos de otra manera. Y a buscar en esa nueva ciudad tanto a la persona que había añorado como las huellas de la casa que dejó para poder perderse, aunque fugazmente, en otro clima.

Los poemas de Giglio son delgados desdoblamientos sobre la página. En “Correspondencia,” sentí el cuidadoso despliegue de la supuesta conversación entre ella y él un espaciado diálogo que abarca también la conversación interna que transcurre en ella— como una especie de cable finísimo que se va abriendo hacia el vacío, o hacia el otro, que a veces es lo mismo. La delicadeza visual de los poemas, además de su frugalidad léxica, contienen e incluso podrían esconder, si el lector no se detuviera realmente a escuchar una notable complejidad imagística y emocional. Veamos los primerísimos versos, por ejemplo, y la gran elocuencia visual que aportan a un libro que tanto tiene que ver con las atmósferas desconocidas, los ambientes distantes, el esfuerzo deseante que ejerce la imaginación:

Se disipa la neblina

que cubre el colador

y aparece el arroz

en su blanca insistencia.

Antes de comer

pienso en los dedos

que han juntado aquellos granos.

Pienso en vos. Aquel verano.

 

 

Ahí está la intimidad de la cena, la vastedad del entramado humano que la produjo, el invierno evocado, el verano recordado, un yo, un vos, un mundo entero.

Hoy llueve en el mundo no se trata tanto de si esta distancia particular entre estos dos cuerpos, estas dos mentes y voces, se puede cerrar o no; si se logra fijar algo en el tiempo y el espacio para que sea duradero o aspire a serlo. Al contrario, todo tiene que ver con el tiempo y el espacio mismos. Con cómo conocemos irremediablemente un lugar a través de las personas con las que lo habitamos, y cómo conocemos a las personas a través de lo que imaginamos que habitan sin nosotros. Son poemas con conciencia y dignidad, con un lente preciso, con una capacidad admirable de quedarse en lo irresuelto y defenderlo. Incluso llegan a ser sinceramente graciosos (“Me emborraché y vomité/ por lo menos/ en cuatro países postsoviéticos” me hizo reír en voz alta), cosa que se agradece; ojalá pasara eso más seguido en la poesía. Son poemas de días fríos que laten con su propio calor. Y en ese sentido sí atraviesan una distancia: la concilian.

 

 

 

 

 

*(Nueva York-EE. UU., 1987). Poeta y traductora. Licenciada en Letras inglesas por el Swarthmore College (EE.UU.) A la par, estudió la poesía de América Latina y su traducción en Buenos Aires (Argentina). Reside en México D.F. Fue nombrada Fellow of the American Literary Translators Association (ALTA, 2009). En el ámbito de la traducción, ha traducido la obra de Gonzalo Rojas y Luis Cernuda. Ha publicado en poesía Lo demás (2016), Amalgama (2016) y Tener (2019).

 

 

**(Córdoba-Argentina,1988). Poeta y licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Reside en Buenos Aires. Obtuvo el I Premio Centrifugados de Poesía Joven (España, 2018). Ha participado en el XII Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires (Argentina, 2017) y el XXXIII Festival Internacional de la Poésie de Trois- Rivières (Canadá). Ha publicado en poesía Ella, naturaleza (2012), En el cuerpo (2016), Un lugar para mis piernas largas (2018), La risa loca de los ángeles (Liliputienses, 2018) y Hoy llueve en el mundo (2019).

 

 

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