En el marco del III Festival Internacional de Poesía de Lima, que organiza la Nido de cuervos y que se llevará a cabo en la capital peruana entre el 13 y 16 de abril próximo, Vallejo & Co. presenta un conjunto de entrevistas con algunos de los poetas participantes con la intención de conocerlos más a estos y a su obra. ¡Bienvenido III FipLima! ¡Bienvenida la poesía!

 

 

Por: Mario Pera

Crédito de la foto: Soledad Fariña/

Tiahuanaco

 

 

«No veo ninguna diferencia de principio entre ‘escribir’ y ‘traducir’».

Entrevista a Andrés Ajens*

 

 

Mario Pera [MP]: Andrés, ¿cómo te vinculas con la poesía y cómo empiezas a escribirla? ¿Hubo alguna lectura o autor que te deslumbró y que te dirigió hacia este género literario?

Andrés Ajens [AA]: En el principio fuera, sí, Mario, el deslumbre: Deslumbre migratorio desde ya, de Emma Villazón (in Lumbre de ciervos, 2013), Die Niemandsrose y El meridiano, Trilce, L’étranger, Poemas árticos y Últimos poemas, Nueva Crorónica y Buen Gouierno, El zorro de arriba y el de urinwaywa, Katatay y Catatau, Mar paraguayo y Cobra Norato, Alturas de Macchu-Picchu, Doubled Flowering, Garde-manche hypocrite, As margens da alegria y Recorrer esta distancia… Por decir (pero la lista no estará jamás lista). O por citar ya a (Violeta) Parra: no acabamos nunca de nacer. Lo cual no significa suscribir sin más la «ficción» (literaria, si se quiere), pessoana o borgeana por caso, ni muy menos auto-proféticos rituales ni programáticos «formalismos» de varia laya. Deslumbre con lo que nos toca desde ya; a «saludar», «responder», coescribir, desplazar, retrazar, etc. Ahí comienza tal vez la literatura, con sus géneros y generosidades, por más que eso que seguimos llamando poema (lo subraya singularmente Celan, en sus notas a El meridiano) deslumbra de entrada, mucho antes de su mise en lettre, mucho después de destello.

 

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[MP]: Tu poesía reúne en su expresión varios lenguajes, el español, quechua, portugués, aymara, entre otros. ¿Cómo aporta cada lengua a tu obra poética? ¿Por qué la necesidad de comunicar al lector en idiomas que quizá no maneja, pero que puede descifrar a través de otros medios como el ritmo por ejemplo?

[AA]: ¿Quién pudiera decir «yo manejo» una lengua sin suscitar ligeras sonrisas sino francas carcajadas? Y a la vez: ¿cómo no entreverar más de una lengua (no sólo en el sentido lingüístico del término como de la cosa) hablando en poesía, sea que la entendamos esta como «obra» (literaria, artística, etc.) o desde ya como deslumbre de y ante un acontecer datado, interpelante, de suyo entreverado? En cualquier caso: ni esperantos ni liberal pluri-multi-lingüismo sino entreveros porosos, tan políticos como gozosos (huélase por caso Mar paraguayo, del curitibano Wilson Bueno, y su alucinógeno traslucine en franglish con una pizca de algonquino cree de Erin Moure, arrojadísima).

 

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[MP]: Respecto a ello, el poeta suele escribir, usualmente, por un impulso, por una necesidad de expresar, pero también para dejar algo en el lector. ¿Qué buscas generar en el lector de tu obra? Y, a la par, ¿qué quisieras que un texto poético te brinde?

[AA]: ¿Un poema? ¿Un brindis? Puede ser: un guiño, un brindis «monstruoso» (modo del mostrar como del deslumbrar), una yapa allende (aquende) la oposición jerárquica real/ficción, un shibboleth a ratos. ¿Correspondencia «actualizada» con la morosa deslumbrante cosa? Tal vez. O tal vez. O sea: atención desde ya a dataciones y/o datas, a lo dado, enlodado o reluciente, tal deslumbre que marca el fulgor (lumbre como deslumbre) y, a la vez, lo más oscuro y/o secreto (tal des-lumbre). Otra vez: un brindis, por de pronto, a la salud de Deslumbre migratorio, hoy, que en su inconclusión remarca: y existían, no existían pérdida ni casas ni caminos a un cuarto del camino / a un salto del camino      a un tiroteo del camino    a un estallido del camino […] No por nada Cé Mendizábal, el furioso vate-narrador orureño por años afincado en La Paz, habrá apuntado: «El tiempo… habrá de confirmar a Lumbre de ciervos como uno de los poemarios más brillantes de esta parte del mundo en los últimos tiempos». El tiempo, en estos últimos tiempos: esta parte del mundo que no fuera cualquiera pero tampoco plenamente identificable en una cartografía geológica o geopolítica, ¿cuál fuera? (La pregunta como la «cosa» interrogada hubiera de permanecer, n’est-ce pas, abierta).

 

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[MP]: He leído que en una entrevista mencionas que no existe la poesía chilena o boliviana, que no hay determinación estado-nacional en poesía. En ese sentido, y grosso modo, ¿cuáles crees que podrían ser los elementos propios de la poesía escrita por los sudamericanos que la diferencian de la poesía escrita por autores de otras latitudes del mundo?

[AA]: Grosso modo: fuera lo propio de la poesía escrita por sudamericanos, desde ya en relación con la poesía escrita por sudamericanas, o sudacas, carecer de (elementos) propio(s). ¿Pero la Historia, dirás tú? ¡Disyunta! ¿Pero la lengua? ¿Una lengua «sudamericana»? ¿El portuñol —entreverado de guaraní— de Mar paraguayo? ¿El quechuaymara de Cerrón Palomino? ¿Cuál «lengua general» sudamericana? ¿Una lengua «concreta»? Pero aquí carencia = abundancia, tal «heterogeneidad estructural» de los tan vilipendiados vecinos de la CEPAL, de «Calibán» como de las teorías de la dependencia (los hermanos de Campos, Silviano Santiago, Paz, Faletto & cia.).

No hay poesía peruana ni chilena, boliviana, francesa, mexicana, etc., por decir: no confundir el sello del pasaporte de quien firma con su eventual pertenecia a tal o cual poesía. O, si prefieres, a no seguir confundiendo determinaciones sociológicas, geopolíticas, historicistas incluso, con ese deslumbre y trazado que aún llamamos poesía. Lo cual no nos impidiera saludar al paso excepciones de nota. Entre otras, cómo no: La poesía chilena (1978), de Juan Luis Martínez, ese «poema» tan fuera de serie como fuera de libro (es literalmente una «cajita», con certificados de defunción —del registro civil del Estado de Chile— de Mistral, Huidobro, Neruda, De Rokha, el padre de Martínez, y la lista permanece abierta, dicho está, para que el caro lector como la lectora cara le añada su yapa).

 

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[MP]: En varios ensayos, te has ocupado del estudio profundo de la tradición poética chilena. El rol del «padre-muerto», el del relato o de lo que has denominado «la guerra envejecida» en la lírica de tu país. Sin duda, son conceptos reveladores para entender la poesía escrita por tus compatriotas. ¿Cuál es la principal fortaleza que, por lo general, encuentras en la poesía chilena como conjunto y, a su vez, la principal debilidad?

[AA]: [Remito a la respuesta anterior]

 

[MP]: Junto a tu faceta de escritor, está tu importante trabajo como traductor. Al estar de ambos lados (escritor y traductor) te quisiera preguntar, ¿cuán difícil es la labor del traductor de poesía? ¿Qué elementos o factores diferencian la traducción de poesía de la traducción de textos narrativos o ensayísticos?

[AA]: Si mantenemos la noción tradicional de poesía como un género literario (y no habríamos de desembarazarnos sin más de tal comprensión pero tampoco sin más perpetuarla), la frase que me propones cobra sentido: «Junto a tu faceta de escritor, está tu importante trabajo como traductor». Pero, como nos habrán enseñado con particular énfasis los hermanos de Campos (y muy singularmente Celan, traductor no sólo de Pessoa), no veo ninguna diferencia de principio entre «escribir» y «traducir». En ambos casos traslucimos desde lenguas/deslumbres que no dominamos. Por demás, te agradezco el calificativo «importante», que yo tomaría à la lettre: toda (cada) escritura im-porta, con-lleva lo dado como lo por dar, o, reiterando a Jacques el Destripador (alias Derrida), trauma y promesa.

 

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[MP]: Andrés, tu obra poética está íntimamente vinculada a Bolivia. Se suele decir que «nadie es profeta en su tierra», ¿cómo tomas el hecho de la amplia recepción y difusión que tiene tu poesía fuera de las fronteras de tu país? ¿La poesía se hace de diferentes y hasta extraños caminos para siempre salir a flote y ser leída?

[AA]: ¿Quién pudiera decir «esta es mi tierra» —en poesía? Para reenviar una vez más a  Celan (indecidiblemente rumano como alemán, judío y/o francés) en traslucine: En el aire, ahí, permanece tu raíz, ahí, / en el aire («In der Luft», in Die Niemandsrose, 1963). Lo cual, de cierto, no implicara para nada afirmar algo así como una «literatura mundial» (Goethe), universal o goblal. Los disyuntos movimientos respiratorios (inspiración y expiración desde ya) son cada vez datados. En cuanto a «Bolivia», otra vez remito a ese mito sin mito que fuera Deslumbre migratorio, poema entre «Bolivia» y «Chile», así como a Temporarias y otros poemas, de Emma Villazón. Por demás, con Huidobro y Violeta Parra, con Allende y Los Prisioneros, estoy abiertamente por «mar con Bolivia». Nadie puediera desentenderse de la inacabable aspiración a eso que —allende y aquende el legalismo positivo— llamamos justicia.

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[MP]: Vas viajar a Lima para el III Festival Internacional de Poesía de Lima. ¿Qué expectativas tienes respecto al evento? Y vinculado a ello, ¿en qué piensas cuando te menciono «poesía peruana»?

[AA]: Mmmmh… Cuando mencionas «poesía peruana», claro, pienso en «poesía chilena» y en «poesía guatemalteca» y en «poesía panameña» y en «poesía estadunidense», etc., etc., etc., y en todas las reservas antes tales delimitaciones sociogeopolíticas o geoculturales en literatura. Y a la vez pienso en quechua: manan imatapas niwanchu (literalmente: ‘nada me dice es[t]o’), fraseo atribuido al sapa Inka Atahualpa ante el «libro», la «qillqa de Dios» que, con la ayuda del lengua «Don Martín» (y no de Felipillo), le pasara el curita Valverde en Cajamarca. Y también pienso, como no, en la selección peruana en México ’70, en el pisco de Pisco y los ceviches de Piura, y… también, cómo no, de la ocupación de Lima por tropas y tropos decimonónicos chilenos, y en las metidas de pata de Neruda. ¿Alturas de Machhu-Pichhu? No, no, claro que no. Pienso en sus alucinantes resistencias ante ese glosomoto incomensurable que fuera Trilce. (El detalle está en una carta firmada en Yacarta, Indonesia, el 1º de junio de 1931, y dirigida a su amigo Carlos Morla Lynch, en Madrid). Por decir:

 

saboreando ulysses en yacarta, neruda quiere

una y otra vez saberlo (hazme

el favor de conseguirme un ejemplar

de TRILCE), mas

la sazón del caso o caída (en cuyo prólogo

se habla de mí), lo habrá vuelto de golpe

inapetente: seco y espantoso

cruel y estéril; no veo qué objeto tenga

toda esta [j]oda

de indoamericano espectro (sic)

glacial aguayo, a un paso

de santiago, q’asamarka, puedes

una y otra vez

transombrarme con nieve

 

 

 

 

 

* (Concepción, Chile, 1961). Diplomado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, actualmente participa del Programa de Indagaciones en Escrituras Americanas, de la UMCE, ex Pedagógico, en Santiago. Es co-editor de la revista de poesía Mar con soroche (Santiago / La Paz). Ha publicado, entre otros: La última carta de Rimbaud (1996), Más íntimas mistura (1998), No insista, carajo (2004), Con dado inescrito (2008), El entrevero (2009), La flor del extérmino (2011), Æ (2015), Bolivian Sea (2015) y Cúmulo lúcumo (2015).

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