Por Augusto Munaro

Crédito de la foto la autora

 

 

“No pienso en figuras retóricas cuando escribo”.

Entrevista a Verónica Viola Fisher

 

 

Boomerang, de la poeta Verónica Viola Fisher, es un libro que construye su visión lírica a través de una óptica desmesurada. Obsesiva por el detalle, abre el punto de mira inscribiéndose en un espacio que es un tiempo mental. Expansiva, su voz progresa en un constante fluir de relaciones. Así, el poemario que, por momentos, se ve impregnado y capturado por el neobarroco, deslumbra en hallazgos inesperados. Poesía que se abre a ene potencialidades. Una aparente oscuridad que le permite, a esta poeta, el don de ver a través, para acceder a su profundo decir.

Boomerang, quinta publicación de su producción, continúa desarrollando una poética singular, que se reinventa libro a libro, desde su mítico hacer sapito, hasta éste, tal vez su más musical, y proteico poemario.

 

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Entrevista

 

Augusto Munaro [AM]: En cuanto a seguir abriendo para ampliar el abanico de posibilidades, y de expandir líneas de exploración en torno a tu poética, ¿qué deseos te llevaron a escribir Boomerang?

Verónica Viola Fisher [VVF]: Boomerang fue una prueba de muchos años atrás. Estaba con deseos de algo auditivamente empalagoso y fui construyendo un espacio complejo, como un laberinto que tuviera muchas entradas y salidas.

 

 

[AM]: ¿Hasta qué punto podemos considerar a Boomerang como un experimento intrincado?

[VVF]: Pienso que es un experimento en lo personal no sólo por lo que mencioné arriba, sino también desde el sentido. De hecho, las palabras “experimentos”, “sistemas”, “teórico”, “evidencia”, “heurística”, etc., aparecen en el libro que se convierte en una prueba de existencia de sentidos oblicuos que rozan la sinrazón pero que pueden ofrecer también una línea de significados si se desmenuzan los poemas. Es un libro que pide, a mi gusto actual, demasiado a l*s lector*s… pero no pensaba en eso cuando lo escribí, pensaba como una niña que inventa un idioma para comunicarse con su amiga invisible.

 

 

[AM]:  En Boomerang, la sinestesia está presente en muchos de los versos. Leo un ejemplo: “secreciones varias emergieron de múltiples orificios y no se pudo ver más que olas de calor”

[VVF]: Puede ser, realmente no fue algo pensado. No pienso en figuras retóricas cuando escribo, sino que me dedico a jugar y que salga lo que salga. Después, intento sacar lo mejor posible de lo que hay…

 

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[AM]: Cada poema rebasa sentido. Así, el libro opera como una serie de capas que, al leerlo, libera un altísimo nivel de invención. ¿Ves en Boomerang, la culminación de un proceso poético que se venía gestando desde Hacer sapito, o más bien, una especie de paréntesis dentro de tu producción lírica?, ¿por qué?

[VVF]: No lo veo como la culminación de un proceso. ¿Y un paréntesis? No sé, cada libro es una propuesta, y no puedo decir qué lugar ocupa en el camino porque el camino no está completo.

 

 

[AM]: Ahora que lo he mencionado. Mirando atrás en el tiempo, ¿cuál es tu opinión acerca de tu Hacer sapito?, por cierto, un libro que se sostiene, a través de una voz dolorida. Profundamente elegíaca.

[VVF]: Mi opinión es que hacer sapito es de lo mejor que escribí. Es raro que sea así siendo mi primer libro, pero mi proceso de escritura no ha sido lineal sino discontinuo.

 

 

[AM]: A boca de jarro, es un poemario donde se juega mucho el llamado amoroso del Eros. Te movés por otro campo, por otras zonas de tu decir. Pienso en poemas como “Adulterada”, “La última gota”. La intensidad es sustancial en tu poética. Profundidad que ilumina sensaciones.

[VVF]: A boca de jarro intentó ser un libro de amor y creo que tiene algunos hallazgos, pero es desparejo. Siempre quise escribir un libro de amor que hablara de un amor lésbico. En ese sentido creo que, sin pretensiones literarias más que el divertimento, mi último librito, Pavadas (erótico casi porno), logra ese cometido.

 

 

[AM]: Entonces, escribías de un modo más “coloquial”, en el mejor sentido de la palabra. Boomerang, “atenta” contra esa claridad de tu primera época. Hay, aquí, multiplicidad. Es un libro que escapa al encarcelamiento semántico. ¿Pensás que una poesía clara, es unidimensional?

[VVF]: Que un poema sea claro no significa para mí que no tenga multiplicidad o que tenga un encarcelamiento semántico. La poesía siempre va contra esa reclusión aun siendo clara. Es decir, nunca es unidimensional, siempre abarca más de un aspecto según mi criterio. Lo que cambia en Boomerang es la propuesta formal y el tono.

 

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La poeta Verónica Viola Fisher

 

[AM]: A lo largo de tu producción el tono y la ironía toman nuevas formas…

[VVF]: Pienso que cada libro tiene su propio tono y dentro del tono se juegan ironías cuando las hay. Hay poetas que mantienen su tono en muchos libros y es como si su propuesta se extendiera dando lugar a una voz muy singular que va construyendo un solo mundo compuesto de varios libros. En mi caso cada libro es un mundito distinto, aunque espero mantengan una línea personal.

 

 

[AM]: ¿Te molesta que, en algunos casos, te consideren parte de los autores de la llamada generación del 90?

[VVF]: ¿Por qué me molestaría? No me molesta para nada. Además, lo que otr*s puedan pensar de mi escritura o dónde la ubiquen no es algo con lo cual pueda discutir. Cada lector* tiene derecho a clasificar lo que lee donde quiere.

 

 

[AM]: Por cierto, ¿qué opinión te merece esa poesía que se escribió durante el menemato?

[VVF]: Me parece una poesía rica donde pueden leerse poetas de alto nivel como, por ejemplo, Martín Rodríguez o Laura Wittner.

 

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[AM]: A pesar que en ciertos casos se han reeditado, tus poemarios suelen estar agotados. Si se presenta la posibilidad de reunir tu obra en un único tomo, ¿qué consideraciones deberían tomarse para llevar adelante el proyecto de edición?

[VVF]: Me ofrecieron hace poco editar mi poesía reunida y me negué. Lo considero válido para otr*s autor*s pero a mí me haría sentir acabada en algún sentido y lo sentiría también como un acto de soberbia.

Se supone que reunir toda la poesía de alguien es considerar a ese alguien consagrad* en algún sentido, y yo creo que me falta mucho para eso. No es falsa humildad, acepto lo bueno que he hecho, más bien es ambición de hacer algo más. Por otra parte, de mis seis libros sólo dos no se consiguen…

 

 

[AM]: Algunos fervorosos lectores te consideran una autora de “culto”. A nadie le agradan las etiquetas, pero esa palabra en particular Verónica.

[VVF]: Pero, ¿qué significa “de culto”?

 

 

[AM]: ¿Te incomoda, te gusta?

[VVF]: Si hay personas que admiran mi producción por supuesto que me halaga. Pero “de culto” tendría que ver con que esas personas son un grupo minoritario y que la obra no es “popular”. No me incomoda, lo que hago no pretendo que sea popular o no popular, si hay lector*s entusiasmad*s ya para mí es un logro.

 

 

[AM]: Siempre me llamó la atención tu bajo perfil. Creo ver cierta prudencia en ese distanciamiento de lo mediático. Entiendo que no te gusta mucho la promoción, el modo de publicitar que, en algunos casos, tiene cierta poesía. ¿Es sólo eso?

[VVF]: En primer lugar, soy, según quien lo mire, tímida o fóbica. En segundo lugar, no me molesta la promoción sino la autopromoción, creo que los libros deben hablar por sí mismos.

 

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[AM]: Miguel Ángel Bustos solía recordar la siguiente frase de Artaud: “Si sos poeta y no viniste al mundo para cambiarlo, no digas que sos poeta”, ¿qué opinión te merece?

[VVF]: No sé, habría que ver cuál es la definición de poeta. Si poeta es simplemente quien escribe versos no necesariamente sería así. Por mi parte creo que la poesía no puede cambiar el mundo, pero sí crear conciencia o hacer cuestionamientos. Yo quiero cambiar el mundo como feminista, ser poeta sería una de las tantas herramientas que aportan a la causa.

 

 

[AM]: Los libros han estado muy presentes en tu vida. ¿Seguís trabajando como bibliotecaria y ofreciendo talleres de lectura y escritura?

[VVF]: Trabajo como bibliotecaria 9 horas de lunes a viernes en instituciones educativas y me gusta intercambiar lecturas con l*s estudiantes. Hace muchos años coordiné distintos talleres de escritura y este año retomé esa actividad en conjunto con Nurit Kasztelan. Me parece interesante una doble coordinación.

 

 

[AM]: ¿Dos o tres autores que no te han abandonado nunca?

[VVF]: Honestamente no tengo autor*s que estén por encima de l*s demás siempre. Soy una lectora muy dispersa, demasiado tal vez, que picotea por aquí y por allá y vuelve a un* y otr* pero no sistemáticamente.

 

 

[AM]: ¿Y poetas que estás leyendo en la actualidad?

[VVF]: Estuve leyendo un poema de June Jordan y estoy releyendo a Ana Cristina César.

 

 

[AM]: Por último, Verónica, ¿la poesía es una especie de refugio sagrado?

[VVF]: La poesía es algo diferente para cada quien. Para mí sí es un refugio, un lugar donde encuentro amparo de este mundo horrible. Pero, ¿sagrado? ¿divino? No, en mi caso es más bien un refugio antibombas desde el cual se pueden preparar otro tipo de bombas para contraatacar.

 

 

 

 

 

*(Buenos Aires-Argentina, 1974). Poeta. En la actualidad, se desempeña como bibliotecaria. Ha publicado en poesía hacer sapito (1995), A boca de jarro (2002), Arveja negra (2005), Notas para un Agitador (2008) y Boomerang (2015).

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