Por Diego Alonso Sánchez

Crédito de la foto www.lamenteesmaravillosa.com

 

 

Naturaleza del haiku

(parte II)

 

El haiku japonés, desde siempre, ha fascinado a Occidente por su naturaleza concisa y su belleza explosiva. Desde el siglo XV nos cautiva con una estética que celebra el instante con amplitud universal. Revisemos rápidamente su origen y tratemos de comprender sus particularidades, que muchas veces generan más incertidumbres que certezas.

 

Formalmente, el haiku es un poema de tres versos que respeta la métrica de 5, 7, 5 sílabas (o moras) y reza sobre temas vinculados a la naturaleza desde la óptica de la cultura oriental, muy influenciada por el budismo, particularmente por el zen. Pero estos rasgos distintivos no son leyes escritas en piedra. La variedad formal y temática del haiku, realmente, le permite tener un desarrollo inagotable y universal.

Como estructura poética, el haiku cobró vida entre los siglos XV y XVI, gracias a la intervención de varios poetas que asumieron el género de manera independiente, como un fenómeno que germinó de manera natural. Esto, claro está, sin dejar de lado muchos de los temas y las características del waka.

Para comprender mejor leamos de nuevo al poeta Ino Sogi, que escribió este poema independiente en honor al estío:

Que ya es verano

no le digas, tormenta,

a los cerezos.

 

Así mismo, disfrutemos de Arakida Moritake (1473 – 1549), quien le cantaba al otoño de esta forma:

¿Es que a la rama

vuelve la flor caída?

¡Si es una mariposa!

 

Yamazaki Sokan (1465 – 1553) fue otro poeta que tuvo a bien celebrar al invierno, así:

Aunque haga frío,

no te arrimes al fuego,

Buda de nieve.

 

Muchos estudiosos del género han denominado al haiku como la poesía de las estaciones, debido a que este estilo se encuentra ligado íntimamente a la naturaleza y sus expresiones estacionales. En el haiku, la mayoría de veces, es necesario distinguir algún elemento que identifique cada época del año. Y esto lo sabían y respetaban los antiguos haijin, o maestros del haiku.

Vale decir, un haiku puede ser taciturno, alegre, místico, irónico, tierno, compasivo, apasionado o melancólico, pero la mayoría de veces estos sentimientos estarán vinculados a las estaciones meteorológicas.

Masaoka Shiki  (1867 – 1902), el último de los grandes haijin, con respecto a este tema, sentenció:

La observación de la realidad es el ejercicio fundamental de entrenamiento al que debe someterse el poeta. El objeto del haiku debe ser la naturaleza, no el hombre, y así como un escritor no puede escribir una novela sin conocer a fondo el drama humano, el poeta ha de ser consciente del drama de la naturaleza para escribir un haiku que refleje el abismo de la realidad.

 

El poeta Masaoka Shiki

 

Espíritu del haiku

Quizá sea Matsuo Basho (1644 – 1694), considerado por muchos como el más grande poeta del Japón, quien definió con mayor suerte la esencia del género: “haiku es, simplemente, lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. Así mismo, se le atribuye a Basho haber diseñado el perfil definitivo de este estilo, apelando a su devoción por el budismo zen.

 

El ruiseñor

sueña que se convierte

en grácil sauce.

 

En este poema de Basho podemos notar ese desapego por lo terrenal que es necesario para vivir sin aprehensiones y preparar el espíritu para la iluminación, como predica la filosofía zen. Si bien este haijin no fue un monje de hábito, sí fue un hombre espiritual, imprimiendo indeleblemente en su poesía esta forma de entender la vida.

El vínculo del haiku con el zen, muchas veces confunde al lector que busca desentrañar su significado entre sus versos, y no se percata que esta poesía capta la realidad misma de las cosas, apelando a la intuición, la simplicidad y la contemplación sensible del poeta. Vale decir, sin la necesidad de explicar los fenómenos que trata.

La lectura desprovista de ambiciones permite que cada haiku, a pesar de su brevedad, pueda detonar infinidad de emociones en el lector. El especialista en filosofía oriental, David J. Volgelmann, decía: “las contadas palabras de un haiku dicen siempre mucho menos que el silencio que las rodea o penetra”. Esta también es una virtud intrínseca del zen.

El haiku y el zen, sin embargo, no se pueden involucrar trivialmente. “Haiku es haiku y zen es zen: el haiku tiene su propio campo, es poesía, pero participa también del zen”, anotaba el maestro  Daisetz T. Suzuki, y no le faltaba razón.

 

El poeta Matsuo Basho

 

Fugacidad del haiku

“Detente, instante, eres tan hermoso”. El escritor alemán Wolfgang Goethe definió así, con esta sentencia admirable, el paso del tiempo. El investigador mexicano Agustín Jiménez nos apunta, a propósito, lo siguiente: “el camino del haiku, alude a ese instante del tiempo donde el hombre o el niño se maravilla ante un momento de la naturaleza”. El acento sobre lo efímero, quizá sea el rasgo más difícil de comprender del haiku.

De esta manera, se puede entender, que la piedra de toque de este tipo de poesía es el asombro. Este rasgo permite disfrutar del momento, en un contexto que va más allá de lo que trata de entender la razón gracias al conocimiento humano. Vale decir: la estética del asombro. En japonés esta figura de los sentidos se conoce como mono no aware, es decir, la profunda empatía con la belleza de la naturaleza y de la vida humana, como parte de esta. Algo así como el amor por lo vivo mientras vive y muere al mismo tiempo.

Atsuko Tanabe, estudioso japonés, traductor y especialista en poesía nipona, señala que el haiku “trata de un instante captado y detenido por el poeta, por medio del cual uno se asoma y se percata de la infinidad del universo”. Y, ¡qué duda cabe! los grandes maestros del género nos presentaban ese sentido en cada poema, haciendo casi imposible comprender su profundidad.

 

El mundo en una gota de rocío,

en un mundo de rocío

y sin embargo.

 

Estos versos son de Kobayashi Issa (1762 – 1826) y son muy apropiados para sentir la fugacidad del haiku, que es reflejo del mono no aware. Leamos este otro poema, de Yosa Buson (1716 – 1783), que nos brinda esa misma sensación:

Pasó el ayer,

pasó también el hoy:

se va la primavera.

 

Aquí se canta a todo lo que se fue (y sigue yéndose), en un continuo fluir. Vale recalcar la inmediatez, la transitoriedad, de un poema que tiene cientos de años tratando de asir lo efímero.

Pero esta estética, del mono no aware, no podría ser entendida sin otro de los conceptos propios de la sensibilidad japonesa: el makoto. El investigador peruano Alonso Belaunde, apunta lo siguiente:

La actitud japonesa hacia la escritura poética está centrada desde sus inicios en el principio estético del makoto, palabra que podría traducirse por ‘sinceridad’ o ‘genuinidad’. Este principio, de índole ética, se transformó naturalmente en un principio estético al inicio de la expresión poética escrita (como dice Carlos Rubio) y llevó a los escritores japoneses a considerar que la poesía es un medio honesto de expresión de sentimientos, anhelos, sueños y deseos, o, dicho de otra forma, un medio destinado a expresar asuntos del corazón, no del intelecto (según Donald Keene).

Dicho de otro modo, la experiencia está ineludiblemente vinculada a la práctica poética, siendo esta una manifestación del espacio y el tiempo que circundan al poeta. Por eso es tan importante entender los pormenores de las estaciones, de la geografía, de la sociedad y de otras cualidades naturales y culturales del Japón, para así desentrañar con algo más de suerte la esencia del haiku.

Se entiende que, siendo este tipo de poesía tan breve, es ineludible la participación del lector como interlocutor en cada poema. Podríamos sentenciar que el haiku se vive: es una manera de existir, no solo es un goce intelectual. Aun así, la aventura del haiku no asegura la consumación favorable.

 

El poeta Kobayashi Issa

 

Sonido del agua

El reconocido académico Roland Barthes, sentenció con frialdad: “siendo plenamente inteligible, el haiku no quiere decir nada”. No cabe duda, este es uno de los géneros poéticos más complejos y enigmáticos, así como populares, que ha perdurado en el tiempo y se resiste en perder vigencia. Y, a pesar de todo, sigue generando adeptos alrededor del mundo. Ahora, parafraseando al genial músico Louis Armstrong, si alguien me preguntara ¿qué es el haiku?, alegaría: si tienes que preguntarlo, no puedo contestarte.

Deja un comentario