Nota introductoria y selección de poemas por Aleyda Quevedo Rojas

Crédito de la foto el autor

 

 

Manuel Becerra* y su poética por el viaje y los animales

 

En el otoñal y marrón octubre de 2015, tuve el inmenso gusto de conocer, compartir, conversar y leer poesía con el poeta mexicano Manuel Becerra, durante la intensa y dinámica agenda de recitales, galas y cenas poéticas desarrolladas en las dos semanas del inolvidable Festival Internacional de Poesía de Trois Riviéres (Québec-Canadá), al que fuimos invitados. Recuerdo siempre su lectura impecable y emocionada de los poemas de su vibrante libro Instrucciones para matar un caballo y las noches amenas en su habitación, conversando junto a poetas Latinoamericanos, y uno que otro europeo, bebiendo mezcal y otros tragos espirituosos. Han pasado cinco años desde nuestro memorable encuentro en Canadá.

Por fortuna, las redes sociales nos han mantenido cercanos, pero sin duda, el misterioso camino de la poesía, que se teje y entreteje con complicidades y afinidades insospechadas, nos ha vuelto a reunir. Esta vez para celebrar la aparición de su bellísimo, enjundioso, revelador en madurez artística y evocador libro que Manuel nos ha ofrendado a sus lectores y amigos. Se trata de Fábula y Odisea, publicado por Mantis Editores, que recibió el prestigioso Premio Internacional de Poesía Alonso Vidal en 2019, con un potente jurado conformado por: Héctor Carreto, Víctor Manuel León Leitón y Carlos López.

El poeta, ensayista y editor ecuatoriano Edwin Madrid, anota en la contratapa del libro de Becerra, lo siguiente:

“En Fábula y Odisea, Manuel Becerra construye cinco capítu­los ligados al viaje y a la magia de los sentimientos. Paisajes marinos con personajes y seres que van, más allá del mar, a hurgar en la vida de una isla. La fauna puede parecerse a no­sotros en el amor, la infidelidad y el salvajismo que nos hace humanos. Todo sostenido con un lenguaje medido, en don­de lo justo descubre a un poeta que sabe decir lo que quiere: el retorno a casa que emprende Odiseo después de la guerra de Troya”.

 

Los animales se nos parecen y nos superan por sus misterios; vivimos vidas paralelas con muchos de los seres del reino animal; esas son algunas de las certezas, que quedan interiorizadas, luego de leer algunos de los libros de Becerra. La obsesión por el mar y por los viajes, interiores y exteriores, subjetivos y reales, oníricos y líricos, que como olas fuertes, tejen el andamiaje impecable en Fábula y Odisea. Estamos ante un poeta dueño de una escritura orgánica, vital, erótica, inefable. La voz poética de Becerra convierte a la hija, a Grecia, en la ternura vivificante, en el personaje femenino constante, en la elección de vida.

 

 

Manuel Becerra recibiendo el Premio Nacional de Poesía Alfonso Silva

 

5+1 poemas de Fábula y Odisea (2020),

de Manuel Becerra

 

 

Crónica de la gente que ama los gatos

 

Pocas cosas sabemos sobre los gatos. Sabemos que su cabeza es del tamaño de una rosa natural y que es similar en peso y volumen al puño cerrado de un niño. Pero también sabemos que el rostro del gato nunca está en un solo sitio.

Mientras permanece adormecido en las manos de Grecia, mi hija, también está en el árbol de una vida pasada, bebe leche de almendras en una casa en Estambul, cruza a los vagabundos a la otra orilla del Leteo, devuelve con una arcada una bola de cabellos o está donde alguien cincela su rostro para la tumba de un rey.

 

 

 

Balada a la hora de dormir

–Playa Icacos–

 

En los días menstruales, sobre una herida bíblica y memoriosa, aguardo. Bajo la palma de mi mano tu vientre es un pozo atormentado. No es tu cuerpo sino una máquina original que proviene del paraíso olvidado. Sé natural como en el parto, dice John Done.

Sobre tus adentros una flor roja se abre: empiezo por el dedo índice seguido por el medio hasta meter en ti el puño completo, tembloroso, del tamaño de un corazón humano.

 

 

 

Carta para una iniciación

 

Su cuerpo está tan poco aventurado por estos placeres que disfruta como una aldeana en los columpios del bosque. Para sus adentros piensa con vergüenza en el padre, pero me pide que no me detenga. Sin salirme de ella, cambio de postura. Me gusta colocarla en posición fetal frente a mí y preguntarme qué es lo que mira, puesto que ya no es a mí a quien mira. A través de mí, que soy transparente, hay una torre más alta donde también miraba la santa Teresa. Sí, goza, ¿pero de qué?

 

 

 

Crónica de las estrellas

–Veracruz–

 

No se puede cortar una rosa sin alterar una estrella. Por esta revelación el abuelo sabe que el cometa que se aproxima vendrá a perturbar el crecimiento de las legumbres y agriará la leche de los bovinos. Las mujeres encintas traerán a la comarca mezcla de hombres y asnos. Sucedió lo mismo con el eclipse; un sol negro mantuvo confundidos a los gallos.

Las bestias de carga cabeceaban abrumadas, era así. Pero dime, ¿qué somos nosotros, además de criaturas sencillas hechas para contemplar seres humanos y animales arruinados por igual por las leyes del cielo o por aquella llamada música de las esferas?

Si la estrella tarda en consumirse, mientras cae, nosotros inconscientemente tocados por el cielo apresuraremos la hambruna y el mal destino.

 

El poeta Manuel Becerra

 

Excusa para justificar una falta

 

Estuve perdido en una isla del Mar de Cortés. Había una cuchilla en la barca de un pescador y su filo presentía el duelo amoratado de los próximos moluscos. Una mujer orinaba a la orilla de la playa. Al terminar me hizo pensar en una tortuga que desova y cubre en seguida con sus extremidades el agujero que escarbó. Los huevos apenas salidos del vientre eran unos espejos de mano que brillaban contra la luna.

 

 

 

Crónica sobre la fobia

a tener las uñas cortas

 

Cuando Gabriel el velador de la primera casa, un viejo que vivía con su madre, me cortó las uñas a ras de las yemas, yo tenía 6 años. Le siguió después la maestra de primaria. Era una mujer con una cabellera rizada y roja como un enorme diente de león. Había con ella una fragancia a cloro bajo la falda corta y azul, siempre azul, que enloquecía sin saberlo a los perros de la escuela. Más adelante una novia triste, grandes ojos de pájaro, 5 años mayor que yo, continuó con lo mismo. Manos limpias y cuidadosas para la eyaculación femenina, me decía. Persistió el maestro de guitarra y después mi madre. Finalmente mi padre me enseñó lo siguiente: las uñas del ser humano, como la lengua y la nariz y los cabellos continúan creciendo aún bajo la tierra. Las proteínas junto a las causas para arruinar a un hombre son las últimas en desabastecerse.

 

 

 

 

 

*(Ciudad de México-México, 1983). Poeta. Fue escritor residente en The International Writing Program por la Universidad de Iowa (EE. UU.), en la Universidad Stockton en New Jersey (EE. UU.) y en Omi Art Center en Nueva York (EE. UU.). Mereció la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2009 – 2010). Ha obtenido el premio nacional de poesía Ramón López Velarde (2011), el Premio Enriqueta Ochoa (2014) y el Premio Internacional de Poesía Alonso Vidal (2019). Ha publicado en poesía Canciones para adolescentes fumando en un claro del bosque (2011), Instrucciones para matar un caballo (2013), Fábula y Odisea (2020) y La escritura de los animales distintos (inédito), entre otros. con los cuales respectivamente.

 

 

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