Este documento fue originalmente reproducido en la Revista de Critica Literaria Latinoamericana, N° 75, del 2012. En homenaje a los escritores Emilio Adolfo Westphalen y José María Arguedas.
 

 

Por Xavier Abril*

Hallazgo y transcripción Rafael Ramírez Mendoza**

Crédito de la foto  (Izq.) web El bbdor de la noche

(Der.) Archivo de Herman Schwarz

 

 

 

Manifiesto breve, sintético(1)

 

 

Contra “la vieja revista peruana”(2). Contra el “mercurio peruano” de los Leguías(3) y Porras(4) mercuriados por accidentes inconfesables de mala literatura en el chivato, mala calle. Contra Ureta y sus secuaces empedernidos(5). Contra el irredento Cocobolo, hijo natural del Clan(6). Contra el sueño y la vigilia, putas poéticas y baratas en hoteles de segunda clase. Contra Pepe Diez Canseco(7), amigo de la mona clovis(8), maricona, maricona, según Mr. Spark(9). En contra de todo lo que es suave como ojos de ratón. En contra de los alumnos de Letras. En contra de Patrón(10). En contra de los jugadores de tennis y de palabras. En contra de todos los que han conseguido una nueva máscara. En contra de los profesores de Estética que no me citan al hablar del alba, de la evolución del cielo(11). En contra de la Universidad y de Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre(12). En contra de todo lo que pesa más que el aire en la conciencia o en el ojo. Contra la burguesía organizada que odia Emilio Adolfo Von Westphalen. A favor de Emilio Adolfo Von Westphalen que sufre la historia de adobe, de caña de un nuevo Continente. En contra de los malos historiadores. A favor de Emilio Adolfo Von Westphalen y de Xavier Abril y de Martín Adán y de Enrique Peña y Juan Devéscovi.

Completamente en contra de toda la mierda, la mierda seca que está haciéndose histórica en el Perú. En contra de la tiranía y de la desdentada boca sucia, puerca, sifilítica del Perú. Nuevamente en contra de toda la mierda que camina oficialmente y con rodaje en el Perú.

 

Xavier Abril

 

(Te ruega la continuación de este manifiesto con la colaboración de Adán, Peña, Devéscovi y háganlo circular en toda Lima. Lo entenderán gozosamente

 

Orden

Contra la tiranía,

contra el esqueleto de la

burguesía que está poniendo

blanco y va a asustar al

número

Xavier

 

 

 

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Notas

 

(1) Aunque sin fecha explícita, al parecer este texto acompañaba la carta del 20 de julio de 1930 que Xavier Abril le enviara a Emilio Adolfo Westphalen, ya que la firma del manifiesto y las líneas que le siguen bajo el título de “Orden”, están escritas a mano con pluma roja, igual que la carta, y ambos textos están en papel membretado de la redacción de Bolívar (el manifiesto a máquina, también con tinta roja). Para situar mejor la importancia del manifiesto es necesario mencionar otros esfuerzos grupales similares: Los afanes beligerantes y anti-intelectuales habían nacido unos años antes con el grupo Colónida liderado por Abraham Valdelomar, como lo notara el mismo Mariátegui en sus 7 ensayos. El espíritu contestatario atravesaría luego el periodo de la vanguardia histórica, hasta alimentar a los movimientos Hora Zero en los setenta, y Kloaka en los ochenta. Más cercanos en el tiempo al “Manifiesto breve, sintético”, son los textos panfletarios del poeta Alberto Hidalgo, o el ataque de Moro y Westphalen al poeta chileno Huidobro en “Vicente Huidobro o el obispo embotellado”, entre otros.

 

(2) Una alusión directa a la Nueva Revista Peruana que desde 1929, junto a Mariano Iberico y Alberto Ulloa, codirigía el poeta modernista Alberto Ureta (1885-1966). A pesar de que tanto Westphalen como Martín Adán, habían publicado en ese medio –al igual que Jorge Basadre y Luis Alberto Sánchez–, los juicios duros contra ésta, y en general contra todas las revistas culturales del momento, se repiten en la correspondencia entre ambos: en carta del 20 de agosto de 1930, Westphalen, por ejemplo, comenta: “Últimamente han aparecido una serie de revistillas editadas por cucufatos intelectuales de pésimo gusto y estulticia declarada: Florario, Abecedario, Presente, Prometeo, Andina, etcétera” (Lefort 96). En este sentido “vieja revista” es también una alusión más general, lo que se confirma cuando luego se nombra al “mercurio peruano”, publicación fundada en 1918 por Víctor Andrés Belaúnde, miembro de la generación del 900, que tomaba el nombre de dos publicaciones homónimas de siglos anteriores anteriores.

 

(3) Lo más probable es que Abril no se refiera al dictador Augusto Leguía, quien estaba a punto de dejar el poder el 25 de agosto del 30 tras el golpe militar de Sánchez Cerro, sino a Jorge Guillermo Leguía (1894-1944), historiador limeño cercano a Porras y Basadre.

 

(4) Referencia al historiador Raúl Porras Barrenechea (1897-1960). La alusión a éste y al narrador José Diez Canseco (1904-1949) quizá se deba a lo que Westphalen detalla en “Conversaciones con Nedda Anhalt” (reproducido en Poesía completa y ensayos escogidos 639-656): cómo “en los años veinte treinta” había presenciado crueles burlas de ambos hacia el poeta José María Eguren (654-5). El probable conocimiento de esa situación por parte de Abril y la admiración compartida por Eguren quizá influyeron en estos juicios hacia el historiador y el narrador.

 

(5) Maestro, en el Colegio Alemán de Lima, de Martín Adán, Estuardo Núñez, y de los mismos Abril y Westphalen, y años antes del propio Jorge Basadre. Sus “secuaces” serían Iberico y Ulloa (ver nota 2).

 

(6) El Clan es una probable referencia al gobierno autocrático de Leguía. En un breve texto sin título ni firma (Bolívar 12, 15 de julio del 30, página 10), Abril dice: “Uno de los más monstruosos hijos naturales del Clan, el irredento Cocobolo, desde la prostituida ‘Prensa’ de Lima, y por mandato del tirano, pretende desvirtuar el valor moral y revolucionario de Mariátegui”. Por entonces el diario La Prensa estaba controlado por el régimen, y sólo tres años antes, prestándose a un montaje, se había hecho eco de la manipulada acusación policial contra Mariátegui y Amauta de planear un complot comunista, lo que terminó en arrestos y exilios. Cocobolo podría ser entonces el director de La Prensa o quizá un colaborador. Cabe señalar además que “Cocobolo” fue uno de los varios seudónimos usados por Roberto Mac Lean Estenós (1904-1983), escritor que había participado tangencialmente en la polémica del indigenismo con el seudónimo de “Maquiavelo”, y que en 1930 era diputado nacional por Tacna.

 

(7) Ver nota 4.

 

(8) Seudónimo de Luis Varela y Orbegoso (1878-1930). Miembro de la generación novecentista, de espíritu aristocrático. Dice sobre él Osmar Gonzales Alvarado en “Luis Varela y Orbegoso y sus contemporáneos” (Lima, dic. 2008, web): “Considero que, por encima de todo, Varela y Orbegoso era un periodista. Desde su columna ‘La hora actual’, famosa en el diario El Comercio (en donde ejerció el cargo de jefe de redacción por más de diez años) deleitó a sus lectores con notas críticas acerca de los últimos libros (era un lector empedernido) y sus autores, así como de arte…”.

 

(9) La acotación “su cuñado” tachada en el original. Alusión a Richard Sparks Becker, marido de la hermana de Varela y Orbegoso, María Teresa.

 

(10) Referencia oscura.

 

(11) Luego de declararse en contra del sueño y la vigilia, Abril apunta positivamente el papel del alba. Cabe recordar la importancia que había tenido esta última como imagen para Mariátegui en sus ideas sobre el alma matinal (alegre y revolucionaria), frente al espíritu decadente burgués (ligado a la oscuridad, la tristeza y la muerte). Años más tarde, Abril publicaría su libro Descubrimiento del alba (Lima: Front, 1937).

 

(12) Basadre y Sánchez habían publicado en 1928, el mismo año de los 7 ensayos, en edición conjunta, sus textos Equivocaciones. Ensayos sobre literatura penúltima y Se han sublevado los indios. Esta novela peruana, respectivamente (Lima: La Opinión nacional). También ese año, Sánchez publicaría su libro La Literatura Peruana. Derrotero para una historia espiritual del Perú, en que dedica el largo quinto capítulo a esbozar un “[b]oceto de la literatura aborigen: Incaica y actual” (115-172), dándole amplio espacio a una literatura admitida como oral y anónima, pero no por eso inexistente, como la veía Mariátegui. Sánchez, en una extensión del llamado “debate del indigenismo”, lanza la puya al decir sobre la literatura incaica que “puede afirmarse, ante todo, que existió y que existe, sin nexos con ajenas culturas. Tiene una fisonomía autóctona” (152).

 

 

 

 

 

*(Lima, 1905 – Montevideo, 1990). Escritor. Publicó en poesía: Exposition de poèmes et designs (1927), Hollywood. (Relatos contemporáneos) (1931), Difícil trabajo. Antología personal 1926-1930 (1935), Descubrimiento del alba (1937), Homenaje (1971), La rosa escrita y otros poemas (1987), Declaración de nuestros días (1988), Poesía inédita (1994, póstumo) y Poesía soñada, obra poética completa (Lima, 2006, póstumo); y en ensayo: Antología de César Vallejo (1943), Vallejo: ensayo de aproximación crítica (1958), Dos estudios: Vallejo y Mallarmé (1960), César Vallejo o la teoría poética (1963), Exégesis trílcica (1981), La pintura de Bob Gesinus (con Ernesto Sábato, 1949) y Eguren, el oscuro. El simbolismo en América (1970).

 

 

**(Lima-Perú). Candidato al doctorado en Literatura hispánica por la Universidad de California (UCLA-EE. UU.), y miembro del Consejo Ejecutivo de la Asociación de Lenguas Modernas (MLA). Investigador en las vanguardias y el indigenismo en Latinoamérica, y en la violencia y memoria en el Perú contemporáneo. Ha dirigido Mester, revista académica del Departamento de Español y Portugués (UCLA) y Párrafo, su contraparte creativa. Actualmente está terminando una tesis doctoral sobre el Surrealismo en el Perú. Ha publicado artículos académicos sobre los testimonios de la masacre de Lucanamarca y las visiones de Xavier Abril, E.A. Westphalen, y José María Arguedas sobre la modernidad peruana, traducciones de César Moro y Pere Gimferrer, entrevistas a John Beverley y Claudia Llosa, entre otros.

 

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