Manicomio o la poesía como mancha oscura

 
 

Por: Esther M. García

 
 
En 1857 Andreas Justinus Kerner, médico y poeta alemán, publica un raro y transgresor libro titulado Kleksographien (“Klecksografías” en español), en donde incluyó por primera vez imágenes en un libro de poesía.  El título del libro debe su nombre a un neologismo inventado por él y un amigo, del cual se desconocen sus generales.

Tomando el vocablo alemán Klecks -Borrón, mancha de tinta- había producido una nueva visión poética y linguística e hizo de los poemas emisarios del inframundo.

Este libro fue dividido en tres partes: “Heraldos de la muerte”, “Imágenes del hades” e “Imágenes del infierno” en donde las “Klecksografías” van emanando de la página en blanco como manchas deformes al principio,  para luego tomar forma y cuerpo con la poesía.

A manera de prólogo, Kerner escribe un Memento mori que consta de dos klecksografías con sus correspondientes poemas, dando una composición de 40 poemas y 51 figuras que se despliegan por todo el libro.

En su mayoría las figuras corresponden a formas de “mariposa” y desde el punto de vista técnico, Kernel utilizó diversas sustancias para crear las figuras: tinta común para escribir, café y tinta de imprenta que vertía sobre el papel para después plegarlo y crear la figura, el cuerpo al que luego insuflaba vida a través de la escritura, el lenguaje.

En cada poema se apreciar la visión que el poeta alemán tenía sobre el infierno, la maldad, la locura y esa noche negra del alma que muchos temen: la soledad como equivalente de la nada, el vacío:

 

Estas figuras del Hades,

negras, que me traen temores,

son espíritus menores;

por sus solas fuerzas nacen.

Para espantarme, sucintas,

brotan de manchas de tinta.

Así, siempre pienso en ellas

en la noche, en las tinieblas

 

Kerner nos mostraba así la decadencia y el dolor; la batalla de la lucidez contra la locura, en donde el escenario principal es el infierno, un lugar en donde la poesía es fuego y ceniza.

Casi 30 años después de la publicación de este libro,  nace en Suiza uno de los mayores exponentes de la psiquiatría moderna, padre de uno de los test más famosos del mundo: Hermann Rorschach, quien basó el trabajo artístico de Kerner y las asociaciones verbales en herramientas para el estudio del comportamiento y personalidad del ser humano.

 

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“Manicomio”, de Maurizio Medo. (2014), ed. Varasek.

 

Pero regresemos algunos años antes de la invención del test, de cuando Rorschach era ya un eminente médico psiquiátrico, regresemos al tiempo de su niñez cuando el pequeño Hermann era apodado der klecks, la mancha.

En Suiza se volvió popular el juego de la Klecksografía y Rorschach era un ávido seguidor que disfrutaba de entintar hojas en blanco para después plegarlas y crear así, curiosas formas de aves o mariposas.

¿Fue el juego lúdico, la poesía infernal de Kerner, o la combinación de ambos, los que hicieron a Hermann formular, años más tarde, una de las teorías psiquiátricas más importantes del mundo? No se sabe, pero su influencia perduró a pesar de su temprana muerte a los 37 años por una peritonitis, a pesar de las duras críticas que recibió al publicar su teoría, porque el arte y la locura no deberían de existir, deberían ser erradicados.

Hace unos años, publiqué mi primer libro de poemas en una editorial independiente de Monterrey llamada “La Regia Cartonera”. En esa editorial conocí un libro bastante singular, su portada era una mancha, que me invitaba a adentrarme en ella y descubrir/me a través de su interior. Se trataba de Manicomio y en sus vísceras Rorschach y Kernan fluían danzantes.

El libro era una reedición del original publicado en 2005 por el poeta Maurizio Medo (Lima, 1965) con la cual se abrió un fuente de conocimiento desconocida para muchos de los jóvenes poetas que vivimos en el norte de México.

Inmediatamente mi pregunta al hojear el libro fue ¿qué podría ser esto?

Las imágenes relacionadas al test, la intertextualidad con diversos artistas, las menciones de la juventud, la locura, el dolor, la relación amor-odio hacia padre-madre me hicieron perderme en este laberinto donde cada poema es una habitación donde reina la locura.

Desde “Etumina”, “Sparagmos, sparagmos,” “El falso Ginsberg” o “La mala hierba”, Medo nos transporta por zonas insospechadas de nosotros mismos en donde el autor de este libro se nulifica para que el lector se apropie del texto.

Pero, ¿qué es lo que ve el lector/paciente dentro de estos poemas? Una proyección.

Así como Kerner proyectaba sus sombras internas por medio de aquellas manchas de tinta, o al igual que Rorschach analizando al paciente, los poemas en Manicomio cumplen la función visual de espejo.

La mancha constituye un estímulo óptico activando imágenes que son proyectadas de vuelta a las manchas y ésta es la médula de un poema: la función de espejo, de estímulo que nos hace traer a la superficie a ese otro que se esconde debajo de nuestra piel, condenado a la locura, al dolor, a la desesperación.

Porque ¿qué es la escritura sino una mancha de tinta sobre papel?, ¿qué es el cuadro en blanco, si no el terror a la nada, la soledad, el vacío?

En Manicomio ocurre lo mismo que en Kleksographien: el infierno de la locura y  la alteridad se hacen presentes para convertirse en lugares donde la poesía está destinada a ser de quien se identifique o se proyecte en sus imágenes, sus palabras, los juegos lúdicos y perversos en donde queda la huella honda de un sólo suceso: la escritura.

En todo el libro discurre la sensación de la supresión de un yo poético para dar cabida al otro, al lector. Como sucede en la parte de las láminas del test en donde queda descubierto “El cuerpo muerto del autor”.

Las cinco láminas utilizadas en este libro permiten la intervención del lector y lo que están viendo/leyendo, la transgresión de adentrar al profundo hoyo del conejo a ese otro que está fuera, de mostrar el abismo de la locura y la muerte.

La sociedad en sí ha tratado de evadir la zona negra que integra el yo interno de un ser humano. La locura, la violencia, el odio, la muerte, la soledad o la nada son temas espinosos que han tratado de borrar de diferentes maneras: llenando su vacío con nuestras inconformidades (compra esto, come aquello, debes de sentirte así, no asá ya que los ganadores y triunfadores siempre son seres felices).

Dentro de este reino es imposible pensar, sentir, hacer. En la época actual ¿qué es la poesía?, ¿cómo reacciona el paciente/lector/espectador ante una obra de arte? o quizás, debería decir: ¿cómo reacciona un lector ante la poesía que transgrede y va más allá de la experimentación del lenguaje?

Manicomio es un libro que nos cuestiona, que nos pica en zonas dolorosas en donde el poema es una mancha que se adhiere dentro de nosotros y nos toca precisamente a nosotros, como lectores, descubrir su significado en la lectura.

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