La presente nota, que reproducimos en Vallejo & Co., fue publicada originalmente por su autor en el diario La Prensa, en Lima, el 03 de abril de 1960. El mismo ha sido recuperado, a su vez, por el Archivo Blanca Varela (www.facebook.com/Archivo-Blanca-Varela-217024165162721/)

 

 

Por: Sebastián Salazar Bondy*

Crédito de la foto: Cortesía Archivo Blanca Varela

 

 

Los sueños conscientes de Blanca Varela

Es cierto, como lo anota Octavio Paz en la nota preliminar respectiva, que el libro de poemas que BLANCA VARELA acaba de publicar en México[1] tiene en su estilo, en su concepción, en sus logros, una deuda con el surrealismo. Se podría decir que, en especial la segunda parte —los últimos poemas, ya que el volumen reúne páginas escritas entre 1947 y 1958— es una colección de sueños, pero de sueños conscientes, inventados, ficticios, ya que no versiones documentales de verdaderos sucesos subconscientes. Y ello no sólo porque en la formación de la escritora haya obrado la poderosa influencia de ese gran movimiento liberador del arte, sino porque su temperamento y hasta su actitud se deciden por una reducción —o ampliación— de la realidad mediante deformaciones, quiebras, rupturas, comparaciones y evocaciones de deliberado carácter onírico.

He ahí, en esencia, lo valioso y lo débil del libro. El propio Octavio Paz no alude en su prólogo a los poemas en su integridad. Dice que, como otros poetas de esta promoción, Blanca Varela no aspira a fracturar el muro de la realidad sino recorrerlo, explorarlo y conocerlo, y cita para ilustrar el poder expresivo de la autora versos sueltos, verdaderos hallazgos, en verdad, de belleza misteriosa y, sin embargo, conectada con el mundo inmediato. Si es así, como parece, cada pieza se ofrece como una preparación de la fantasía a la operación de encontrar, tras la persecución, una imagen luminosa, una deslumbradora definición poética de alguna evidencia indefinible de otro modo.

El poema, entonces, es tal en esa instancia, en esa sima, mas todo él se resiente por falta de unidad. Eso especialmente —como queda anotado— en las creaciones más recientes, desde «Divertimento» hasta «Destiempo». Tal vez esto se deba a un método de concepción que se adivina: Blanca Varela yuxtapone una serie de versos, una serie de revelaciones, que se producen en un semejante estado creativo, pero que no surgen de inmediato ni bajo el imperio de una uniforme emoción. Indispensable es señalar, no obstante, que esa discontinuidad de la inspiración es interna. La fluencia exterior del poema está dada por la fluencia de un estilo.

 

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Sebastián Salazar Bondy flanqueado por las hermanas Nelly (izq.) y Blanca Varela (der.)
en el Parque de la Reserva en Lima, Perú
C. 1947
Cortesía: Archivo Blanca Varela

 

Blanca Varela es quizá la única escritora, la única poeta joven del Perú, que tiene estilo. Su expresión literaria ha encontrado una manera de decir que es, al mismo tiempo, clara y eficaz, y a diferencia de la mayoría de las poetisas de aquí y bastantes del resto del continente, se muestra dueña de su oficio. Desdén a todo sentimentalismo, a todo lugar común, a toda concesión al gusto consagrado, y parejamente vivo y atento por la experimentación audaz, la convierten en una voz que se distingue muy nítidamente del común de las firmantes de libros poéticos.

Para quien conoce a Blanca Varela y sabe con cuánta modestia y austeridad ha guardado sus poemas, no es un secreto que ella misma sabe bien que su obra intenta abrir una ventana hacia un espacio diferente, hacia un espacio que yace oculto tras la propia persona que es ella. El amor no es para Blanca, como en las escritoras que no han superado su adolescencia —entre las cuales hay muchas cuya edad así podría hacerlo suponer— un mero destino, sino, antes que otra cosa, una redención y, por tanto, una pasión con sus castigos y sus exaltaciones. Una forma, en suma, de conocimiento íntimo, de salvación de sí mismo en sí mismo pese a la presencia ajena. Y, de idéntica forma, eso acontece con otros temas. De todos modos, en el libro comentado, se desprende un afán ritual de compenetrarse con la persona humana y angelical que cada cual guarda en sí. Internación y no entrega, tal vez sea la norma que preside esta poesía.

 

primera ed. ese puerto existe 1959

 

Convengamos, pues, que ESE PUERTO EXISTE es el mejor libro de mano femenina con que contamos porque, no empece sus contradictorios aciertos y endebleces, manifiesta la personalidad rotunda de una artista que crea su obra como una parte de su intransferible universo, y eso con una palabra que sólo puede ser de ella, que la identifica en la pluralidad como original y solitaria. Es lo que siempre pedimos de un libro y su autor: que sirva a propósitos propios, que se cierre como un ámbito autónomo, que perdure en la memoria con precisos trazos de claror y opacidad.

La realidad está aquí deformada, quebrada, evocada. Son sueños de vigilia, visiones no extraídas de éxtasis irracional alguno. «La vida —dice Blanca Varela— es una noticia conmovedora.» Y añade: «Atravieso el desierto, / la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado. / Estoy casi olvidando». Llegar a ese punto de libertad, aunque la existencia tiente nuestro corazón, es la aspiración de esa poesía que se quiere como reemplazo y superación de todo.
 

 

*(Lima-Perú, 1924-1965). Escritor y periodista cultural. Escribió poesía, dramaturgia, narrativa y ensayo. Ganó el PremioNacional de Teatro del Perú en 1947, 1952 y 1965 y el Premio Internacional de Poesía León de Greiff (1960). Fue parte del staff editor de Populibros Peruanos. Ha publicado en poesía Cuaderno de la persona oscura, El tacto de la araña, etc.; en novela Alférez Arce, teniente Arce, capitán Arce…, etc. Las obras de teatro Amor, gran laberinto, Rodil o El rabdomante y ensayos La poesía contemporánea del Perú o Lima la horrible, entre otros.

 

 



[1] Blanca Varela, Ese puerto existe, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 1959.

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