Vallejo & Co. reproduce este texto publicado por su autor, originalmente, en la revista Huellas Humanas, Ed. San Marcos, 1954, p. 123. y fue rescatado y publicado por www.barrancodecarton.lamula.pe, llegando a nosotros vía el fotógrafo Herman Schwarz Ocampo.

 

Por Ernesto More*

Rescate de archivo www.barrancodecarton.lamula.pe

Crédito de la foto www.casadelaliteratura.gob.pe

 

 

Los duendes y José María Eguren

 

 

Pero no vaya a pensar el lector que Eguren deslizó su vida sombríamente, de espaldas a la alegría. Hubo una época en que, rodeado de amigas y amigos, conoció lo que se ha dado en llamar la alegría de vivir.

En 1929 se constituyó en Lima el grupo de los Duendes, al conjuro de José María Eguren, fundador de la duendería. Los duendes eran, aparte de Eguren, Isajara, Aurora y Pilar Laña, Alida Elguera, Helena Aramburú Lecaros, Enrique Bustamante y Ballivián, Martín Adán (duende ciento por ciento), Luis Alayza y Paz Soldán, Enrique y Ricardo Peña Barrenechea, Alfonso de Silva, José Hernández, Arturo Jiménez Borja, Carlos Crosby, Alfonso Vargas, José Alvarado Sánchez (todo un duendecito), Luis Fabio Xamar, Luis Felipe Alarco, Oquendo de Amat, Emilio Adolfo Westphalen, Luis Valle Goicochea (duende conventual), Pepe Diez Canseco, Carlos Sánchez Málaga (duende pescador), Antonio Espinosa Saldaña, Carlos Raygada, Gilberto Owen, duende a pesar de ser mexicano; y otros más cuyos nombres, por ser de duendes, se le escapan al cronista.

 

Martín Adán, Alida Elguera, José Torres de Vidaurre, José María Eguren y Arturo Jiménez Borja (figura al margen derecho) en la casa Columbia, 1931.

 

No han llegado a los oídos del cronista sino muy velados detalles acerca de la duendería, lo que está probando es que existió. Duende que transparenta deja de ser duende. Lo cierto es que los duendes se reunían con cierta frecuencia, por las noches, con el ánimo de formar algazara literaria. Cuentan que Eguren dijo: “Fíjense bien, yo soy un duende!… pero hay otros duendes! ¡Cítenlos para formar una ronda y una vida!… La haremos a espaldas del mundo o adentro de la tierra, porque yo he visto unas cuevas muy lindas… No seremos muchos, pero bailaremos, cantaremos, jugaremos… y luego (aquí el poeta dicen que bajaba la voz), en cuanto venga la aurora… ¡zas!… desapareceremos!…”

Las reuniones se realizaban en una casa del Olivar de San Isidro. La cofradía subterránea tenía su ceremonia, sus obligaciones, sus investiduras. En la primera sesión, Eguren dispuso que el trabajo debía concretarse a “cazar mariposas azules, que son las que están siempre cerca al agua”. No hay mayores afirmaciones, ni esperanzas de obtenerlas, porque el Duende Mayor murió a los trece años de duendería, el año 42; y muchos de los otros lo siguieron por la misma ruta, como son Enrique Bustamante y Ballivián, Alfonso da Silva, Luis Fabio Xamar, Oquendo de Amat, Valle Goicochea. Los que perviven, no dirán nada, o dejarían de ser duendes.

 

 

 

 

 

*(Puno-Perú, 1897 – Lima-Perú, 1980). Poeta, periodista, traductor y político. Coeditor de los semanarios político-humorísticos El Hombre de la Calle y Cascabel. Junto a sus hermanos Gonzalo y Carlos fueron amigos cercanos de César Vallejo. Publicó en poesía Hésperos (1918) y Raíces andinas; y en novela Kilisani (1939). Su ensayo Vallejo en la encrucijada del drama peruano (1968), es una de las mayores fuentes de primera mano que sobre la vida de Vallejo en París se han escrito.

Deja un comentario