Por Itzel Patricia Ortega H.*

Crédito de la foto Gerardo Alcocer

 

 

Lo sórdido y lo cotidiano:

la poesía de Miranda Guerrero**

 

 

La poesía es una forma de autoconocimiento.  No sólo para aquél que escribe, sino también para quien lee pues todo acto poiético, creador, desestabiliza esa parte de la existencia que suponemos inamovible, la cuestiona y replantea desde su seno: el lenguaje; material y herramienta con que construimos el mundo. La alteración de ese orden, que no es otra cosa que la alteración del sujeto mismo, obliga al lector a repensarse desde esa ruptura con lo conocido, a participar de la experiencia del poeta de ser en y frente al mundo y continuar el esfuerzo creador vertido en las posibilidades ilimitadas del poema con el objetivo de revelarle algo de sí mismo. En este sentido, la poesía es también búsqueda constante y la búsqueda de Miranda Guerrero parece orientarse hacia la comunicación franca: el estilo prosaico, la brevedad de sus poemas y la cotidianeidad de sus motivos permiten la reconfiguración efectiva de la epifanía cifrada en ellos.

Gran porcentaje de los poemas reunidos en esta muestra se desarrollan en el ámbito privado; el sujeto de la enunciación encuentra en su sistema de interacciones más cercano, la familia,  las primeras formas de otredad y sus tensiones. La madre se construye como aviso del propio deterioro: “Mi madre corta la cebolla, / el jitomate y el cilantro. / Cada vez que lo hace, su cuerpo parece otro. / Podría ser el mío. / De no ser por (…) las bolsas de grasa que cuelgan como saco roto/ y la hacen ver más vieja”. De una situación cotidiana, y como de golpe, esta joven poeta, que parece siempre hablar a media voz, nos enfrenta a la temible conciencia de nuestra finitud: “Hoy comí con mi madre / en uno de los Sanborn’s / que solíamos visitar con mi abuela. / (…) Fue un buen servicio / aunque no puede evitar sentir miedo. / Algún día esto no será más que algo lejano / (…) entonces yo estaré comiendo sola”.

 

Collage de Miranda Guerrero

Collage de Miranda Guerrero

 

En estos versos la poeta se da la oportunidad de abordar temas complejos y ocultos en el diario devenir como el miedo, la pérdida, la desesperación, para mostrarle al lector un mundo, que bien puede ser este, donde las relaciones primarias son las más sórdidas: “[mi madre] tuvo que esconder la suspicacia / con la que se ve un árbol envejecer / y comenzó a criarme. / Yo no era alegre / y si podía, la maltrataba”. Otros fantasmas familiares pueblan estos versos el padre, hermanos, abuelos que desestabilizan el deber ser de estos roles, recordándonos que son humanos y por tanto falibles.

La infancia, otro motivo directriz de esta muestra, se enrarece tras el velo de la remembranza. La voz que enuncia parece revelarse contra sí misma. Exigir una revaloración de los pensamientos mediatos entre el hecho y la memoria: “Muchas cosas dicen de los niños / todo, / excepto que ellos se convertirán en adultos”. En cierto sentido, los poemas relativos a la infancia parecen contener también una fuerte denuncia al abuso escolar, a la sobrecompensación por parte de los padres y otros males que trastornan la autopercepción: “Tuve una infancia feliz; luego el colegio / y mis compañeros no vieron lo mismo / que otros veían”. La imagen del perro, casi obsesiva, busca también subvertir el estatus quo entre éste y el hombre: “El otro día un hombre rompió mi alma / al decirme que yo amaba de más a los perros/ (…) Yo respondí: Señor, yo no los amo; / les temo. / (…) El hombre no dijo palabra alguna, / sólo me ladró”. Además de contribuir al andamiaje de la cotidianeidad; donde hay humanos, hay perros.

 

"Mazatlán", collage de Miranda Guerrero

“Mazatlán”, collage de Miranda Guerrero

 

Como muchas antologías y muestras poéticas, el criterio que rigió la selección de la poeta fue simplemente acumulativo, por lo cual el lector encontrará una miscelánea donde conviven estos y otros motivos en menor grado. Ésta, la primera voz de Miranda Guerrero, apela a la sencillez, trabaja con el poema corto, de fácil digestión pero no por eso menos sustancioso, cuya revelación está incluida en el mismo discurso pues, como he mencionado al principio, la mayor preocupación de la poeta es la comunicación directa; asegurar lo más posible la permanencia del lector en este viaje de autodescubrimiento.

 

 

 

 

 

*(1992). Estudiante de Letras hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana- Iztapalapa (México). Ha colaborado en diversas revistas impresas y electrónicas. Actualmente colabora en el proyecto de investigación internacional: Romancero, Cancionero e Imprenta (UAM-I/ Universitat d’Alacant).

itzel.patricia.ortega.h@gmail.com

 

**(Ciudad de México-México, 1993). Licenciada en Letras hispánicas en la UAM Iztapalapa (México). Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.

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