Vallejo & Co. presenta una entrevista al poeta Tom Maver sobre la reedición de su poemario Marea Solar y sus nuevos proyectos de escritura.

 

Por Natalia Litvinova

Crédito de la foto (izq.) Nadina Marquisio /

(der.) Ed. Alto pogo

 

 

Lírica animal.

Sobre Marea solar (2018),

de Tom Maver

 

 

El poemario Marea solar de Tom Maver, fue publicado en el año 2016 por Alción editora y este año la editorial argentina Alto pogo decidió reeditarlo. Se trata de un libro cuyo protagonista es un pájaro: una voz migratoria nos lleva hacia lo agreste y lo fértil de la vida y sus ciclos. El escritor y crítico argentino Marcelo Cohen se refirió a este poemario de este modo: “Para vivir entre verano y verano, los charranes árticos vuelan ochenta mil kilómetros por año. Creo que ni siquiera un ornitólogo afectuoso me hubiera hecho comprender que en esa existencia sellada por el instinto, hay potencia, dudas, aceptación, plenitud, amor filial, paternal y sensual, seducción y visión, arrogancia joven y muerte templada, como Marea solar, el libro en que Tom Maver se deja fundir con el pensamiento de un charrán, o le da la palabra”.

 

EL poeta Tom Maver

EL poeta Tom Maver

Entrevista

 

Natalia Litvinova [NL]: En un ciclo de lecturas te escuché hablar sobre tu sedentarismo. Cuando terminé de leer Marea Solar, surgió una pregunta: ¿Por qué elegiste al charrán ártico (ave marina célebre por su migración: vuela desde su área de cría en el Ártico hasta Tierra del Fuego, y después vuelve, una vez al año) como protagonista de tu poemario?

Tom Maver [TM]: Efectivamente, me considero una persona sedentaria. Lo vivo con cierta contrariedad y malestar. Me acuerdo que después de una lectura una persona que se ve que notó esto, me dijo algo que me dio consuelo. Dijo que seguramente en una vida anterior yo había sido una persona muy viajera y que en esta vida me tocaba descansar. De modo que, en mis momentos de descanso, como un desafío o una revancha al cansancio y al sedentarismo, en este caso me propuse escribir desde el punto de vista de alguien que hiciera de su vida un viaje. Ahí aparecieron los charranes árticos. Era una máscara (pienso en las griegas, esas que le daban más alcance a la voz) perfecta para lo que quería hacer, que era reflexionar sobre las migraciones, el misterio de una vida en movimiento constante. Además, esos animales me resultaban lo suficientemente extraños y ajenos como para inventarles una voz, un tono y un destino.

 

 

[NL]: ¿Cómo fue la construcción de Marea Solar? ¿Qué investigaciones hiciste, qué información descartaste y cómo surgió la voz del narrador que antecede a cada división o parte?

[TM]: El libro lo construí lentamente, desde el principio sabía que era un ave la que hablaba. No sabía cuál. No sé nada de pájaros. Así que investigué, leí, vi documentales. Eso me ayudó a “bajar” la voz cuando se me hacía demasiado lírica, me permitía nombrar cuestiones concretas de la vida del charrán ártico. Pero en cierto punto pensé que, si quería verdaderamente meterme en la piel del ave, debía hablar con algún ornitólogo. Ahí me di cuenta de que no era eso lo que yo necesitaba para escribir. Mi guía era la intuición, una voz, ciertas imágenes y algunos datos sobre estas aves. Paré la investigación y seguí con la escritura. De todas maneras, tengo que decir que admiro a gente como Anne Michaels, John Berger o Pascal Quignard que hacen de la investigación y de la relación con la realidad una poética, un organismo vivo de frases hermosas y observaciones lúcidas.

Las partes que están en prosa surgieron como una necesidad de hacer un quiebre entre las de los poemas (una para cada etapa de la vida: idea que tomé de Las olas, de Virginia Woolf). De darle aire a la lectura y hacer un contrapeso para la voz del pájaro. Lo importante era que fuera distinta al resto del tono del libro, un poco más seca, lejana.

 

 

[NL]: Pronto vas a publicar un nuevo poemario, Nocturno de Aña Cuá, donde la presencia dionisíaca de los animales genera un clima de ensoñación. ¿Nos podrías contar de qué se trata este libro y compartirnos un poema?

[TM]: Nocturno de Aña Cuá es el correlato de la muerte de mi padre. La cuestión de la aparición de animales es, como decís vos, algo propio de la ensoñación. Recuerdo una especie de visión que tuve una noche cuando me tocaba quedarme con mi padre en el hospital. Me desperté de golpe a la madrugada, me giré para ver si respiraba y vi que un ciervo levantaba el hocico de su cama y salía de la habitación en dos saltos bruscos. Yo creí haber visto un ciervo, pero cada vez que lo recordaba, recordaba a un cebú. Diría que es un libro que también se alimenta de mi padre, de su trabajo en las plantaciones citrícolas de Corrientes y del demonio del lugar, que (entre otros nombres) se llama Aña Cuá.

Si para Marea solar investigué para acercar el discurso onírico-lírico a un ser de carne y hueso, en este caso el camino fue inverso: de los recuerdos a la invención, al chiste, a la alucinación. La muerte del padre como permiso para inventarle más muertes, bromear con lo que duele y correrme de la encrucijada de la pérdida.

 

¡Ja, viejo cosechero!

Caminante de las plantaciones,

¿qué vas a hacer ahora

con tu necesidad de espacios abiertos?

Es que no, sembrador.

Cómo descansar en la tierra

que no descansa, que balancea

peces que no duermen –

que sostiene animales que nunca durmieron –

marsupial, aguará guazú:

muestren sus párpados a la miseria.

 

Querrías subir a los cielos

como la destilación

de las bebidas espirituosas –

ay, fermento amado –

y cortar el embrujo que produce

tu propia desaparición.

 

 

[NL]: ¿Podrías mencionar tres libros que afectaron tu escritura de estos últimos años?

[TM]: Qué linda pregunta para un lector que siente que es en los libros de los otros donde hay que buscar la propia escritura. Y me gusta esa palabra: afectar. Yo creo que hay tres en los que pienso, a los que vuelvo. Gran Sertón: Veredas, de João Guimaraes Rosa; la obra poética de Bustriazo Ortiz y la trilogía de Agota Kristof.

 

 

[NL]: Háblanos sobre tus próximos proyectos.

[TM]: Quiero escribir una novela cuyo argumento se está volviendo cada vez más personal y extraño y que me está costando una barbaridad sacar adelante (aunque volviendo a tu pregunta anterior, la lectura de Violette Leduc me está ayudando). Por otro lado, tengo varios proyectos a medio hacer de traducción para la editorial Llantén. Uno que me interesa particularmente sobre ensayos.

 

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3+1 poemas de Marea Solar (2018)

 

 

Nacer lleva tiempo.

El mismo que tardamos en darnos cuenta

de que otro nos sostiene, abriga y espera

a que podamos hacer las cosas por nosotros mismos.

El que nos lleva aprender que hablar

es tocar el mundo, la cara

de quien oye, con nuestra voz.

 

 

 

Somos aves sin canto.

¿Qué sube por mi garganta entonces?

Es como si en mi boca amaneciera

yo mismo. No sé explicarlo.

El calor cae sobre mí y algo,

un movimiento vertical me atraviesa.

Quizá ésta sea otra clase de alarido,

la transfiguración de un viaje.

Degustar en mi lengua la mañana

que veo con los ojos.

 

 

 

Hay que avanzar y no pensar en eso.

Pero mi madre está tendida

queriendo picotear el musgo de las piedras,

escarbando. No quiso ver cómo sus pichones

dejábamos los valles en dirección al sur.

Pronto, la nieve empezará a descender

sobre ella. A medida que me alejo de la costa

intuyo que habla sola de cara al piso,

llenándose la boca con barro, como buscando

entre las raíces más cercanas al núcleo de la tierra

el tibio origen de los abandonos.

 

 

 

Fijo la vista en el sol. Ni me ciega

ni calienta la superficie de las cosas.

Sólo las ilumina brevemente.

Renuncio a su protección

y me aparto de la bandada.

Desciendo como si trajera

algo del comienzo de los tiempos,

como si acudiera a un llamado

desde ese otro territorio que es

el futuro, o bien el pasado, o bien la tierra.

 

 

 

 

 

*(Buenos Aires-Argentina, 1985). Poeta, traductor y editor. En la actualidad, es codirector de la editorial Llantén. Ha publicado en poesía Yo, la incesante nieve (2009) y Marea Solar (2016; 2018); y en traducción Rosa, de Li-Young Lee (2015) y Biografía en los saquitos de té, de Westonia Murray (2017).

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