Por: Joséagustín Hayadelatorre

Crédito de la foto: Izq. Visor

Crédito de la foto: Der. Nilton Santiago

 

 

Las musas se han ido de copas (2015),

de Nilton Santiago

 

 
La poesía de Nilton Santiago se puede interpretar como la propuesta de un itinerario por cuatro elementos; así lo marcan sus cuatro libros. Con El libro de los espejos (segundo puesto premio Copé de Poesía 2003) nos propone a un viandante que se va construyendo en el mundo, que recolecta señas para su camino y que vuelve suyo todo lo que le podría ser ajeno. Este corresponde al agua, al efecto especular y de cuestionarse qué hay detrás de la tensión del agua y qué o quién es lo sumergido. En su siguiente libro La oscuridad de los gatos era también nuestra oscuridad (II Premio internacional de poesía joven Fundación centro de poesía José Hierro) señala la conquista de un lugar y de su predilección por el momento donde siente pasan las situaciones más intensas, así sean discretas, que revelan el fuego. A continuación, con El equipaje del ángel (Premio Tiflos XXVII) el recorrido continúa con el despegue del poeta, aire, etéreo en su quehacer, donde se nos relatan las distintas pociones alquímicas como la utopía que se encuentran en ese maletín con el que enfrenta a un mundo del que denuncia su pérdida de humanidad. Tal vez, por ello, decide ir en busca de seres lumínicos.

 

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Finalmente, por el momento, lo correcto es decir recientemente, con Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América de Poesía Americana), el viajero, a pesar de una pérdida de fe, le vuelve a dar una nueva oportunidad a los seres humanos y desciende a la tierra porque confía en que esos seres lumínicos se encuentran también en esta Tierra destruida por sus/nuestras propias manos. Y así camina entre las ruinas morales y éticas, la codicia, la “democracia y otras cuestiones políticas” para contarnos, a modo de pequeños cuadros, cómo existe luz en lo cotidiano, cómo es posible que, parafraseando a Hölderlin, se puede, se debe, se necesita escribir poesía en tiempos de miseria —disculpen la declamación de urgencia—. Para ello, la poesía de Nilton Santiago muestra dos constantes sobre la creación de la material verbal que poemario a poemario ha potenciado: el uso de la ironía, como chaleco salvavidas, y la creación de imágenes que se reproducen —en el mejor sentido de conservación de la especie— y que a su vez se renueven y se fagocitan para otorgarle ese impulso vital que lleva a la voz poética a encontrar a irse con las musas de copas no como necesidad de inspiración, sino de goce de los remanentes de belleza que existen en este mundo. Así, el poemario nos ofrece una estadía entre el éxtasis y la melancolía. En esta se retratan a los seres cercanos quienes, como dirían Lautréamont o Martín Adán, hacen que la poesía sea hecha por todos, que sea la suma de las voces, a partir de la ternura, como el paseo con sus familiares o las historias de desamor o la complicidad de los amigos y la discusión teórica sobre cuestiones poéticas como la forma de estar en el mundo, que a su vez resuelven líos de faldas o cuestiones ideológico-estéticas como la impronta del capitalismo en nuestras vidas. Sin embargo, el título del libro denuncia una orfandad sobre la que el caminante pareciera preguntarse: “¿cómo me han dejado las musas en este mundo?” A la que se respondería “¡Se han ido de copas!… (¡Y sin mí!)”. Ese irse de copas asienta nuevamente la relación con la noche y es un acto ambiguo donde o bien se busca la fiesta, interminable por las calles de El Raval, de El Poble Sec o de las ramblas y otros barrios barcelonenses, por ejemplo, o bien irse a consolar en los brazos de un amor no correspondido al que con legales artilugios poéticos, como los equinoccios y algunas nomenclaturas verbales basadas en la belleza femenina se busca convencer de sus propiedades restitutivas. En esos caminos en los que se percibe dureza y ternura, y una llamada a la solidaridad, el poeta, decide conquistar su tiempo y presentarnos, para que hagamos nuestras, los destellos de luz. Por eso, decide retrasar los relojes de arena, grano a grano, como cada una de las imágenes hilvanadas, para que al revisar el mundo entendamos que se puede creer en él, que asumirlo con ligereza, con correa, sin perder la distancia crítica, nos otorga una oportunidad de goce. Por ello, en el fraseo encontramos coloquialismos, que a su vez desacralizan lo sagrado de la inspiración, de las musas griegas que en realidad están al lado nuestro.

 

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El poeta Nilton Santiago en la Casa del Carrer dels Tallers, Barcelona.

 

Las musas se han ido de copas, sí; quien visite Barcelona con Nilton sabe que será guiado sigilosamente como los gatos por todos los recovecos donde la vida dé un respiro y que a ese recorrido se unirán algunos amigos, que también son personajes como Bruno, sentado acá al lado nuestro, fiel compañero, según las anécdotas del libro, quien comparte las pasiones de este poeta y quien seguramente también ha encontrado distintas musas entre las copas.

 

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