Por: Mario Pera

 

Crédito de la foto: Juanco Farías

 
 
 

Nacido en Nohualhue – Nueva Imperial, Chile, el poeta Omar Lara ha dado forma a una obra poética que cuenta con más de veinte poemarios entre los que destacan Los Buenos DíasBienvenidas calles del PerúOh, buenas maneras y Papeles de Harek Ayun. En 1964 fundó el Grupo de Poesía Trilce, así como una revista literaria de idéntico nombre que circula hasta la actualidad, convirtiéndose en una de las pocas publicaciones, sino la única, con casi cincuenta años de existencia en el ámbito literario, sin duda, toda una hazaña.

 

Su activismo cultural y político lo trajo a Lima en 1974, exiliado debido a la dictadura pinochetista, circunstancia que estrechó sus vínculos con la poesía y con los poetas peruanos. Tras su estadía en nuestra ciudad, el poeta viajó a Bucarest, Rumanía, en donde vivió por casi una década y donde se vinculó con la poesía rumana, a la par de promover el conocimiento de la poesía latinoamericana en dicho país. En aquella misma ciudad se graduó en filología en la Facultad de Lenguas Romances y Clásicas de la Universidad de Bucarest. En 1981, viajó a Madrid, ciudad desde la que continuó promoviendo la revista Trilce, que ingresó en una segunda etapa, y en donde fundó las Ediciones Literatura Americana Reunida (LAR). Tras su retorno a Chile, continuó promoviendo la revista Trilce, en su tercera etapa, así como la editorial LAR.
 

A la par de su labor de creación poética, Lara se desempeña como traductor del rumano al español y viceversa, idioma que domina gracias a su exilio en Bucarest, traduciendo a escritores como Marin Sorescu, Eugen Jebeleanu, Mihai Eminescu, entre otros. Incluso, su labor de traducción ha sido reconocida al recibir el Premio Internacional de Poesía Mística Fernando Rielo, en 1983, por El Ecuador y los Polos, de Marin Sorescu.

 

Ha sido merecedor de varios premios en reconocimiento a su labor poética, entre los que destacan el Premio Casa de las Américas (1975) por el poemario Oh, buenas maneras, la Beca Guggenheim (1983), la Medalla Mihai Eminescu por el Gobierno de Rumanía (2001), la Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda (2004), el Premio Casa de América de Poesía Americana (2007) por el poemario Papeles de Harek Ayun y, recientemente, el Premio Internacional Rafael Alberti 2012. Así también, por su labor como promotor literario y editor de la revista Trilce, se hizo merecedor del Premio de la Sociedad de Escritores de Chile (2006).

 
En la presente entrevista, el poeta Omar Lara nos permite conocer más sobre su vínculo con la poesía, su vida en el exilio durante el régimen de Pinochet, así como su labor de creación poética y de promoción de la poesía.

 
 
 
 

1. Omar, naciste en el campo y fuiste criado por tus abuelos, una circunstancia particular pero que, actualmente, es muy común por las exigencias laborales para los padres. ¿Ambas situaciones han influido en tu poesía? Si es así, ¿de qué manera se percibe el ambiente rural y el haber crecido en un entorno familiar distinto al de la mayoría?

 

El sur chileno es un sur rural. Las ciudades se han ido formando o fortaleciéndose tardíamente con las migraciones de campesinos que llegan allí por cuestiones económicas o para abrir sus horizontes. La idea de la ciudad, además, atrae, pues simboliza el progreso y, por otra parte, los pequeños y medianos propietarios se empobrecen cada vez más, víctimas de la prepotencia de una oligarquía que se hizo aún más fuerte y opresora después del golpe militar del ‘73.
Con esto quiero decirte que mi crecimiento no es tan distinto al de los poetas nacidos y crecidos en la zona. La poesía lárica, conceptualizada por Jorge Teillier, es, de alguna manera, una respuesta a esa situación, esta poesía no hubiese podido surgir en los grandes centros urbanos o industriales.
En lo que a mí se refiere, no me es fácil definir esas notas diferenciadoras en mi propia poesía. Me siento, sin ninguna duda, un poeta campesino o de formación campesina, pero es una percepción que parte, sobre todo, del anhelo de sentirme en esos orígenes.
En cuanto a la crianza con mis abuelos, ellos fueron exactamente mis padres, con el agregado de su cultura hondamente afincada en la geografía y las costumbres campesinas. A mi casa llegaban los parientes y los amigos a cantar y a contar sus historias escabrosas y espeluznantes, con mucha presencia de elementos sobrenaturales, mágicos y fantásticos.

 
 
 
 

2. Iniciaste la universidad estudiando pedagogía en castellano, en esa época fundas el grupo poético y la revista de poesía Trilce; años después estudias filología en la Universidad de Bucarest-Rumania, por lo que sospecho que tu relación con la poesía nació desde muy joven. ¿Cómo te vinculaste inicialmente con la literatura, y con la poesía en particular? ¿Varió tu forma de acercarte al hecho poético tras estudiar filología?

 

Mi vinculación e interés por la poesía nació antes de llegar a la universidad. Nació en Imperial, mientras era estudiante de enseñanza media o secundaria, como se llamaba en ese entonces. En el liceo había pequeños grupos que se interesaban en el teatro, en la lectura, en la oratoria. Era un ejercicio modesto por las condiciones modestas del entorno pero que, en algunos casos, propiciaron acercamientos y pasiones duraderas. Fue mi caso.
Cuando terminé la enseñanza liceana ya había escrito un pequeño libro,Argumento del Día, que se publicó un par de años más tarde. Con ese modesto legajo llegué a la universidad, primero a Temuco y luego a Valdivia, donde al año de llegar formé el Grupo Trilce de Poesía y la revista homónima.
Estudié, entonces, paralelamente a mi trabajo poético, y la única influencia de esos estudios, la principal, fue que me alejé de la idea de la enseñanza y, cuando debí definir mi futuro profesional, opté por algo que no fuera la cosa académica, me di cuenta que eran  campos demasiado potentes y que difícilmente podría conciliarlos en armonía.

 
 
 
 

3. En tu poesía se aprecia una mirada constante hacia los recuerdos, es una poesía intimista que no por ello pierde la brújula y deja de lado tu relación con el entorno que te rodea. Es una poesía en la que podemos apreciar el uso preciso del lenguaje para que no sobre nada, combinado con imágenes de la vida cotidiana que nos muestran el enfrentamiento del poeta Lara consigo mismo. En relación a ello, ¿cómo ha ido variando tu poesía a lo largo de las décadas? ¿Ha variado el tono, la forma de expresión, o ha variado el contenido o los temas de los que te has ocupado en tu obra?

 

Supongo que el «tono» evoluciona, se nutre, gana y pierde, convoca matices, se repliega, salta y se sobresalta. La poesía es un cuerpo también y como tal evoluciona, crece y envejece. En momentos muy decisivos de su la vida podemos detenernos y mirar nuestro propio cuerpo y darnos cuenta de los cambios. Igual sucede con la poesía. Yo estoy con ella y la cobijo y le tiendo la mano, siempre. Pero más que una madre dominante, la veo como una hermana o una cómplice amorosa y comprensiva.
Pero, cómo cambia y cuándo y por qué, ya es más difícil de determinar. De pronto nos enfrentamos a una experiencia poética y nos damos cuenta  que hemos dado un salto, que hemos tirado el tejo hacia una línea diferente. Qué más. En cuanto a temas y contenidos supongo que los grandes temas son siempre los mismos, asimilados y experimentados desde otra perspectiva, desde otra edad, desde otra maduración. ¡Son tan pocos esos grandes temas!
Siempre he querido pensar que mi poesía, a pesar de algunas experiencias terribles, y que la palabra ha debido obligatoriamente asumir, no ha sufrido —o gozado— quiebres dramáticos. Quiero ver una línea en evolución, desde Los Buenos Días —de algún modo el libro creador de mi trabajo poético— hasta Mirar la Ciudad; pues siempre he estado mirando, o jugando con la palabra desde la mirada.

 
 
 
 

4. Tienes un vínculo cercano con el Perú. Tras la llegada al poder en Chile de la dictadura pinochetista, fuiste encarcelado y luego deportado a nuestro país en 1974. ¿Qué recuerdos tienes del tiempo en el que viviste en nuestro país en esa época? ¿Te vinculaste con los poetas y escritores peruanos?

 

No deportado exactamente, aunque todo estaba envuelto en la gran maraña represiva. Deportado o exiliado o emigrado político no hacen la diferencia. Después de los cuatro meses de cárcel, todo aconsejaba una salida rápida del país. En mi caso fue casi un milagro, pues, por una rara confusión de papeleos, que hasta hoy no entiendo, me condenaron, en ausencia, a 40 años de cárcel. Pero, ya estaba en el Perú.
Mucho más tarde, cuando apareció un librito mío en Lima, amparado por mi querido y admirado Arturo Corcuera, escribí algunas palabras que sintetizan y aclaran esta relación intensa con el Perú (no olvides que hace cuarenta años fundé en Valdivia el Grupo TRILCE de Poesía y desde entonces dirijo la revista homónima), dije entonces, en la Dedicatoria de Bienvenidas calles del Perú: «Esos seis meses en Lima marcaron profundamente mi vida toda. Nunca más sentí, como en ese tiempo, la fuerza, la intensidad y la devoción de la solidaridad humana. A más de 25 años de esos días (el libro se publicó en 2001) el estremecimiento de la gratitud permanece intacto y se acrecienta hacia los amigos de entonces y que —oh bondad del destino— en gran medida siguen siéndolo hoy».
En enero de 1974, cuando llegué a Lima, me esperaba en el aeropuerto mi amiga, la actriz chilena Orieta Escámez. Luego de abrazarnos y lagrimear un poco me reprochó: «No has besado la tierra que nos acoge». Lo dijo con tal emoción que yo, avergonzado, reparé la omisión y besé el cemento limeño. Antes que ese papa besador que, sin duda, había saludado y tal vez besado el golpe pinochetista. En la memoria he besado permanentemente esta tierra generosa y querida.

 
 
 
 

5. ¿Por qué nombrar Trilce, que es el título de la que para muchos es la principal obra poética peruana, al grupo poético y a la revista de poesía que fundaste en 1964 y que hasta ahora diriges? Asimismo, ¿Cuál crees que fue la trascendencia de Trilce para la cultura y la poesía, en especial, chilena e hispanoamericana?

 

Vallejo llegó a nuestra vida en los últimos años de la enseñanza media o liceana. Éramos un pequeño grupo, tres o cuatro, que buscábamos ávidamente alguna voz distinta. Habíamos leído a Maiakovski, Eluard, de Rokha, Huidobro y de pronto aparece Vallejo. Nos deslumbró sin vuelta. Caminábamos hasta la madrugada, borrachos de lluvia y de la obstinación de su enorme poesía y en la memoria conmovedora de su «ser y estar». Caminábamos, digo, ebrios de Trilce,Los heraldos, los Poemas humanos. Recitábamos de memoria y a coro el poema «Masa», escribíamos pequeños estudios sobre su poesía.
El primer trabajo que hice en la universidad, más tarde, fue sobre algunos poemas de Los Heraldos Negros. Cuando me fui a Valdivia para continuar mis estudios universitarios, les confié a Juan y Carlos, los poetas vallejianos mayores del grupo: «en Valdivia crearé un grupo de poesía y se llamará Trilce». Y así fue.
Trilce, el grupo y la revista, ya son historia conocida en Chile, por lo menos en los círculos que se ocupan de rastrear la historia de nuestra poesía de las últimas décadas. Lo que fue Trilce, su trascendencia, nos ha sorprendido un poco. Éramos más bien un grupo de amigos juguetones que nos propusimos algunas tareas de alto voltaje, pero sin creernos mucho el cuento, ningún cuento. Eso sí, queríamos hacerlo bien, seriamente, respetuosamente. Y lo hicimos bien, al parecer. Los encuentros nacionales de poesía y la gestación de la revista Trilce, que perdura hasta hoy, son los hitos más visibles de ese quehacer.

 
 
 
 

6. ¿Cuáles crees que son los puntos en común y los puntos de diferencia entre la poesía peruana y la chilena?, si es que crees que los hay o, restringiendo lo amplio de la pregunta, ¿cuáles son los vínculos entre la poesía de ambos países?

 

Supongo que esto sería materia de especialistas. Sin embargo, ya de jóvenes Vallejo nos incitó a conocer el espacio poético de donde provenía, y leímos a Alberto Hidalgo, Martín Adán, César Moro, entre otros. Ah, también nos llegó el lúcido Mariátegui. A Vallejo siempre se le empareja con Neruda y en aquel entonces, cuando leíamos a Hidalgo, pensábamos en Pablo de Rokha, y si íbamos a César Moro nos quedábamos también en Huidobro.
Las cercanías son manifiestas, y así como más tarde circula en Lima y en todo Perú la obra de Enrique Lihn o Jorge Teillier, para nosotros es entrañable la obra de Gonzalo Rose, Alejandro Romualdo, Carlos Germán Belli. Y qué decir de nuestra propia generación, la de los sesenta, en que la poesía de Cisneros, Corcuera, Hildebrando, por nombrar algunos, se entrecruza y dialoga armoniosamente con nuestra propia poesía, la de Gonzalo Millán, Manuel Silva, Juan Cameron, la mía, por qué no. Con muchos poetas no sólo estoy en cercanía, sino me siento decididamente hermano.

 
 
 
 

7. Además de poeta, Omar, eres traductor de la obra de importantes poetas rumanos como Mihai Eminescu, Lucian Blaga, Marin Sorescu, Ion Barbu, Gellu Naum o Geo Bogza, entre varios. ¿Crees que el hecho de que la traducción la haga un poeta le da un plus a la traducción sobre las traducciones hechas por quienes no son poetas? En ese sentido, ¿cuáles serían las principales características de la poesía rumana y de sus poetas más importantes?

 

Si hay un elemento enriquecedor en este caso, es el hecho de haber vivido varios años en Rumanía, de haber conocido a gran parte de los poetas que traduje y que ese conocimiento llegó a ser, en algunos casos, una gran amistad. De hecho, sigo manteniendo una relación estrecha con varios de ellos y hace dos años, cuando visité Rumanía después de muchísimo tiempo, me sorprendió la fraternidad y la memoria de muchos escritores con quienes compartí en mi época de exilio.
Con poetas como Ion Caraion, Stefan A. Doinas, Maria Banus, Eugen Jebeleanu, Mircea Ciobanu, Nichita Stanescu, Dinu Flamand y, sobre todo con Marin Sorescu, para mencionar sólo algunos, discutí largamente durante el proceso de traducción. Para afrontar otros trabajos, como la traducción de poetas clásicos como Mihai Eminescu o Alexandru Macedonski, fue esencial la ayuda de otros poetas o especialistas en poesía rumana. Y qué decirte de la traducción de una antología de poesía popular, tal vez el primer trabajo mayor que me propuse y, sin duda, el más complejo. Sin la colaboración de expertos en el folklor rumano y en lingüística, simplemente no me habría sido posible. Curiosamente es uno de los trabajos que más amo y atesoro en mi experiencia.
La poesía, por otra parte, es una en todo lugar e instante. Algunos poetas rumanos sintonizaron muy bien con cierta poesía chilena y latinoamericana. A Teillier se le lee como si fuera un viejo conocido y el humor, la ironía a veces feroz de Marin Sorescu nos viene muy bien, la entendemos y la asumimos naturalmente.
Recuerdo que con el poeta Dinu Flamand concebimos una muestra de poesía latinoamericana que causó un impresionante estupor entre los poetas y lectores rumanos. Digo estupor, en el sentido que mostramos un abanico —restringido, claro, no podría ser de otro modo— pero abarcador en cuanto a las tendencias o aventuras de la poesía de este continente. Del Perú incluimos a Vallejo, Martín Adán y César Moro. Quedó pendiente una segunda parte y me pregunto ahora, ¿por qué no hacerla ya?

 
 
 
 

8. En la última década hubo una explosión de editoriales independientes en el Perú, las que le han permitido a varios escritores jóvenes (narradores y poetas) publicar su obra ante la escasez o falta de apoyo de las grandes editoriales. Tú eres director y editor de Ediciones Literatura Americana Reunida (Ediciones LAR), en relación a ello, ¿cómo ves el desarrollo editorial en Chile? ¿Las grandes editoriales chilenas dan cabida a la publicación de nuevos autores? ¿El estado chileno ofrece algún tipo de apoyo para las editoriales que apuestan por los autores noveles?

 

Las Ediciones Literatura Americana Reunida (LAR), nació en Madrid, en 1981, con un objetivo muy definido: colaborar en el armado de un mapa literario chileno todavía un poco confuso, algo disperso después del golpe de estado que nos disgregó y nos distrajo. Había toda una estrategia para reacomodar el diálogo entre los escritores del interior y de la diáspora, una diáspora, por otra parte, bastante desordenada geográficamente. Había que colaborar en esa tarea, y fue lo que LAR se propuso y se impuso.
Nuestros libros empezaron a llegar a Chile, lo que fue muy bueno, y algunos libros editados en Chile empezaron a llegar con más fuerza a nosotros, lo que fue aún mejor. Surgió igualmente la revista LAR, colaboramos en la organización de encuentros de escritores, con presencia de autores que viajaban desde Chile, en Madrid mismo —donde estaba radicada la editorial y la revista—, en Paris y sobre en todo en Rotterdam, en encuentros de enorme trascendencia que organizaba Hugo Bascuñán.
LAR ediciones se vino conmigo a Chile, donde todavía continuamos una línea de ediciones marcada por la precariedad y los límites de una sociedad a la que poco le importa la cultura en general. Los primeros años en Chile, en plena dictadura aún, fueron particularmente elocuentes en cuanto a nuestra decisión de participar en la trama cultural. Había que pedir permiso para publicar, y nosotros no pedimos ningún permiso.
Así, publicamos los primeros libros sobre y de Salvador Allende. Editamos libros de Patricio Manns y Antonio Skármeta, prohibidos por la dictadura, un libro testimonial de Volodia Teitelboim, un libro sobre Víctor Jara. En verdad fuimos muy audaces, muy atrevidos, rayanos en la inconsciencia. Fuera de que nos requisaron varios miles de ejemplares, incluido un número entero de la revista LAR, no ocurrió nada de más gravedad.
Hoy, las grandes editoriales son empresas propiamente. No promueven escritores, promueven «productos», inventan productos a través de la portentosa maquinaria mediática que manejan a cabalidad. Existen, es cierto, editoriales llamadas alternativas o independientes, que luchan heroicamente por potenciar otro tipo de valores, incluidos los escritores jóvenes que no acceden a espacios mayores y mercantiles. Porque, de alguna manera, muchos escritores también le hacen el juego a las grandes fábricas de nombres y talentos.

 
 
 
 

9. ¿Cuáles son tus proyectos literarios a futuro? ¿quizá un nuevo proyecto editorial, una cuarta etapa de la revista Trilce, un nuevo poemario del que nos puedas hablar en primicia?

 

El trabajo editorial de LAR sigue su camino, en el ritmo que permite los tiempos que corren. LAR no corre, en todo caso, no está en fase terminal pero mantendrá, hasta cuando sea posible y necesario, un esfuerzo modesto, tal vez precario, en la medida de los requerimientos y de las fuerzas que lo sostienen.
Trilce cumplirá pronto cincuenta años de obstinada presencia, pero tampoco me quita el sueño su permanencia. Trilce ya estuvo, por decirlo de algún modo, no tiene que mostrar nada, que demostrar nada. A veces la insistencia en mantener un cuerpo con vida no se ve bien, no tiene justificación. No es que sea el caso, pero veremos qué ocurre en el futuro inmediato. Sea lo que fuere, tenemos una deuda que no permanecerá impaga mucho tiempo: un número monográfico dedicado a la poesía peruana. Ponlo como un compromiso y una decisión.
En cuanto a mi trabajo más personal, me sorprendo a mí mismo con la obstinación de recuperar algunos proyectos extraviados y en proponerme otros nuevos. Tengo tres libritos inéditos que no sé si vendrán como volúmenes autónomos, o los juntaré en uno solo. Es que han nacido y se han desarrollado en un solo tiempo, han jugueteado paralelamente y a veces, creo, se entrecruzan y se retroalimentan. Dicen que uno se plagia mucho a sí mismo. Su título: La ría en U, que, si bien es el título de un poema, en este mismo instante se me acaba de ocurrir que será el título del libro.
También me han pedido una antología de lo que serían mis poemas “políticos”, esos que nacieron en el momento del golpe militar de 1973, y originaron posteriormente varios textos alusivos. La idea me interesa, sobre todo en lo que tiene de recuperación y memoria. Somos un país de memoria frágil, aun cuando las consecuencias de ese capítulo aciago de nuestra historia continúan marcando nuestra vida como país y como ciudadanos, a pesar de los 40 años transcurridos. El libro se llamará, precisamente “1973”.
A mediados de año la Editorial Cuarto Propio publicará una antología mayor, algo muy cercano a mis poemas completos, con el título de Cuerpo Final. Y sigo con las traducciones, tengo varios libros a medio camino que me propongo revisar y, ojalá, terminar y editar. Me avisan, también, de una antología que saldrá este año en España.

 
 
 
 

10. ¿Algo más que quisieras añadir, Omar?

 

Esta charla se ha extendido bastante y mientras hablábamos se nos fue el querido y admirado Antonio Cisneros. Hace poco más de un año leímos en la Feria del Libro de Lima Antonio y Arturo Corcuera del Perú, y Raúl Zurita y yo de Chile. Fue una bonita lectura y un apacible e intenso reencuentro. Hildebrando Pérez decía, a propósito de nuestra generación, que somos “sobrevivientes”. ¿Será para tanto? Tal vez sí, tal vez no. Quiero creer, poeta, que aún tenemos cuerda para rato.

 
 
 
 
 

Biodata.
Omar Lara. Nohualhue – Chile, 1941. Ha publicado en poesía: Argumento del día(1964), Los enemigos (1967), Los buenos días (1972), Serpientes (1974), Oh, buenas maneras (1975), Crónicas del Reyno de Chile (1976), El viajero imperfecto / Calatorul neimplimit (1979, antología bilingüe español/rumano), Islas flotantes(1980), Fugar con juego (1984, antología), Memoria, antología personal 1960-1984(1987), Cuaderno de Soyda (1991), Fuego de mayo (1997), Jugada maestra (1998), Vida probable (1999, antología), Bienvenidas calles del Perú (2001, antología), Voces de Portocaliu (2003), Delta (2006), La nueva frontera (2007), Papeles de Harek Ayun(2007), Foto&Grafia (2009, con fotos del poeta y del fotógrafo Agustín Bennelli, y poemas de Omar Lara), Vida, toma mi mano (2009), La tierra prometida (2009),Argumentos del día, antología personal 1973-2005 (2009), Prohibido asomarse al interior (2009, antología), Mirar la ciudad. Pintura y poesía (2011, poemas de Lara y pinturas de Sebastián Burgos), Nohualhue (2012) y en narrativa infantil:Historias de Micutza (2006).