Por Christiane Quandt*

Crédito de la foto Alejandro Veira

 

 

La poesía me convierte en nosotros.

Entrevista a Frank Báez**

 

 

Christiane Quandt [ChQ]: Vives y trabajas en Santo Domingo, en la República Dominicana, un lugar que desde Europa o el mundo “occidental”, se asocia más a la idea de vacaciones que a la de poesía. ¿Qué significa para ti ser poeta dominicano, o sea, escribir desde la República Dominicana?

Frank Báez [FB]: El año pasado, la Revista de Occidente dedicó un número a Marcel Duchamp y me pidieron que participara. Les mandé un poema titulado “Memoria de un vanguardista” que empieza de la siguiente manera:

Cuando cumplí los veinte

reuní a mis padres

y les dije que había llegado la hora

de marcharme al extranjero

a convertirme en artista de vanguardia…

 

El poema parodia la idea de que, para ser vanguardista, es decir, para encontrar lo nuevo, uno debe dejar su hogar y mudarse a los grandes centros culturales del mundo. Sin embargo, como era tan complicado conseguir visas o becas, el poema planteaba que no quedaba otra opción que hacer la vanguardia en Santo Domingo, una ciudad que de vanguardista no tiene nada, es más, es todo lo contrario, una ciudad que está a la retaguardia. Por lo que el poema ilustra este dilema entre irse o quedarse que muchos artistas dominicanos tenemos. A veces, me tumbo en la cama y hago cálculos pensando en lo que ganaría yéndome y lo que perdería quedándome. Supongo que en el extranjero tendría mayores oportunidades y todas las facilidades que ofrece una gran urbe. ¿Qué perdería? Bueno, la ciudad. Ya no la podría tocar, no pisaría sus calles y no la sentiría en mi habitación, a mis espaldas, cuando me siento a escribir y ella lee lo que escribo y me sopla cosas al oído.

 

 

[ChQ]: ¿Es tan difícil hacer poesía desde Santo Domingo?

[FB]: Me imagino que como en todas partes. A pesar de las limitaciones, contamos con grandes poetas. Pero no solo eso, sino que también hemos recibido escritores y poetas extranjeros que se han revitalizado con nuestro sol, con nuestra historia y nuestros paisajes. Te pongo el ejemplo de una poeta alemana del siglo pasado: Hilde Domin. Como bien sabes, cuando escapó de Europa, tras la llegada de los Nazis, intentó buscar asilo en varios países y terminó aquí en la República Dominicana. Estuvo tan agradecida por el cariño que le brindaba la gente y lo colorido y divino de nuestros paisajes, que terminó adoptando el apellido de Domin en homenaje a la República Dominicana.

 

 

[ChQ]: Cuando presentas tus textos fuera de tu país, ¿te sientes más como poeta hispanoamericano, latinoamericano, centroamericano, caribeño o dominicano?

[FB]: Esto me hace pensar en un libro del escritor haitiano Danny Laferriere que se titula: Yo soy un escritor japonés. Bueno, me imagino que como la mayoría de los que asisten a estos eventos no han leído mi obra, se usan estas denominaciones para darle una idea de donde procede el poeta que van a escuchar. Claro, yo quisiera que me traten como a los poetas de los países grandes y que en vez de preguntarme acerca de geopolítica y de la crisis de nuestros países, me preguntaran como a ellos sobre el lenguaje, sobre el rumbo de la poesía y sobre la creación. Me gustaría que se refirieran a mí sencillamente como poeta. Pero por otro lado, esto también es un poco ingenuo y hasta egoísta, si uno piensa en el mundo desigual y segregado en el que vivimos.

Ya de por sí es un lujo que nos inviten a un festival y que uno pueda poner en el formulario de migración que su ocupación es poeta, y decirle al oficial de migración que uno viene invitado a un festival de poesía. Anteriormente, los poetas dominicanos tenían pocas posibilidades de viajar y de intercambiar libros con poetas de otros países. Por lo que es todo un privilegio poder beberse una cerveza con poetas, con artistas y con lectores de otras latitudes. Además, de alguna manera, creo que los poetas están hermanados, por el mero hecho de que crecieron admirando los mismos libros y poemarios. Por lo que uno encuentra un montón de afinidades con un poeta de Taiwán, de Marruecos o de Bulgaria.

Ese acercamiento y esa camaradería que surgen en los festivales contribuyen a crear diálogos entre los poetas de diferentes países, de diferentes culturas, y que sin duda expandirán lo que conocemos como literaturas nacionales o regionales. Dicho diálogo incentiva la lectura, la traducción, las reseñas, el ensayo, y envuelve al poeta en una experiencia literaria más amplia y más universal. A mí los poetas que más me interesan son esos que sirviéndose de influencias de diferentes culturas y diversas tradiciones, logran pintar su aldea y hacerla universal.

 

 

[ChQ]: En cada poeta suele haber un gran lector. ¿Cuáles autores y autoras te acompañaron al mundo de la poesía o lo abrieron para ti? ¿Hubo “descubrimientos” que te marcaron más que otros? ¿Dirías que tienes modelos literarios? En caso afirmativo, ¿de qué regiones geográficas y lingüísticas provienen?

[FB]: Llegué a la literatura a través de mi padre que me leía novelas y que recitaba poesía. Pese a que ya había leído mucha poesía, aún no encontraba un poeta o un verso que me impactara. Una tarde mi padre estaba leyendo poesía en voz alta. Tenía el primer tomo de las obras completas de Neruda en las manos, un libro rojo, de tapa dura, que publicó Losada antes de la muerte del poeta chileno y que contiene una cariñosa dedicatoria que le hizo mi mamá a mi papá en los setenta. En un momento, mi padre se detuvo y fue a buscar otro libro. Al regresar trajo consigo un libro negro que mostraba en la portada a un muchacho de la misma edad que yo tenía entonces, con el pelo revuelto y un suéter de lana, bebiendo cerveza en lo que aparenta ser una taberna. Antes de leer el primer poema que escuché en mi vida de Dylan Thomas, el poema «Si me hiciera cosquillas el roce del amor», mi papá dijo que el autor había muerto tras beberse dieciocho whiskies seguidos y que antes de quedar inconsciente para siempre señaló que se trataba de un récord. Entonces procedió a leer el poema. Puedo evocar el instante como si sucediese ahora mismo. Recuerdo cuando leyó: «la mitad del mundo es del demonio y la otra mitad es mía». ¿No es impactante? No sé con qué compararlo, es como si alguien empujara una silla de ruedas por una escalera. Pero ese tampoco sería el símil, y por supuesto que no existe, ya que ese verso contiene toda la adolescencia mía y la de no sé cuántas personas más.

 

 

[ChQ]: También eres traductor, editor de la revista Global y de la revista de poesía Ping Pong que divulga a poetas latinoamericanos, norteamericanos y europeos. ¿Cómo se relacionan entre sí las tareas del escritor, editor, traductor y demás actividades?

[FB]: Creo que esas tareas conforman la experiencia literaria. Es el entusiasmo por la literatura y por la poesía que te llevan a traducir, a editar, a escribir reseñas, ensayos y crónicas.

En el 2006, junto a Giselle Rodríguez Cid, empecé a editar la revista Ping Pong (http://revistapingpong.blogspot.com/). Al principio, teníamos planeado hacer una publicación impresa, pero poco a poco nos fuimos decantando por las oportunidades que ofrecía el internet, sobre todo la de los blogs que estaban en boga entonces y las redes sociales. De inmediato la revista atrajo la atención de esa “inmensa minoría”, como diría Juan Ramón Jiménez, y empezamos a recibir correos de poetas, de académicos y de lectores de poesía.

Como te puedes imaginar, fue un proyecto que surgió porque ambos teníamos curiosidad por saber qué estaba pasando en el panorama de la poesía contemporánea. Al principio fue una revista mensual y dedicábamos cada número a un país distinto. Con esto en mente, contactábamos poetas y les pedíamos que nos ayudaran a realizar un muestrario. El resultado era una antología, poemarios reseñados, así como ensayos, crónicas y entrevistas.

Por otro lado, traducíamos poemas, textos y ensayos para estar al tanto de lo que estaba pasando en otras lenguas. También organizábamos talleres sobre escritura y poesía contemporánea. En el 2012, hicimos un proyecto titulado «CONFLUENCIA: Poetas por Webcam» (https://www.youtube.com/watch?v=mbkKHk77tFo&t=31s), una antología audiovisual de poesía, donde poetas de distintos países de Latinoamérica, enviaban sus poemas leídos frente a sus webcams.

 

 

[ChQ]: ¿Ha incidido la revista en tu relación con otros/as escritores/as y en tu manera de ver la poesía actual?

[FB]: Bueno, fue una ventana para ver la poesía actual. Me parece que ofrecíamos una panorámica bastante amplia, ya que veíamos el fenómeno poético de una manera heterogénea y nos interesábamos por todas las tendencias, todas las corrientes y todos los estilos. Sin embargo, con el tiempo, esto empezó a cansar, ya que, con ese afán de mostrar el panorama poético, publicamos cosas como para cumplir cuotas y esa emocionante empresa que habíamos iniciado ya no nos causaba el mismo entusiasmo y el mismo furor. Poco a poco nos fuimos desligando y por más que intentamos revivir el proyecto, terminamos desistiendo.

Por supuesto, el interés y el amor por la poesía persisten, aunque de una manera distinta, que supongo que se debe a que no tenemos la misma energía de hace doce años y a que preferimos dedicar esa energía a nuestros proyectos personales.

A través de Ping Pong, conocí un montón de poetas y muchos de ellos son grandes amigos. También, debo señalar, que ese amor por la poesía me ha llevado por muchos festivales de poesía. Fue en la revista donde inicié a publicar crónicas sobre poetas y eventos literarios. Por esta razón, los tres libros de crónicas noveladas sobre los festivales de poesía en Latinoamérica que he publicado, surgen básicamente de ese mismo interés que me llevó a editar con Giselle Rodríguez la revista Ping Pong. Los tres libros se encuentran recopilados en “La trilogía de los festivales” y son muestrarios divertidos y jocosos de festivales literarios celebrados en Argentina, en Nicaragua y en Puerto Rico. En la contraportada del libro hay un blurb de Washington Cucurto que reza: “Ese es el único libro que conozco que aborda los festivales de poesía en Hispanoamérica. Me reí y me divertí bastante”.

 

 

[ChQ]: Justamente en los últimos años se observan desarrollos políticos que determinan un agravamiento, más que un alivio, de las tensiones sociales. En Centroamérica y México hay un clima de violencia alimentado por los carteles de narcos y caracterizado por un sinnúmero de homicidios, feminicidios, violaciones, secuestros… etc. ¿Cómo concibes tu papel de poeta en ese contexto? ¿En qué medida tu trabajo como psicólogo afecta tu percepción de ese tipo de violencia cotidiana? ¿En qué medida todo ello afecta tu escritura?

[FB]: Alguien escribió que en Latinoamérica la crisis y la violencia es lo normal, y que la ausencia de estos sería lo anormal. No estoy para nada de acuerdo. Cada vez que escucho un disparo a mitad de la noche, siento lo mismo que sentí la primera que lo escuché: miedo. Acá se vive en continuo estado de alerta. Por otra parte, creo que la manera de abordar la violencia no es como un reportero, escribiendo y describiendo los crímenes y los asesinatos, más bien creo que esa rabia, esa impotencia, esa tensión, esos aullidos, esos quejidos, esos lamentos y esa brutalidad que flotan en el aire uno los debe atrapar y crear con eso un nuevo lenguaje.

 

 

[ChQ]: En tus poemas y cuentos manejas una y otra vez el humor y elementos de la cultura popular, de modo que figuras icónicas de Hollywood aparecen distorsionadas por el prisma de tu escritura. “La Marilyn de Santo Domingo” difiere mucho de su “original”, ícono de los años cincuenta. Este acto de traducción y apropiación cultural puede leerse como una reverencia irónica a la cultura estadounidense por un lado, y por el otro, como una protesta a la hegemonía cultural de los EEUU. ¿Cómo surgió “La Marilyn de Santo Domingo”? ¿Cómo podemos entenderla? ¿Y cuál es la relación que tú como poeta guardas con este y otros personajes creados en tus textos?

[FB]: A ver, “La Marilyn Monroe de Santo Domingo” es un poema que escribí a principios del milenio y que era una respuesta a algunos textos sobre la metapoesía y la intertextualidad que había escrito en esa época. Yo estaba interesado en mezclar la figura del poeta con la nación dominicana de una manera simbólica, pero no quería que fuera aburrido ni pretencioso, como toda esa poesía que parecen manifiestos o que a veces son tan herméticas que resultan imposibles de leer.

Una noche estaba viendo un recital de poesía en la Zona Colonial y subió a leer alguien con tacones, un vestidito rosado ajustado, el pelo suelto como Gloria Trevi y mucho maquillaje… me imaginé que era un travesti. Entonces comprendí que esas relaciones de la dominicanidad con la poesía, de la globalización, de la hegemonía cultural de los Estados Unidos y de la migración que me estaban martillando la cabeza en esos días, todo eso tenía que ser contado a través de la voz de un travesti. Un día me topé con la poeta que yo pensaba que era un travesti, pero no era un travesti, era una mujer que se vestía de manera estrafalaria y que usaba mucho maquillaje.

Escribí el poema y me tomó un tiempo asumirlo como mío. Al principio le leía ese poema a la gente diciendo que no era el autor y que pertenecía a un travesti. Luego comprendí que asumir ese poema como mío, aunque se hablara con la voz de un travesti, era lo que lo hacía posible, lo que lo hacía absurdo y lograba darle vuelta a esa metáfora sobre la identidad que estaba buscando. Porque el poema lo que intenta es poner en riesgo la identidad tanto de la poesía, de la dominicanidad y de mí mismo. Creo que ahí es que está la riqueza, ya que esos tres conceptos están en perpetua construcción y transformación, y mi intención era resaltarlos y traerlos a colación en el contexto de la poesía dominicana.

 

El escritor Frank Báez

 

[ChQ]: También la música tiene una significación cultural esencial en toda la región caribeña, cosa que también aparece en tus textos de una u otra forma. Hay por ejemplo un poema muy importante en el que cotejas la identidad del poeta y la del DJ. Finalmente queda abierto si está bien escribir poemas, si sirve de algo. Sin embargo, el texto señala al mismo tiempo la performatividad de la poesía, un aspecto en que también eres muy activo. ¿Qué importancia tiene para ti la palabra hablada (spoken word) o representada en forma performativa? ¿Cuáles son las dimensiones adicionales que allí se abren?

[FB]: Anteriormente te contaba, con relación a Puerto Rico, lo disgregadas que están las islas del Caribe. Quizás usé la metáfora de los músicos porque me imagino que la música es el puente que comunica las islas del Caribe. Es lindo imaginar que la música es lo que nos une y nos convierte en un continente de ritmos armoniosos y sincopados.

Siempre me ha interesado la música y el performance. En el 2008 fundé, junto al poeta Homero Pumarol, el colectivo de spoken word El Hombrecito. La propuesta consiste en mezclar nuestra poesía con sonidos del caribe, del rock y de la electrónica. A la fecha hemos producido dos álbumes: “Llegó el Hombrecito” (2009) y “La última vuelta” (2012). A partir de este último álbum lanzamos un concierto en vivo titulado “El Hombrecito. La última vuelta. En vivo en el Palacio de Bellas Artes de República Dominicana” (2013). Además de presentaciones en diversos lugares del país, nos hemos presentado en escenarios de Madrid, Miami y Boston. Actualmente estamos produciendo nuestro tercer álbum que lanzaremos este año.

 

 

[ChQ]: En otro lugar has comparado la poesía con un tren que nos puede salvar. ¿A dónde va ese tren? ¿De qué nos debe salvar? ¿Y será todavía posible esa salvación?

[FB]: Es que creo que lo más similar a una experiencia mística hoy en día la tenemos cuando estamos en una estación esperando por el tren. Afuera está nevando, la estación está llena y tienes el celular descargado. No hay nadie a quien puedas recurrir. Lo único que puedes hacer es esperar por el tren y rezas porque aparezca y te lleve sana y salva a casa. Bueno, así, de esa misma manera, yo espero que vengan los poemas. Desciendo en una de las estaciones de la mente a esperarlo. En ocasiones, me desespero y creo que no va a venir más y que estoy perdiendo el tiempo, pero entonces aparece, lo abordo y me lleva de vuelta a casa. ¿De qué me salva? De mí. La poesía me convierte en nosotros.

 

 

1+1 poemas de Frank Báez

 

 

Anoche soñé que era un DJ

 

Llamo por teléfono a Miguel y le pregunto

si piensa que me iría mejor de DJ o como poeta

y Miguel responde que siga como poeta.

Mi novia también dice que como poeta.

El hermano de mi novia dice que como poeta

y una jevita que hacía una fila en el cine

y que recién conocí dice que como DJ.

 

Las menores me ven más como DJ

y las mujeres que compran en el supermercado

dicen que persista con los poemas.

 

Mi mamá dice que como poeta.

El plomero dice que poeta.

Los cinco poetas que conozco me dijeron

que me iría mejor como DJ.

Mi hermana se abstuvo de votar.

 

Fui a ver a DJ Tiesto

y una gringa me tomó de las manos

y me explicó que los DJ son criaturas de Dios.

Son ángeles, dijo y mientras hablaba

yo imaginaba a los DJ volando

con sus turntables alrededor de Dios

como si fueran mosquitos y Dios los espantara

con la mano.

 

Pero bueno, la cuestión es si los poetas y los DJ

se pueden conciliar.

Si pueden ser uno,

si es posible escribir con una mano poemas

y con la otra pinchar discos,

si se puede ser mitad poeta y mitad DJ,

si del ombligo para arriba soy poeta

y del ombligo para abajo soy DJ

o al revés

o quizás que un poeta se convierta

en DJ las noches de luna llena

o quizás estoy exagerando

y en el fondo todo DJ quiere ser poeta

y todo poeta quiere ser DJ.

 

Hay una fábula en donde un DJ y un poeta

caen en un pozo.

Empiezan a vocear y a vocear hasta

que un hombre se asoma y les tira una

cuerda para irlos subiendo poco a poco.

Sube al DJ primero y cuando se la

arrojan al poeta este grita que lo dejen abajo

y el hombre y el DJ así lo hacen, aguardan

en silencio y se marchan al rato.

 

La Marilyn Monroe de Santo Domingo

 

Soy la Marilyn Monroe de Santo Domingo.

Tengo seis pies cuatro pulgadas.

Dos pulgadas más cuando uso tacos.

Tengo un lunar en las nalgas.

 

Salgo con poetas de los ochenta.

Salgo con chiriperos, guachimanes,

modelos, ingenieros, artistas plásticos,

levantadores de pesas, abogados, rubios,

funcionarios, toleteros, parqueadores de carros.

 

Soy la asidua al Bingo,

la que se mete en la cartera

su Hojas de Hierba

(traducción de León Felipe)

y se pierde en la nada.

La que bebe café en las paradas,

la buscamacho, la pitonisa, la megapoeta,

la que llora al final de la película

sin que nadie la abrace.

Soy monstruo que menstrua,

la que se sienta en las barras a beber,

se ajuma y le pone cara de asco

a todos los cueros y le quema las falditas

con los cigarrillos cuando pasan.

La que quiso secuestrar a Anthony Ríos.

La que se inyecta hormonas en las piernas.

Soy la Cicciolina.

Soy Tiresias.

La que escribe encuera.

Ese mujerón que los espejos

de los moteles multiplican

cuando la ponen en cuatro.

La que se sienta en el último banco

de la iglesia con un ojo morado.

Miss Boca Chica mil novecientos noventa y cuatro.

Esa que fuma en el malecón mirando

los barcos con luces encendidas.

La estudiante de segundo semestre de enfermería.

La rubia que maneja ambulancias, OMSAS,

voladoras, patanas.

 

Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.

Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.

No, no, eso seguía ahí.

No me lo había mochado.

No tenía dinero con qué.

Así que un día pensé en hacer recitales

pa’ recolectar dinero y hacerme la operación.

Llamé por teléfono a mis amigos poetas.

Me acuerdo que pasaban una canasta

como en las misas

y yo me paraba ahí en el escenario

pin pun la Marilyn Monroe de Santo Domingo

leyendo mis versos y agradeciendo los aplausos.

Gracias amigos poetas.

Gracias señor Ministro de Cultura.

Muchas gracias.

 

Me sigue una turba con piedras.

Me apedrean en la Mella. Me apedrean

en los Car Wash de San Isidro,

de los Mameyes, de la Charles y de Villa Mella.

Detrás del estadio Quisqueya.

Me golpean, me vejan, me vocean.

Me dan una salsa.

Se echan arriba de mí uno a uno.

Yo me he perdido.

No estoy aquí.

Repito: yo me he perdido

y no sé cómo encontrarme.

Ando por los cuatro puntos cardinales buscándome

en procesión con todas las que fui

y con las que seré y con las que no he de ser.

Duermo en camas de hospitales,

pensiones, moteles, parques.

Tomo duchas. Muchas duchas.

El tinte me resbala por la cara

y por el maquillaje.

Siento que me voy despedazando

y que los pedazos de mí van cayendo uno a uno

llevándoselos el agua de la ducha

que va cayendo y llevándome

hasta el desagüe.

 

Heme ahí en la cola de un Setenta.

Bailando con tres hombres en un patio.

Caminando con un taco doblado.

Masajeando turistas italianos.

Sentada sobre mi maleta

pidiendo bolas en un cruce.

Se paran dos en un Toyota.

El que maneja me dice

Hola rubia mi amol pa dónde tu va

y yo respondo go LA

all the way down to LA

o sea, Los Alcarrizos.

Me dejan trece kilómetros más allá.

Camino al otro lado de la pista

y ellos se quedan ahí mirándome

hasta que de este lado

se para un camión de Leche Rica

y me monto.

 

(Abro un paréntesis aquí para advertir

que tienen que hacerse el examen del sida.

Yo me lo hago anual.

A más tardar se lo dan en una semana.

Ciento ochenta pesos por la UASD.)

 

Salgo con divorciados, viudos, ateos, curas, críticos de arte,

psicoanalistas, ex suicidas, salsómanos, pasoleros,

haitianos, pastores evangélicos, payasos, enfermos terminales,

esquizos, boxeadores arruinados.

 

Despierto en Puerto Plata.

Tengo visiones en Azua.

Veo al Papa bailando salsa.

Veo iglúes en Haina y los Tres Brazos.

Esquimales en colmados. Pingüinos en Mao.

San Agustín con las pestañas de Charityn.

Ovnis abduciendo senadores y diputados.

 

Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol.

Hay en el mundo un mismo país colocado en el trayecto del sol.

Hay el mismo trayecto del sol colocado en un país del mundo.

Hay el trayecto del sol en el mismo mundo de un país colocado.

 

Viajo a Nueva York con un pasaporte falsificado.

 

MARILYN MONROE caminando de nuevo por la Quinta Avenida.

MARILYN MONROE CON UNA BARBA DE TRES DÍAS.

 

Desayuno en Tiffanys.

Bebo Champagne en limosinas.

Corro por mi vida en Corona.

Toco el acordeón en una esquina.

Peleo en Soho.

Lloro frente al Hudson.

Recito en el Nuyorican Café.

Decimeros, poetas y raperos

me lanzan ramilletes de flores.

Firmo autógrafos.

Reparto besos.

De repente las puertas estallan.

Los de migración me esposan.

Me empujan mientras

el público los abuchea y arroja botellas.

Suenan disparos.

Ellos me deportan.

 

Soy la Marilyn Monroe de Santo Domingo.

Me depilo entera.

Me empolvo. Me maquillo.

Me pongo un abrigo de pieles

lista pal próximo recital.

 

Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.

Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.

Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.

¿Qué se va a hacer?

 

 

 

 

 

*(Alemania). Traductora del español y del portugués al alemán. Vive con sus dos hámsters enanos en Berlín. Es redactora de la revista de literatura latinoamericana alba. lateinamerika lesen, que publica novedades de las literaturas latinoamericanas, con traducción al alemán, en Berlín. Fue docente de Literatura latinoamericana en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la FU Berlín (Alemania). Ha publicado traducciones de la obra de Ricardo Lísias, Carmen Ollé, Ana García Bergua y Guadalupe Nettel. Además, tradujo Das Margeritenkloster (‘Claustro’, 2017) de la mexicana Lucero Alanís y Drei Verräterinnen (‘Berlín es un cuento’) de la argentina Esther Andradi. En la actualidad trabaja en la traducción al alemán de Escalas (melografiadas) del peruano César Vallejo, y en la traducción del poemario O Martelo de la brasileña Adelaide Ivánova.

 

 

**(Santo Domingo-República Dominicana, 1978). Poeta, narrador y cronista. Junto al poeta Homero Pumarol creó el colectivo de spoken word El Hombrecito (2007). Obtuvo el Premio de Cuentos de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo y el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña (2009). Ha publicado en poesía Jarrón y otros poemas (2004 y 2015), Postales (2009 y 2011), Anoche soñé que era un DJ / Last Night I Dreamt I Was A DJ (2014), La Marilyn Monroe de Santo Domingo (Acompañada de ilustraciones de Nono Banderas, 2017), Llegó el fin del mundo a mi barrio (2017) y Este es el futuro que estabas esperando (2017); en cuento Págales tú a los Psicoanalistas (2007); y en crónica En Rosario no se baila cumbia (2011), En Granada no duerme nadie (2013), La trilogía de los festivales (2016) y Lo que trajo el mar (2017).

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