Por Augusto Munaro

Crédito de la foto (izq.) Borde Perdido Ed. /

(der.) Marina Gaitán

 

 

“La poesía es un interregno fabuloso”.

Entrevista a Diego Alarcón

 

 

Decididamente este sol es álgido, oscuro, feliz (Borde Perdido Editora, 2018), de Diego Alarcón*, versa sobre el dolor y la soledad; sobre los desafíos inútiles y necesarios; sobre las palabras condenadas a disgregarse ―al fin y al cabo―, como todo en esta vida. Un poema-río, destilado, con alguna ironía, bajo la fuerza disruptiva del Sol (el mito y su instantánea degradación). Alarcón es capaz de pulsar en su aventurada operación poética, un empeño legítimo por convulsionar la poesía. Y así lo hace, vindicando la importancia de la expresión como legitimidad lírica.

 

 

Entrevista

 

 

Augusto Munaro [AM]: ¿Cómo nació el libro?, ¿podrías explicar la historia del título?

Diego Alarcón [DA]: El libro nace de impulsos. Tenía fragmentos que funcionaban como visiones, que busco a veces, y les di forma de viaje, de poema que muestra un arco. Eso quería. También nace de una investigación, de ver qué aparecía en ese espacio que había creado o excavado. Me muevo con cierta soltura en contextos infernales, vesánicos o algo así; es un paisaje, una atmósfera que me gusta mucho y me proporciona libertad de movimiento, aire puro, así que me interné ahí a buscar cosas.

 

 

[AM]: El poema se abre con un primer verso que es decididamente de naturaleza escatológica. ¿Qué buscaste con él?, ¿consolidar un tono de intimidad, una transgresión, o ambas cosas a la vez?

[DA]: El fragmento de ese verso no estaba al comienzo, pero terminó ahí al trabajar sobre el texto. Más que el primer verso, ese fragmento sí busca abrir a la manera de un manifiesto, se me ocurre, una suerte de declaración de intenciones. Y esa intención puede ser, sí, ir al choque; intimidad, transgresión son parte de la cosa. Decir por qué lado va esta poesía: en términos de fuerza, y también por qué lado no iba a ir, el tipo de belleza o contemplación que se ve por otros lados, ese registro (que, por supuesto, es totalmente válido, pero no es lo que necesitaba para este texto). Es también, creo, un gesto de violencia para arrancar desde ahí (inmerso, metido, jugado) y no desde la superficie.

 

 

[AM]: ¿Cómo describirías la voz que enuncia el poema?, ¿desde qué profundidades habla?

[DA]: No lo sé con precisión. Difícil. La voz es la de un yo en tránsito, en remolino, descolocado, en un movimiento vertiginoso y no estático. Una voz de pasaje, que se retuerce y descubre y es sobrepasada, me parece. No una que habla de su visión de las cosas, del mundo, de sí misma, desde una posición de sabiduría, de expresar o comunicar lo que contempla quieta y sabiamente. Eso no me interesaba. Habla desde profundidades, creo, nuevas para ella, álgidas, desquiciadas, todavía no nombradas o al menos no digeridas.

 

 

[AM]: Leemos un fragmento: “Puede la visión hacer de la pared un espejo. / a la propia alma visible”. ¿Qué valor tiene para vos la construcción de las imágenes?

[DA]: Las imágenes hacen el intento de traer a lo perceptible cosas de una zona que no lo es. Intento eso. Excavar, extraer, develar. Y darle un sentido o sinsentido fiel (en lo posible) al impulso pescado. Construir con imágenes es lo más hermoso y es la operación en sí, medio como de hechicería, del poema. Por imágenes y visiones entiendo a las percepciones en general, a las metáforas de cualquier tipo, no solo visuales.

 

 

[AM]: Por cierto, el libro tiene una puntuación muy particular. Me refiero a la construcción del léxico. ¿De qué modo buscaste a través del lenguaje, reflejar ese dislocamiento de los sentidos?

[DA]: Fue bastante intuitivo y después, revisando, se me aparecía más claro el “sentido” de los pasajes, de la voz en esos momentos, y traté de explicitarlo en la puntuación, juegos de minúsculas-mayúsculas, no concordancias, pequeñeces tipográficas, etc. Es el intento de traspasar algo de ese flujo casi discursivo que es apenas anterior a las palabras, al lenguaje. Pero necesitaba, en este caso, que las palabras fueran palabras, compartir ese código, la realidad a ese nivel para sondear desde ahí lo de debajo.

 

 

[AM]: Me gustaría, te refieras al modo que fuiste escribiendo el libro en función del ritmo, el pulso del poema. ¿Buscaste el soliloquio como escape?

[DA]: Hay cosas que escribo en primera y otras en tercera, por necesidad interna o por hartazgo de una u otra. Creo que la primera persona acá, esa voz, fue con la intención contraria a la del escape, la de entrar en un remolino, en un huracán, esas imágenes están en el poema y son el poema de alguna manera. No percibo lo que enuncia la voz como un soliloquio, aunque así pueda parecer. Es una forma de comunicarse con las cosas, con fuerzas, con humanos, con esa interlocutora que aparece sin hablar. El pulso responde al pasaje en sí, al trayecto, a la travesía que se presenta en el poema. Hay un dibujo de cierto arco narrativo y dramático; y también responde a lo que transmiten los fragmentos.

 

 

[AM]: ¿Qué autores te acompañaron a la hora de escribirlo?

[DA]: Conscientemente a la hora de escribir no me acompañan autores. Pero me acordé, después, de cosas de poetas muy queridos y frecuentados en otra época: Héctor Viel Temperley, y los franceses: Rimbaud, Artaud, Bataille. También me suenan cosas de canciones. En ese momento en particular estaba escuchando Neutral Milk Hotel, Hendrix y Spinetta. Me influyen las letras surrealistas o psicodélicas cuando les presto atención, porque nunca les doy bolilla de entrada en la música.

 

 

[AM]: ¿Tenés poetas de cabecera?

[DA]: No.

 

[AM]: ¿Por alguna razón en particular?

[DA]: No sé por qué. Me cuelgo con poetas por temporadas, y la verdad que pasa tiempo sin que me llame la atención alguno. Tampoco estoy a la búsqueda. A los que me movieron en general los releí muchas veces y están digeridos, como discos o temas que te llenaron, y pasé a otras cosas. Igual si me cruzo de nuevo con alguno/a capaz leo su libro íntegramente un par de veces más. La prosa, el cine, la música, y el andar y las cosas en sí llenan ese espacio sobradamente.

 

 

[AM]: Hace unos días estuviste leyendo en Antonin Casa de Poesía, junto a Elena Anníbali y Victoria Martín. Un sitio muy concurrido por la bohemia literaria cordobesa. ¿Qué significa para vos leer en público?, más allá de lo obvio, ¿qué te depara esa experiencia?

[DA]: Disfruté mucho compartir esa noche con ellas y con la gente del lugar, que es hermoso. No me significa nada en especial leer en público. Cuando escucho a alguien leer me dice algo de su presencia, su voz, más que del texto. Para apreciar un poema o cualquier texto tengo que leerlo yo en la intimidad y poder repetir la experiencia a placer.

 

 

[AM]: Por último, Diego. ¿Qué significa para vos la poesía?, ¿cómo la vivís?

[DA]: La poesía, la literatura en general, el arte, es la vida, la realidad, en una de sus formas más puras, concentrada, en franca comunicación con su parte de misterio, fluida, única, más allá de nosotros y dentro nuestro. Es un interregno fabuloso y sobre todo real. Y la vivo de esa manera.

 

 

 

 

 

*(Córdoba-Argentina, 1979). Poeta y narrador. En la actualidad, se desempeña como corrector de textos y coordina un taller literario. Ha publicado la novela Las plazas ya no tienen nombre para mí (2009) y los poemarios Ni siquiera las aguas (2010) y Decididamente este sol es álgidooscurofeliz (2018).

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