«Desde que recuerdo a habido dos bandos,

los que tienen mucho y sobreexplotan a los otros,

y los que nada tienen»

Por: Mario Pera

 

Una mujer con poco más de 20 años decidió hacer un viaje por Sudamérica. Ello no tiene nada de extraordinario si no fuese porque resolvió hacerlo a pie, tal como un peregrinaje, para conocer el alma y la geografía sudamericana. Algunos meses antes de iniciar el viaje culminó sus estudios de filosofía, y no sabía cuál sería su destino. Aquel recorrido la llevó por varios países, ciudades y pueblos, para regresar, 6 años después, a su país natal, la Argentina.

Aquella mujer es Diana Bellessi, una de las poetas contemporáneas con mayor reconocimiento en lengua española. La poeta estuvo fuertemente vinculada a las posturas feministas desde joven, aunque ello no se refleja de modo patente en su poesía, la que presenta una visión intimista y con múltiples referencias a la vida cotidiana, personajes, historias, alegrías y desdichas de sujetos comunes y corrientes conformando, en cada poemario, un entramado de sucesos tejidos entre sí para ser expresados a través de una voz y mirada única.

Bellessi inició un viaje que tuvo un tránsito prolongado, casi como la metáfora de lo que luego sucedería en su vida pues, en aquel mismo viaje, fortaleció su vínculo con la poesía, relación que se mantiene hasta la actualidad con un gran número de poemarios publicados. Es así como aquel viaje y la poesía (que también es un tipo de viaje) la han llevado por distintos parajes y circunstancias, nutriéndola de un conocimiento muy particular de la realidad de Sudamérica. En medio de aquel periplo publicó su primer poemario, Destino y propagaciones (1970), en la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Sin embargo, así como ese poemario surgió en un momento temprano, su segundo libro emergió tras un largo silencio de casi una década, en 1981, al que intituló Crucero ecuatorial.

La poeta argentina llegó a Lima el año pasado para participar en el II Festival Internacional de Poesía de Lima (FipLima), celebrado en nuestra ciudad en el mes de julio. Su estancia fue breve pero contundente. Su participación fue una de las más esperadas y aclamadas en cada uno de los lugares en los que le correspondía leer parte de su obra, lo que evidenció su cercanía con el público peruano. Y es que, como ella misma ha dicho, Sudamérica es su Patria Grande.

 

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Diana, estudiaste filosofía, carrera vinculada al oficio de escribir poesía en tanto la necesidad de observar, sentir, una realidad o circunstancia, pensar en ella y luego expresarla. ¿Leías de niña mucho? ¿Qué textos consideras fundamentales en tu «educación poética» o cuáles te han marcado más?

Empecé a escribir poesía varios años antes de entrar a la universidad. Quizás la lectura de El Existencialismo es un Humanismo de Sartre, y El origen de la tragedia de Nietzsche, me llevaron a la carrera de Filosofía, aunque ella no me llevó a la poesía, sino al revés.

Sí, leía mucho de niña, aunque no había libros en mi casa, y los primeros fueron comprados por mis padres para mí. Salgari tuvo una vital importancia en aquellos años, en la letra escrita, pero la influencia central de mi vida fueron las coplas que escuché en la infancia, de la boca de los braceros, los peones golondrinas que levantaban el maíz junto con mi familia al final de las cosechas. De inmediato llegó el Siglo de Oro, sobre todo San Juan de la Cruz, y luego el romanticismo y todas las vanguardias del siglo XX.

 

Entre 1969 y 1975 viajaste por Latinoamérica a pie. Debes haber vivido grandes aventuras, experiencias. ¿Qué recuerdas de ese larguísimo periplo? Debió ser para ti una época de gran descubrimiento sobre todo personal.

Lo fue, sí. Buena travesía, buena ventura pequeña Uli, escrito a principios de los setenta aunque publicado recién en los noventa, y Crucero ecuatorial hablan de ello. Se hizo literal en mí el concepto de Patria Grande para toda Latinoamérica, en medio del cual había crecido. Pero algo totalmente importante, también, fue leer la poesía contemporánea de América Latina, en momentos en que no había internet y ésta poco cruzaba las fronteras.

 

En medio de ese viaje publicaste Destino y propagaciones (1970) en Ecuador. ¿Tu inquietud por escribir estaba presente desde antes del viaje, o el viaje te llevó a escribir y a publicar?

Empecé a escribir poemas en la temprana adolescencia, a los trece años, y nunca leí tanto en mi vida como en aquellos años. Pero el período de aquel viaje en mochila fue fundamental, para mí y para mi escritura.

 

Salvo el intervalo entre la publicación de tu primer poemario y el segundo, Crucero ecuatorial (1981), has publicado poesía incansablemente. Al releer tus primeros poemarios, ¿reconoces tu voz en ellos? ¿Ha variado tu poesía a lo largo de las décadas?

Destino y propagaciones, el librito publicado en Ecuador, no aparece en mi poesía reunida, editada en el 2009; decidí no ponerlo, así como otros libros que permanecen inéditos. Todos los demás tienen mi aval, por lo tanto, como verás, reconozco mi voz en ellos, aunque haya cambiado, y mucho, a lo largo del tiempo.

Coincide con el largo viaje del que hablás, del que volví transformada en otra. Las formas se quiebran y se reorganizan siempre, como las emociones y los sentimientos.   

 

El periodo de la dictadura militar (1976-1983) y sus consecuencias socio-políticas en tu país fueron devastadoras para los jóvenes de tu generación. Muchos escritores, artistas, etc., tuvieron se exiliaron. Tú misma te refugiaste en el Delta y producto de ello es tu tercer poemario, Tributo del mudo (1982). ¿Cuánto influyó en tu manera de ver el mundo, en tu poesía ese duro periodo de la historia argentina?

Tributo del mudo se llama así por mi amigo Ramón, que era sordomudo, y es uno de los héroes de este libro, pero también porque la mayoría de la gente se volvió muda en aquellos terribles años. Desaparecieron los cuerpos de los torturados y masacrados, y desaparecieron también las voces de los que seguimos vivos, en un mundo donde nadie se atrevía a hablar frente al terror que imperaba en el país y en la región entera.

Casi desaparecen también los versos, pero desde su anomalía sobrevivieron, por eso, también, el libro se llama así. Sentirme completamente latinoamericana primero, y haber pasado por aquellos años de horror después, modificaron completamente mi poesía, como lo hizo, años después, el tiempo de hambruna liberal, fines de los noventa, primeros años del dos mil.

 

Antes el mundo y sus problemas eran distintos al mundo contemporáneo. La sociedad ha evolucionado, en algunas cosas para bien o para mal, los medios de comunicación tienen ahora un impacto agresivo en la vida de las personas. ¿Ha variado la forma en la que te acercas a la poesía actualmente?

Desde que recuerdo a habido dos bandos, los que tienen mucho y sobreexplotan a los otros, y los que nada tienen. Esto no ha cambiado, e incluye la pérdida de valores simbólicos también, aunque «es infinita esta riqueza abandonada», como lo dijera el poeta Edgard Bayley.

Los medios de comunicación depredan esa riqueza, y los más poderosos mienten de una manera obscena. Frente a esto la poesía hace lo de siempre: alza su materia inútil, la pequeña observación que toca, día a día el corazón humano.    

 

Has recibido premios por tu obra poética y tu trabajo social, fuiste declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (2010) y te otorgaron el Premio Nacional de Poesía de argentina en el 2011. ¿Todos los premios, becas significan algo? ¿Han afectado tu obra o tu manera de hacer poesía?

No significan mucho, no, salvo cuando te ayudan a comprar tu comida, cuando te dan un poco de tiempo para la escritura, y ahí se vuelven importantes. También te enferman por un tiempo, por la exposición pública. No hay muchos premios para el género de poesía en Latinoamérica, vamos en el vagón de cola del tren, cargando nuestros pollos y bultos como el resto de la gente común. En consecuencia no hay tentación, y no afecta nuestra escritura.

 

Participaste en el II Festival Internacional de Poesía de Lima 2013. ¿Qué te pareció la experiencia?

Fue hermoso ese Festival, sobre todo aquella noche en el estadio, bajo el frío, leyendo nuestros poemas… Y ver a los antiguos amigos de tantos lugares del mundo, también, en esa ciudad tan hermosa, en ese país que me ha enseñado tanto a lo largo de la vida…  

 

Finalmente, ¿planeas una próxima publicación?

En marzo saldrá un libro bilingüe –Tenir ce qui se tient-, en castellano y francés, traducido por Nathalie Greff-Santamaría bajo el sello La rumeur libre, y se presentará en el Salón de París en donde Argentina es invitada especial. Y en septiembre saldrá un nuevo libro en la Editorial Adriana Hidalgo, se llama Pasos de baile.

 

 

 

 

 

Biodata

Diana Bellessi. Santa fe – Argentina, 1946. Ha publicado en poesía: Destino y propagaciones (1970), Crucero ecuatorial (1980), Tributo del mudo (1982), Danzante de doble máscara (1985), Eroica (1988), Buena travesía, buena ventura pequeña Uli (1991), El jardín (1993), Colibrí, ¡lanza relámpagos!(poemas escogidos) (1996), Sur (1998), Mate cocido (2002), Leyenda (poemas escogidos) (2002), La edad dorada (2003), La rebelión del instante (2005), La penumbra que mira el oro (poemas escogidos) (2006), La voz en bandolera. Antología Poética (2007), Variaciones de la luz (2007), Tener lo que se tiene. Poesía reunida (2009); en ensayo: Lo propio y lo ajeno (2006),  La pequeña voz del mundo (2011); en crónicas: Zavalla, con z (2011);  en antología y traducción: Contéstame, baila mi danza (1984), Días de seda de Ursula K. Le Guin (1991), The twins, the dream (libro a dos voces con Úrsula K. Le Guin, 1996), Gemelas del sueño (con U. K. Le Guin, 1998) y Desnuda y aguda la dulzura de la vida (selección y traducción de la obra de Sophía de Mello Breyner, 2002).

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