Por Augusto Munaro

Crédito de la foto (izq.) Borde Perdido Ed./

(der.) Hernán Arroyo Cesari

 

 

La poesía como un dispositivo de escritura.

Entrevista a Mariana Robles

 

 

Melancolía (Borde Perdido Editora, 2019), de la poeta argentina Mariana Robles es un libro único. A causa de una picadura de una araña, la autora desarrolló un método escriturario que le reveló diferentes estados de reflexión en relación a lo real. La fluidez del tiempo, la arquitectura mental de esa fuga, se ven reflejados meticulosamente en el pulso con que están construidos los versos de este curioso y bello libro. Escritura obsesiva, musical. “La lucidez de la poesía es ingresar en las fisuras de la continuidad y descubrir los restos de esa realidad apresada en el tiempo y en el espacio, desmontar el aparato de una lógica impuesta a la experiencia y a la vida.”, nos dice Robles en esta entrevista. Ingresar al mundo, al irremediable misterio de lo tangible, de eso se trata su poesía.

 

 

Entrevista

 

Augusto Munaro [AM]: ¿Cómo nació Melancolía?

Mariana Robles [MR]: El camino de escritura fue concentrado e intenso, duró sólo una noche o madrugada, entre las 4:30 o 5:00 de la madrugada hasta las 11 de la mañana aproximadamente, nació con la oscuridad y se terminó con la plena luz del día. El período de escritura sucedió entre que me desvelé, me desperté cuando una araña me picó, y el momento en que mis hijos Valentino y Simón, muy pequeños aún, se despertaron. La corrección duró, aproximadamente, tres años de manera intermitente. En principio fue un poema muy largo, después apareció el corte entre uno y otro. También surgieron los dibujos que acompañan el libro, en realidad son diez, pero finalmente decidí que fueran menos.

 

 

[AM]: ¿Y el título?

[MR]: El título del libro es Melancolía. Bucle del cielo y se vincula a dos obras, una cinematográfica, la película Melancholia de Lars Von Trier y la otra, el grabado de Albert Durero, también Melancolía. La película me impresionó, me pareció hermosa e inquietante y me pregunté por esos temas que siempre están en el arte y en la poesía, esos tópicos que nunca dejan de interpelarnos. El grabado de Durero es una imagen increíble de un ángel entre diferentes objetos vinculados a la cábala, la ciencia, la filosofía, el ocultismo, las religiones. En el medio de todo eso, un ángel rodeado de herramientas que no puede resolver el misterio. En mi caso, el misterio tiene que ver con el tiempo y la melancolía con la duración de esos minutos que desaparecen, se escabullen. En todas las referencias, tanto la película como el grabado e incluso mis poemas, lo irremediable se enfrenta a su propia destrucción, todo se destruye en esa continuidad que no puede detenerse. Sin embargo, hay pequeños artilugios, la idea del bucle tienen que ver con eso, alternativas o destellos antes del fin.

 

 

[AM]:  El poemario se abre con dos citas. La correspondiente a Blanca Varela dice así: “El ojo mide como una araña su territorio./ Fiebre bajo las hojas/ y nieve en el corazón”. ¿De qué modo pensás que esa alusión representa el tono del libro?, ¿por qué?

[MR]:  El libro tienen dos epígrafes uno de Franz Kafka que me parece una maravillosa “Los cuervos afirman que un solo cuervo / podría destruir el cielo. Esto es indudable,/ pero nada prueba contra el cielo, porque el cielo significa/ precisamente: imposibilidad de cuervos” y el de Blanca Varela que vos citás. El de Kafka siempre estuvo enredado a los poemas, desde el principio, lo había leído en ese momento, estaba en alguna bitácora reciente, el cielo formaba parte del paisaje de mi libro y Kafka lo presenta en un lugar muy real, no de la trascendencia o lo ideal, sino como un espacio de cualidades físicas.

El de Blanca Varela apareció cuando el libro ya estaba terminado, leí un compilado de sus poemas y encontré un universo común entre el clima de extrañeza de algunas de sus imágenes y las mías. En el caso particular de esa cita me resultó perfecta, porque mi libro se desata, nace por la picadura de una araña, somos ella y yo, cada una con su punto de vista, cada una defendiendo su nido, su realidad, pero también lo que nos hace diferentes, lo que nos distancia y nos enfrenta.

 

 

[AM]: “El frío arrasa con la noche/ y el viento con las cosas,/ los finales suceden/ antes o después de lo previsto/ y no resisten/ ninguna descripción”. La primera palabra que se me ocurre para describir tu poesía, es “intensidad”. ¿En qué medida esa intensidad de las palabras se corresponde con la de tus vivencias?

[MR]: Sinceramente, no estoy segura de poder responder con exactitud a esa pregunta, creo que la correspondencia de intensidades, en mi caso, ocurre en el ámbito intelectual y fantasioso, esos son los dos componentes más característicos de mi método, por llamarlo de alguna manera. Por un lado, un deseo y una tendencia a generar abstracciones y por otro, a ponerle imágenes a esos esquemas mentales, aunque ambas operaciones parezcan contradictorias. Si tu pregunta se refiere a la experiencia vívida, a cierta voluptuosidad cotidiana, te diría que ese intelecto y esa imaginación se mezclan y confunden con el tiempo de la experiencia, se dispersan y en algún momento nace la escritura.

 

 

[AM]: La siguiente pregunta, Mariana, es un tanto abstracta. Según tu criterio, ¿se puede hablar de poesía con convicción?, ¿hay certezas en la poesía?

[MR]: Creo que se relaciona con lo anterior, mis poemas y mi escritura en general responden a un método, un método inventado, con reglas propias pero que se desplaza como un organismo, en ese sentido dispongo de ciertas certezas. Cuando escribo con imágenes, recuerdo escenas o genero diseño narrativo.

Asimismo, entiendo que las certezas no son un problema de la poesía, lo son de la filosofía y de la ciencia, o por lo menos lo fue en algún momento de la historia. La poesía puede tenerlo o no, puede ser una elección, una necesidad o un capricho, un dispositivo de escritura, una búsqueda. La certeza en poesía puede tomar muchas formas, sin embargo, también admito que la poesía nos muestra que el camino del conocimiento puede ser otro.

Desde mi perspectiva, convicción y certezas no son lo mismo. Una convicción es una creencia, o una red de creencias, que nos configura de manera personal. Una certeza necesita una demostración, es una creencia que implica a otros, es un concepto más fuerte en sentido epistemológico. Las convicciones están en nosotros, cada palabra, verso y poema es una manifestación o declaración de una creencia sobre la poesía, el lenguaje, la realidad, etc.

 

 

 

[AM]: Melancolía, se inicia con una pieza que transcribo en su totalidad: “Una araña dibujó,/ en el titilar de mi sangre, un ojo/ la percibí intensa, nacida/ en el instante de la creación./ Somos lo mismo, sus patas/ peludas y el contorno de mi rostro/ sus glándulas y mis nervios;/ viejas raíces/ de un árbol muy grande” ¿Qué operación estética marca el ritmo, el pulso de tu ars poética?

[MR]: En casi todos mis libros, los primeros poemas son un desafío, porque mi modo de escribir es continuado, muchas veces hay un relato, un acontecimiento. Un poema lleva a otro y cada imagen se relaciona con las anteriores y las que vendrán. El primer poema funciona, muchas veces, como una introducción de lo que viene, abre paso al resto del libro, anuncia un estado de cosas, un clima, un misterio. Generalmente, también son los poemas que se transforman en el proceso de corrección, en relación a como se modifica todo el libro. El ritmo en este sentido es una operación de todo el libro, no de cada poema, y muchas veces ese ritmo va creciendo o potenciándose en el transcurso de libro, liberándose de los aspectos más descriptivos que aparecen en los primeros poemas.

 

 

[AM]: Según tu entender: ¿todos los poemas están escritos para que se entiendan?

[MR]: Creo que a lo largo de un libro hay poemas con diferentes intensiones, algunos tienen un carácter narrativo más fuertes y otros aluden a imágenes con cierta sensación de vaguedad, otros pueden ser crípticos y otros abstractos, también. En este sentido, no tengo formas previas a la escritura, me dejo llevar por ella. No todo poema tiene que ser inteligible pero tampoco todo tiene que ser oscuro, ambas cosas pueden suceder.

 

 

[AM]: Leo los siguientes versos: “insomne en la noche,/ recuerdo a Melancolía de Albert Durero y esa bella tensión/ acaba/ con el privilegio de la continuidad”. Mariana, ¿la poesía es un despertar hacia otro grado de lucidez?, ¿por qué?

[MR]: Sí, una lucidez milimétrica, me interesa mucho pensar que la poesía puede captar esos espacios o intersticios de realidad amalgamados en los minutos, en el aglomerado de los recuerdos, en el pasaje que nos lleva de la vigilia al sueño, en los pliegues ínfimos de la memoria. Tenemos una experiencia de lo dado, de la vida cotidiana, que requiere de un tiempo matemático, hechos y episodios que uno tras otro se suceden y que aparentan coherencia, suponemos que la tienen. La lucidez de la poesía es ingresar en las fisuras de la continuidad y descubrir los restos de esa realidad apresada en el tiempo y en el espacio, desmontar el aparato de una lógica impuesta a la experiencia y a la vida.

 

 

[AM]: Claridad lexical en función de analogías potentes. Leo varios versos, tomados de distintos poemas: “geógrafos de una noche/ interminable, avistamos el planeta/ ¿la luna y su volcán en erupción?”, y este otro: “ella es inmaterial/ huele a rosas y espinas”. ¿Qué significa para vos la “expresión”?

[MR]: La expresión es todo, no tiene que ver con el “expresionismo” si no con lo que las cosas muestran. La expresión vinculada a la interpretación y a ver lo que las cosas hacen entre ellas, en ese enredo lógico que no evoca ninguna teleología, ningún fin. No hay un momento para la expresión, todo el tiempo, en todos lados, hay expresión. Sobre eso que se expresa hacemos un recorte o un montaje, escuchamos y escribimos, pero la expresión no nos pertenece, no es del sujeto que escribe, simplemente, ordenamos lo que se expresa en un continuum vital.

 

 

[AM]: Mirando hacia atrás en el tiempo y haciendo un balance. ¿Podés reconocer algunos autores que gravitaron en tu formación poética?

[MR]: Sí, hacía atrás y en el presente, para mí, un gran referente es María Negroni. Me gusta mucho su obra y está muy vinculada al universo visual que es donde toda mi escritura recala. Marosa di Giorgio fue muy importante en un momento, aunque de una manera particular, me inspira mucho para dibujar y la leo desde ahí, tomo sus libros y dibujo, así me vinculo con ella. Circe Maia me interesa mucho también, su poesía tiene cierta forma vinculada a la filosofía que me atrae, lo mismo me pasa con una gran poeta rosarina Beatriz Vallejos, donde se condensan todos estos universos, lo visual, lo voluptuoso y la filosofía. Clarice Lispector en una escritora que me fascina y su narrativa me inspira, lo mismo que Hilda Hilst y Armonía Sommers. Silvina Ocampo es una escritora de cabecera, me parece fascinante. Sara Gallardo, en particular Eisejuez, me pareció un antes y un después. De todas las escritoras que nombré, el modo en que disponen el misterio me parece el único lugar literario hacía donde me interesa ir. Es una manifestación de deseo, me gustaría mucho estar bajo el aura de sus influencias, aunque sea mucho pedir.

 

 

[AM]: Un libro al que regresás con frecuencia y por qué.

[MR]: A muchos libros regresó, por ejemplo, El collar de arena de Beatriz Vallejo o Archivo Dickinson de María Negroni, los consulto seguidos. Los libros de poesía no se leen de una sola vez, no empiezan y terminan en el modo en el que el objeto dispone sus páginas. ¿Quién puede leer Juan L. Ortiz para siempre? A los libros de poemas volvemos todo el tiempo, una vez que nos involucramos con ellos recurrimos y siempre leemos nuevos ritmos e imágenes. Arturo Carrera es un poeta que me gusta leer muchísimo, no sólo su poesía sino también sus ensayos, me parece una joya su escritura ensayística. Un libro de Juana Bignozzi, Los poetas visitan a Andrea del Sarto, lo leí varias veces, me resulta muy interesante. Autores como Pascal Quignard, Georges Didi-Huberman o Walter Benjamín también son recurrentes. De todas formas, una biblioteca es algo vivo, hay cosas que un momento están muy presentes y en otros no tanto, pero siempre vamos y volvemos, en contante movimiento.

 

 

[AM]: ¿Se le puede asignar alguna función a la poesía?

[MR]: Tengo la sensación que no, que no podemos asignar una función a la poesía. En todo caso, me arriesgaría a designarle un lugar negativo, es aquello que se define por lo que no es, que evade toda designación y todo rol.

 

 

[AM]: La poeta Susana Villalba cierta vez dijo que la poesía es “afilar el lenguaje”, ¿adherís a su idea a la hora de escribir?

[MR]: Suena muy bien “afilar el lenguaje” seguramente tiene que ver con eso. Mi experiencia concreta es la de modelar el lenguaje, como un artesano o un ceramista con su pieza de arcilla. Exactamente, el modelado es mi modo de escribir, es mi acción concreta sobre las palabras y los poemas. Tengo una relación táctil con la poesía, es el sentido que se activa en las correcciones, imagino una escultura o un dibujo.

 

 

[AM]: Has dictado talleres de escritura para artistas, clínicas, bordado y poesía. Con el fin de ampliar el campo de las participaciones: ¿qué creés que le hace falta a la poesía para lograr entrar en circuitos más efectivos de difusión?

[MR]: Los talleres fueron propuestas que surgieron en torno a la necesidad de algunas personas de escribir o hacer obra, no tanto de mi intensión de difundir la poesía sino sobre todo de desarrollar vínculos interdisciplinarios entre artes visuales y poesía. Lo que si creo es que muchos otros campos disciplinares como las artes visuales, que es el ámbito que más conozco, hay ciertos prejuicios o una idea de la poesía antigua y eso no permite ver la cercanía que existe entre ambos mundos. Los intercambios entre arte y poesía serían muy positivos, especialmente, para el mundo del arte, el mundo de la literatura es mucho más receptivo y abierto.

 

La poeta Mariana Robles.

 

[AM]: ¿Qué lugar ocupa la imaginación en el proceso escritural?

[MR]: La imaginación es una parte importante, sobre todo para desarticular formas endurecidas o anquilosadas del lenguaje. Le concedo a la imaginación más atributos que a la razón y por lo tanto entiendo que imaginar es conocer, es pensar y es crear.

 

 

[AM]: ¿Y el oído?

[MR]: El oído me parece el aspecto más intuitivo de la poesía, pero no se reduce a descubrir u ofrecer sonidos en el poema, el ritmo es una especie de arquitectura, un edifico en el tiempo y en el espacio. Puede ser atonal, silencioso, descalabrado, un ritmo arrítmico, esa variable un tanto salvaje de la poesía es lo que la hace potente.

 

 

[AM]: ¿Contás con una definición personal sobre la poesía?

[MR]: No cuento con definiciones sobre el arte, en todo caso si hay una definición ella surge de la escritura misma. Lo que se pueda decir de mi poesía debe ser dicho por ella, por sus imágenes y recorridos y no por una definición a priori, con la que luego habría que insistir para que coincida con el cuerpo del poema.

 

 

[AM]: ¿Cuál es hoy el horizonte de tu escritura?

[MR]: Seguir escribiendo, no me lo propongo demasiado, surgen ideas y temas o imágenes que siempre anoto en una bitácora, en esos cuadernos nacen los libros y desde allí se convierten en poemas o ensayos.  La idea de horizonte me remite a la idea de meta, pero también a la perspectiva renacentista, es línea que contiene un punto único para la representación de la mirada. Si, estos conceptos estuviesen contenidos en tu pregunta tendría que decirte que no tengo metas, que la poesía inclusive es lo más antimeta que existe. En relación a la segunda acepción, basada en las coordenadas cartesianas, te diría que mi mirada en el poema busca, rincones, telas de arañas, caminos nocturnos y en nada esa diáfana claridad de lo que se presenta ante los ojos.

 

 

[AM]: Cuatro palabras que ayuden a definir a Mariana Robles.

[MR]: Ay no sé, sinceramente no sé. Hace un largo rato que estoy pensando en esas palabras y no puedo resolverlo…

 

 

 

 

*(Buenos Aires-Argentina, 1980). Poeta y artista plástica. Desde 1977 reside en Córdoba (Argentina). Licenciada en Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba. En la actualidad estudia Artes Visuales en la Escuela Provincial Figueroa Alcorta, donde también es docente, asimismo, trabaja en el Museo Caraffa. En 2018 obtuvo la beca de creación del Fondo Nacional de las artes. Su obra plástica se compone de dibujos, pinturas, bordados y cerámicas. Entre sus exposiciones se destacan Infancia y Poesía (2017) e Incendio, Corazón y Cielo (2019). Ha publicado en poesía Línea de Atlas (2010), El árbol de los reflejos (2013), Constelación escarlata turquesa (2013), Los niños de Renoir (2015), Alfabeto de la noche (2017), Tres mujeres planchadoras (2017), Escrituras Rituales. Ensayos sobre arte y literatura (2018) y Melancolía (2019).

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