Por: Mario Pera

Crédito de la foto: www.akantilado.wordpress.com

 

 

La piedra de la tristeza.

La poesía de Ósip Mandelstam

 

 

Nacido en la capital polaca, Varsovia, en épocas del Imperio Ruso, el poeta judío Ósip Mandelstam (1891-1938) pronto se convirtió en uno de los principales referentes de la, en aquel entonces, moderna poesía rusa. Gracias a la buena situación económica de su padre, el poeta pudo instruirse en San Petersburgo y París, para estudiar luego Literatura en la prestigiosa Universidad de Heidelberg en Alemania y en la Universidad de San Petersburgo.

Debutó en 1910, con escasos 19 años, fecha en la que publicó cinco poemas de su autoría en la revista Apolo. En 1913 publicó su primer poemario, La piedra, y no sería sino casi una década más tarde, en 1922, que publicó su segundo poemario en Berlín, Tristia, libro que lo posicionó como uno de los más importantes poetas rusos del llamado Siglo de Plata. A inicios del siglo XX fundó junto a su amiga, la poeta Anna Ajmátova, la corriente literaria Acmeísta, la cual proponía una  poesía clara y directa, apartada del lenguaje enredado y oscuro que hacía de la poesía un arte inescrutable, por lo que se enfrentaban a los cánones del reconocido Simbolismo ruso. Los acmeístas se reunían a leer sus poemas y a debatir sobre la actualidad política de su país en el café El perro callejero, lugar que se convirtió pronto en el centro de la vida cultural petersburguesa, y donde conoció a otros escritores como Vyacheslav Ivanov, Nikolay Gumilev y Sergey Gorodetsky.

 

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Poetas de la llamada Edad de Plata rusa de izq. a der.:
Georgy Chulkov, Mariya Petrovykh, Anna Akhmatova y Osip Mandelstam
en fotografía de la década de 1930.

 

De Mandelstam sorprende su pronta madurez poética, caracterizada, especialmente, por la preocupación del autor por dotar a su lirismo de una hermosa cadencia enmarcada en un estilo de tinte conservador; ambas características aligeran el contenido sombrío y pesimista que nos ofrece su poesía. Mandelstam se decidió por escribir una poesía en la que expresó sin ambigüedades su pensamiento y sentimientos respecto a él y a la sociedad en la que vivía y que, por aquellos años, vivía un reordenamiento tras la caída del Imperio Ruso y la llegada al poder del Partido bolchevique. Sin duda, el poeta se nutrió, predominantemente, de la observación de su entorno para escribir su obra literaria.

La vida de Ósip Mandelstam fue breve, murió en un campo de prisioneros políticos con escasos 47 años tras ser desterrado a la Siberia por escribir algunos poemas satíricos sobre el líder soviético Josif Stalin, ello tras un intento de suicidio y tras haber sido liberado y nuevamente desterrado y obligado a realizar trabajos forzados por su férrea oposición al régimen comunista. En esos azarosos años, sólo pudo publicar cuatro poemarios y algunos libros en prosa, registro literario por el que también es muy reconocido.

 

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Estatua del poeta Ósip Mandelstam en la ciudad de Vorónezh, Rusia.
Ciudad en la que éste vivió hasta ser capturado por segunda vez y deportado al campo de trabajos forzosos de Vladivostok donde finalmente murió

 

7 poemas de Ósip Mandelstam*

 

 

¿QUÉ PUEDO HACER con este cuerpo mío irrepetible,

que me ha sido dado?

¿A quién, dime, debo agradecer,

por la apacible alegría de respirar y vivir?

 

Yo soy el jardinero y soy la flor,

En la mazmorra del mundo no estoy solo.

 

En la eternidad del cristal ya se ha esparcido

Mi aliento y mi calor.

 

En él está impreso un signo,

Irreconocible hasta hace poco tiempo.

 

Ojalá la bruma se diluya en los instantes

Para que no borre el signo amado.

 

 

 

EL OÍDO AFINADO dirige la vela sensitiva,

La mirada dilatada se despobla

Y un coro enmudecido de pájaros nocturnos

Atraviesa el silencio.

 

Yo soy tan pobre como la naturaleza

Y tan simple como el firmamento,

Y mi libertad es tan quimérica

Como el canto de los pájaros nocturnos.

 

Yo veo al mes inanimado

Y al cielo más muerto que el lienzo;

Y acepto del vacío

¡Su mundo enfermo y extraño!

 

 

 

EL SONIDO SORDO y cauteloso del fruto

Que cae del árbol,

En medio de una incesante melodía

Del profundo silencio del bosque…

 

 

 

ME EXTRAVIÉ en el cielo.

Qué puedo hacer?

Quien esté cerca ¡conteste!

Sería mejor para ustedes hablar

De las vigorosas visiones dantescas.

No puedo separarme de la vida:

Aunque ella mate y acaricie,

En los oídos y en las cuencas de los ojos

Se posa la tristeza florentina.

No coloques, por favor, no coloques

Laurel amoroso en el whisky,

Mejor despedaza mi corazón

En trozos de sonidos azules.

Y cuando muera, este servidor,

Amigo en vida de todos los vivos,

Resonará en lo alto y profundo

Un eco celeste en el pecho.

 

 

 

LA VIDA ADENTRO DISCURRE

Entre una y otra circunstancia y cielos despejados

Ahora que es julio –como mi hijo–

Y las salamandras salen por la luminosidad

En el año Paulino –como Pablo, mi otredad, mi otro hijo–

Lleno de relámpagos y verbos

 

Esta es mi radicalidad ahora

Que estoy/ estás

Maravillado de Sol

Y la Luna aparece a las 8 p. m.

Solitaria, todavía de día, pero inconfundible

En su máxima poética

 

Pero,

¿Qué clama mi corazón

De desharrapado?

 

 

 

¿QUÉ CALLE ES ÉSTA?

La calle Mandelstam.

Qué apellido más espantoso:

Si no lo aireas

Suena curvo y no recto.

 

Poco en él es lineal

Más bien de carácter sombrío

Y es por eso que esta calle

O, mejor, este foso

Lleva el nombre

De ese tal Mandelstam.

 

 

 

EPIGRAMA CONTRA STALIN

 

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,

nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.

La más breve de las pláticas

gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.

Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,

y sus palabras como pesados martillos, certeras.

Sus bigotes de cucaracha parecen reír

y relumbran las cañas de sus botas.

 

Entre una chusma de caciques de cuello extrafino

él juega con los favores de estas cuasipersonas.

Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;

sólo él campea tonante y los tutea.

Como herraduras forja un decreto tras otro:

A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,

al cuarto en un ojo.

 

Toda ejecución es para él un festejo

que alegra su amplio pecho de oseta.

 

 

 

 

 

* todos los poemas han sido traducidos por Jorge Bustamante García

 

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