El presente texto fue publicado por Xavier Abril en la revista Amauta, año II, núm. 5, en enero de 1927. P. 20.

 

Por: Xavier Abril

Crédito de la foto: Cortesía Sandro Chiri

 

 

La obra de arte no es espectacular

La obra intuitiva por la magia

de los fenómenos suscitados en

élla, realiza en un futuro mejor

la intención vital del artista.

ABRIL.

 

Desde la Novela los personajes viven la Realidad: viajan en ferrocarril; se hospedan en los hoteles; y sufren los duelos de la vida constante. Por eso que a veces no están en la novela; pero se mueven en el clima cálido de la ausencia. Y así, luego, entran de lleno a la novela como a su casa. No tienen ninguna postura ante el público, pues viven demasiado la Realidad; y no los mueven tampoco los resortes sociales ni las teorías filosóficas de la Epoca. En esta obra no hay acto propicio o expansivo para que la mujer ponga cuernos al marido. No presenta problemas domésticos tampoco.

El Ideal de acción: el Mundo.

Esta obra se pone diariamente en las ciudades. La realiza la personalidad del hombre, y no por eso aún menos la bestia. Los dos son primeros personajes. No hay actores. Todos son autores y ninguno se aclimata al sentimiento con sus derivados de expresión. Tampoco hay papeles agenos que realizar. Todo en esta obra se realiza: la vida inalámbrica de las ciudades; las malas noticias de los alambres, los silencios de los hospitales.

En ellas todas son como noticias de última hora. Pues todos dicen lo que les ocurre. Unos gritan, lloran otros; y así, hay también idiotas, locos, sifilíticos. Una disgregación de vida por todas partes.

Pero todo esto, en suma, no es un espectáculo, pues se realiza silenciosamente en la libertad de la vida misma.

No puede haber obra artística espectacular. Solo la muerte de Hugo, las noticias del cable y el último atentado a Mussolini son espectaculares.

Espectáculo fué el de la Naturaleza. Cuando el hombre era un espectador ante élla, entonces se admiraban los paisajes, las estrellas, la Luz; y se sabe de los INCAS que adoraban el Sol con una admiración salvaje.

Esta fué―aunque panteísta―una Epoca primitiva. Luego vino la evolución y el hombre ve que tiene su espíritu y su Belleza. Entonces principia a vivir de lo suyo y entonces crea. Y así, por ejemplo, la mujer desde el punto de vista arquitectónico de lo bello es obra del hombre, de su sueño siempre realizable.

Es de advertir que en el primer sueño el HOMBRE pierde una costilla. (El sueño es humorista).

Y con esto quiero terminar de hablar de Ideas que por ahora son lo bastante peligrosas para el lector, que puede estar muy seguro que con esto no le doy un espectáculo.

 

El mar, 1926.

XAVIER ABRIL.

 

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