Por Ana María Enciso Noguera*

Crédito de la foto Miguel Reyes

 

 

La grieta mínima.

5 poemas de Ana María Enciso Noguera

 

 

 

ME ATURDE ESTA barahúnda,

este choque de aguas,
de todos los dioses que reclaman al tiempo porque alguien los adore
y hacen pataleta como niños chiquitos,
con una mirada que unas veces parece cólera
y otras, mendicidad.
Deben sentir algo parecido
los peces cuando les golpean el vidrio.
¿A dónde miro?
¿En qué dirección he de salir corriendo primero
a encender sahumerios en templos de dioses en que no creo
pero tienen el descaro de venir a aturdirme,
a aterrarme,
como el dedo en el vidrio, en las aguas?
A veces quisiera desdoblarme,
exprimirme un fantasma como el de Helena,
que caminaba y miraba por encima de las murallas de Troya
los destrozos de la guerra,
mientras ella reposaba en Egipto.
¿En qué se ocuparía sola,
mientras en Troya la otra veía los muertos escupir las almas?
Mandaría mis fantasmas a acompañar los dioses huecos,
a hacerles cataplasmas en los egos maltratados
e inventar plegarias para que se concedieran a sí mismos la gloria eterna.
Han de estar tristes y aburridos,
necesitados de afecto,
y por eso lloran por feligreses que entreguen piadosamente sus limosnas.
No me importa que lloren.
El problema es que lloran y acá tiembla.

 

 

 

LA LUZ LLAMA a las sombras;
sólo ellas pueden anunciar su llegada
con el confuso, abigarrado nudo,
de dolores y preguntas.
La luz necesita las sombras,
la gravedad
con que hacen decantar el mundo,
ardiendo la piel.
Ante el herido derrotado
entregado a su indigencia más simple,
vencida toda resistencia,
despojado de voluntad,
se abre la grieta mínima,
nítida,
fugaz y sólida.
Desciende un hilo de luz al que aferrarse.

 

 

 

 A Kawabata y sus mil grullas

 

SÓLO INTERRUMPE la comprensión
la muerte,
pero la hierba aún está húmeda bajo la sombra
y reclama ansiosa
que se dé nombre
a sus huellas.

 

 

 

ME GUSTAN las flores
porque son imperfectas
y llevan serenas
la carga de sus defectos,
la miríada de maneras en que se pliegan
sus formas innombrables,
abstractas.
La calma con que afrontan su lenta muerte
y la ofrecen como un milagro.

 

 

 

¿SIENTE FRUSTRACIÓN la luz
en ese momento del día
cuando el atardecer tiembla turbio
y se detienen el sol y la sombra,
como si contemplaran la lucha de sus poderes,
pacientemente,
sin ningún afán antes de que las sombras se decanten
y tome impulso el eterno ciclo
del día y la noche?

 

¿No le pesa la suspensión,
la zozobra,
el ruido de las horas?

 

¿No anhelará extinguirse definitivamente
o desatar una conflagración
que señale el camino hasta las trompas del Apocalipsis?
Se consume en silencio
y yo la acompaño.

 

 

 

 

 

*(Bogotá-Colombia, 1991). Poeta. Literata por la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), magister en Estudios comparados de literatura, arte y pensamiento por la Universidad Pompeu Fabra (España) y, en la actualidad, cursa la maestría en Historia del arte de la Universidad de los Andes (Colombia). Es editora en jefe de la revista cultural Artificio (www.revistaartificio.com).

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