Para Vallejo & Co. es un honor y un privilegio poder mostrar al público algunas cartas, que conforman parte de la correspondencia personal, que intercambiaron los poetas y traductores Américo Ferrari y Reynaldo Jiménez.

En este tránsito epistolar, realizado entre julio de 1988 y abril de 1999, podemos leer las respuestas del reconocido traductor y poeta cuya obra aún debemos redescubrir en su dimensión. La presente muestra, se dará en dos entregas conformadas, una, por 4 y otra por 3 cartas de Américo Ferrari.

 

 

Por Américo Ferrari*

Nota, selección y transcripción por Reynaldo Jiménez

Crédito de la foto Tierra Ígnea en Youtube

Américo Ferrari en Ginebra – Suiza, 2006

 

 

La evidencia del ritmo:

Algunas cartas de Américo Ferrari a Reynaldo Jiménez

(II Parte)

 

No otro que el propio Emilio Adolfo Westphalen me puso en contacto con Américo Ferrari, residente en Ginebra, a raíz de aquella primera versión de la antología El libro de unos sonidos. 14 poetas peruanos (la edición de 1988, pues la segunda, de 2005, pasaría a ser de 37 autores) la que por supuesto incluye una muestra de la poesía de Américo (tan poco advertida todavía).

La relación epistolar con Américo duraría hasta que él mismo, por razones de salud, suspendiera todo intercambio, aun bastante tiempo antes de fallecer, aunque en los últimos años, por cierto, nuestra correspondencia se había ya adaptado al formato y la velocidad del correo electrónico. En esta oportunidad me he limitado a transcribir apenas aquellas cartas tradicionales, escritas con máquina de escribir, pero inexorablemente ornadas con retoques a mano e infaltable firma, con las que, con su habitual elegancia y gentileza, Américo me honraría. Hubo veces en que, en un sobre de papel madera, llegaba la esperada misiva acompañada de algún texto suyo. Un día, ante mi insistencia, y como queda mencionado en una de estas cartas, me envió aquellos de sus libros entonces inhallables, estrictamente fotocopiados y reconstruidos, supongo que por él mismo. Desde luego, también fue enviándome los libros de poesía que le iban publicando, por ejemplo, en España, los cuales aún atesoro.

Durante un par de sus visitas a Buenos Aires, quienes hacíamos la revista-libro tsé=tsé tuvimos ocasión de compartir animadas conversaciones, en una de las cuales, de visita en nuestra casa, nos concedió una extensa entrevista (“Un poema no vale nada”), que publicamos, junto a varias de sus traducciones de Trakl, en el número 14, mayo de 2004. Más que hablar de sí mismo en la entrevista, Américo concentra toda su atención en aquellos poetas que estudió, trató y admiró (Moro, Westphalen, Vallejo) y que indudablemente iluminaban su día a día. En esa conversación, cuando, luego de que él mencionara el “dictado las musas”, le pregunté si creía en la inspiración, respondió: “No sé si se llama la inspiración, pero es una cosa que te viene sólo a ti a la cabeza, sin que hayas calculado nada, viene de otra parte, no sé. Hay una anécdota de Apollinaire y el Douanier Rousseau, que había hecho ese cuadro que se llama ‘El poeta y su musa’, adonde la musa es la mujer de Apollinaire como una gigantona así y Apollinaire como un enanito que no le llega a la cintura, al lado. Parece que al poeta le dio un ataque de nervios: ‘Tú te estás burlando, ¡cómo me pintas así!’ ‘¿Pero de qué te ofendes?’, le dijo el pintor, ‘tú eres un gran poeta y un gran poeta tiene una musa mucho más grande que él. ¿Cómo vas a ser tú de la misma estatura que tu musa?’ Los poemas épicos comenzaban siempre ‘Canta, Diosa…’.”

Al transcribir y por ende releer estas cartas, que no revisaba en años, reconozco hasta qué punto la lectura de este riguroso poeta-crítico y aliado entrañable ha continuado obrando en mí, todo este tiempo: la cálida lucidez de su influencia.

 

 

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Epistolario

 

Ginebra, 25 de julio de 1994

 

Estimado Reynaldo:

 

……………Recibí su carta junto con su poema largo, o serie de poemas, Una tarde sin tribu: impresionante por el destellar incesante de las imágenes y la insistencia del ritmo y su ductilidad. Desde el primer libro que recibí de usted, las miniaturas, veo precisarse más y más su trayectoria poética. Si me refiero a las miniaturas es porque, aunque la escritura suya insensiblemente se ha ido modificando, hay en el trasfondo de su poesía una continuidad de ritmo y de tratamiento de la imagen.

……………Reeditar La fiesta de los locos en una revista me parece una buena idea, aunque naturalmente pierda la belleza de presentación de la edición de Vladimir Herrera; pero podría alcanzar a cierto número de lectores que la edición de Vladimir, tirada a un centenar de ejemplares, no alcanzará jamás.

……………Un gran abrazo de su fiel lector

…………………………………………………………………Américo

 

 

***

 

El poeta Américo Ferrari

El poeta Américo Ferrari

31 de agosto de 1996

 

Estimado Reynaldo:

 

……………Recién ahora contesto su carta fechada en el mes de enero y le acuso recibo del número de tsé-tsé, que me gustó mucho, casi diría me impresionó, por la originalidad de la diagramación y la densidad poética del contenido: San Francisco de Asís, Valente, Pellicer, Octavio Armand, Cioran…[1] Qué más pedir. Le agradezco mucho la publicación de los textos de La fiesta de los locos, perfecta la presentación, sobria y precisa en dos páginas. La razón por la cual he tardado tanto tiempo en escribirle es que cuando recibí su carta, que me siguió a Barcelona donde pasé todo el invierno, observé que había cambiado usted de dirección; y después, como me ha ocurrido más de una vez, se me traspapeló la carta con la nueva dirección que no había apuntado; por fin la encontré hace unas semanas en un libro.

……………Yo me jubilé de la Universidad de Ginebra en octubre del año pasado y estuve, como le he dicho, de profesor visitante en Barcelona; el año entrante estaré de nuevo ahí, de enero a marzo. Deme noticias suyas y no deje de mandarme todo lo que publique.

……………Un abrazo de

………………………………………Américo

 

***

Ginebra, 13 de abril de 1999

 

Estimado Reynaldo:

 

……………Gracias por su carta tan amable del 3 de marzo y por su paciente y penetrante lectura de algunos textos del libro. Le prometo reservarle con mucho gusto los cuatro ejemplares que me pide para sus colaboradores en cuanto reciba ejemplares de Barcelona. La editora me dijo ayer por teléfono que me había mandado una remesa a finales de marzo, pero estamos a 13 de abril y no me ha llegado nada. Es muy raro que un paquete de libro ponga por correo, incluso lento, más de diez días para llegar de España a Ginebra. Si se habrá perdido…

……………Sí recibí el último número de tsé=tsé, excelente como lo son todos por lo demás. Es una de las mejores revistas de literatura y poética que conozco, y aprovecho ahora para felicitarlo por esa obra de arte, en el sentido más literal de la palabra.

……………Me pide algunos inéditos, pero en el género ensayo casi no tengo. Hace unas semanas concluí una presentación de la obra poética de Vallejo que servirá de prólogo a una antología del poeta que me ha encargado el Círculo de Lectores de Barcelona; y acabo de dar la última mano a un breve ensayo sobre la poesía erótica de César Moro, el cual lleva por título “Lord Moro en las moradas del amor”. Saldrá en la edición crítica de la obra de Moro en la colección Archivos que dirige André Coyné,[2] así que para fines de publicación, estos dos trabajos ya están comprometidos. Lo único que queda inédito en mis cajones es el texto de una charla sobre Eielson y otros poetas peruanos de la llamada “generación del cuarenta”, que di el año pasado en la Universidad Autónoma de Barcelona a pedido de la mujer de Vladimir Herrera, Helena Usandizaga, que es profesora ahí. Se lo mando si puede interesarle, pero como verá es una presentación un poco elemental y esquemática destinada a alumnos españoles de literatura hispanoamericana que empiezan el ciclo de doctorado. Pero si le parece publicable, puede publicarlo. Por otra parte le mando un cuadernillo de poemitas, estos sí todos inéditos, escritos casi todos el año pasado, los últimos en estos primeros meses del 99. “Work in progress, pues”. Si le interesan, puede seleccionar los que le gusten y publicarlos; pero en ese caso, por favor, avíseme, para no darlos a otra revista si se presentara la ocasión.

……………He estado releyendo últimamente su poesía anterior, o quizá también para algunos poemas, paralela a La curva del eco: Ruido incidental/El té, 600 puertas. A través de toda ella circula como una corriente encantada y encantadora, densa, uniforme, sin saltos visibles ni rupturas, que acarrea intuiciones y formas poéticas insólitas, asociaciones de vocablos y de conceptos al mismo tiempo desconcertantes y certeras; y es esta continuidad en la belleza del rigor de la expresión y la originalidad de la intuición lo que me parece conformar la unidad evidente de su obra. Creo que no hay obra poética que valga sin esta unidad de fondo que en sus poemas es también en gran parte unidad de forma. Me prometo seguir buceando en este mar.

……………¿Le escribió Edgar O’Hara de Seattle? Me había pedido su dirección en una carta que me escribió hace algún tiempo. Creo que le interesa su obra, porque ya me había hablado de, o había indagado por usted, si mal no me acuerdo, en una carta anterior.

……………Reciba un cordial abrazo de

……………………………………………………Américo

 

 

 

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[1] Ferrari se refiere al número 1 de la revista tsé=tsé.

[2] La edición de la Obra poética completa de Moro se concluiría, por fin, recién en 2015, en la edición de Archivos-Alción, Córdoba, Argentina, ya fallecido incluso Coyné, la cual incluye un CD-ROM donde aparece el mencionado ensayo de Ferrari, más otro suyo, titulado “Traducción y bilingüismo: el caso de César Moro”.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1929 – Ginebra-Suiza, 2016). Poeta, traductor y ensayista. Gran estudioso y traductor de la obra poética de César Vallejo. Son reconocidas sus traducciones de la poesía de Georg Trakl y Novalis. Entre 1950 y 1951 se desempeñó como traductor de France Press en Lima, así como entre 1956 y 1959 de ANSA (Agenzia Nazionale Stampa) para la capital peruana. Fue, además, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), del Institut Hispanique de l’Université de Paris-Sorbonne (Francia) y de l’Ecole de Traduction et d’Interprétation de l’Université de Genève (Suiza). Publico en ensayo César Vallejo (en colaboración con Georgette Vallejo, 1967), Los sonidos del silencio. Poetas peruanos del siglo XX (1990) y El bosque y sus caminos. Estudios sobre poesía y poética hispanoamericanas (1993); y en poesía El silencio de las palabras (1972), Espejo de la ausencia y la presencia, Cuadernos de María Isabel (1972), Las metamorfosis de la evidencia (1974), Tierra desterrada (1980), La fiesta de los locos (1982), Para esto hay que desnudar a la doncella (1998) y Casa de Nadies (2000).

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