Para Vallejo & Co. es un honor y un privilegio poder mostrar al público algunas cartas, que conforman parte de la correspondencia personal, que intercambiaron los poetas y traductores Américo Ferrari y Reynaldo Jiménez.

En este tránsito epistolar, realizado entre julio de 1988 y abril de 1999, podemos leer las respuestas del reconocido traductor y poeta cuya obra aún debemos redescubrir en su dimensión. La presente muestra, se dará en dos entregas conformadas, una, por 4 y otra por 3 cartas de Américo Ferrari.

 

 

Por Américo Ferrari*

Nota, selección y transcripción por Reynaldo Jiménez

Crédito de la foto Gabriela Giusti 

 

 

La evidencia del ritmo:

Algunas cartas de Américo Ferrari a Reynaldo Jiménez

(I Parte)

 

 

No otro que el propio Emilio Adolfo Westphalen me puso en contacto con Américo Ferrari, residente en Ginebra, a raíz de aquella primera versión de la antología El libro de unos sonidos. 14 poetas peruanos (la edición de 1988, pues la segunda, de 2005, pasaría a ser de 37 autores) la que por supuesto incluye una muestra de la poesía de Américo (tan poco advertida todavía).

La relación epistolar con Américo duraría hasta que él mismo, por razones de salud, suspendiera todo intercambio, aun bastante tiempo antes de fallecer, aunque en los últimos años, por cierto, nuestra correspondencia se había ya adaptado al formato y la velocidad del correo electrónico. En esta oportunidad me he limitado a transcribir apenas aquellas cartas tradicionales, escritas con máquina de escribir, pero inexorablemente ornadas con retoques a mano e infaltable firma, con las que, con su habitual elegancia y gentileza, Américo me honraría. Hubo veces en que, en un sobre de papel madera, llegaba la esperada misiva acompañada de algún texto suyo. Un día, ante mi insistencia, y como queda mencionado en una de estas cartas, me envió aquellos de sus libros entonces inhallables, estrictamente fotocopiados y reconstruidos, supongo que por él mismo. Desde luego, también fue enviándome los libros de poesía que le iban publicando, por ejemplo, en España, los cuales aún atesoro.

Durante un par de sus visitas a Buenos Aires, quienes hacíamos la revista-libro tsé=tsé tuvimos ocasión de compartir animadas conversaciones, en una de las cuales, de visita en nuestra casa, nos concedió una extensa entrevista (“Un poema no vale nada”), que publicamos, junto a varias de sus traducciones de Trakl, en el número 14, mayo de 2004. Más que hablar de sí mismo en la entrevista, Américo concentra toda su atención en aquellos poetas que estudió, trató y admiró (Moro, Westphalen, Vallejo) y que indudablemente iluminaban su día a día. En esa conversación, cuando, luego de que él mencionara el “dictado las musas”, le pregunté si creía en la inspiración, respondió: “No sé si se llama la inspiración, pero es una cosa que te viene sólo a ti a la cabeza, sin que hayas calculado nada, viene de otra parte, no sé. Hay una anécdota de Apollinaire y el Douanier Rousseau, que había hecho ese cuadro que se llama ‘El poeta y su musa’, adonde la musa es la mujer de Apollinaire como una gigantona así y Apollinaire como un enanito que no le llega a la cintura, al lado. Parece que al poeta le dio un ataque de nervios: ‘Tú te estás burlando, ¡cómo me pintas así!’ ‘¿Pero de qué te ofendes?’, le dijo el pintor, ‘tú eres un gran poeta y un gran poeta tiene una musa mucho más grande que él. ¿Cómo vas a ser tú de la misma estatura que tu musa?’ Los poemas épicos comenzaban siempre ‘Canta, Diosa…’.”

Al transcribir y por ende releer estas cartas, que no revisaba en años, reconozco hasta qué punto la lectura de este riguroso poeta-crítico y aliado entrañable ha continuado obrando en mí, todo este tiempo: la cálida lucidez de su influencia.

 

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Epistolario

 

Ginebra, 2 de julio de 1988

 

Estimado amigo,

 

……………Su hermoso libro de poemas y la antología de poesía peruana en la que le agradezco haberme incluido, llegaron a mis manos sólo a fines de abril, cuando regresé de un viaje a Estados Unidos. Emilio[1] entregó los dos volúmenes a mi mujer en París. La antología me parece muy bien compuesta y el título, Libro de unos sonidos, perfecto. Sin embargo, lo que más me ha impresionado son sus poemas, que requerían una lectura atenta y larga; es una de las razones por las cuales he tardado en escribirle y acusarle recibo. Encuentro en estos poemas una poderosa atracción y al mismo tiempo ciertas barreras que hay que forzar y que, ambas, resultan, para mí, en cierto modo comparables a las que ofrece Trilce, libro con el que el suyo me parece tener analogías; corrijo y digo, con algunos poemas de Trilce, los que están en el registro de lo hermético. En estas “estampas” de sus Miniaturas el objeto está siempre ahí, pero, errátil, resulta inasible: es un error, como dice la cita de Elizondo (yo diría una errancia) tan imposible de determinar como el movimiento/posición de las partículas en la física/incertidumbre de Heisenberg. Debo confesar que estos simulacros de realidad me interesan muchísimo: quiero decir que son para mí uno de los aspectos más esenciales de la realidad y están tan vinculados al ritmo, el otro aspecto esencial, que se podría decir que sólo son ritmo: justamente el ritmo de los poemas suyos, sin fallos y perfectamente controlado, es una evidencia que no admite evasivas; agarrándose de ella, el lector tiene que inventar con usted todo lo que dice el poema. Supongo que también a Westphalen, tan preciso e implacable para estas cosas, le ha gustado su libro.

……………Yo no he vuelto a publicar nada en libro después de los textos de Figura para abolirse que le adjunto en fotocopias, pues ya no me queda sino un ejemplar de la brevísima edición de Lisboa. Juan Gelman me los pidió para hacerlos reimprimir, junto con otros poemas inéditos, en una editorial de Buenos Aires donde él tiene amigos, pero hace más de un año de eso y no he vuelto a tener noticias. Aparte, salieron unos poemas míos en el número 7 de “Lienzo”, pero como leo en la contraportada de su libro que usted colabora en esa revista, supongo la tendrá.

……………Si, como me lo ofrece amablemente, le es posible hacerme mandar por la editorial algunos ejemplares de la antología, se lo agradeceré. Los repartiré entre amigos de Ginebra, de París y de Italia y España que se interesan en poesía peruana.

……………Yo iré probablemente a Lima en julio. No sé si para esa época (julio-agosto) usted estará por allá. Por si acaso, le doy el teléfono en casa de mi hermana, donde me alojo: 72 24 43.

……………Escríbame, y quedamos en contacto.

……………Un abrazo de

………………………………………Américo

 

***

 

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Ginebra, 7 de enero de 1992

 

Estimado Reynaldo,

 

……………Le agradezco muchísimo el envío de Ruido incidental, los poemas de Violeta Lubarsky y el ejemplar de ¡Kwatz!;[2] Ana Becciu tuvo la amabilidad de entregármelos personalmente antes de Navidad; le agradezco igualmente haberme dado ocasión de restablecer contacto con usted a través de una cosa tan importante como un nuevo libro de poemas: encuentro en éstos de Ruido incidental y de El té algunas constantes que ya había observado en Las miniaturas: sólida trabazón de la escritura poética, homogeneidad y tensión del ritmo, densidad de las intuiciones; interesantes también sus reflexiones sobre poesía y poética en “Por los pasillos”. Enhorabuena.

……………Me da mucha alegría su proyecto de reeditar mi plaqueta de poemas, sobre todo porque no me queda de ese librito ni un solo ejemplar, salvo el mío, y a menudo me veo obligado a fotocopiarlo para alguien que se interesa en leerlo. Juan Gelman me propuso en una ocasión hacer una reedición en Buenos Aires, pero de pronto desapareció de Europa y no he vuelto a tener más noticias de él. Si usted lo publica, yo podría comprar cierto número de ejemplares, veinte, treinta o cuarenta, al precio que fije su editorial. Lo que me dará además la satisfacción de contribuir en algo a su esfuerzo de difusión de la poesía. Los ejemplares que adquiera los distribuiré entre bibliotecas, críticos y poetas que buscan el libro y no lo encuentran. Quedo en espera de su confirmación.[3]

……………Estuve en Lima en julio y agosto. El deterioro y el desastre de la ciudad y del país lo dejan a uno deprimido por meses.

……………Espero que una vez restablecido el contacto, no cese y tengamos a menudo la oportunidad de intercambiar poemas y punto de vista sobre la poesía.

……………Un abrazo

……………………………Américo

 

***

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Ginebra, 22 de abril de 1993

 

Estimado Reynaldo

 

……………Recibí 600 puertas[4] y el número de Labi[5]o con su trabajo sobre el Zahorí: el espejo, el puente, la mirada, el ojo, la imagen. Encuentro que la escritura de usted señala y define términos, lugares, formas y relaciones duales desde el silencio sin término, el no ver, el no lugar que hace posible el puente que no es hacia el otro lado y que sin embargo nos arranca de este lado. Diría que, como Blanca Varela, “de lo impreciso [se] aliment[a]” y sin embargo desemboca en una escritura sumamente precisa que pone en movimiento términos netamente determinados, exactos, y evita la expansión gaseosa de las imágenes vagas y las palabras que ronronean más que dicen. Desde este punto de vista, me recuerda los mejores aspectos de Trilce.

……………Le envío, ya que me los pide, mis primeros poemarios en fotocopia, acompañados del último publicado en Barcelona, 10 poemas breves. Sobre El silencio las palabras debo explicarle que esta edición es fruto de un malentendido que sería largo y difícil de explicar. Muchos de esos poemas debían haber sido desechados y algunos me parecen abortos que han visto la luz por equivocación; no me reconozco en su patetismo que además fue efímero en mi producción. De reeditar el libro suprimiría una parte de los poemas. Además salió lleno de erratas que ahora no tengo ánimo ni humor para corregir. Añado al envío un número de la revista Palimpsesto, que se publica cerca de Sevilla, con cuatro textos míos de los años 89-90. Ahora estoy de nuevo traduciendo a George Trakl; publiqué hace años en una revista de Nueva York[6] los 15 poemas de la primera sección de Sebastian im Traum y ahora he terminado de traducir el poemario completo que comprende cuatro secciones, pero no sé qué editor querrá publicarlo.[7]

……………Un abrazo

……………………………Américo

 

***

 

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París, 15.04.94

 

Reynaldo:

……………Ayer, antes de salir para París, donde voy a estar unos días, le puse en un sobre, junto con una carta, un trabajito sobre poesía peruana de los años 40. Pero releyendo el texto impreso después de haber puesto el sobre en el correo, me doy cuenta de que hay muchas faltas de mecanografía y errores que debía haber visto y corregido, pero con la prisa se me pasó.

……………Cuando vuelva a Ginebra, la próxima semana, le mandaré una lista de correcciones.

……………Un abrazo

………………………..Américo

 

 

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[1] Referencia a Emilio Adolfo Westphalen.

[2] Libro de ensayos, compartido con Ricardo Gilabert. Mi sección allí se titula “Por los pasillos”.

[3] El proyecto de un breve libro de Américo Ferrari con el sello de tsé=tsé por diversas razones, finalmente no prosperaría, aunque él se mantuvo como colaborador permanente de la revista-libro homónima.

[4] Libro de poesía de RJ.

[5] Labio fue una acción artística encarnada como una serie de pequeñas publicaciones artesanales realizada por RJ, Gabriela Giusti y Violeta Lubarsky, a comienzos de la década de 1990.

[6] Se refiere a la revista escandalar, dirigida por Octavio Armand.

[7] El libro fue finalmente publicado por Pre-Textos de España.

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1929 – Ginebra-Suiza, 2016). Poeta, traductor y ensayista. Gran estudioso y traductor de la obra poética de César Vallejo. Son reconocidas sus traducciones de la poesía de Georg Trakl y Novalis. Entre 1950 y 1951 se desempeñó como traductor de France Press en Lima, así como entre 1956 y 1959 de ANSA (Agenzia Nazionale Stampa) para la capital peruana. Fue, además, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), del Institut Hispanique de l’Université de Paris-Sorbonne (Francia) y de l’Ecole de Traduction et d’Interprétation de l’Université de Genève (Suiza). Publico en ensayo César Vallejo (en colaboración con Georgette Vallejo, 1967), Los sonidos del silencio. Poetas peruanos del siglo XX (1990) y El bosque y sus caminos. Estudios sobre poesía y poética hispanoamericanas (1993); y en poesía El silencio de las palabras (1972), Espejo de la ausencia y la presencia, Cuadernos de María Isabel (1972), Las metamorfosis de la evidencia (1974), Tierra desterrada (1980), La fiesta de los locos (1982), Para esto hay que desnudar a la doncella (1998) y Casa de Nadies (2000).

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