Por: Juan L. Ortiz

Nota y selección: Tania Favela Bustillo

Crédito de la foto: www.unoentrerios.com.ar

 

Vocación de Entre Ríos[i]

 

 

En un texto sobre la poesía entrerriana, Juan L. Ortiz (1896-1978) escribe: “el paisaje es una relación”. Esta frase, me parece, abre innumerables posibilidades dentro de la poesía orticiana: el paisaje está en el centro, sí, pero no sólo para ser descrito, sino para abrir, a partir de él, distintas relaciones con la realidad. Ortiz, a lo largo de su obra, va adentrándose cada vez más en la estructura de su lenguaje, va complejizando y profundizando los vínculos entre las palabras, va cuestionándolo todo, interrogando al lenguaje y a la realidad y, a un mismo tiempo, va demorando, retardando, desviando, buscando grietas, fracturas, intersticios (al decir de William Rowe), que “suspenden definitivamente el arribo a un significado fijo”. Abrir posibilidades, crear nuevas relaciones, en lugar de cerrarlas, es una parte sustancial de la poética orticiana. Poeta contemplativo, sí, pero  también un poeta de acción: militante comunista (no en un sentido ortodoxo), preocupado por el bienestar humano, muestra, al interior de su obra, la importancia de la fraternidad humana. Y va más allá: va hacia una fraternidad universal que toca a todos los seres que habitan el mundo.

 

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Crédito de la caricatura: http://www.taringa.net/

La danza profunda.

11 poemas de Juan L. Ortíz

 

 

 

EL MUNDO ES un pensamiento

realizado de la luz.

Un pensamiento dichoso.

De la beatitud, el mundo

ha brotado. Ha salido

del éxtasis, de la dicha,

llenos de sí, esta tarde,

infinita, infinita,

con árboles y con pájaros

de infancia ¿de qué infancia?

¿de qué sueño de infancia?

 

 

 

****

 

 

 

Un canto solo

 

Un grillo, sólo, que late el silencio.

A su voz se fijan

los resplandores

errátiles

de las estrellas

que tienden hilos vagos

al desvelo

de las flores, las hierbas, los follajes?

O es una tenue voz aislada

junto al arpa que forman esos hilos

y que hace cantar la noche

con su último canto

secreto?

No oigo

ya

el grillo.

Vibra un canto

sutilísimo, profundo,

hasta cuándo…?

 

Los cantos de los gallos

quiebran metales tristes, irisados,

que no son de este mundo,

de qué tímida alba

que aún no ha tocado las estrellas

pero que sienten ya

el río

y las alas?:

pálido serafín que se asoma a los cielos

con un agudo, casi desgarrado, heraldo.

 

 

 

****

 

 

 

ROSA Y DORADA

la ribera.

La ribera rosa y dorada.

 

Febrero,

y ya estás,

belleza última, en el cielo y el agua.

 

Etérea,

pero ya estás,

vapor flotante de un sueño

que parece de flor y es de un lúcido pensamiento

que se busca

y se suspende

mientras el cielo es un ardor sensible.

 

Por los caminos pálidos, entre la hierba oscura,

El alma es un olvido hacia una orilla eterna.

 

 

****

 

 

 

La noche en el arroyo

 

Infinito, Noviembre, tiembla, tiembla en el agua.

 

Escucháis la voz de la noche?

De qué es la voz de la noche?

Es de agua o es de flor?

Es de flor y de agua a la vez.

 

Hagamos un silencio como el de las orillas oscuras

para escuchar esta voz innumerable y tenue.

 

Seamos vagas orillas de silencio inclinado

o los oídos de la misma noche

abiertos a qué hálito de flor y de agua juntos?

 

 

 

****

 

 

 

NO TE DETENGAS ALMA sobre el borde

de esta armonía

que ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.

¿De qué música?

 

¿Temes alma que sólo la mirada

haga temblar los hilos tan delgados

que la sostienen sobre el tiempo

ahora, en este minuto, en que la luz

de la prima tarde

ha olvidado sus alas

en el amor del momento

o en el amor de sus propias dormidas criaturas:

las aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?

¿O es que temes, alma, su silencio,

o acaso tu silencio?

Serénate, alma mía, y entra como la luz

olvidada, hasta cuándo?

en este canto tenue, tenuísimo, perfecto.

 

 

****

 

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Crédito de la caricatura: http://julioibarracaricaturas.blogspot.com/

 

El aguaribay florecido

 

Muchachas de ojos de flores y de labios de flores.

En la sombra exhalada – ¿de qué su dulce hálito?-

los vestidos ligeros, muy ligeros, con pintas.

 

Arde de abejas el aguaribay, arde.

 

Ríen los ojos, los labios, hacia las islas azules

a través de la cortina

de los racimos

pálidos.

 

Ríen los ojos, los labios. ¿Véis las muchachas o es

la tenue sombra ebria

y bordoneada

que se alucina de muselinas claras

y de otras flores vivas – extrañas flores vivas-

riendo, riendo, riendo hacia las islas?

 

Muchachas de ojos de flores y de labios de flores.

 

Arde de abejas el aguaribay, arde.

 

 

 

****

 

 

 

¿PARA QUÉ EL VINO, amigos míos,

si allí la luna, en las aguas, ebria, se despliega?

 

Id a la orilla y sed de ella, dulcemente enajenada

en su propio vals antiguo

de velos de silencio que se igualan al fin, tenues, a la arena…

 

Sed de ella que ya el eucaliptus está en ella, más pálido.

Y acaso, acaso, un momento perdidos, amigos míos,

os encontraréis de la mano, luego, en el centro de la danza profunda,

figuras intercambiables e increíblemente ligeras, al cabo, de la danza…

 

¿Para qué el vino, entonces, si así seríais más ligeros?

 

 

 

****

 

 

       

DULCE ES ESTAR tendido

fundido en el espíritu del cielo

a través de la ventana

abierta

sobre los soplos oscuros…

 

Dulce, dulce…

El pensamiento amarillo de allá

es nuestro mismo silencio casi póstumo

libre

sobre los abismos…

 

Dulce, dulce haber en alguna manera muerto

hasta el primer jazmín de arriba

que titila de súbito

en la misma brisa del poema que leemos…

 

Dulce, dulce…

¿Pero has olvidado, alma, has olvidado?

Dulce, dulce, bajo el vértigo

de las enredaderas celestes

estar solo con Keats,

bajo Keats, mejor bajo otra liana eterna…

 

Oh melancolía, oh melancolía que se enciende como un jardín

sobre la terraza que flota en una luz pequeña…

 

¿En qué urnas etéreas, alma

olvidaste tu tiempo y tu piedad?

 

Bajo la breve dicha algo en el aire:

las ramas de la angustia, alma, que llaman…

 

una angustia que quiere dejar de ser en todas partes,

en todos, en todos los grados de la soledad…

desde la piedra, acaso, alma,

hasta el ángel que se contrae herido…

La vida quiere unirse, alma, de nuevo, por encima de los suplicios…

¿No oyes los gritos profundos del edén que quieren ser

con la lucecita desvelada, sí pero tierna, sin el fruto de la muerte

y libre al fin de sí misma?

 

Alma, dulce es el sueño,

pero no se roba ahora, ahora, a la memoria del amor?

 

Ay, el amor, ahora, con los ojos abiertos sobre el infierno,

sin poder alzarlos, serenos, hacia el cielo de todos,

o bajarlos, serenos, hacia su cielo íntimo para más puramente devolver…

 

 

 

****

 

 

ELLA ANUDA HILOS entre los hombres

y lleva de aquí para allá la mariposa profunda

-ala del paisaje y del alma de un país, con su polen…

 

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume…

a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.

Testimonio involuntario, ella,

de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,

en que la circunstancia da su hálito…

 

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,

jugando naturalmente con la tierra y el ángel,

el infinito a su lado y el presente en el confín…

 

Más es el don absoluto, y la ternura,

ella que es también el término supremo y la última esencia

con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones y los latidos

para el encuentro en los abismos…

 

Mas tiene cargo de almas, y es la comunicación,

el traspaso del ser, “como se da una flor”, en el nivel de los niños,

más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma…

 

Y no busca nunca, no, ella…

espera, espera toda desnuda, con la lámpara en la mano,

en el centro mismo de la noche…

 

 

****

 

 

SÍ, MI AMIGA, estamos bien, pero tiemblo

a pesar de esas llamas dulces contra Junio…

 

Estamos bien…sí…

Miro una danzarina en su martirio, es cierto,

con los locos brazos, ay, negando la ceniza

y el crepúsculo íntimo…

 

Estamos bien…Cummings que se va, muy pálido,

al país que nunca ha recorrido,

mientras Debussy enciende el suyo, submarino…

 

Estamos bien…Pero tiemblo, mi amiga, de la lluvia

que trae más agudamente aún la noche

para las preguntas que se han tendido como ramas

a lo largo de la pesadilla de la luz,

con la vara que sabes y la arpillera que sabes,

en las puertas mismas, quizás, de la poesía y de la música…

 

Estamos bien, sí mi amiga, pero tiemblo de un crimen…

 

Cuándo, cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego,

cuándo, cuándo, el amor no tendrá frío?

 

 

****

 

 

AH, MIS AMIGOS, habláis de rimas

y habláis finalmente de los crecimientos libres…

en la seda fantástica os dan las hadas de los leños

con sus suplicios de tísicas

sobresaltadas

de alas…

 

Pero habéis pensado

que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,

desnudo casi bajo las agujas del cielo?

 

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo

del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,

despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos

con el pan que él amasa y que debe recibir a veces

en un insulto de piedra?

Habéis pensado, mis amigos,

que es una red de sangre la que os salva del vacío,

en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,

de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,

a no ser una escritura como de vidrio?

 

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,

y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…

Y sé que a veces halláis la melodía más difícil

que duerme en aquellos que mueren de silencio,

corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo…

No olvidéis que la poesía,

si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[i] Haroldo de Campos en su ensayo sobre Juan L. Ortiz “La retórica seca de un poeta fluvial” dice que  “Vocación de Entre Ríos”, podría ser la rúbrica definidora de la práctica poética orticiana.

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