Vallejo & Co. reproduce esta nota de Diego Alonso Sánchez sobre la libertad y el espíritu japonés en la poesía de José Watanabe a diez años de su partida (2007-2017), fue publicada originalmente en la revista Kaikan, mayo-junio de 2015.

 

 

Por Diego Alonso Sánchez

Crédito de la foto Herman Schwarz

intervenida por Kike Polanco

para Libros y Letras (BNP)

 

 

José Watanabe: acerca de la libertad.

El espíritu japonés del poeta de Laredo

 

 

Mucho se ha dicho sobre las múltiples referencias japonesas en la obra de José Watanabe, siempre vinculando su apellido con la herencia cultural del País del Sol Naciente. Pero en términos poéticos, José, aunque poeta de la contemplación, era principalmente un escritor alerta al hecho poético, sea donde fuere que se encontrase, o como él mismo decía, “estando a la espera, pero no al acecho”. Este espíritu, sin duda lo emparenta con los poetas hai-jin, cultores del haiku, y lo relaciona con esa rica tradición lírica.

Haciendo un escrutinio riguroso de su obra, se pueden contabilizar hasta veinte referencias directas a poetas, pintores, objetos y otros asuntos japoneses. Incluso, en el libro más alejado (en apariencia) de esta nipología, Habitó entre nosotros (2002), encontramos versos que se podrían leer como haikus. Pero esta lectura es apasionada y no podría sustentarse teóricamente, de forma alguna.

 

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Acerca de la libertad, acerca de Hokusai

Es en su primer poemario, Álbum de Familia (Premio Poeta Joven del Perú, 1971), en donde encontramos a un José Watanabe impetuoso y coloquial, lleno de referencias cosmopolitas y conversacionales. Pero en este libro también el vate, además de hablar de Laredo (su tópico más patente), hace una primera referencia nipona: menciona al extraordinario pintor Katsushika Hokusai (1760-1848) en el poema Acerca de la libertad. Este texto es, además, un gran ejemplo de otra de sus características importantes: la sabiduría parabólica.

El sentido parabólico, de transmitir sabiduría con simpleza para que el lector reflexione, es una característica muy propia de los relatos Zen. Si bien no se puede hablar de una consistencia zen en la obra de Watanabe, es de esperar que se vea reflejada en sus textos, dado que la formación del poeta, de profundas lecturas de poetas hai-jin, vinculó su estilo con estos, en su mayoría budistas confesos y errantes existenciales, como lo fue Matsuo Basho.

Este poema también es un buen ejemplo de otro de los temas más filudos de la obra de Watanabe: su familia. En toda su obra, el poeta hace múltiples referencias a su linaje, con especial predilección en rendirles tributo a su madre y hermanos. Pero es sabido que el padre del poeta, Harumi Watanabe, inmigrante japonés que se casó con una peruana y se afincó en Trujillo, le traducía del japonés haikus, mientras realizaban las labores domésticas. Por eso, su padre aparece en algunos de sus poemas para dar una sentencia plena de sencillez.

“Acerca de la libertad”, en este sentido, podría considerarse la piedra angular de la poética de José Watanabe, en donde se condensan los grandes temas que luego abordará con mayor soltura. He aquí el poema:

 

“Acerca de la libertad”

 

Esta mañana han comprado un pájaro

como se compra una fruta

un ramo de flores.

 

Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.

 

También Leonardo

pero midiéndoles el impulso y el rumbo.

 

Posiblemente en la infancia he pintado pájaros

pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.

 

Estoy tentado a liberar este pájaro

a devolverle

su derecho de morir sobre el viento.

 

Me van a pedir razones.

 

Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad

pero mi familia que es muy lógica

dirá que afuera solo

con el viento

a ver qué hago.

 

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Vale decir que en el último libro de Watanabe, Banderas detrás de la niebla (2006), también aparece Hokusai, mediante la descripción sugestiva de uno de sus grabados sensuales. El poema en cuestión es “Los amantes (grabado erótico de Hokusai)”:

 

Abundantes ropas envuelven a los amantes,

sólo un hombro o un muslo están desnudos como pulpas de luz

y los sexos en su quieta fiereza.

 

Si el acoplamiento es inmóvil, las sedas de las ropas

no dejan de ondular. Las telas,

delicadamente estampadas

con menudas flores de una primavera geométrica,

se deslizan por toda la esterilla, avanzando

y acumulándose en pliegues breves y rápidos.

 

Si la luz de la carne es blanca,

las sedas fluyen como un río de varia coloración, un río

que se desprende del cuerpo de los amantes

que, cerrados al mundo, ignoran

cómo se agitan esas pequeñas flores rojas.

 

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Estatua de Matsuo Basho

 

 

Reescribiendo a Matsuo Basho

El poeta Matsuo Basho (1644-1694) es otra referencia recurrente en Watanabe. Lo menciona por primera vez en su segundo libro, El huso de la palabra (1989), en el poema Imitación de Matsuo Basho. En él trata de reproducir la técnica del hai-bun, un texto en prosa que relata con detalle algún acontecimiento trascendente (con cierto aliento de intrascendencia, en realidad) para que al final un haiku redondee la experiencia contada en el poema.

Este texto habla del amor y del peligro que infunde en los amantes, no con el estilo clásico del hai-bun, sino con otras palabras justas y medidas. Para mejores referencias cito el haiku que cierra este poema:

 

En la cima del risco

retozan el cabrío y su cabra.

Abajo, el abismo.

 

Este haiku, a diferencia de otros que aparentan serlo, sí quiere cumplir con las normas del género. A pesar de esto, es simpático mencionar que en estricto sentido, Watanabe nunca escribió un haiku, aunque suene contradictorio. El mismo poeta acepta que este sería, por imitación, su único ensayo a conciencia.

En este punto, vale decir que también en Banderás detrás de la niebla hay un pequeño poema que trata de seguir el espíritu de los hai-jin, titulado “Orgasmo”:

 

¿Me dejará la muerte

gritar

como ahora?

 

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Es evidente que la forma puede engañar: tres versos, lírica refrenada y descubrimiento explosivo: pero no es formalmente un haiku en ningún modo. A pesar de ello, el propio Watanabe también aceptaría que sería este, quizás, el poema más cercano a la intención del haiku que escribió de manera autónoma.

La última referencia que hace el poeta de Laredo a Matsuo Basho también se encuentra en Banderas detrás de la niebla. El poema Basho es un juego metatextual del conocido haiku del poeta japonés, que dice:

 

En un estanque antiguo

salta una rana.

Sonido del agua.

 

José quiso realizar una paráfrasis literaria, un juego metatextual, en su poema, que reza:

 

El estanque antiguo,

ninguna rana.

El poeta escribe con su bastón en la superficie.

Hace cuatro siglos que tiembla el agua.

 

Los cuatro siglos hacen referencia, evidentemente, a los años de distancia con el poeta nipón, que a pesar del tiempo todavía trasciende gracias a su poesía.

 

El poeta José Watanabe Varas.

El poeta José Watanabe Varas.

 

Contacto espiritual con Kobayashi Issa

Cuando hablamos de José Watanabe no podemos dejar de aludir a Kobayashi Issa (1763-1827). Este hai-jin es muy importante para el poeta trujillano, porque lo admiraba mucho, más que a Matsuo Basho; incluso, fue este quien le dio nombre a una de sus hijas, la artista Issa Watanabe.

 

Para mayores referencias cuenta el poeta Balo Sánchez León, gran amigo de José, en su libro El mundo en una gota de rocío, que ante la muerte de su hijo (el descomunal tema que da cuerpo a este poemario de Balo), Watanabe lo llamó para levantarle el ánimo y le contó la historia de un antiguo vate japonés que, a la muerte de propio su hijo, había pedido a otros poetas que compusieran haikus para descifrar la esencia de la muerte; al no gustarle ninguno, el japonés escribió:

 

El mundo en una gota de rocío,

en un mundo de rocío

y sin embargo.

 

El poeta nipón al que hacía referencia, y que había perdido a su hijo, no era otro que Kobayashi Issa.

La presencia totémica del hai-jin también se encuentra en Banderas detrás de la niebla. El poema que da nombre al libro está influenciado por un antiguo haiku de Issa, que dice:

 

Muu, muu, muu

muge la vaca, y sale

de entre la niebla.

 

Es curioso mencionar que el juego de aliteración y onomatopeya en castellano de este poema también aparece en su original en japonés:

 

Ushi moo moo

moo to kiri kara

de tari keri.

 

Leamos el poema de Watanabe, para entender su filiación con el haiku de Issa:

 

Hay una vejez triste e indefinida en el puerto,

más herrumbre en el muelle

y bares sospechosos en la ribera

donde antes había casonas rodeadas de yerba tenaz. 

 

Una noche, cuando una niebla densa y turbia

cubría el mundo, yo caminé a tientas

por el entablado del muelle. Adolescente aún,

acaso buscaba el terror gozoso de la evanescencia.

 

Iba confirmando con las manos la baranda, sus uniones

de metal, las cuerdas de las trampas de cangrejos

atadas a las cornamusas oxidadas. Los cangrejos

merodeaban de noche los restos del pescado eviscerado, tripas

que rodaban en el fondo marino

o se enroscaban como serpientes en las pilastras del muelle.

 

Escuchaba la suave embestida de las olas

en el costado de los pequeños botes

que en las madrugadas salían a recoger redes

cruzando entre los buques de guerra estacionados en la bahía.

Un perro abandonado en el fondo de un bote, tan ciego

como yo, gemía.

 

Entonces vi banderas que alguien, a lo lejos, agitó

detrás de la niebla.

 

Quedé deslumbrado y mudo. Ninguna apostilla

sobre la belleza hablará realmente de aquellas banderas.

 

Así, de manera inadvertida, José Watanabe se despedía de la poesía junto a Kobayashi Issa, dejando al poco tiempo la existencia sobre este mundo.

 

Un muy joven poeta José Watanabe siendo entrevistado. C. 1970

Un muy joven poeta José Watanabe siendo entrevistado.
C. 1970

 

“Estoy tentado a liberar este pájaro / a devolverle / su derecho de morir sobre el viento”

Si bien, vuelvo a decirlo, Watanabe no era un poeta zen, su poesía está impregnada de esa sabiduría evidente a la mirada del alma, pero tan huidiza a los ojos del cuerpo. En este sentido, el vate de Laredo hace patente su vínculo con la cultura y, sobre todo, la poesía japonesa.

Ese espíritu, que se presentó desde su primer poemario y lo acompañó hasta el último, no solo marca los vínculos literarios entre occidente y oriente, sino con su propia vida. En una entrevista que me concedió a mediados de enero de 2007, José aclaró esta alianza de manera certera, luego de que le preguntara si le molestaba la relación continua que se le hacía con lo nipón en su obra. Él respondió:

 

No, no me molesta porque pienso que es, de alguna manera, un homenaje a mi padre. […] Pero yo pude ser contemplativo sin mi padre japonés. Yo recuerdo, y siempre lo he contado, que mi padre me sacaba a caminar a los campos de Laredo y nunca me hablaba, nunca conversábamos. Yo me imagino que era una forma de enseñarme, pero ni siquiera él estaba consciente de su pedagogía, de enseñarme a mirar sin hablar […] Pero no es que yo sea contemplativo por eso, pude ser contemplativo sin tener un padre japonés, o, es más, el hecho de ser contemplativo me llevó a leer a poetas también contemplativos, como por ejemplo los hai-jin, los poetas de haiku, u otros escritores.”

 

Así, también se podría decir que en el poema Acerca de la libertad, Watanabe ya respondía a la pregunta de manera premonitoria y sentida: que la libertad es ese ejercicio que llena de poesía la vida…

 

Me van a pedir razones.

 

Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad

pero mi familia que es muy lógica

dirá que afuera solo

con el viento

a ver qué hago.

 

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