Por: Sylvia Georgina Estrada

 

Los versos resplandecen cuando se les encuentra, incluso cuando son extraídos de yacimientos que algunos consideraban inexistentes. El  escritor cubano José Kozer afirma que el ser humano cuenta con una veta poética indiscutible, pues “la poesía siempre está ahí”.

Para el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2013, su vocación literaria surgió de la frustración, cuando se dio cuenta de que a través de los versos, y no de la narrativa, podía compartir con otros las obsesiones que lo subyugan: la muerte, el lenguaje, el erotismo.

“A diferencia de los novelistas que siempre son primero poetas, yo fui primero novelista antes de ser poeta. ‘Robinson Crusoe’ fue mi primera lectura, fue el libro que me regaló mi madre cuando tenía 10 años, y lo leí de cabo a rabo, y al terminarlo vuelvo a releerlo porque no tenía otro libro y me di cuenta de que mi vida tenía que ser para leer, pero también me doy cuenta de que si iba a leer, iba a escribir. Hoy tengo 73 años y digo que soy como un niño, porque lo único que hago es leer y escribir”, comenta con una sonrisa al recordar este encuentro prodigioso con la literatura.

El autor, nacido en La Habana, Cuba, en 1940, es uno de los invitados estelares del Primer Encuentro Internacional de Poesía Manuel Acuña. Y mientras recorre el Museo del Desierto, que muestra una amplia colección de fósiles de dinosaurios, Kozer recuerda justamente un libro relacionado con la prehistoria, que significó la pérdida de un narrador, pero el inicio de una brillante obra poética.

“Empiezo a escribir una novela, que me la traje de Cuba y que tengo en mi casa, de la que escribí 35 páginas a mano y la titulé ‘Historia de la Prehistoria’ y estoy muy contento, muy encandilado con esta novela y cae en mis manos otra novela, ‘La Isla de los Pingüinos’ de Anatole France, que era muy famosa cuando yo era joven. Entonces me doy cuenta de que ‘La Isla de los Pingüinos’ narra lo que yo estoy narrando y me entra una frustración terrible, y me digo ¿para qué escribir si ya está escrito?, ¿cuál es la opción? Y ahí nace la poesía en mi caso”, recuerda.

Después llegarían las primeras influencias poética, José Martí y los simbolistas franceses, estos últimos, recuerda entre risas, aparecían en unas ediciones que parecían pornográficas, muy ad hoc con los versos de Rimbaud o Baudelaire.

“A mí me ocurre un fenómeno muy curioso, quizá porque salgo de Cuba muy joven e ingreso a la Ciudad de Nueva York, al mundo anglosajón, y toda mi vida se vuelve bilingüe. Hay etapas en donde sólo estoy hablando y leyendo en inglés, o mezclando los dos idiomas sin caer nunca en el espanglish”, precisa. Y sería en Estados Unidos donde conocería a otros poetas que influyeron en esta etapa de su vida: Ezra Pound, T.S. Eliot y Wallace Stevens.

“Todo esto me va llevando por un camino totalmente ajeno al mundo de la poesía latinoamericana o lengua española, y ese ha sido mi calvario, ser ese poeta un poco distinto,  pero al mismo tiempo creo que soy un poeta muy tradicional, nunca he abandonado mis tradiciones”, destaca el autor de “Dípticos” y “Rupestres”.

 

Cuenca poética

José Kozer señala que se ha creado el mito de que existe “una poesía difícil que practicamos unos pocos”, y otra poesía que es “lineal, transparente”.

“Viene toda esta división en poesía fácil o difícil, poesía transparente y lineal, poesía neobarroca o ahora le dicen de la dificultad, o del lenguaje, cuidado con todo esto”, advierte el también catedrático de literatura.

Al final, señala el escritor, la poesía se encuentra en todas las personas, incluso en quienes jamás han leído un verso.

“Yo hago un curso de verano desde hace cinco años con estudiantes que escriben en español, pero que nunca han escrito un poema, y el desafío es pasarse seis semanas con José Kozer haciendo su propia poesía, y los resultados son espléndidos. Yo les digo ‘voy a confiar en algo que creo a pie juntillas, que en todo ser humano hay una pequeña lucecita inexplorada, donde hay una cuenca poética, vamos a meternos en ese yacimiento, en esa subconsciencia y a ver qué sucede’. Ls da miedo, pero los resultados son magníficos. La poesía siempre está ahí”, afirma convencido.

Además, Kozer cree que en el siglo 21 es necesario dedicar menos tiempo a las distracciones tecnológicas y más a la lectura, una actividad que, señala, es necesaria para la sociedad.

“Los jóvenes vienen de este mundo donde constantemente hay movimientos en falso, ese movimiento  se puede reducir el 50% y dedicarlo a la lectura. No podemos perder el hilo humano de la lectura, si lo perdemos nos hundimos como sociedad, nos hundimos como países.

“Un país que no lee poesía se va a hundir, por suerte en América Latina la poesía está vivísima y coleando, sobre todo entre los jóvenes. Qué fuerza traen, que devoción traen los jóvenes, algunos desarrapados, sin trabajo, pasándola fatal económicamente, pero escribiendo sus poemas”.

 

Obsesiones espirituales

Poeta prolífico, el cubano cuenta con más de una veintena de libro, Kozer cuenta que aquí, en Saltillo (donde vivió un par de meses en los años 80), “cumplió” la escritura de su poema 9 mil 400. Y si bien hay varias reflexiones que se encuentran en su obra, señala que son tres sus principales “obsesiones”.

“Hay situaciones espirituales que saltan en mi poesía, y una de ellas es sin duda la idea de la muerte, es una obsesión, pero no es una obsesión malsana o perversa, sino una obsesión sana en mí la de mirar la muerte, enfrentarme con la muerte, no la mía, que después de todo es una más. Montaigne decía una cosa maravillosa ‘¿por qué nos preocupamos tanto por la muerte si es algo que le pasa a todo el mundo?’, pero ese tema a mí me puede porque tiene un caudal de poesía contenido que siempre hemos soslayado, lo hemos obviado porque nos da miedo.

“A mí no me da miedo, estuve al borde de la muerte, estando en Buenos Aires sufrí un accidente y por poco me muero, estoy vivo de milagro. Y mi mujer me decía ¿tuviste miedo? No sé que estuve en la otra orilla y no pasa nada”, confiesa.

El lenguaje es otra de las reflexiones que puede hallarse en la obra de Kozer. “Es mi gran tema, que es una cosa muy cubana porque somos un país en donde estamos constantemente estamos jaraneando y jugando con el lenguaje, somos uno de los países del os equívocos, de la broma y del chascarrillo erótico”, dice entre anécdotas.

Y justo esta vena erótica también tiene un papel destacado en sus poemas. “La palabra que más aparece en mi poesía es Guadalupe, a la cual yo he cantado a todo nivel, desde la amada, casi a nivel de San Juan y de misticismo, hasta la mujer en la cama, la que pare a mis hijas; la que yo penetro y se sabe penetrada, mi Malinche, mi diosa, mi Beatrice”.

“Esa multiplicidad es la que a mí me interesa, porque estoy vivo en un momento histórico donde la multiplicidad es la base de la vida, somos seres múltiples, somos seres mestizos. Mis hijas no tienen la menor noción racial, mi hija viniendo de un país donde ha habido tanto conflicto a nivel racial como Estados Unidos, no tiene el menor prejuicio racial porque ya nace en un mundo donde la piel ya no tiene importancia, en su lugar lo que hay es la preocupación por una realidad que se les escapa, los desconcierta. Esto yo lo veo constantemente en el mundo norteamericano y cada vez más es global”, concluye.

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