Vallejo & Co. presenta una estupenda crónica que sobre el escritor y artista plástico peruano Jorge Eduardo Eielson* (1924-2006) publicó Eloy Jaúregui** en la revista peruana Caretas y, posteriormente, en el blog Cangrejo negro (www.cangrejonegro.wordpress.com).

 

Por Eloy Jáuregui

Crédito de la foto Collage fotos de JEE

/Centro Studi Jorge Eielson

 

 

Jorge Eduardo Eielson. Nudo y desnudo

[+3 poemas]

 

El poeta y artista plástico Jorge Eduardo Eielson.

El poeta y artista plástico Jorge Eduardo Eielson.

 

1.

 

A Jorge Eduardo Eielson apenas le quedaban 30 mil Euros esos días finales del 2005. En su casa de la isla de Cerdeña, en Italia, su existencia era como siempre, serena y muy apacible. Sus amistades del pueblo de Barisardo, entre las montañas sardas y el mar calmoso, sabían no obstante que el cáncer que padecía era irreversible y que ya no lo volverían a ver. Plácido Deplano, su carpintero y amigo cuenta que lo tuvo que cargar al barco que lo trasladó a Milán. “Pesaba un poco más de 30 kilos y ya no podía caminar”, me cuenta. Eielson supuso que con ese dinero le quedaba para un mes de hospitalización en la clínica milanesa y cuando calculó exactamente su muerte, entonces recién aceptó que lo internen. Ya era tarde, Eielson falleció el 8 de marzo del 2006 pero se fue de este mundo sin deudas, en medio de sus increíbles nudos, desnudo como había llegado.

Detrás del río y entre los árboles, Jorge Eduardo Eielson me espera ahora entre los promontorios de pinos y olivos. En medio del Mar Mediterráneo, en la isla de Cerdeña, Italia, está su morada. En el pabellón donde yace, su lápida es la más sencilla. Apenas su nombre y las fechas: 13 4 1924 – 8 3 2006. Luego dos versos: “e soltanto la mia cenare / che riserca la tua cenere”. Traducido: “Y sólo mis cenizas / para buscar sus cenizas”. Más allá, el mausoleo familiar de su amigo, el artista Michele Mulas. Luego solo el silencio, la eterna soledad del infinito. Me he demorado casi un mes para llegar a sus dominios y al fin lo encontré, siempre sereno, siempre tranquilo, con la dignidad de los genuinos creadores.

Eielson, luego de obtener en Lima el Premio Nacional de Poesía en 1945 cuando tenía 21 y al siguiente año, el Premio Nacional de Teatro, con sus amigos, Sebastián Salazar Bondy y Javier Sologuren, editaron un libro fundamental, la antología La poesía contemporánea del Perú, (Lima, 1946). Eielson en ese tiempo asistió a la Academia de Bellas Artes de Lima, gracias a la amistad con el director, el artista Ricardo Grau, quien al mismo tiempo lo desanimaba a seguir una carrera académica. Esto, ocasionó y para darle razón, que un año luego y junto a Fernando de Szyszlo, expusiera en la única galería de Lima, una muestra personal que evidenciaba su talento. Dibujos, acuarelas, óleos, construcciones en madera quemadas, objetos surrealistas, y ‘mobiles’ de metales en forma de espirales, explicaban que Eielson era un artista fuera de lo común. Un hombre que con sus 22 años había convulsionado el ambiente intelectual de Lima.

 

Nota periodística de 1945 que refiere la entrega del Premio Nacional de Poesía de 1945 a Jorge Eduardo Eielson (1ero a la izq. y en terno). Crédito de la foto cortesía de Paulo César Peña

Nota periodística de 1945 que refiere la entrega del Premio Nacional de Poesía de 1945 a Jorge Eduardo Eielson (1ero a la izq. y en terno).
Crédito de la foto cortesía de Paulo César Peña

 

2.

 

El pueblo de Barisardo apenas aparece en los mapas y se ubica entre las montañas de la provincia del Nuoro y Gardalis en Cerdeña. En el verano está a un tris de ser el mismo paraíso porque al fresco de su clima hay que sumarle su río diáfano y más allá el mar calmo y transparente. Treinta años antes, Eielson decidió instalarse en la casa de su amigo Michele Mulas quien era natural de esa zona privilegiada. Para ello convirtieron la vieja casona familiar en una verdadera casa factoría donde cada uno fijó su atelier con techos muy altos y enormes ventanales que atrapaban los paisajes de aquel lugar de ensueño. Un sendero entre las viñas, olivos, robles, almendros, cerezos, naranjos, y una gran variedad de flores silvestres y yerbas perfumadas, lleva a la carretera que comunica la casa con el pueblo a menos de diez minutos y que colinda con el balneario de Tortolí, todo en medio de un silencio apacible donde solo se oyen, de tanto en tanto, las gotas de lluvia esmaltando el paisaje.

Limeño. Eielson antes que peruano fue un limeño de aquellos de ralea con la fatalidad de no tener familia. Su padre, un norteamericano de origen escandinavo, se marchó al año de haber nacido Jorge Eduardo y a su madre no se le ocurrió otra idea de argumentar que se había muerto. Antes de los siete años, se cría en el seno de una familia de clase medio no ajeno a los conflictos con sus parientes, pero muy pegado a las tendencias artísticas. Así, aprende piano y dibujando todo su entorno al carboncillo. Ya maduro reconoció que había asimilado cuatro culturas, la española, italiana, sueca y nazca. En eso fue distinto. Eielson, repito, era limeño, pero tuvo la fortuna de ser alumno de José María Arguedas quien lo inició en el conocimiento de las antiguas culturas peruanas, más que ignoradas, soterradas por la cultura oficial anti indigenista. Aquello lo salvó.

No me asombra que Eielson sea reconocido y celebrado en Italia mucho más que en el Perú. Antes, solo dos cineastas peruanas habían llegado a la casa de Cerdeña. Patricia Pereyra quien en el 2005 realizó el filme “Eielson des-nudo” (estrenado recién en el 2014) y Gaby Yepes, autora meses más tarde del documental “Vivir es una obra maestra”, lamentablemente sin lograr entrevistar en cámaras a Eielson porque éste ya estaba muy enfermo, falleciendo días después. No obstante, ambos documentos fílmicos son invalorables porque en ellos podemos ver a un Eielson artista, tierno y genial. Luego, otra vez solo el silencio entre Milán y Barisardo.

 

Jorge Eduardo Eielson junto a Blanca Varela y Fernando de Szyszlo en Paris, 1949. Crédito: Archivo Blanca Varela

Jorge Eduardo Eielson junto a Blanca Varela y Fernando de Szyszlo en Paris, 1949.
Crédito: Archivo Blanca Varela

 

3.

 

En 1948 Eielson viaja a París con una beca del gobierno francés. Allí vivió la efervescencia intelectual de la posguerra porque era habitúe del Barrio Latino contagiado de la agitación existencialista y, junto a otros artistas y escritores, coincidiendo en que la Ciudad Luz era el centro de la cultura universal y el foco de todo ejercicio de creatividad. Luego obtiene otra beca, la de Unesco y se traslada a Ginebra donde modifica su forma de escribir por un texto en un espacio visual o de espacio teatral. En 1951, con el poeta Javier Sologuren, viajan a Italia. Ya en Roma, Eielson entiende, que había encontrado la tierra de su elección y decide quedarse a vivir en territorio italiano hasta el fin de sus días.

Para llegar a Cerdeña primero visité lo que fue su casa en Milán, en la vía Stampa 4, cerca de vía Torino y no lejos del Duomo milanés. El piso está alquilado ahora y solo quedan los recuerdos. Luego contacté con quien es su vigilante, amiga y protectora, la poeta y profesora uruguaya Martha Canfield quien hoy dirige el Centro de Estudios Eielson de la Universidad de Florencia. La sorpresa fue de ellos, que un peruano esté interesado en una investigación sobre los últimos días de Eielson en Italia. Debo confesarlo, aunque el viaje fue difícil y caro, en cambio el afecto de tantos amigos del artista peruano me ayudaron a sortear algunos obstáculos que genera trabajos de esta clase.

En esas semanas también, otro de los peruanos interesados en la obra de Eielson, el poeta y editor Víctor Ruiz Velazco, junto a la Dra. Canfield habían publicado en Lima para Lustra editores, el tercer tomo de la obra reunida Poesía escrita bajo el título Poeta en Milán (de antes son los volúmenes de Poeta en Lima y Poeta en Roma), un trabajo necesario para conocer definitivamente la obra poética de Eielson. Paradójico resulta comprobar que a él no le gustaba la etiqueta de poeta a lo que replicaba: “Yo solo soy un trabajador de la palabra, de la imagen, del color y del espacio”.

 

(Izq. a der.) Eloy Jaúregui y Plácido Deplano (amigo del poeta) en visita al nicho de Jorge E. Eielson en el cementerio Barisardo en Cerdeña (Italia),

(Izq. a der.) Eloy Jaúregui y Plácido Deplano (amigo del poeta) en visita al nicho de Jorge E. Eielson en el cementerio Barisardo en Cerdeña (Italia),

 

4.

 

Cuando uno le pregunta a Martha Canfield cómo eran esos últimos días de Eielson en Milán ella afirma: “Pese a que estaba muy enfermo, encontró a una señora peruana que era una experta como trabajadora del hogar. Ella le devolvió la alegría porque Jorge Eduardo andaba triste y no quería curarse. La señora le agarró un cariño especial e incluso le hacía las compras de la casa. Pero hubo otro detalle, ella conocía un mercado donde vendían productos peruanos. Entonces le preparaba postres como Arroz con leche y todas las mazamorras a base de chancaca. Parece mentira, aquello le hizo renovar sus recuerdos de la cocina peruana, y así fue como empezó a sentirse un poco mejor y a comer bien otra vez”.

Desde que Eielson partió a Europa en 1948 solo regresó a Perú y brevemente en tres oportunidades. Sin embargo, jamás aceptó ser un ciudadano italiano aunque bien se lo merecía. Mi investigación en Cerdeña ha posibilitado algunas hipótesis de este conflicto con el Perú. Que como le contó a Julio Ramón Ribeyro –otro desarraigado–, no tenía muy buenos recuerdos de su vida en el Perú. Lo alentaba sí el tener algunos buenos amigos, y se acordaba de Javier Sologuren. A otros les decía que no regresaba a su patria por los malos recuerdos, que su padre lo haya abandonado y que lo hayan dado en adopción. A Patricia Pereyra le confesaría: “porque simplemente no tengo a quién visitar” y finalmente, y lo digo yo, porque detestaba esa maledicencia limeña y la opresión que imperaban en la capital.

Hace más de diez años que murió Eielson pero su obra y su vida son de tal dimensión que parecería que sigue vivo. Para muchos es tan genial como César Vallejo y para otros, falta mucho para entender su arte magistral. En Barisardo, el pueblito en la isla de Cerdeña, los vecinos guardan como tesoros, las pinturas y esculturas que Eielson les obsequiba como muestra de sus afectos. Placido Deplano me cuenta que no solo era un esteta a la hora de la creación artística, sino que cocinaba como los mejores chefs. Sus platos en base de pescado y mariscos –a los que añadía hierbas y aliños propios de la cocina peruana— todavía se extrañan. En realidad, en Barisardo, Eielson es un héroe. Un personaje llegado desde ese remoto país llamado Perú y que los lugareños todavía no se explican pero que aman porque para ser amigo, Eielson también fue genial.

 

 

Poesía escrita

 

[3 poemas]

 

Ceremonia solitaria bajo la luz de la luna

 

La masturbación es un caballo blanco

Galopando entre el jardín

Y el baño de mi casa

La masturbación se aprende

Mirando y mirando la luna

Abriendo y cerrando puertas

Sin darse cuenta que la entrada y la salida

Nunca han existido

Jugando con la desesperación

Y el terciopelo negro

Mordiendo y arañando el firmamento

Levantando torres de palabras

O dirigiendo el pequeño pene oscuro

Posiblemente hacia el alba

O hacia una esfera de mármol tibio y mojado

O en el peor de los casos

Hacia una hoja de papel como ésta

Pero escribiendo tan sólo la palabra

LunaEn una esquina

Pero sobre todo

Haciendo espuma de la noche a la mañana

Incluidos sábado y domingo.

 

 

 

Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo

 

Penetro tu cuerpo tu cuerpo

De carne penetro me hundo

Entre tu lengua y tu mirada pura

Primero con mis ojos

Con mi corazón con mis labios

Luego con mi soledad

Con mis huesos con mi glande

Entro y salgo de tu cuerpo

Como si fuera un espejo

Atravieso pelos y quejidos

No sé cuál es tu piel y cuál la mía

Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo

Tu sangre brilla en mis arterias

Semejante a un lucero

Mis brazos y tus brazos son los brazos

De una estrella que se multiplica

Y que nos llena de ternura

Somos un animal que se enamora

Mitad ceniza mitad latido

Un puñado de tierra que respira

De incandescentes materias

Que jadean y que gozan

Y que jamás reposan

 

 

 

En el corazón del otoño

 

Este taller dorado, señora,

Si usted suelta sus cabellos,

Su corsé, sus abundantes senos,

Arderá.

La Muerte vestida,

Calavera de viejo sombrero,

Con plumas de pato en la nuca,

Vendrá, si usted llora, señora,

Desnuda en el bosque, si llora.

Hermosa señora, qué viento,

Qué viejo ya el día, las flores,

La cera y el vino, sus ojos, señora.

Este taller dorado, señora, es el otoño.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1924 – Milán-Italia, 2006). Poeta, narrador, ensayista y artista plástico. Uno de los más importantes escritores y artistas plásticos latinoamericanos. Su obra literaria comprende los géneros de narrativa, dramaturgia, ensayo, crónica periodística pero, esencialmente, poesía. En 1945 ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú por su libro Reinos (1945) y, en 1948, el III Premio Nacional de Teatro del Perú, por su obra Maquillage. En 1978 se le otorgó la beca Guggenheim para la Literatura. Obtuvo gran reconocimiento como artista plástico. Realizó su primera muestra personal en Lima, en 1948; y tras ello participó en múltiples ocasiones en la Bienal de Venecia (1964, 1966, 1972, 1988), así como en la Bienal de Paris (1971), la Bienal de Trujillo (1987) y la Bienal de La Habana (1989). Su obra plástica se constituye por pinturas, esculturas, ensamblajes, performances e instalaciones. Ha publicado en narrativa: El cuerpo de Giulia-no (1971) y Primera Muerte de María (1988); en ensayo: La poesía contemporánea del Perú (1946, con Javier Sologuren y Sebastián Salazar Bondy); y en poesía: Reinos (1945), Canción y muerte de Rolando (1959), Mutatis mutandis (1967), Poesía escrita (1976), Noche oscura del cuerpo (1989), Sin título (2000), Celebración (2001), Canto visibile (2002), Nudos (2002), De materia verbalis (2002), Del absoluto amor y otros poemas sin título (2005) y, póstumamente, Habitación en Roma (2008), Pytx (2008) y Poeta en Roma (2008), entre otros.

 

 

 

**(Lima Perú. 1959). Escritor, poeta y periodista. Licenciado en Lingüística por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Es un reconocido cronista de culturas urbanas. Tiene una veinte de libros sobre historia y música. Fue profesor de la Universidad de Lima. Ha publicado en poesía Maestranza (1977), Profundo vello (2010), Crema carnal (2015) y Eternura del bodegón (2018).

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