Por Laia López Manrique*

Crédito de la foto (izq.) www.edicionessaltadera.blogspot.com /

(der.) Ed. Saltadera

 

 

Una invitación a la lectura de Suave la matriz (2018),

de María García Díaz**

 

 

Suave la matriz es el tercer libro de poemas de la joven poeta asturiana María García Díaz. Desde su título, el libro nos envía una señal de alerta, anclada en la voz “matriz”. Esta palabra está abierta intuitivamente a un significado corpóreo, biológico, relativo a la anatomía femenina, y en particular al útero, pero también tiene un sentido matemático, no menos importante para la autora, de formación científica y doctorando en Física Cuántica. Además, “matriz” remite a un significado ampliado, abstracto y denotativo: una matriz es una entidad o molde que genera y forma estructuras. Quizás María también ha querido que el título tenga un sentido cinematográfico, en referencia a Matrix, aquella película de los 90 de ciencia ficción dirigida por los hermanos Wachowski en cuyo seno matriztiene el significado de un mundo virtual que sirve para ocultar el mundo real, la ilusión colectiva interactiva que coincide con la simulación de la realidad de la que sus personajes son partícipes. Todos estos sentidos están presentes en el libro, trazados o delineados en los poemas, y confluyen literariamente a través de los itinerarios trazados con las palabras y desde el asombro, que es, diría, una característica de la mirada lírica de María García Díaz. El poemario, entonces, convoca la polisemia ya desde el título, y con ella nos sugiere el equívoco y la multiplicidad de sentidos propios de la existencia contemporánea, unidos a los discursos que nos atraviesan y atraviesan la experiencia y los intereses cognitivos, vitales y estéticos de su autora.

 

La poeta María García Díaz

 

Así, nos encontramos ya en el título del libro lo que será después su materia interna: la encrucijada de los sentidos y su incertidumbre, la simultaneidad de los vectores invisibles enraizados en las palabras, que se dirigen a una pluralidad de espacios (mentales o físicos), y además está ese adjetivo que precede y localiza intencionalmente al sustantivo “matriz”: “Suave”. Esa calificación, escorada del lado subjetivo y no conceptual, es la aportación poética determinante de María y la dirección a la que apuntan todas las extrañezas, retóricas, torsiones y fisuras que hurgan los textos: la posibilidad de que esa matriz polisémica, física, femenina, conceptual, científica y/o política, es decir, el simulacro al que estamos irremisiblemente abocados y al que damos el nombre de “realidad”, también, en algún momento, pueda acariciarnos.

Por tanto, se trata, para María García Díaz, de buscar la habitabilidad, la animalidad, la calidez de los afectos y lo respirable en aquello que de un modo u otro podríamos llamar “lo real” o “la realidad”, y el poema es el lienzo privilegiado, aunque precario, donde ese rastreo podría tener lugar y dejar su huella. El poema es el instante suspendido donde la autora es capaz de plasmar, congelar, enumerar y recoger los pequeños gestos y momentos que desprenden calor y vida en mitad de la complicada maraña que nos envuelve. Ejemplos de esta búsqueda, a veces casi oximorónica o chocante, son algunos versos o sintagmas que aparecen en los poemas: “tierno algoritmo que se extrema”, “biologías de sosiego”, “seda cristalina aniquilante de toda performatividad” (en referencia a una caricia), “animal y soberana” (en referencia a una mujer), “mercenaria de la reificación silente” (en referencia, también, a la figura de una amante)”.

 

 

Como puede observarse en los versos que he citado, una cuestión de lenguaje fuertemente arraigada en Suave la matriz tiene que ver con la aparición de terminología científica, filosófica o teórica dentro de los poemas, algo que la autora viene ensayando desde su primer libro, Espacio virgen. Cabe subrayar que el uso que María García Díaz hace de esos lenguajes y discursos en la poesía no es hueco ni impostado; al contrario, se percibe que son discursos muy vivos y muy digeridos por la autora, y esenciales también para la existencia del poema, que se convierte., a veces, en la aplicación encarnada, deslizante, frágil y concreta, de esos mismos conceptos.

La gran demanda del libro es la reclamación de la tangibilidad de lo real, el tacto de lo real, que se impone prácticamente, como sucedía en la concepción lacaniana, como un absoluto fuera de toda simbolización. El poemario investiga acerca de si lo real es tangible (y asoma, desde la fragua poética del cuerpo femenino, y desde su amarre en el deseo lesbiano, negado por la historia, un “sí” tímido y fehaciente). Por otro lado, está la pregunta por los límites de la decibilidad de lo real y de su inteligibilidad: ¿es posible decir, conocer, entender lo real? ¿Puede la poesía contribuir a esa decibilidad y a ese entendimiento? En este aspecto, el libro despliega un calidoscopio de miradas, una reunión de aristas opuestas desde las cuales tratar de acercarse a esa oscuridad. Son esos ángulos, esas diferencias, las que construyen la pregunta y sus respuestas posicionales y reversibles: cada poema dice una estupefacción, embebida en las palabras y en su aguijón preciso, que, pinchándonos, nos conduce siempre a un estado de deslumbramiento.

 

 

 

 

 

*(Barcelona-España, 1982). Estudió Filosofía y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona (España). Es editora de la revista digital Kokoro. Ha publicado en poesía Deriva (2012), La mujer cíclica (2014) y Desbordamientos (2015).

 

 

 

**(Pola de Siero-España, 1992). Poeta, física y violinista. Graduada en Física por la Universidad de Oviedo (España) y magister en Información cuántica por la Universidad de Ulm (Alemania). En la actualidad, realiza estudios de doctorado en el Grup d’Informació Quàntica en la Universidad Autónoma de Barcelona (España) sobre la coherencia cuántica. Como violinista formó parte de la Orquesta de Cámara de Siero y de la Universitätsorchester Ulm (Alemania). Ha obtenido el XVI Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven. Ha publicado en poesía Espacio virgen (2015), Llírica astraición (2016) y Suave la matriz (2018).

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