Ha partido el poeta Nicanor Parra (1914-2018). Sin duda, uno de los poetas más relevantes y caústicos del siglo XX y quien, redefinió varios conceptos de la lírica para acercarla a más lectores. Parra, el Antipoeta, se ganó a pulso propio un lugar entre los mayores poetas hispanoamericanos. La alta calidad de su vasta obra poética  nos dejan un legado importante que debemos releer.

En Vallejo & Co., presentamos esta pequeña selección de poemas de Parra, pensando que no hay mejor homenaje a una vida entregada a la poesía, que leer y releer sus poemas. Gracias Nicanor por tanta poesía.

 

Por Nicanor Parra*

Selección por Mario Pera

Crédito de la foto

 

 

In Memoriam Nicanor Parra.

Breve selección de poemas

 

 

La poesía terminó conmigo

 

Yo no digo que ponga fin a nada

No me hago ilusiones al respecto

Yo quería seguir poetizando

Pero se terminó la inspiración.

La poesía se ha portado bien

Yo me he portado horriblemente mal.

 

Qué gano con decir

Yo me he portado bien

La poesía se ha portado mal

Cuando saben que yo soy el culpable.

¡Está bien que me pase por imbécil!

 

La poesía se ha portado bien

Yo me he portado horriblemente mal

La poesía terminó conmigo.

 

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Manifiesto

 

Señoras y señores

Ésta es nuestra última palabra.

—Nuestra primera y última palabra—

Los poetas bajaron del Olimpo.

 

Para nuestros mayores

La poesía fue un objeto de lujo

Pero para nosotros

Es un artículo de primera necesidad:

No podemos vivir sin poesía.

 

A diferencia de nuestros mayores

—Y esto lo digo con todo respeto—

Nosotros sostenemos

Que el poeta no es un alquimista

El poeta es un hombre como todos

Un albañil que construye su muro:

Un constructor de puertas y ventanas.

 

Nosotros conversamos

En el lenguaje de todos los días

No creemos en signos cabalísticos.

 

Además una cosa:

El poeta está ahí

Para que el árbol no crezca torcido.

 

Éste es nuestro mensaje.

Nosotros denunciamos al poeta demiurgo

Al poeta Barata

Al poeta Ratón de Biblioteca.

Todos estos señores

—Y esto lo digo con mucho respeto—

Deben ser procesados y juzgados

Por construir castillos en el aire

Por malgastar el espacio y el tiempo

Redactando sonetos a la luna

Por agrupar palabras al azar

A la última moda de París.

Para nosotros no:

El pensamiento no nace en la boca

Nace en el corazón del corazón.

 

Nosotros repudiamos

La poesía de gafas obscuras

La poesía de capa y espada

La poesía de sombrero alón.

Propiciamos en cambio

La poesía a ojo desnudo

La poesía a pecho descubierto

La poesía a cabeza desnuda.

 

No creemos en ninfas ni tritones.

La poesía tiene que ser esto:

Una muchacha rodeada de espigas

O no ser absolutamente nada.

 

Ahora bien, en el plano político

Ellos, nuestros abuelos inmediatos,

¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!

Se refractaron y se dispersaron

Al pasar por el prisma de cristal.

Unos pocos se hicieron comunistas.

Yo no sé si lo fueron realmente.

Supongamos que fueron comunistas,

Lo que sé es una cosa:

Que no fueron poetas populares,

Fueron unos reverendos poetas burgueses.

 

Hay que decir las cosas como son:

Sólo uno que otro

Supo llegar al corazón del pueblo.

Cada vez que pudieron

Se declararon de palabra y de hecho

Contra la poesía dirigida

Contra la poesía del presente

Contra la poesía proletaria.

 

Aceptemos que fueron comunistas

Pero la poesía fue un desastre

Surrealismo de segunda mano

Decadentismo de tercera mano,

Tablas viejas devueltas por el mar.

Poesía adjetiva

Poesía nasal y gutural

Poesía arbitraria

Poesía copiada de los libros

Poesía basada

En la revolución de la palabra

En circunstancias de que debe fundarse

En la revolución de las ideas.

Poesía de círculo vicioso

Para media docena de elegidos:

«Libertad absoluta de expresión».

 

Hoy nos hacemos cruces preguntando

Para qué escribirían esas cosas

¿Para asustar al pequeño burgués?

¡Tiempo perdido miserablemente!

El pequeño burgués no reacciona

Sino cuando se trata del estómago.

 

¡Qué lo van a asustar con poesías!

 

La situación es ésta:

Mientras ellos estaban

Por una poesía del crepúsculo

Por una poesía de la noche

Nosotros propugnamos

La poesía del amanecer.

Éste es nuestro mensaje,

Los resplandores de la poesía

Deben llegar a todos por igual

La poesía alcanza para todos.

 

Nada más, compañeros

Nosotros condenamos

—Y esto sí que lo digo con respeto—

La poesía de pequeño dios

La poesía de vaca sagrada

La poesía de toro furioso.

 

Contra la poesía de las nubes

Nosotros oponemos

La poesía de la tierra firme

—Cabeza fría, corazón caliente

Somos tierrafirmistas decididos—

Contra la poesía de café

La poesía de la naturaleza

Contra la poesía de salón

La poesía de la plaza pública

La poesía de protesta social.

 

Los poetas bajaron del Olimpo.

 

El poeta Nicanor Parra en su juventud

El poeta Nicanor Parra en su juventud

 

Es olvido

 

Juro que no recuerdo ni su nombre,

Mas moriré llamándola María,

No por simple capricho de poeta:

Por su aspecto de plaza de provincia.

¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,

Ella una joven pálida y sombría.

Al volver una tarde del Liceo

Supe de la su muerte inmerecida,

Nueva que me causó tal desengaño

Que derramé una lágrima al oírla.

Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!

Y eso que soy persona de energía.

Si he de conceder crédito a lo dicho

Por la gente que trajo la noticia

Debo creer, sin vacilar un punto,

Que murió con mi nombre en las pupilas.

Hecho que me sorprende, porque nunca

Fue para mí otra cosa que una amiga.

Nunca tuve con ella más que simples

Relaciones de estricta cortesía,

Nada más que palabras y palabras

Y una que otra mención de golondrinas.

La conocí en mi pueblo (de mi pueblo

Sólo queda un puñado de cenizas),

Pero jamás vi en ella otro destino

Que el de una joven triste y pensativa

Tanto fue así que hasta llegué a tratarla

Con el celeste nombre de María,

Circunstancia que prueba claramente

La exactitud central de mi doctrina.

Puede ser que una vez la haya besado,

¡Quién es el que no besa a sus amigas!

Pero tened presente que lo hice

Sin darme cuenta bien de lo que hacía.

No negaré, eso sí, que me gustaba

Su inmaterial y vaga compañía

Que era como el espíritu sereno

Que a las flores domésticas anima.

Yo no puedo ocultar de ningún modo

La importancia que tuvo su sonrisa

Ni desvirtuar el favorable influjo

Que hasta en las mismas piedras ejercía.

Agreguemos, aún, que de la noche

Fueron sus ojos fuente fidedigna.

Mas, a pesar de todo, es necesario

Que comprendan que yo no la quería

Sino con ese vago sentimiento

Con que a un pariente enfermo se designa.

Sin embargo sucede, sin embargo,

Lo que a esta fecha aún me maravilla,

Ese inaudito y singular ejemplo

De morir con mi nombre en las pupilas,

Ella, múltiple rosa inmaculada,

Ella que era una lámpara legítima.

Tiene razón, mucha razón, la gente

Que se pasa quejando noche y día

De que el mundo traidor en que vivimos

Vale menos que rueda detenida:

Mucho más honorable es una tumba,

Vale más una hoja enmohecida.

Nada es verdad, aquí nada perdura,

Ni el color del cristal con que se mira.

 

Hoy es un día azul de primavera,

Creo que moriré de poesía,

De esa famosa joven melancólica

No recuerdo ni el nombre que tenía.

Sólo sé que pasó por este mundo

Como una paloma fugitiva:

La olvidé sin quererlo, lentamente,

Como todas las cosas de la vida.

 

32

 

Hay un día feliz

 

A recorrer me dediqué esta tarde

Las solitarias calles de mi aldea

Acompañado por el buen crepúsculo

Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

Y su difusa lámpara de niebla,

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo

Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

Volver a ver esta querida tierra,

Pero ahora que he vuelto no comprendo

Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

Ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín, y el musgo

En las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino

Del cielo azul y de las hojas secas

En donde todo y cada cosa tiene

Su singular y plácida leyenda:

Hasta en la propia sombra reconozco

La mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables

Que presenció mi juventud primera,

El correo en la esquina de la plaza

Y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe

Uno apreciar la dicha verdadera,

Cuando la imaginamos más lejana

Es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice

Que la vida no es más que una quimera;

Una ilusión, un sueño sin orillas,

Una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,

La emoción se me sube a la cabeza.

Como ya era la hora del silencio

Cuando emprendí mi singular empresa,

Una tras otra, en oleaje mudo,

Al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas

Y cuando estuve frente a la arboleda

Que alimenta el oído del viajero

Con su inefable música secreta

Recordé el mar y enumeré las hojas

En homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje

Como quien de la vida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,

Me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,

Siempre la misma luna en mi cabeza;

Entre el río de entonces y el de ahora

No distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol

Que mi padre plantó frente a la puerta

(Ilustre padre que en sus buenos tiempos

Fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta

Era un trasunto fiel de la Edad Media

Cuando el perro dormía dulcemente

Bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve

El delicado olor de las violetas

Que mi amorosa madre cultivaba

Para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces

No podría decirlo con certeza;

Todo está igual, seguramente,

El vino y el ruiseñor encima de la mesa,

Mis hermanos menores a esta hora

Deben venir de vuelta de la escuela:

¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo

Como una blanca tempestad de arena!

 

fv

 

Remolino interior

 

Me gusta que no me entiendan

y que tampoco me entiendan,

camisa de seda tengo,

pero también tengo espuelas.

 

Si digo que yo te quiero

no es cierto lo que dijera,

y acaso no te saludo

no es cierto que te aborrezca.

 

Cuando recorro la plaza

me gusta que no me entiendan,

pastillas de menta compro

para corretear la pena.

 

Voy a sentarme a la plaza

de pena, de pena, pena,

y acaso a la plaza llego

la plaza, plaza me alegra.

 

Si digo que por las piedras

circula una voz de seda,

quiero decir que en el río

me bebo la luna llena.

 

Y como quiero que nadie

sepa lo que me interesa

me pongo a amansar potrancas

celestes sobre la arena.

 

Y como Chile es mi fundo

me gusta seguir la cueca,

con una chaqueta corta

y un pañuelito de menta.

 

Al viento lo voy siguiendo

con un chicote de abejas,

el viento, viento se esconde

detrás, detrás de las puertas.

 

Si vendo a mi negra vendo

todo lo que a mí me queda,

pero la vendo y la vendo

para que nadie me entienda.

 

Y acaso quiero que nadie

me pida mi yegua yegua,

le digo que si es de noche

se asusta de las estrellas.

 

Y acaso es de día claro

se asusta de las espuelas,

yo quiero que nadie entonces

me entienda ni que me entienda.

 

Cuando me subo a los árboles

es luna mi calavera,

me gusta, me gusta, gusta,

me gusta que no me entiendan.

 

Pero hablando en serio serio

que nadie me niega niega

que cuando subo a caballo

me pongo mis dos espuelas.

 

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XII

 

Que mi salud es débil,

Que no resisto los rigores del trabajo intelectual,

Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me

equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las

ciencias y las magias del arte,

Que soy descuidado para con mi persona,

Que no me baño con regularidad

Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control,

Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres

de espíritu,

Que he favorecido más de lo justo y necesario a los

enfermos,

Que he permanecido largas horas en los cementerios

Disfrutando paganamente de la soledad y del silencio

consagrado a los muertos,

Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido

el rostro de los ídolos,

Que he vuelto ebrio al templo y caído dormido en los

bancos de las plazas y en los tranvías,

Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios

innecesarios.

 

El poeta Nicanor Parra

El poeta Nicanor Parra

 

Epitafio

 

De estatura mediana,

Con una voz ni delgada ni gruesa,

Hijo mayor de un profesor primario

Y de una modista de trastienda;

Flaco de nacimiento

Aunque devoto de la buena mesa;

De mejillas escuálidas

Y de más bien abundantes orejas;

Con un rostro cuadrado

En que los ojos se abren apenas

Y una nariz de boxeador mulato

Baja a la boca de ídolo azteca

-Todo esto bañado

Por una luz entre irónica y pérfida-

Ni muy listo ni tonto de remate

Fui lo que fui: una mezcla

De vinagre y de aceite de comer

¡Un embutido de ángel y bestia!

 

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[Bonus track]

 

La montaña rusa

 

Durante medio siglo

La poesía fue

El paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo

Y me instalé con mi montaña rusa.

 

Suban, si les parece.

Claro que yo no respondo si bajan

Echando sangre por boca y narices.

 

 

 

 

 

*(San Fabián de Alico-Chile, 1914 – La Reina-Chile, 2018). Poeta, matemático y físico. Licenciado pedagogía en matemática y física por la Universidad de Chile y magíster en Mecánica avanzada por la Universidad de Brown (EE. UU.); además estudió Cosmología en Oxford (Inglaterra). Cofundador de Revista Nueva junto a Jorge Millas y Carlos Pedraza. Recibió el Premio Municipal de Poesía de Santiago (1938 y 1955), el Premio Nacional de Literatura de Chile (1969), la Medalla Gabriela Mistral (1997), la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile (1999), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2001), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2012), entre otros. Obtuvo la Beca Guggenheim (1972), el Doctor Honoris Causa por la Universidad de Concepción (1996), entre otros. Publicó en poesía Poemas y antipoemas (1954), La cueca larga (1958), Canciones rusas (1967), Emergency poems (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Hojas de Parra (1985), Obras públicas (2006), Antiprosa (2015), entre otros.

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