Vallejo & Co. reproduce esta nota escrita por la periodista Claudia Cisneros como homenaje al literato peruano Rodolfo Hinostroza (1941-2016). Esta nota ha sido publicada, originalmente, en el portal web www.sophimania.pe

 

 

Por Claudia Cisneros Méndez

Crédito de la foto www.trome.pe

 

 

In Memoriam de Rodolfo Hinostroza:

El poeta que se puso en manos del destino

 

 

“Hinostroza fue un escritor fuera de serie. Escribió en todos los registros y revolucionó la forma de hacer poesía. Su segundo libro, Contra Natura, puso patas arriba el lenguaje y redefinió el mapa de la poesía latinoamericana. Será recordado como uno de los libros más importantes en lengua castellana de todos los tiempos”, cuenta el poeta Luis Enrique Mendoza.

Empezó escribiendo prosa, de hecho fue un cuento lo primero que pudo publicar en el diario La Crónica. Cuando un maestro de escuela lo detuvo para mandarle felicitaciones a su padre, el poeta indigenista Octavio Hinostroza, el joven Octavio Rodolfo de 17 años lo corrigió diciéndole que el cuento lo había escrito él. Desde entonces, apunta el poeta y editor Víctor Ruiz, Octavio Rodolfo decidió diferenciarse de su padre omitiendo su primer nombre y adoptando Rodolfo como distinción. “Si algún lector no lo conociera, mejor que sepa de saque que este señor es uno de los poetas mayores de la poesía latinoamericana de todos los tiempos. Y un hombre que ha vivido por varios”, escribió Ruiz en la entrevista que le hizo en 2015.

“Me gusta estar escribiendo. Escribo todo tipo de cosas. No me concibo fuera de la palabra”, dijo una vez Hinostroza, quien escribió de manera magistral no solo poesía y cuentos, también guiones de teatro, de televisión, novelas, ensayos y artículos periodísticos.

 

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También fue un amante de la culinaria y escribió uno de los primeros textos referentes del boom gastronómico Primicias de la cocina peruana. Llegó a pesar 115 kilos cuando fue crítico de gastronomía y decía que no tenía plato preferido porque se los había comido todos. Escribió incluso de astrología (se consideraba astrólogo, cosa que en Sophimanía no podemos menos que pasar por alto en virtud de su genio literario). Y cuando alguna vez le reclamaron haber dejado de escribir poesía para dedicarse a otros géneros, espetó: “No es que yo haya retrocedido sino que he ascendido a lo más alto que puede ascender el arte de la palabra, que es la palabra entera, que se ejecuta a través de todos los medios en poesía, cuento, teatro, novela, ensayo, crónica y verbalmente también a través de discursos…porque yo soy un ser de palabra fundamentalmente, me encuentro muy cómodo con la palabra y a través de ella me deslizo”.

 

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Hinostroza en los años de fundación de “Astrocentro”, la empresa dedicada a hacer cartas astrales.

 

Con un padre poeta, creció entre versos y recitales, y uno podría pensar que elegir dedicarse a la poesía habría sido una decisión fácil. Pero el joven Rodolfo, buscando complacer a su madre, se apuntó en la escuela de medicina de la UNMSM. Sin embargo, la poesía no estaba dispuesta a dejarlo ir.  La palabra ya había sido dicha antes que él lo supiera. Y una tarde, lleno de dudas, el destino quiso que pasara por el patio de la universidad el poeta César Calvo, con quien Rodolfo (19 años) compartió su tormento y vacilación: la medicina no lo convencía ¿qué hacer? Tras un silencio protagónico, Calvo le dijo a Hinostroza (enfático): “¡Yo he dejado todo por la poesía, si tú quieres ser poeta tienes que dejar todo por la poesía! ¡No puedes ser poeta y médico, no sale, no funciona! ¡Tienes que escoger ahora mismo!” A continuación, Calvo le soltó la frase que retumbó en él por siempre, que definió su vida y que no se cansaba de proferir: “Ser poeta es ponerse en manos del destino”. 

Y la palabra, y el destino, quedaron sellados. Solo quedaba pendiente un pequeño rito social de iniciación a su nueva vida: “Cuando yo le dije a mi mamá que quería ser poeta me botó de la casa ¡quieres morirte de hambre como tu padre! ¡fuera de mi casa! me dijo ¡yo no estoy para mantener vagos! Y me fui de mi casa y allí comencé a ser poeta”.

 

(De izq. a der.) Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela y Rodolfo Hinostroza. Trujillo, 1987. Crédito de la foto: Herman Schwarz

(De izq. a der.) Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela y Rodolfo Hinostroza.
Trujillo, 1987.
Crédito de la foto: Herman Schwarz

 

 

“Rodolfo Hinostroza es un poeta telúrico, con una fuerza y potencia prodigiosos en cada palabra de sus versos. En mí vive la imagen de un Hinostroza fraterno, alegre a carcajadas, confiado en que la poesía es lo único trascendental, en que somos el pararrayos de Dios”, nos dice Mario Pera, poeta peruano.

¿Pero dónde se originó esa fuerza telúrica de Hinostroza? ¿Cómo halló el poeta su propia voz y qué descubrió en ese caminos? “Creo que uno aprende de sí mismo. Uno encuentra un tono, su propio tono. Su voz. Eso se aprende solo. Te dan indicaciones… pero al final estás solo frente a la página en blanco y el único que decide eres tú. Eres el único que puede responder por ti mismo. Hay una profunda soledad en esta chamba de escritor. Porque cada vez que uno escribe es como estar re-inventando la escritura. Uno re-inventa para sí mismo y está recreando, está inventando algo, siempre metiéndose en terreno desconocido, siempre intentando lo imposible”, dijo en una entrevista grabada en 2012.

 

Contra Natura

Leggierissima

        toda ojos entraste a mi tienda

        cubierta de flores/ oh animal olfativo/

así el color que atrae a las pequeñas bestias

así casco de pavorreal

y recordé: deseo cinético

         stasis en la contemplación de un cuerpo

milenaria repetición así la mariposa y el coleóptero

& en tu sexo/ el mar/ thrimetilamida

& en tu pecho jugaban cervatillos de colores

    ojos de pez: te vi y lo supe

un coup de cheveux y ruedo por tierra

& antes había entrado en ti y vi: un universo líquido

mareas dentro tuyo

nuestros cuerpos imitando el movimiento del mar

El Pez y La Luna

arriba un cielo podrido jusqu’au bout

          pero las estrellas

hombre errante

Adieu

gobernalle/ancla/astrolabio

& más allá aún más atrás in the no man’s land del orgasmo

el pez sueña

así      ( )  

     amiboide forma líquida indiferenciada

atracción implacable

        in suo esse perseverare conatur

Spinoza dixit

         no sexo no el olor metálico del celo

but

amor abominable odio hermoso

     Nada, gameto mío! Remonta el río líquido

hasta el origen

La calcárida y la salamandra

:para que yo abra mi tienda

y un oleaje de muslos rescate toda una vida perdida.

 

Hinostroza reconocía la influencia de los poetas del 50 como Washington Delgado, Alejandro Romualdo o Juan Gonzalo Rose, de quienes asegura aprendió “oficio y actitudes”. Dijo en una entrevista que la Generación del 50 les pasó la antorcha olímpica. “Y seguimos con la poesía. No peleamos o tropezamos y eso me importa porque sino se pierde celeridad. Yo he visto que la gente se odia en este oficio y debemos mantener esa continuidad generacional que nos caracteriza como poesía nacional. En otros países como Argentina o Chile, de feroces dictaduras, no lograron configurar una suerte generacional y de continuidad que hasta ahora en nuestra fecha está vigente en los jóvenes poetas. A mi me entusiasma todo eso, nosotros hemos excavado más en la poesía experimental como los Orkopata, los Westphalen, los Eielson, los Sologuren, que son corrientes experimentales que han forjado hondo el alma de la poesía peruana. Entonces digo que hemos experimentado mucho más en las formas poéticas…la poesía peruana es la más consistente históricamente”, y añadió en otra ocasión que la del Perú “es la primera poesía de la lengua española porque es la más rica y diversa, moderna y sin hiatos generacionales”.

 

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El poeta R. Hinostroza con el narrador Julio Ramón Ribeyro en París.

 

 

La voz de Rodolfo fue una voz muy particular. Su estadía temporal en Cuba durante la crisis de los misiles, fue para muchos lo que comenzó a forjar la voz telúrica, épica que lo caracterizaría de por vida. La inminencia de la muerte pendiendo de un hilo, le dio a sus letras peso específico. En la Habana terminó de escribir su primer poemario: “Consejero del Lobo” (1965). ¿Cómo hace el poeta para adquirir su propia voz? ¿Cuál es la forma geométrica más acertada para abordar a la dama? Oblicuidad. “Siempre pienso que el tono es una especie de oblicuidad. Creo que para encontrar el tono, el poeta no puede mirar de frente a la cámara, no puede mirar de frente a la poesía. Tiene que mirar oblicuamente, si no mira oblicuamente, el tono no aparece. El tono es una especie de parábola, una oblicuidad. A la poesía no se mete directamente. Hay una frase de Kierkegaard que siempre me ha gustado mucho, que dice “El espíritu no se deja expresar espontáneamente, solo lo hace en virtud de una espontaneidad superior, toda penetrada de reflexión” (sic).

El periodista y escritor Enrique Planas ha escrito tras su muerte que “un aneurisma es la posible causa del silencio final, la madrugada del martes, de una de las mayores voces de la generación poética del sesenta. Una ausencia que se suma, este año, a la de grandes nombres como Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Carlos Calderón Fajardo y José Antonio Bravo”. Planas entrevista al poeta Roger Santiváñez, quien afirma que “(l)a suprema dicción poundiana de Hinostroza, talentosamente asimilada a su propio discurso, iluminó a nuestra generación con la luz de su transparente idealismo guevarista y hippie”.

IV

Negra ciudad, me dejas los prostíbulos,

Para mí, el postergado, no prolongarás más

Tus avenidas, no establecerás finalmente,

En algún sitio,

Tus talones de bronce.

 

                                                        (El más triste consuelo

suspendido de una cadenita, el más grave

consuelo, el conocimiento de un oro furtivo

como un río enmascarado, 

el más amargo consuelo, el cálculo errado

acerca de un Caballo de Copas en la manga mugrienta

asedian esta noche a mi corazón desencadenado.)

 

¡Alguaciles, aquí! Se está quemando el cuero

De las carteras en tiendas de judíos, se está

Quemando el cuerpo, la piel, la definitiva

Forma de mis andanzas.

 

¡Aquí personas sólidas, ciudadanos,

Pater familiae, desconocidos propietarios

De unos vinos sonámbulos!

 

¡Aquí sucede que se casa un monje, aquí las esquirlas

De un cóndor subjuntivo hieren

De cerca y lejos, hieren, es un estado

De agresión permanente y de dos filos!

 

                                                        (Pero el mar, obsesivo.

El mar que sangra, como un contrabando de lingotes

heridos. Los muelles han hervido sus algas capitales

En la alucinación de un cargamento.)

 

¡Cinamomo y Belladona!

Que paguen el espanto que elegimos.

 

Rodolfo Hinostroza se entregó enterito a su destino, se deslizó por la palabra y sus palabras se deslizaron en nosotros. ““Viajas en tus palabras y tus palabras viajan”, cerraba su poema-río Nudo Borromeo. Y así, un primero de noviembre de 2016, en el día de todos los santos o de todos los muertos, el poeta se volvió a poner en manos del destino.

Viaja/ 
         esta vez 
                      para no volver

“No se lamenta la muerte, se celebra la vida. Y Rodolfo, junto a Antonio Cisneros, ha sido un revolucionario de la poesía en lengua castellana. Un iluminado. Intentaremos llevar su bandera muy en alto”, sentencia el poeta Bruno Pólack.

 

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