El presente texto ha sido publicado originalmente en la página web Marxists Artists Archive site: https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/poemas_a_mariategui/paginas/xavier%20abril.htm

 

Por: Xavier Abril

Crédito de la foto: Izq. www.lamula.pe

der. cortesía: Sandro Chiri

 

Idea de la salvación revolucionaria del hombre

 

 

He pensado que en ese número histórico que «AMAUTA» dedicará a MARIATEGUI, debe estar presente mi vida, mi pensamiento y mi fé,[sic] que a él, solamente a él, debo en lo más profundo de mi realidad biológica. Un hombre que debe su salvación a otro hombre, ¿que no puede decir que sea verdad y vida:

DEBO recordar mi asistencia casi diaria al ejemplo de su vida, —ya subrayada por Waldo Frank— única en la historia del Perú. Mi asistencia a su palabra, a la que debo el mun­do nuevo en que vivo esperanzado y creyente. Más que a mi anárquico y poético viaje a Europa —1926-1928— le debo a la enseñanza viva de Mariátegui. Yo desistí de toda Universidad —que nunca fue mi meta— ante la realidad dialéctica del gran marxista. Gracias a él, entré a ser habitante de ese mundo nuevo que era el orden de su fé revolucionaria. Y estoy cabal porque en él vivo, y él vive en mí, que es lo más viviente del Perú. Nunca se podrá olvidar todo lo que ha dado a la historia, porque pertenece a esa clase de hombres que crean historia, y que él observara al hablar de Marx y de Lenin, en uno de sus capítulos de la Defensa del Marxismo, de cuya tesis ha dicho Habaru en «MONDE»: «es la más excelente refutación a las teorías de Henri de Man y a los revisionistas del marxismo, escrita en los últimos años».

 

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Revista «Amauta» fundada por José Carlos Mariátegui. Xavier Abril fue uno de sus asiduos colaboradores y gran amigo de Mariátegui.
Crédito de la foto: http://www.cultura.gob.pe/

 

Casi toda mi generación se salvó con el ejemplo de su vida que era su propia dialéctica. Mi generación, que pudo perderse en el más desenfrenado subjetivismo estético, debido a la búsqueda desesperada de la razón en la psiquis, —locura psicológica e intelectualmente burguesa por el carácter de su especulación— se salvó a la temperatura afirmativa y revolucionaria de su materialismo. Y en ello había mucho espíritu, de ese espíritu nacido de la lucha social, de la angustia creadora —no celeste ni religiosamente astronómico— que no pueden comprender los reaccionarios ni los timoratos acéticos en la servidumbre del catolicismo. La búsqueda de la locura señalaba entonces mi más alta tonalidad poética y nihilista, la que en su definitiva crisis ha sido otra manera de la «muerte del pensamiento burgués». Pero la Defensa del Marxismo —no solamente por su admirable método intelectual cuanto por su tono moral— me enseñó mucho de la realidad social contemporánea. Y así fue que sentí un deseo rabioso de ser útil y servir a la historia en la manera como ha de ser, es decir, revolucionariamente.

En el momento actual del Perú, la muerte de Mariátegui logra categoría de tragedia; y su gran dolor debe haber sido morirse en el período de preparación revolucionaria. Comprendo por eso que es la nueva generación la que está más cerca de su fé[sic] y de su dolor, que serán en adelante —que ya son— nuestros en todo profundo trabajo que quiera estar inmutado de pureza revolucionaria.

No exageré una vez cuando dije que el Perú Muevo te debía su nacimiento. Hoy es MARIATEGUI el mito del Perú enmantado de pureza revolucionaria.

 

Madrid, 1930.

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