Nota: Iván Méndez González

Poemas: Andreas Neeser

Selección de poemas y traducción: José Aníbal Campos

Crédito de a foto: www.schweizer-illustrierte.ch

 

 

Háptica del poema | Andreas Neeser

o la escritura como espacio emergente

 

 

Ich lege das letzte Gedicht in die Glut

(pongo el último poema en las brasas)

Andreas Neeser

 

 

La poética de Andreas Neeser podría identificarse como una forma de tocar el mundo, un dispositivo para tocarlo en tanto que poema. La escritura de este poeta suizo piensa la encarnación (embodiment) poemática casi en términos de percepción háptica. El espacio del poema se puede (y se debe) tocar. La háptica —la ciencia del tacto— se eleva entonces como ciencia correlativa del trabajo con el lenguaje poético. Sin una competencia básica en este ámbito, aquel que poematice se convertirá meramente a la fe del Juntaversos: especie autóctona de buena parte de la poesía que se publica en estos tiempos. Así pues, si escribe poemas, asegúrese de generar instrucciones básicas para tocar el poema y el mundo.

En la actualidad es mucho más que deseable pensar la construcción espacial de lo que llamamos realidad en términos de una estructura de redes. Esta estructura reticular es al mismo tiempo emergente. Si lo llevamos al plano de la enacción neurofenomenológica, es decir, el acto de hacer emerger el ámbito de sentido del poema, la pregunta de Francisco Varela fue siempre “¿existe el mundo pre-configurado?”, o de otra manera: ¿es la realidad previa a nuestra percepción de la misma? Para los neurofenomenólogos, es un error considerar a la mente como un mero mecanismo representacional y pasivo. Esto es bien sabido por los poetas: el mundo ni la obra existen antes de las líneas trazadas en los márgenes del sentido, y que los hace aparecer.

Leer un poema es observar un límite, y el lenguaje se piensa entonces ámbito enactivo e inacabado. Los componentes del poema parecen funcionar a semejanza de la estructura cerebral en el proceso cognitivo, una presencia poemática de base autopoiética, una estructura en red del espacio lírico. Esta red-presencia del poema se muestra como emergencia (enaction, to enact) del lenguaje. De esto nos percatamos si tenemos en cuenta si pensamos el proceso de lectoescritura literaria con base en los postulados neurocientíficos de Douglas R. Hofstadter, quien se atreve a considerar lo difuso de todo proceso identitario de lo humano pues un cerebro se configura en extraño bucle, ya que incluye patrones “que son copias de baja resolución de los bucles extraños que se alojan en otros cerebros”. Esa red hace emerger el poema como hábitat que se va constituyendo.

En este libro que vengo en traer a estas páginas, titulado Hierba que se adentra (2016), el traductor José Aníbal Campos hace converger en un solo espacio el libro Gras wächst nach innen (2004) y el ciclo Alzaluz, contenido en Wie halten Fische die Luft an (2015). No importa que sean dos textos distintos conjugados en un único lugar para el mejor acceso del público de la lengua española a la obra de uno de los poetas más novedosos de expresión alemana. Fueron publicados en fechas distintas, con lo cual se abre un lugar para considerar la importancia de la evolución natural de la obra de un escritor, y que se debe tomar en consideración en este punto. No importa asimismo, que haya un vínculo, una mano firme de voz aposentada en su propio canto (überhör dich hindurch / in den offenen Ton : oye y desoye su silencio / en busca del sonido abierto, p. 31). Lo que es propio a considerar es la emergencia del latido. El poema es el mundo en tanto puede ser tocado. Así actúa el poeta. Construye el mundo, porque la realidad —como el poema— o se toca o no existe. Tan simple como eso. El espacio poemático no sólo se puede entender como una suerte de cósmosis, como afirma el traductor en el breve texto que da inicio a este libro de poemas. Esta espacialidad es una posibilidad que la intersección del poeta con el paisaje hace emerger a manera de un taller palabras, donde lo real sabe a poema (In der Werkstatt der Wörter / vermessen wir Zeilen für Zeile / die Landschaft : En el taller de las palabras / medimos el paisaje / línea a línea, p. 25). Aquello que llamamos por lo común la realidad adquiere la textura y la consistencia del poema.

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La poesía expone primero su presencia al complacerse en derruir oscilaciones del espacio ya previsto, con el fin de que quede a propósito para que la palabra haga aparecer otro ámbito posible de la luz (als hätten wir Heimlich / den Wortraum geschleift : como si en secreto hubiéramos / derruido el espacio para la palabra, p. 23). Un nuevo meridiano de la palabra se abre paso a través de los fragmentos de este libro, como hierba que se adentra y surca los vestigios de una batalla siempre perdida. Dicen que la poesía es la batalla por el sentido. No es relevante valorar la certeza de esta consideración. Más me importa subrayar el hecho de que ningún concepto es acariciable. Y un poema que valga la pena, que sea cartografía de una vida debe ser caricia desafiante ante una vida que nunca muestra sus márgenes. El espacio emergente de un poema que conecta siempre a modo de red neuronal que se transparenta debe poner sitio a lo real. Es poco menos que algo inútil dar la bienvenida al desierto de lo real. Importa más saber que la primera persona del presente indicativo del verbo latino sitiare era “sitio”, lo cual significaba a su vez dos cosas. Poner sitio a una plaza militar, y también ‘tengo sed’. La sed como el poema, que construye la realidad y la densifica, nunca acaba. Y es bueno que así sea, porque los poemas y la vida —bien lo sabe Neeser— están hechos de sed (diese Sprache kennt zahllose Zeichen  für Durst // So wachsen Bücher, denn Haut / ist mein trockenstes Wort : esta lengua conoce innumerables signos para la sed // Así crecen los libros, porque la piel / es mi palabra más árida, p. 19).

Repito para los que siempre están en la tercera fila de todo, aislados y retozando en su tristeza de críticos de taller de escritura creativa. Los conceptos no se tocan. Es más, la conceptuabilidad se trata en otros lugares más sofisticados, si se prefiere, pero que el poeta no suele frecuentar. Un poema es preferible concebirlo como un cuerpo neural. Para consignarlo así, es operativa la consideración que se puede hacer desde la neurofenomenología del proceso esquemático del cuerpo y su dinamismo como sistema que regula las dinámicas neurales implicadas en los procesos sensoriomotores de la composición y recepción de lo literario, y que actúan por debajo del umbral de conciencia. El lenguaje poético traza su propio mapa de re-conocimiento considerado como blended space, donde el yo enactúa como un campo de red abierta a fin de generar una presencia corporeizada (embodied) de una nueva forma de conciencia. Entonces, no hablaríamos de conceptos, sino que estaríamos considerando la viabilidad de hablar ya de perceptos. El mundo lo inaugura el poema, la mirada que el poeta lanza por la que se hace re-presentable una realidad que nunca se acaba. Es versión sucesiva de sí mismo. Cuerpo tocable que muta generando espacios a través no del ojo, sino de nuestra estructura cerebral, de nuestra corporalidad que crea un espacio o mapa de re-conocimiento. En esta poesía, incluso la muerte es también palabra que emerge (Zeig mir den Winkel / und setz mich ins Bild, denn / zwischen den Schenkeln ist der Tod / auch ein Wort // aber wo – / bei so viel Licht : Muéstrame el ángulo / / adéntrame en el cuadro, porque / entre las piernas es la muerte / también una palabra // pero dónde… / ante tanta luz, p. 61).

Siempre una promesa que no se concreta, que no acaba de llegar como la luz sobre la superficie del poema, ¿o era luz arrojada sobre los márgenes del mundo? Los versos, las historias del amor que vuelan con el viento, como nos dice este poeta suizo, en su falta de fijeza instauran su no finito (el infinito se lo dejamos a los alquimistas del verbo, aquí estamos leyendo un libro de poesía). El tiempo no acaba si el poeta construye un mundo enhebrado en una trama que los distintos cerebros lectores reconocen como propia. El mundo no ha sido creado por obra de un dios más o menos diestro en el arte del verbo. Ha sido construido entre todos los que con-formamos no la comunidad, sino la liminalidad del poema. Un poeta habitando por debajo del umbral de lo consciente lo hace presencia a modo de ámbito que no acaba (die Stunde im Halblicht / verheiẞt einen sagbaren Weg / aus dem Schnee : la hora a media luz / promete un camino expresable / que aleja de la nieve, p. 79).

Desde la neurofenomenología se piensa que la realidad no es objetiva, sino que se construye. Esto sirve a la hora de dilucidar el hábitat del poema, que es borradura de una vieja coartada, la del adentro y el afuera. Hay un meridiano, un margen intersticial que borra los límites. El lector es un observador incluido en el espacio poemático que se va construyendo, y que propicia que eso llamado realidad sea sentida. El libro termina subrayando la pertinencia de este aserto con un poema llamado “Lectura” que es también despedida (wie zum Abschied, zum Anfang / verschlieẞich die Augen und / sehe mich so lange wärmer / bis ich  dich spür : cual despedida, cual comienzo / cierro los ojos y / me veo calentarme tanto tiempo / hasta que te siento, p. 95).

El espacio poemático se percibe en los poemas de Andreas Neeser como hábitat de base háptica. Se dota de presencia al instante en el que el mundo de la vida adquiere volumen debido a la espesura de las redes que la configuran, en tanto conexiones y niveles de operatividad mediada por la lectura del traductor José Aníbal Campos. Una lectura que, en su supuesto incuestionable de ser la lectura más comprensiva y más rotunda, exige el papel de huella somática desde la que parte la densidad de la red o marcador de sentido en apertura constante. La vida es emergente. Los poetas sólo tienen un tema, la vida (y su anverso necesario, la muerte). Los poemas dan forma a la vida, que nunca acaban. Se despiden y regresan. Así es este libro que se toca, que nos toca. Así son los libros que están en camino, y que se adentran.

 

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6 poemas de Andreas Neeser

 

 

Meridiano

 

El dedo se extiende a mediodía

sobre tierra pedregosa

quién explica la sintaxis de las grietas en el karst

esta lengua conoce innumerables signos para la sed.

 

Así crecen los libros, porque la piel

es mi palabra más árida.

 

 

 

Composición en plomo

 

para S.

 

En el taller de las palabras

medimos el paisaje

línea a línea.

 

Alcántara

las hojas meridionales

no pierden su color.

 

Envuelve las frases

y yo, con miradas listas para ser impresas,

te iré haciendo

el hilo.

 

 

 

Armonía

 

Escucha la expiración del tañido

adéntrate en él

oye y desoye su silencio

en busca del sonido abierto.

 

 

 

Mirada

 

Hablas de los grados de la vida

como si pudieran calcularse

la previsión y la mirada atrás.

 

Muéstrame el ángulo

adéntrame en el cuadro, porque

entre las piernas es la muerte

también una palabra

 

pero dónde…

ante tanta luz.

 

 

 

Cuatro estrofas

 

para R.

 

Qué nos escribe la letra

en el cielo escarpado, versos

historias de amor llevadas por el viento

 

Bífido brillo primigenio, brumoso

nuestro alfabeto

es el quinto y último signo:

 

la hora a media luz

promete un camino expresable

que aleja de la nieve.

 

 

 

Lectura

 

El fuego se extingue en la estufa

pongo el último poema en las brasas

cual despedida, cual comienzo

cierro los ojos y

me veo calentarme tanto tiempo

hasta que te siento.

 

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(Textos en el idioma original, alemán)

 

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6 poemas de Andreas Neeser

 

Meridian

 

Der Finger am Mittag läuft aus

über steiniges Land

wer deutet die Syntax der Risse im Karst

diese Sprache kennt zahllose Zeichen für Durst.

 

So wachsen Bücher, denn Haut

ist mein trockenstes Wort.

 

 

 

Bleisatz

 

für S.

 

In der Werkstatt der Wörter

vermessen wir Zeile für Zeile

die Landschaft

 

Alcántara

südliche Blätter

verfärben sich nicht.

 

Umwickle den Satz

ich dreh dir aus druckreifen Blicken

die Schnur.

 

 

 

Einklang

 

Hör über den Ausklang der Glocke

hinein

überhör dich hindurch

in den offenen Ton.

 

 

 

Einblick

 

Du redest von Graden des Lebens

als ließen sich Vorsicht und Rückschau

berechnen.

 

Zeig mir den Winkel

und setz mich ins Bild, denn

zwischen den Schenkeln ist der Tod

auch ein Wort

 

aber wo –

bei so viel Licht.

 

 

 

Vier Strophen

 

für R.

 

Was schreibt uns die Letter

am Berghimmel Verse

verwehte Geschichten der Liebe

 

gegabelter Urglanz aus Dunst

unser Alphabet

ist das fünftletzte Zeichen:

 

Die Stunde im Halblicht

verheißt einen sagbaren Weg

aus dem Schnee.

 

 

 

Lektüre

 

Das Feuer verdämmert im Ofen

ich lege das letzte Gedicht in die Glut

wie zum Abschied, zum Anfang

verschließ ich die Augen und

sehe mich so lange wärmer

bis ich dich spür.

 

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