Por Félix Terrones*

Crédito de la foto Dominique Gellez

 

 

Grecia Cáceres**: las formas del exilio.

Una entrevista

 

 

Grecia Cáceres comenzó como poeta durante la agitada década de los noventa. De las causas y los principios: venenos/embelesos (1992) fue su debut literario, un poemario que anuncia gran parte de sus intereses y temáticas. Estos se han expresado antes que nada en narrativa. Desde la novela La espera posible (1998) hasta la recientemente publicada Mar afuera (2017), Cáceres se ha ido haciendo un lugar como narradora, así como ha sabido interrogar, desde diversos ángulos y registros, sus intereses, temáticas e incluso obsesiones. Así, con ocasión de la lectura de Mar afuera le propuse discutir acerca de su camino como escritora, la percepción que tiene de su trabajo, sus lecturas y constantes cambios, la literatura peruana y qué opina de ella. Esto fue lo que nos salió.

 

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La narrativa y la trayectoria

 

Félix Terrones [FT]: Muchas gracias por la entrevista. Antes de abordar tu última novela, me gustaría que nos detuviéramos un poco en la manera en que llegaste a la narrativa pues comenzaste como poeta para recién publicar tu primera novela, La espera posible en 1998. ¿Se trata de una trayectoria que espontáneamente te lleva a la narrativa? ¿Qué nuevo aspecto te permite explorar la ficción frente a la poesía?

Grecia Cáceres [GC]: La poesía y la narrativa son dos lenguajes, temporalidades, maneras de ver el mundo que son diferentes. Yo empecé con la poesía desde muy niña. Leía también novelas, pero no me proyectaba como novelista, me atraía más el juego verbal de la poesía, cercano a la música, quizá más intuitivo, breve, manejable. Mientras viví en Lima, fui poeta. En la universidad descubrí la poesía peruana, que se aunó a la tradición francesa bien enseñada en el colegio. La lectura propia y en clase de César Vallejo, Blanca Varela, Cesar Moro, entre otros, fue una revelación. Me gustaba también la vida activa de los recitales, el contacto con el público a través de la poesía, mucho más dinámica y directa que la lectura siempre individual y solitaria de la novela. Publiqué mi primer poemario De las causas y los principios venenos/embelesos y partí a París.

 

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[FT]: Entonces, fue ya instalada en el exilio parisino que comenzaste con la ficción….

[GC]: Sí, en París pensé en un primer proyecto de novela, una novela muy peruana, provinciana, fruto del alejamiento, suerte de pacto de no olvido, de promesa de seguir siendo, contra toda tentación y aculturamiento, una escritora peruana. La prosa se presta bien en la recreación de atmósferas y mundos, de identidades y de procesos históricos. Paralelamente, escribí siempre poesía y la poesía determinó estructuras y contagió a la novela. En mis novelas siempre hay capítulos o partes muy oníricas que son como poemas en prosa. También hay un cuidado muy fuerte del ritmo y la musicalidad. De la poesía retuve que la literatura es ante todo un hecho de lenguaje, una creación hecha de palabras, muchas veces inútiles pero bellas y esa inutilidad directa, no pragmática me fascina.

 

 

[FT]: Recuerdo que una de las primeras novelas tuyas que leí fue La espera posible. Ya desde esa lectura se advertía algo que me parece una recurrencia en tu narrativa; es decir, esa atmósfera de indeterminación alrededor de cada gesto, como si un atisbo de pudor (o de complicidad) la llevara a sugerir antes que decir. Tengo la sensación de que, un poco como acabas de decir, en tus novelas apuntas antes que nada a generar atmósferas de incertidumbre o ambigüedad. Lo cual se decanta en una narrativa llena de sobreentendidos, sugerencias y ecos…

[GC]: Es verdad. No me interesa lo que está transado por adelantado. Es decir, no hay nada que sea seguro y lógico ni en la vida ni en la literatura. Cada uno de nosotros somos los escritores de la trama de nuestra vida tratando de darle una dirección, un sentido. Mi relación con el lector está también en juego. No me permito llevarlo de la mano, guiar su mirada o decirle esto es así o fue así. Mi pacto con el lector es otro. Lo dejo deambular, fijar su atención en detalle u otro. Mi narrativa da vueltas alrededor del hecho tratando de entender de una manera a veces distante, a veces muy atrevida, hurgando en las apariencias, en los múltiples significados. Por ello, una atmósfera es más conveniente que una sucesión de causa a efecto. En mis novelas pasan cosas, eventos a veces trágicos o dolorosos, pero el foco no está apuntado al hecho mismo sino a las interpretaciones a su alrededor, la percepción interior de los personajes. Los lugares también son muy importantes, muchas veces repetitivos, emblemáticos, las idas y venidas entre esos lugares dan la dinámica de la obra.

 

 

[FT]: ¿Hay otro aspecto del que seas consciente que se repita o reelabore, tanto formal como temáticamente, a lo largo de tus novelas?

[GC]: Sugerir es dejar a la relación lector/autor un margen mayor de juego, de interacción. Hay repeticiones y reelaboraciones, por supuesto. Como ya lo mencioné, hay un gusto por recorrer lugares o espacios a lo largo de la novela y que se vuelvan hitos de la trama. Están los diálogos poco ortodoxos. A veces breves, a veces insertos en la trama del párrafo. Las descripciones son más bien la de los lugares que de los personajes, salvo en La vida violeta que se inspira en las fotonovelas y por tanto exige descripción física de los personajes. Tengo dificultades también para nombrar a los personajes. En una de mis novelas el narrador nunca se nombra o es nombrado. Me interesan más las “voces” que los personajes como en una especie de Divina Comedia, los diálogos con las sombras de los muertos. Hay mucho de repetición porque así se va formando una obra en la que el lector va a reconocer una parte y ser sorprendido por otra, gracias a la reelaboración. La temática peruana es esencial y es retrabajada también, diferentes épocas de la historia moderna del Perú, un espacio vital, la ciudad de Lima tal como la sueño o fantasmeo, la cercanía al mar, horizonte de los posibles. Y muchos más aspectos que yo, como autora, quizá no vea.

 

La escritora Grecia Cáceres

La escritora Grecia Cáceres

 

Mar afuera: la persistencia del exilio

 

[FT]: Me parece que de manera natural estamos llevando la conversación a tú última novela Mar afuera. Entre los diversos elementos que podemos discutir, hay uno que se encuentra estrechamente relacionado con lo que denominas temática peruana. Si bien se muestra la ciudad de Lima, una urbe del siglo XX que, pese a todo sigue teniendo una mentalidad colonial, la protagonista parece una extranjera. Dicho de otro modo, su mirada marca constantemente las distancias, las fracturas, los descalces…

[GC]: Voy a decir una banalidad: el escritor es siempre un extranjero, una mirada exterior, el que ve las grietas en los muros, el que crítica lo aparentemente normal, el que se sienta incómodo en un sillón a parte de la fiesta del presente. El escritor es el que está bien donde no está, como decía Baudelaire. La extrañeza hizo estragos en Lima. Hemos tenido escritores y poetas en manicomios. Lima es una urbe ultramoderna, como dices, y contrasta con una mentalidad atrasada, llena de reglas no dichas que reproducen esquemas de injusticia y marginalización. Yo percibí siempre en Lima lo injusto sin dejar de adorarla como a una diosa incomprensible. Mi literatura intenta recrear una ciudad ideal pero no en el sentido de una ciudad sin defectos, sino más bien contribuyendo al mito de Lima, a la vez Lima que se va, Lima caótica, impura donde el que quiere sobrevivir debe jugar el juego o subvertir la ley de manera discreta y subterránea. Lima es como un juego de naipes, y hay que jugar con las cartas que te tocan. Me fascina el juego, lo observo de lejos y la novela está allí para dar ciertas claves. Por ello también la fascinación por el desclasamiento, verdadera tragedia, irremediable caída social, que se debe evitar a todo precio.

 

 

[FT]: Y esa mitificación de la ciudad acerca de la cual hablas viene y va hacia la literatura en tu caso, ¿no es así? Es como si, dentro de tu trabajo creativo, la literatura fuese lo más verdadero que posee una ciudad pues ésta es legitimidad y adquiere una trascendencia por medio de la palabra…

[GC]: En efecto, Lima o cualquier ciudad es inaccesible en su totalidad, en su inmensidad, en el hormigueo de sus habitantes. Nos tenemos que conformar con poseer una imagen parcial de ésta. Es lo mismo con las personas. Tema muy proustiano, ¿no? La literatura o el arte, de manera misteriosa, logra captar algo de esa multiplicidad que nos bombardea día a día, respondiendo a la necesidad humana de asir el caos, de entender lo que lo desborda. En el caso de Lima, no sé si se trata de mistificación, se trata de una ciudad literaria, un producto literario que no solo he fabricado yo, pero todos los escritores, poetas, músicos, pintores… desde su fundación. Yo solo aporto mi piedra al edificio.  Tengo la absoluta certeza de que las ciudades que carecen de ese envoltorio, de esa forma fabricada por tantos imaginarios, no tienen presencia en el mundo, no se benefician de la parte de sueño, odios o amores que hace de una ciudad algo que congrega, que se supervive a sí misma.

 

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[FT]: Además, esta sensación de extrañamiento se desdobla a múltiples niveles y progresivamente cuando pensamos en los espacios. Primero, Miranda viaja a Puno y después a París. Pareciera que nunca dejara de ser una extranjera pero que el desplazamiento entre distintos espacios le permitiera cierta forma de acercamiento a la verdad, ¿lo ves así?

[GC]: Sí. El desplazamiento es muy literario. Se trata de cambiar de puntos de vista, como en la ficción los personajes que encarnan una serie de interpretaciones de lo “real”. El cambiar de territorio en una novela es útil para darle dinámica. El personaje viaja, se ve obligado a aplicar otras reglas y revisa sus antiguas certezas. También aprecia lo que ha abandonado, mide gracias a esa distancia lo ganado y lo perdido, medita sobre una vuelta mítica posible, o un no regreso. Miranda es extranjera en todas partes, pero la une a Lima un cordón fuerte que es la literatura. Sus hijos podrían convertirse en unos francesitos si se queda en París, pero ella seguirá ligada al Perú, a su ambición de ser parte de esa literatura, que es como una familia, los autores que lee y que relee.

 

 

[FT]: Ya que estamos hablando de París, resulta muy difícil representar esta ciudad pues se encuentra excedida de literatura. Me parece que en Mar afuera París obedece a una doble voluntad: la primera, es la posibilidad de la introspección para Miranda, abordar su situación con una mirada menos apasionada; la segunda es el vagabundeo por la ciudad, abierta a los descubrimientos y encuentros. Entre el adentro y el afuera se plantea una tensión que, me parece, nunca termina de resolverse…

[GC]: Es verdad. París es una ciudad casi de opereta para nuestra literatura, es el exotismo, el revés. Hablar de París en Mar afuera era arriesgado siendo la ciudad de mi vida cotidiana. En este marco, Lima juega más el rol de espacio idealizado, de Ítaca. París es un refugio para Miranda, le permite hacer una pausa, respirar, mirar nuevamente su cuerpo que acaba de ser “vaciado” por el parto, retomar su configuración, sus contornos, y resignarse. La resignación no me parece algo negativo, no es la renuncia ni al regreso ni a sus ambiciones literarias, es decir ya nada será igual de manera apaciguada. París la apacigua, sus largas caminatas la apaciguan, se apropia así de otra piel de ciudad a la que es muy sensible, busca el agua que fluye, la que puede limpiar de los rezagos de la suciedad que se le pegó por el acoso de los medios en Lima y las acusaciones. La tensión entre el interior y el exterior no se puede resolver, es nuestra lucha y nuestro pacto de cada día. La literatura hace de lo interior exterior sin usar el cuchillo como dice Blanca Varela. Es la misión del artista, del poeta, del novelista. Esa tensión alimenta la ficción, y le da también su sentido.

París deberá volverse más interior con el tiempo, para Miranda, si es que se queda allí… hay diferentes grados de familiaridad con las personas y con el mundo.

 

 

[FT]: Ya que mencionas a Ítaca, referente para cualquier relato dedicado al exilio, pero también a tantos poetas, aprovecho para que comentes una impresión que me dio la lectura de tu novela. Mar afuera está impregnado de literatura. Me explico de mejor modo: en tu ficción no sólo encontramos, en las situaciones y la escritura, los guiños literarios, sino que la misma Miranda, y esto es lo excepcional, se vale de la literatura para aprehender e interpretar la realidad, deletérea, violenta, sórdida. No sé, a veces me dio la impresión no tanto que se refugiara en ella como que se sirviera de la literatura para contrarrestar la vida. 

[GC]: Es muy acertado lo que me dices… y me alegra que lo hayas sentido así. Tengo siempre la clara impresión de lo que es la ficción y sus poderes frente a lo que llamamos lo “real” (que nadie sabe exactamente qué es)… y creo que esa conciencia me hace llevar a su límite a veces la idea de que la ficción la contamina lo real y no la inverso. La literatura, lo que hemos leído, nos sirve no solo como alimento estético, sino que nos da claves y maneras de interpretar lo que nos pasa y nos ayuda a resolver enigmas y problemas. No estamos muy lejos de una literatura moralizadora, o con afán pedagógico, lo sé, pero la literatura sí es útil y benéfica.  Se puede decir que en Mar afuera están todas mis lecturas preferidas y autores fetiches, así como todo lo que he leído y de lo que me acuerdo. Y es el caso de todos los escritores. Siempre estamos citando a alguien, Borges lo decía ya. Y es quizá esa conciencia y esa suerte de manía o de destino de “citar” lo que caracteriza a la literatura latinoamericana, hija de la colonización, citadora nata de lo que pasaba en España o en Europa. Todo en literatura es pastiche en cierto modo y con diferentes intensidades. En todo caso, para Miranda, la literatura se vuelve, después de la desaparición de su esposo, lo único estable, durable y fiable… y se amarra a ese mástil para atravesar las tormentas.

 

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[FT]: Dentro de esta lógica de los espacios, el hecho de regresar a Perú tiene un componente dramático, en el sentido primero del término, pero también de revelación. En tu novela, me parece que el exilio no puede concebirse sin el regreso y la confrontación. ¿Estás de acuerdo con esa perspectiva de lector?

[GC]: ¿De qué sirve partir si no se regresa? Es la idea del periplo y también la idea del tiempo cíclico, la vuelta al origen es la vuelta a la nada. Algo tiene que cerrar el círculo. De dónde venimos y adónde vamos… son las grandes preguntas. Miranda tiene que volver para retomar ese hilo que se quedó suelto en la trama, a resolver ciertas cuestiones muy íntimas, a confrontarse con sus padres, por ejemplo. Volver a la casa natal, al cuarto de la infancia, al jardín que le parece cada vez más pequeño… Volver para poder partir nuevamente.

Esto del regreso a Lima después de un viaje a Europa me parece ligado a la lectura de un poemario muy importante de Blanca Varela que es Luz de día que leí mucho antes de pensar en vivir en Europa. Ese poemario, que es uno de los que prefiero, habla de la vuelta y de la confrontación con Lima y con la madre. Habla del jardín en el que en pleno verano se esconde la muerte, en la plenitud de mediodía ya está la podredumbre es ciernes. La mirada acerada de Blanca es la de la que vuelve y tiene que saldar sus cuentas, o intentarlo al menos, con el pasado, con lo que la llevó a partir. La revelación final, como el final de toda novela, siempre es menor al conflicto, siempre deja un sabor de inacabado, es temporal.

 

 

[FT]: Quizá en este contexto adquiere mayor significación la imagen del apartamento parisino, desocupado por sus habitantes, pero ocupado por las pertenecías que dejaron. Pareciera que en esa casa se encerrara la contraparte de la agitación y las transformaciones permanentes a las que someten las ciudades. ¿Puedes contarnos un poco cómo aparece la imagen del apartamento durante tu proceso de escritura?

[GC]: Un lugar inviolado donde el tiempo no pasa es el sueño imposible de cada uno. Preservarse de la decadencia y del tiempo, permanecer en la plenitud o en la infancia, salir del cambio incesante que nos lleva a la muerte. Sin embargo, ese apartamento es testigo y símbolo de lo más horrendo que sucedió en Europa y en el mundo. Es un lugar que fue abandonado por fuerza, violentamente. Hay una contradicción entre la fascinación de Miranda por ese apartamento que se ha quedado inmóvil en 1942 y la realidad cruda, que es que tuvo que ser abandonado a causa de la persecución institucionalizada de los nazis y del Estado de Vichy, colaborador del invasor.

Tengo la necesidad profunda del lugar aparte, como decía Virginia Woolf, el espacio privado que permite escribir. En el caso de las mujeres, es muy seguido que sea un lugar de la casa, no tanto una oficina. En mi anterior novela La colección hay también un espacio privado, polvoriento, en el que el tiempo se detiene, que es apartamento del centro, donde el protagonista atesora su colección de arte precolombino. Es algo recurrente en mis novelas, la contraparte, como dices, a la agitación de la “vida real” que bulle al exterior, una forma también de distancia con el mundo y que permite escribir… como si escribir fuera un esfuerzo desesperado por detener la fuga del tiempo.

 

 

[FT]: Antes de terminar, otro aspecto que me llamó la atención en Mar afuera es la contextualización histórica. Está la violencia política que vivimos en los ochentas y noventas, pero es difícil situarla de manera exacta. Pareciera que te hubieses empeñado en dejarla neblinosa… ¿Hay alguna necesidad estética detrás de esta sensación? ¿O tú misma no has sido consciente de ella?

[GC]: ¡“Neblinosa” es la palabra! ¡Se acomoda muy bien a Lima! No solo hay una necesidad estética, es mi estética misma la que es des-realiza, des-materializa para dar otra textura a lo que se está narrando. Es y no es, reconocemos pero no reconocemos, la sensación puede ser incómoda o agradable, la idea es decir al lector, esto es ficción, esto es un hecho del lenguaje. Nunca apunté a la imitación de lo real que me parece una trampa, la verdadera ilusión. Mar afuera habla de los 80’/90’ pero no se encierra allí, mi ambición es cubrir un espectro mayor gracias a la estética “neblinosa”… Y nuevamente no soy la única. Eso sí, es una técnica muy ligada a la poesía, menos admitida en la narrativa que se pretende más cercana a la “realidad”.  Tenemos grandes poetas, como Eguren, que practican una estética de este corte.

 

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La literatura peruana, nuevos rumbos

 

[FT]: Sé que sigues con atención el acontecer literario peruano. ¿Cuál es tu percepción desde Francia de su situación actual? Desde hace un tiempo, por ejemplo, se está promoviendo, desde diversas tribunas, la sensibilidad con respecto de la literatura escrita por mujeres…

[GC]: La situación literaria es Lima es muy interesante… Siento una apertura mayor a la diversidad lo que forma parte de un fenómeno mundial. El interés sincero (o no) por lo que tienen que decir las minorías y las capas de población menos o mal escuchadas, esta especie de nueva moral que tiende a valorizar lo particular, original, exótico, excéntrico y demás. Eso sucede en Lima como en París y puede abrir las puertas a formas interesantes e innovadoras. La publicación de libros escritos por mujeres no es mérito de nadie más que de las autoras mismas.  Aunque el mercado rechina aún en aceptar esos “productos” considerando que son menos universales o menos mercancía. También he percibido que los lectores se interesan por lo que se escribe en el país en una búsqueda de identificación de lo que los rodea. Al mismo tiempo, en Lima, hay grandes, inmensos lectores, ávidos y extremadamente bien informados de los que se produce al exterior.

El periodismo sigue siendo la marca del escritor, lo que produce una acumulación de funciones que pueden ahorcar la visibilidad del conjunto pero que, con todo, es necesaria dada la imposibilidad de vivir de sus libros. Lo que falta y es urgente es una política del estado que apoye a las librerías, editoriales y a todo el circuito del libro, una mejor distribución, precios más justos, mayor presencia en los medios. El interés existe, un ejemplo reciente es el programa Entre libros que dirigen Alonso Rabí y José Carlos Yrigoyen…

 

 

[FT]: Para finalizar, ¿puedes contarnos qué sigue? ¿Cuáles son los proyectos literarios en los que trabajas actualmente?

[GC]: Actualmente tengo un proyecto muy especial y es la publicación de un poemario, luego de casi 10 años sin publicar seriamente poesía. Será para septiembre de este año si todo va bien, y con una editorial hermosa y novísima que se llama La cama sol. Del lado de la novela, tengo ya un proyecto en marcha que es bastante ambicioso. Quisiera hacer un recorrido imaginario de Santiago de Chile hacia el norte, una ficción inspirada en parte de la inmigración de mis abuelos de Chile al Perú. Solo tengo ideas sueltas, imágenes, algunos puntos claros. Todavía estoy buscando el financiamiento, pero eso implicaría un lindo viaje al Perú y a Chile el año que viene, lo que me entusiasma mucho.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1980). Autor de las novelas El silencio de la memoria (2008) y Ríos de ceniza (2015). Además, es autor del libro de novelas cortas A media luz (2003) y del libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014). Diversos relatos suyos han aparecido en antologías y publicaciones peruanas e internacionales (México, Francia, EEUU). Algunos han sido traducidos al inglés y al francés. Doctor en estudios hispanoamericanos por la Université Michel de Montaigne – Bordeaux III (Francia). Editor y antologador de la obra de Sebastián Salazar Bondy para la Biblioteca Ayacucho de Venezuela. Actualmente es lector en la Ecole normale supérieure (Ulm). Colabora con diversos medios europeos y americanos con críticas y artículos.  Vive en la ciudad de Tours (Francia).

 

 

 

**(Perú, 1968). Licenciada en Lingüística por la Universidad Católica de Perú, doctora por la Universidad París 8 (Francia), donde reside. Actualmente trabaja como crítica literaria y periodista en radio y prensa escrita. Ha publicado las novelas La espera posible (1998), La vida violeta (2003), Atardecer (2003), La colección (2012) y Mar afuera (2017) ; y en poesía De las causas y los principios: venenos/embelesos (1992), entre otros.

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