Vallejo & Co. reproduce la presente entrevista publicada originalmente por su autor en la revista Punto, el 11 de diciembre de 1981.

 

 

Por Antonio Muñoz Monge

Curaduría Eliana Fry García-Pacheco

Crédito de la foto www.centenariogeorgettevallejo.blogspot.com

 

 

Georgette de Vallejo: “¡Déjenme volver a París!”

 

Georgette de Vallejo, viuda de nuestro más alto poeta, se encuentra hospitalizada. Desde su lecho recuerda con ternura a su esposo y reprocha la presencia de algunos “aprovechadores” en la vida de Vallejo. En sus palabras se descubre un escondido reclamo a nuestra indiferencia. Entregada de por vida a la conservación de la memoria del poeta, ha cuidado las ediciones de sus obras celosamente. Es autora de dos libros, Vallejo: Allá ellos, allá ellos y Máscara de cal.

 

 

 

“No quiero estar aquí, déjenme ir a París”. Su voz queda, apenas se escucha. Hay dificultad en entender sus palabras. Está pálida, demacrada. Su mirada ausente quiere reconocer a alguien en uno. Balbucea algunas palabras y se queda en silencio. “A Vallejo lo recuerdo como el hombre político. Vivíamos por la revolución que no se hizo. Él pensaba en la revolución mundial”.

Vuelve a callar mientras su enfermera Gladys Luque que está a su cabecera me hace una señal de tranquilidad. Después me entero, “ayer estuvo alterada, nerviosa. Hoy está tranquila, solo que un poco cansada”.

Hace cerca de tres años que se encuentra internada en la Clínica Maison de Santé. Hemos llegado hasta el cuarto 328, después de haber consultado por intermedio de su enfermera si nos podía recibir. No queremos alterar el cuidado y reposo de la enferma. Tomamos su mano con respeto y algo risueña nos dice: “Conocí a la hermana mayor de Vallejo, a Jesús de 84 años de edad. Me bailó una marinera y un huayno con una gracia insuperable”. Suspira y se queda nuevamente en silencio.

Sabemos que fue hospitalizada por gestiones del embajador de Francia y que la Sociedad Francesa de Beneficencia, propietaria de la clínica, corre con los gastos. Así mismo desde hace un año, la Embajada Francesa le otorga una pensión mensual de mil francos. Hasta 1968, recibía de parte del gobierno peruano y por gestión del historiador Raúl Porras, la suma de dos mil seiscientos soles mensuales, pensión que le ha sido retirada.

“Las instituciones oficiales no hacen nada por costear sus gastos o materializar una ayuda concreta”, revela el Director de la clínica, Dr. Víctor Puente Arnao.

 

 

Olvido oficial

Georgette Phillipart de Vallejo se encuentra sola, enferma de hemiplejía. El Perú oficial la ha olvidado. Pero hay gestos que enaltecen, que limpian indiferencias. Hace unos meses el Director Fundador del Colegio Hans Christian Andersen y sus alumnos se acercaron hasta la clínica para informar a los directivos que aportarán mensualmente 100 mil soles para la viuda de nuestro máximo poeta.

Pero Georgette se siente dolida y tiene conciencia de ingratitudes e injusticias, “he sido tratada muy mal”, se queja. Hace más de 30 años que vive en el Perú. Llegó a la patria de su esposo con el ánimo de hacer conocer su obra. Desde mucho antes inició este aliento en París, después de la muerte de Vallejo en 15 de abril de 1938.

“Dos semanas después de la muerte de Vallejo empecé a copiar a máquina, en 5 ejemplares, todas sus obras inéditas (las guardaría 35 años). Poco antes de la invasión de Francia por los alemanes, me dirijo a la Legación del Perú en París y expongo a los funcionarios, entregándoles un paquete de papeles: ‘Aquí, señores, está la obra completa e inédita de César Vallejo”.

“Entrados los alemanes a París, dudo que el expediente de comunista que tengo haga muy firme mi cabeza. Si aún estoy viva cuando termine la guerra, ustedes me la devolverán. Si he desaparecido ustedes sabrán qué hacer con ella. Con fe se las entrego”… “Pronto, los alemanes están en París. Teniendo que recoger algún documento en la Legación, regreso a ella. Está vacía. Todos los diplomáticos han huido a Burdeos. Entro al salón que ya conozco. Veo asombrada que está cubierta con kilos de azúcar, de tallarines, velas, sal, botellas, latas de sardinas… y mezcladas con todo ello… páginas y páginas. Lo que veo es apenas creíble. Todas esas páginas son las obras inéditas de Vallejo. Tiradas, manchadas, sucias, inservibles.”

Y esta funesta circunstancia que bien podría ser un mal augurio que pesaría de ahí para adelante en el destino de Georgette y la obra de su esposo, tiene antecedentes que la misma Georgette se ha encargado de recoger en su libro “Vallejo: Allá ellos, allá ellos”.

Con desdén y amargura, con orgullo y pena, Georgette hace un recuento de su vida al lado del poeta. Celosa de la vida y la obra de Vallejo, siempre ha estado atenta en cuidar la fidelidad y pureza en la obra de su esposo. Quizá este celo le ha dado fama de temperamental, irascible, colérica, intratable, etc. Lo cierto, que gracias a ella se ha ido conociendo cada vez mejor la creación vallejiana.

 

(Izq. a der.) César Vallejo, Georgette Vallejo y Juan Larrea en París.

 

Juan Larrea

Sus denuncias y aclares al escritor español Juan Larrea que dirige el “Aula Vallejo” en la Universidad de Córdoba (Argentina), han llenado páginas y han ocupado mucho tiempo la nerviosa actividad de Georgette.

En “Vallejo: Allá ellos, allá ellos”, Georgette escribe: “Calificamos de sórdido el aprovechamiento que Juan Larrea hace de las cartas de Vallejo pues resulta curioso que quien no escribió una línea sobre Vallejo cuando él vivía, se convierta luego en su más empeñoso intérprete. Expresa Juan Larrea que en su carta del 29 de enero parece como si Vallejo se disculpara” de haber abrazado una nueva orientación, la que se hubiera apoderado de él “por el propio peso de las cosas”, y ello, “no estando en sus manos evitarlo”. En otro acápite, sigue recordando Georgette: “Una semana después del entierro de Vallejo encuentro a Larrea que insiste que suba a su casa. Mi estado espiritual no me permitió rechazar su invitación en la forma enérgica que se imponía y finalmente nos encaminamos a su departamento… Pese a mi abstracción, de pronto me llamó la atención la mirada de Juan Larrea… y solo entonces me di cuenta de que me hablaba: “¡Pero naturalmente! ¡Si él iba contra las instituciones! ¡Iba contra el orden establecido! Contra…” Y con súbita e incontenible violencia rompió un grito: “¡Y me debía plata, mucha plata!” Más adelante –prosigue la viuda– el 15 de abril precisamente, de 1957, en que Juan Larrea pronuncia una conferencia, no ha olvidado el dinero que le debe el muerto Vallejo, y a los 19 años de su muerte le cobra hasta en la tumba”.

 

 

Gerardo Diego

Georgette, dolida sigue sufriendo el precio de haber sido mujer de un gran poeta. Un hombre comprometido con la plena reivindicación del hombre. Un hombre que no transigió y supo levantar su verso a la altura de la solidaridad. Y nuevamente Georgette sufrirá otra afrenta: “Un día surgirá Gerardo Diego. Ha cruzado un océano para venir a leer en la Universidad San Marcos unas cartas en las que Vallejo le pide dos veces un préstamo”. Georgette, quien ha presentado al personaje, se ha colocado muy cerca del conferencista. Se levanta y avanzando hacia él le dice: “Aquí tiene usted su dinero”, aventándole un sobre.

Pero no son solo Juan Larrea o Gerardo Diego. Muchos nombres caminan por el recuerdo amargo de Georgette.

Unas veces el afán de “aparecer”, de “ganar fama” a costa de Vallejo, otras el querer “orientar” su obra por ajenos caminos han malgastado la vida de Georgette.

Esta tarde nos despedimos de su habitación recordando una poesía de su libro “Máscara de cal”: “En aquel cuarto / donde no había más que nosotros / nosotros y solo dos / contra tantos / pesaba un silencio más fuerte / que todo el ruido del mundo / y de los malos”.

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