Las ediciones de La Perra Gráfica se caracterizan por llevar tapas impresas a mano en serigrafía, las cuales son diseñadas por destacados ilustradores, se trata de un proyecto que articula creadores en distintos ámbitos y que, desde 2014, trabaja una línea editorial de libros con sello artesanal. En el caso de la novela breve Génesis 4:12 (2016), de Adhemar Manjón lo fue por Rodrigo la Hoz. Obra que se presentará en el marco de la 21° FIL, en el contexto de un conversatorio acerca de la nueva narrativa boliviana y latinoamericana en la que el autor dialogarán con los escritores peruanos Juan Manuel Robles y Víctor Ruiz Velazco.

 

 

Nota por: Liliana Colanzi

Crédito de la foto: Izq. La Perra Gráfica

der. www.eldeber.com.bo

 

 

 

Génesis 4:12 (2016), de Adhemar Manjón*

 

 
¿Quién no fantasea con renunciar al trabajo para entregarse por completo al ocio? El protagonista de Génesis 4:12 ha decidido no trabajar nunca más. Pero la desocupación se convierte muy pronto en un disparatado viaje a los infiernos: el tiempo libre sólo acentúa el absurdo y la crueldad que están en el corazón de nuestra cultura. El narrador se pierde en una Santa Cruz que oscila entre el consumismo capitalista y la sensibilidad New Age, entre el pueblo chico y los sueños de cosmopolitismo, entre los suplementos de farándula y las viejas glorias del fútbol local.

Contada con un lúcido sentido del humor del que no se salva nadie, esta es una historia sobre la ansiedad, el trabajo y lo que significa llegar a la adultez viviendo en la casa de la madre. Manjón ha construido su propia Conjura de los necios y el resultado es un punzante retrato de la alienación contemporánea.

 

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Fragmento de la novela corta Génesis 4:12 (2016),

de Adhemar Manjón

 

 

(…) El avión despega.

            ¿Y si el avión se cae? ¿Y si yo fuera el único sobreviviente? El año pasado un avión que salió de Santa Cruz cayó antes de llegar a Cochabamba y solamente quedó con vida un tipo, que estuvo perdido varios días en medio de la selva. El sobreviviente para no morir tomó sus orines. ¿Qué sabor tiene la orina? Nunca probé a tomarla antes, ¿para qué? Ahora recuerdo que cuando era niño, mi abuelo Obdulio Méndez, padre de mi padre, un benemérito de la Guerra del Chaco contra Paraguay, me contó que el grupo de soldados con los que él estaba peleando ahí tuvo que tomar sus orines también. Era una situación extrema, podían morir de sed. “Necesitamos una nueva guerra de esa escala para mejorar este país, para empezar de cero como aquella vez”, decía mi abuelo, cruceño de pura cepa, como a él le gustaba nombrarse.

            Llevo tres días sin bañarme ni cambiarme de ropa. La mujer a mi lado dice “ay, Dios”, y luego me comenta, muy nerviosa, que hacía mucho tiempo que no volaba. Yo no le respondo, no le digo que esta es mi primera vez. De hecho, esa fue la única razón por la que dije que aceptaba el trabajo, por la posibilidad de viajar por primera vez en avión. El trabajo consiste en vender servicios para una página web auspiciada por una ONG. “Es aún algo pequeño”, me dijo mi jefe –o el que podría ser mi jefe– “pero esto de aquí a unos meses será un monstruo de hacer plata”, prosiguió, y me comentaba de proyectos de miles de dólares y charlas motivacionales para vendedores de seguros. Según el capitán el avión ya está a diez mil metros de altura. Este será el cuarto trabajo que rechazo en dos meses. No quiero trabajar más. Al final, casi todos te dicen “felicidades, el trabajo es suyo. Ahora córtese el cabello, métase la camisa en el pantalón y sonría siempre”. No quiero trabajar nunca más. No quiero.

            La mujer de la nariz grande charla con el tipo de bigotes como los de Hitler, ambos hablan de las cosas a las que se dedican para vivir, quizás al verme un poco más joven creen que no pueden tener una conversación conmigo. Yo trato de ver el cielo, las nubes a través de la ventanilla. El hombre menciona que es de La Paz pero que vive en Santa Cruz hace mucho tiempo. La mujer sonríe como sorprendida, se lleva una mano al pecho y le explica que ella es de Santa Cruz, pero que vive en La Paz hace mucho tiempo. A cada respuesta el hombre empieza con un “…y, efectivamente”. Se ríen. Intercambian tarjetas de presentación. Escucho que repiten palabras como “negocios”, “dinero” y “familia”. Yo trato de relajarme. No sé cómo serán las turbulencias. Estoy un poco asustado. Sigo con ganas de vomitar.

            Hace cuatro días me la encontré a Vera por el centro de la ciudad, no sabía de ella desde hacía tiempo y al verla de manera tan repentina me puse un poco nervioso y mientras se me acercaba me ponía más y más nervioso. Tragué saliva y traté de actuar como si nada. Conversamos. Ya anochecía. Lo primero que atiné a decirle fue que había dejado mi trabajo. Me felicitó, la noté contenta por la noticia. Me dijo que era algo que yo necesitaba, que me sentiría bien con el cambio. Los últimos fríos de la época invernal ya se iban. Luego sugirió unas cervezas en Maaratulde para ponernos al día en nuestras vidas. Íbamos caminando y al dar la vuelta en una esquina nos encontramos con una pareja que se estaba besando, no dijimos nada. Vera también me hablaba acerca de sus proyectos, casi todos incluían la idea de irse del país. Yo la escuchaba mientras me prometía a mí mismo no intentar nada esta vez, no arruinarlo esta vez. Llegamos al bar, estaba medio lleno. Un video de Mötley Crüe se veía en la pantalla gigante del boliche, pero el sonido que salía de la rockola era demasiado agudo, lo que no permitía que se distinguiera muy bien qué canción era la que sonaba. Solo se veía a los integrantes de la banda californiana corriendo de aquí para allá, prendiendo fuego a algunas cosas con sus atuendos glam y sus cabelleras largas y rubias, una porquería. Vera me mencionaba cosas que le habían sucedido, había tenido algunos problemas recientemente, los de siempre, me dijo, sin entrar en más detalles. Además, unos tíos suyos se estaban divorciando y ella estaba cuidando de su hija por un tiempo. Un día de esos en que estaba con la cabeza abrumada de pensamientos, caminaba por las calles de su barrio con su prima de cinco años, que iba muy tranquila balbuceando cosas. Al verla así, vigilando sus pasos uno por uno, le preguntó en qué pensaba.

            –En nada, le respondió su prima. Cuando camino no pienso en nada. Bueno, pienso en caminar, en cuánto falta para llegar adonde vamos. En eso. También pienso en Bob Esponja.

            Vera sonriendo me preguntó en qué momento uno pierde esa inocencia y se llena la cabeza con huevadas. Después se calló por unos segundos, dirigió su vista hacia la pantalla gigante, me miró, tomó un trago de cerveza y me dijo que mejor no nos pusiéramos cursis y que nos emborracháramos. Llegaron al bar Negro y Héctor y se nos unieron. Ambos son periodistas. También son músicos. Bueno, no músicos precisamente, Héctor toca el bajo y Negro la batería en una banda llamada Susana sigue con vida. Venían de ensayar para lo que será el último concierto del grupo. El líder de Susana… se perdió del mapa durante algunos meses y cuando reapareció fue para anunciar que todo se iba a la mierda. Ahora darán un concierto de despedida, que puede ser cualquier día que Cristian Cruz (así se llama el líder) lo decida. Maaratulde ya estaba lleno a la medianoche y todos la estábamos pasando bien. El alcohol había disipado completamente mi ansiedad. Antes de emborracharme, o ya borracho, pero aún consciente de mis actos, le pedí a Vera que me perdonara por todas las cosas que le había hecho, le dije que en mis disculpas no había segundas intenciones y que estaba siendo sincero (aunque, realmente, no lo era).

            –No creás que hay segundas intenciones en esto, Vera. De verdad, estoy siendo sincero con vos –lo pronuncié de la forma más tranquila que pude. (…)

 

 

 

 

Presentaciones del autor del libro en la Feria Internacional del Libro de Lima 2016

 

Fecha: Martes 19 de julio

Lugar: Sala José María Arguedas

Hora: 19.00 horas

 

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Fecha: Miércoles 20 de julio

«Diálogo autores e ilustradores»

Lugar: Sala Abraham Valdelomar

Hora: 19.00 horas

 

 

 

 

 

*(Santa Cruz-Bolivia, 1981). Periodista de la sección cultural en el diario El Deber. Junto con el escritor Saúl Montaño codirige el blog Hay Vida en Marte.

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